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Aquino en la Suma de Teología

Jorge-Aurelio Díaz*

Universidad Católica de Colombia

Introducción

En un día de cuaresma del mes de marzo de 1274, el prior del convento domi- nico de Saint Jacques en París anunciaba a los religiosos la muerte de Tomás de Aquino con las siguientes palabras:

Queridos hermanos: antes de que procedamos a la celebración simple del oficio vesper- tino, quiero confirmaros a todos una triste noticia. Hace solo unos días ha fallecido fray Tomás de Aquino, el Maestro napolitano al que la mayor parte de nosotros conocimos, ya que vivió en este humilde convento hasta hace un par de años. Todos le estimamos como profesor, como predicador y como hermano. Hoy le deseamos paz eterna. (Citado por Serrano, 2006, p. 19)

Se sellaba así la larga carrera docente y de investigador incansable de uno de los más grandes teólogos de la cristiandad occidental. Cabe señalar que su vida académica se llevó a cabo en medio de no pocas controversias, no solo concep- tuales, sino prácticas, ya que tuvo que confrontar, por una parte, las doctrinas heterodoxas de quienes seguían la interpretación del pensamiento de Aristóteles elaborada por el filósofo, médico y matemático andaluz Averroes, los llamados * Doctor en Filosofía, Universidad Católica de Lovaina, Bélgica; licenciado en Teología por la Theologische Hochschule Sankt Georgen, Frankfurt am Main, Alemania; licenciado en Filosofía, Pontificia Universidad Ja- veriana, Bogotá. Director del Grupo Philosophia Personae (COL0091564) del Departamento de Humanidades de la Universidad Católica de Colombia, dentro del cual se elaboró este escrito como parte del Proyecto Persona humana y Libertad. [email protected]

“averroístas latinos”, y, por la otra, tuvo que lidiar con la férrea oposición de los maestros del clero secular en contra de que fueran religiosos regulares quienes asumieran las cátedras de teología en la Universidad de París1.

Este carácter conflictivo de su existencia explica muy bien las palabras del prior que continuaban así:

Queridos hermanos, la luz y la sombra se extienden por igual sobre el significado de la obra de nuestro conocido hermano. […] Aquí en París, como sabéis, el obispo Esteban Tempier parece dispuesto a firmar, instigado por los enemigos de Tomás, la condena de no sé cuántas tesis defendidas, al parecer, por él en sus múltiples escritos. El destino que haya de esperar a sus doctrinas está en manos de Dios, o quizás del azar. (Citado por Serrano, p. 20)

En efecto, tres años después, el 7 de septiembre de 1277, aniversario de la muerte de Tomás, el mismo arzobispo Tempier condenaba 219 tesis, algunas de ellas muy semejantes a las sostenidas por el teólogo dominico. Sin embargo, en el año 1323 será canonizado en Aviñón por el papa Juan XXII, y en 1567 será proclamado Doctor de la Iglesia por el papa san Pío V, quien además promovió la publicación de sus obras en la que ha sido llamada la editio piana. Tres siglos más tarde, en 1879,

el papa León XIII, mediante la Encíclica Aeterni Patris, proclamó el pensamiento

de Tomás de Aquino como antídoto para contrarrestar los males que asolaban la cultura europea, y como la mejor manera de asimilar sin peligro alguno los avances de la ciencia; el pontífice promovió, además, una nueva edición de las obras del teólogo dominico conocida como editio leonina.

En cuanto a la controversia por la creciente presencia de religiosos regulares en las cátedras de Teología, en la que tomó parte Tomás en su carácter de religioso dominico, junto con su colega franciscano Buenaventura de Bagnoregio (Juan de Fidanza), la historia se remonta al año 1229, cuando estalla una gran huelga en la Universidad de París y el obispo Guillermo de Auvernia decide otorgarles una cátedra de Teología a los frailes dominicos; cátedra que se mantendrá en manos 1 Como me lo ha hecho notar Ignacio Miralbell, las críticas a Tomás de Aquino no solo provinieron de los aveo- rroístas, sino también de algunos neoplatonizantes que aplicaron el hilemorfismo al alma humana e incluso a Dios, adjudicándoles materia.

de los religiosos una vez terminada la huelga. Poco después, cuando el maestro inglés Juan de Saint-Gilles toma el hábito dominico, su cátedra pasará también a manos de la Orden de Santo Domingo; y una tercera cátedra pasará a manos de los franciscanos (“cordeleros”), cuando el maestro Guillermo de Hales toma los hábitos de esta orden. El temor de los maestros del clero secular ante el cre- ciente número de religiosos que regentaban cátedras de Teología explica por qué Tomás, habiendo llegado a París en 1252 para asumir la docencia como Bachiller sentenciario2, solo haya podido sustentar su Lectio inauguralis como maestro

regente cuatro años después, en 1256, y solo al año siguiente haya sido aceptado en el consortium magistrorum junto con su colega Buenaventura.

Sin embargo, la controversia de mayor trascendencia para su posición académica y para el desarrollo de su pensamiento la libró Tomás contra los averroístas, porque en ella el teólogo dominico, en lugar de refugiarse en la doctrina más tra- dicional de origen agustiniano y de inclinación neoplatónica, tomó claro partido en defensa del pensamiento aristotélico, objeto en ese momento de sospecha por su clara inclinación intelectualista. En efecto, las tesis de Aristóteles –sobre todo en lo que atañe a su concepción tanto de lo divino como del ser humano, es decir, a su antropología– no parecían compadecerse muy bien con algunas doctrinas centrales del cristianismo. Como lo resalta Juan Egidio Serrano en la biografía del Santo,

… el hecho de que Tomás cogiese audazmente el toro por los cuernos y utilizase el aris- totelismo para la edificación de su propio sistema, fue una acción extraordinariamente ‘moderna’, y resultó de la mayor importancia para el futuro de la filosofía escolástica y, en verdad, para la historia de la filosofía en general. (2006, p. 450)

En el caso particular de la manera de comprender al ser humano, el hilemorfismo3 aristotélico lograba reconocerle una mayor unidad, al entender la unión de alma 2 Serrano lo explica así: “¿Cuál era la función del bachiller sentenciario? Expresada resumidamente, consistía en explicar diversos temas del dogma (la sacra doctrina) apoyándose en las opiniones de los Padres de la Iglesia y los concilios” (2006, p. 326). Esas opiniones (sententiae) se hallaban recopiladas principalmente en los Cuatro libros de las Sentencias de Pedro Lombardo.

3 Hilemorfismo: doctrina según la cual todos los entes materiales están compuestos de materia (hylé) y forma

y cuerpo como una relación de forma y materia. Porque ello implicaba que en el hombre solo existe una única forma sustancial, de modo que la corporeidad se ve totalmente asumida por dicha forma. En vez de considerar una multiplicidad de formas o “almas” en el ser humano, a saber, la corpórea, la vegetativa, la animal y la espiritual, el alma única, en su carácter de forma espiritual, se halla en condi- ciones de ejercer todas las demás funciones que le son inferiores, porque, como reza el adagio, “quien puede lo más puede lo menos”.

Sin embargo, esta unicidad de la forma presentaba también sus inconvenientes, porque podía llevar a poner en cuestión su supervivencia después de la muerte, ya que, como sostenían los averroístas, si el alma es la forma del cuerpo, es, de alguna manera, una forma material, y como tal debe desaparecer cuando se separe de la materia que le otorga la posibilidad de existir. A pesar de ello, el teólogo dominico asumirá la posición de Aristóteles que le parecía más coherente, no solo desde el punto de vista de la razón, sino también en cuanto responde mejor a nuestra propia experiencia que nos lleva a percibir en nosotros mismos una radical unidad. Implicaba, igualmente, una mejor valoración de lo corporal, muy propia de la visión cristiana, mientras que sus adversarios neoplatonizantes cul- tivaban una desconfianza con respecto al cuerpo.

Esta opción de Tomás con respecto a las doctrinas aristotélicas tiene una particu- lar repercusión en lo que respecta a su antropología, es decir, a su manera de com- prender al ser humano como criatura de Dios, y en particular a su comprensión de la voluntad, del libre albedrío y, por consiguiente, del sentido de la libertad. Ahora bien, aunque su visión antropológica se halla dispersa en la mayoría de sus numerosos escritos, contamos con la ventaja de disponer de un opus magnum, la Suma de Teología, en la que logró integrar de manera global lo fundamental de su

pensamiento.

La Suma de Teología –escribe Serrano– es sin duda el texto más amplio, ambicioso y com-

pleto de Tomás. En ella vuelve a tratar muchos de los temas ya abordados en la Suma contra los gentiles y en las otras obras anteriores, pero su enfoque y perspectiva son ahora

Procederemos, entonces, a ofrecer una visión general de esta gran obra que sirva como marco conceptual para examinar las líneas fundamentales de su antropolo- gía. Esta última se despliega en dos etapas: en una primera, de carácter estático, Tomás analiza la naturaleza de los seres humanos y sus principios operativos, y en una segunda, de carácter dinámico, el objeto lo configuran las operaciones de dichos principios.

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