7. Methods Used on Determination of Caffeine Content in Coffee
7.3. HPLC Method
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se han desarrollado como mínimo dos grandes perspectivas teóricas acerca de los análisis de contenido. La primera, más dirigida a aspectos cuantitativos, proviene de la tradición neopositivista o incluso postpositivista y tiene como referente trabajos de autores como Krippendorff (1990). Una segunda vertiente más preocupada por aspectos cualitativos de los contenidos tiene su base en el interpretativismo, desde la hermenéutica de Dilthey a la sociología comprensiva de Max Weber.
No obstante, con independencia de la perspectiva teórica en la que tengan sus raíces, las técnicas de “análisis de contenido”, como resume Bonville (2000: 13), estudian la articulación entre las estructuras textuales y algunos factores lógicamente deducibles de los contextos discursivos. Según este autor, se trata de establecer una correspondencia entre las estructuras semánticas o morfológicas de los mensajes con las condiciones psicológicas o sociológicas de los destinatarios. En suma, se trata de un conjunto de técnicas empleadas - a partir de una determinada perspectiva teórica-, para descifrar el contenido de textos y sus consecuencias o efectos sociocognitivos.
La noción de texto común a los análisis de contenido lo define como la articulación de cualquier discurso provenga del soporte que provenga (oral, impreso, digital, audiovisual). Por ello, al trabajar la idea de análisis de contenido, hablamos de análisis del discurso70. Sin embargo, como bien destaca Herrero Cecilia (2006: 145), ante la polisemia entorno al concepto de “discurso”, “la noción de análisis del discurso ha sido y sigue siendo enfocada desde perspectivas diferentes”.
Dada la preeminencia primero del neopositivismo y posteriormente del postpositivismo, hasta finales de la década de 1970 las técnicas de análisis de contenido empleadas en investigaciones sociales casi siempre operaban desde una perspectiva
70
De hecho, a lo largo de la presente tesis doctoral, emplearemos como sinónimos los conceptos de “análisis de contenido” y “análisis del discurso”.
cuantitativa. Sin embargo, como destaca Jensen (1993 citado por Ferguson 2000: 85), las técnicas cualitativas de análisis de los discursos siempre estuvieron presentes en el pensamiento científico aunque, a lo largo de gran parte del siglo XX, hayan sido minoritarias. En efecto, el citado autor destaca que hubo cierta tardanza en sistematizar los esfuerzos cualitativos de los análisis de contenido, pero que finalmente cogieron un gran impulso gracias a los trabajos de los investigadores del campo de la comunicación, que se preocupaban a la vez de las vertientes discursiva y social de los textos.
Por ello entiende Ferguson (2000: 86) que el giro hacia lo cualitativo en los estudios de análisis de contenido proviene de una serie de pensadores procedentes de distintas escuelas, sobre todo posteriores a los años 60 y 70 del pasado siglo. Autores como Mijail Bajtín, Umberto Eco, Roland Barthes o Michel Foucault parten de una base común, que entiende la comunicación como un fenómeno lingüístico, discursivo, mucho más allá de la gramática normativa. Así, en una apuesta por abrir nuevos caminos, dichos autores buscan que distintas disciplinas de las ciencias sociales y humanas dialoguen, propiciando la construcción de nuevas perspectivas metodológicas en los análisis textuales.
Pese al hecho de haber encontrado un mayor grado de desarrollo en las ciencias de la comunicación y del lenguaje, las técnicas de análisis del discurso pueden ser empleadas en cualquier trabajo de investigación social. En efecto, su carácter interdisciplinar queda patente, como destacan Cortés Rodríguez y Camacho Adarve (2003: 18), en las bases lingüísticas empleadas, que aúnan el pensamiento de autores de disciplinas tan diversas como la filosofía del lenguaje, la etnografía, la antropología o la sociología del conocimiento.
Considerando el diseño de la presente tesis doctoral y el hecho de que centramos nuestros esfuerzos tanto en el análisis de los discursos que circulan por la opinión pública producidos por determinados actores sociales (ya mencionados anteriormente en el presente Capítulo), como el efecto de estos discursos en los procesos de construcción de políticas públicas penales, hemos elegido trabajar con el Análisis Crítico del Discurso (ACD).
Como bien destaca Van Dijk (2003: 144), el ACD no es un método ni una escuela sino una perspectiva que puede ser relacionada o combinada con “cualquier enfoque y subdisciplina de las humanidades y las ciencias sociales”. Al emplear una aproximación multidisciplinar, se permite poner en relación las estructuras de los discursos con las estructuras sociales. Por ello, añade el citado autor, el ACD no ofrece un enfoque prefabricado sino que permite al investigador construir las metateorías que sustentarán sus análisis.
En consecuencia, esta perspectiva nos permite descifrar los discursos en circulación en la opinión pública y su efecto en el proceso de policy-making. De igual modo el ACD nos permite incorporar esta perspectiva al modelo teórico de construcción de políticas públicas penales descrito en el apartado 1 del presente capítulo.
Como punto de partida y en primer lugar, cabe destacar que el ACD considera los discursos como prácticas sociales (Fairclough 2003; Van Dijk 2003) y, con ello, su interpretación vincula texto y contexto. La relación entre ambos puede variar según las estructuras cognitivas (valores, creencias, ideologías) y las estructuras sociales (instituciones, clases, géneros, comunidades) en las que se da el discurso.
En efecto, Van Dijk (2003: 145) propone la construcción multidisciplinar del ACD a partir de las relaciones entre los vértices de un triángulo formado por discurso- cognición-sociedad. De la noción amplia de discurso, como acontecimiento, como práctica social, se extrae la noción más amplia de los textos - verbales o no verbales -, así como la idea de que, de la relación entre cognición y sociedad, surge el contexto discursivo.
La noción de discurso como práctica social permite, además, descifrar una relación dialéctica existente en ellos: éstos son socialmente constitutivos a la par que están también socialmente constituidos (Fairclough y Wodak 1997: 258). En otras palabras, los discursos son parte de la vida en sociedad al mismo tiempo que crean la propia vida en sociedad. Si el lenguaje nos permite que interactuemos, que nos comuniquemos, lo hace por medio de los discursos. Como afirman Casalmiglia Blancafort y Tusón Valls (1999: 17), “las lenguas viven en el discurso y a través de él.
Y el discurso – los discursos – nos convierten en seres sociales y nos caracterizan como tales.”
En segundo lugar, el ACD permite delimitar el contexto empleado para analizar los discursos. Como explica Wodak (2003: 22), al contrario que en el enfoque hermenéutico la perspectiva propuesta por el análisis crítico del discurso exige que el investigador restrinja indirectamente su marco analítico, ya que tendrá que construir su propio marco metateórico.
Finalmente, en tercer lugar, el ACD permite identificar las “macroestructuras” textuales o macroproposiciones que dan coherencia y sentido a los discursos. En efecto, esta noción es, en opinión de Cortés Rodríguez y Camacho Adarve (2003: 45) una de las grandes aportaciones de esta perspectiva ya que permite, por un lado, identificar las proposiciones que materializan los significados y, por otro, fomentar la idea de que cualquier enunciado discursivo trae consigo un conjunto de proposiciones en las que parte de lo significado está en los anteriores enunciados y en los referentes compartidos entre el emisor y los receptores.
La propuesta de Van Dijk para el ACD pasa por aunar el Sociocognitivismo con la Pragmática a fin de estudiar las relaciones entre discurso y sociedad, es decir, entre estructuras y procesos sociales (Giró Martí 1999: 45). Esto permite que, al emplear el ACD, se puedan estudiar la ideología y las relaciones de poder que permean determinados fenómenos sociales. Sin embargo, como destaca Martín Rojo (1997: 2-3),
no es sólo descubrir cómo se lleva a cabo la realización de las relaciones sociales y del sujeto a través del discurso, sino, además, revelar cuáles son las implicaciones sociales, por ejemplo de: a) el papel del discurso en la transmisión persuasiva y en la legitimación de valores, ideología, saberes, etc.; b) la función que desempeñan ciertos discursos en el mantenimiento del ‘orden establecido’ – impidiendo, por ejemplo, el acceso de los discursos ‘no oficiales’: oposición, minorías, etc.; c) la manera en la que implican la construcción de sujetos privados de toda agentividad, de toda voluntad y poder de decisión.
Y, para la consecución de estos fines, la Pragmática aporta un aparato teórico de extrema validez. Herrero Cecilia (2006: 51) destaca los orígenes de esta línea teórica tanto en la semiótica de Peirce y Morris como en la filosofía analítica de Austin, Searle
y Strawson71. Más allá de estas dos vertientes, el objeto de la Pragmática se resume en el estudio de la relación entre los signos y los interpretes que los usan. En otras palabras, centra su atención en las relaciones del leguaje con los usuarios de una determinada lengua.
Precisamente es gracias a los usos del lenguaje que existe una pluralidad de formas de vivir en sociedad (Wittgenstein 1953). Por un lado, no hay significado fuera del uso verbal público, cotidiano u ordinario y, por otro, la formación del lenguaje proviene de la vida en sociedad, lo que ratifica tanto la naturaleza dialéctica e ideológica del mismo (y de los signos que lo constituyen) como la intencionalidad de los discursos (Bajtín 2006).
En consecuencia, Schiffrin (1994: 190) explica que la Pragmática representa otra de las múltiples aproximaciones al estudio de los discursos. En parte, entiende que dicha pluralidad se debe al hecho de que la Pragmática se relaciona con los conceptos de significado, contexto y comunicación. Como precisa Giró Martí (1999: 92), la comprensión textual vinculada a la Pragmática pasa por estudiar la acción comunicativa del emisor, del receptor y del enunciado.
Como teoría de los usos del lenguaje, la Pragmática posibilita la interpretación de todos los contextos lingüísticos. En efecto, la incorporación del contexto sirve como elemento diferenciador de los análisis pragmáticos a los análisis gramaticales y, a su vez, de la pragmática con el análisis del discurso. Por ello aunque no todo análisis pragmático sea un análisis del discurso, todo análisis del discurso es pragmático (Casalmiglia Blancafort y Tusón Valls 1999: 23).
Entre las herramientas que ofrece la Pragmática para el análisis del discurso, desde sus bases cognitivas, encontramos, por ejemplo, las “presuposiciones”, las “implicaciones” o las implicaturas contenidas en los enunciados. Los enunciados son la parte de los mensajes en la que se condensa la acción discursiva, lo que se quiere comunicar. No obstante, como afirma Bajtín (2006), son parte también de un proceso
71
Schiffin (1994: 191) afirma que Morris fue el primer autor en presentar una definición de lo que sería la Pragmática y lo hizo, en 1938, conceptualizándola como una rama de la semiótica.
dialéctico en que la enunciación está determinada tanto por el enunciador como por el
enunciatario.
A su vez, como explica Giró Martí (1999: 142), en un contexto pragmático72 las presuposiciones indican la intencionalidad del discurso, es decir, lo que el emisor afirma en el contexto discursivo presuponiendo un conjunto de conocimientos compartido entre los interlocutores y dado como verosímil. En palabras de Van Dijk (1995: 273), “in even looser, but cognitively more relevant terms presuppositions are simply the set of tacit cultural knowledge that makes discourse meaningful".
En este sentido, las presuposiciones son hechos dados como verídicos que sirven para dar coherencia a una determinada proposición enunciada. No obstante, son capaces de introducir elementos ideológicos en una proposición -que como tales pueden ser discutibles-, por lo que su identificación es un instrumento útil para la realización del análisis crítico del discurso (Giró Martí 1999: 143).
En definitiva, las presuposiciones son “significados adicionales que están implícitos” en el contexto discursivo (Herrero Cecilia 2006: 65). Siguiendo la línea descrita por Giró Martí (1999: 142-143), para ilustrar el concepto de presuposición mostramos en la Figura 10 algunos ejemplos de presuposiciones extraídas de determinados enunciados.
Figura 10: Ejemplos de Presuposiciones
Enunciado Presuposición
El Partido Popular conseguirá aprobar esta ley El Partido Popular intenta aprobar una ley Mi hermana se casa mañana Yo tengo una hermana
El Consejero de Justicia es un político independiente
El Consejero de Justicia no pertenece a ningún partido político
María ha dejado de fumar. María era fumadora Sólo cumplirá 12 años de prisión del total
impuesto en la condena.
Ha sido condenado a más de 12 años de prisión
Fuente: Elaboración propia
72
Nos referimos a una determinada relación entre una lengua y sus hablantes en un determinado contexto social.
Por otro lado, las implicaciones delatan lo que el emisor dice implícitamente en un mensaje, lo que no se afirma explícitamente73. Son manifestaciones implícitas en los textos, que pueden ser deducidas semánticamente mientras las presuposiciones son fruto de una deducción lógica. Como afirma Herrero Cecilia (2006: 67),
La captación e interpretación de los contenidos de la implicatura exige encontrar la pertinencia informativa del enunciado estableciendo conexiones y relaciones inferenciales entre lo comunicado explícitamente y lo que el contexto o los conocimientos enciclopédicos previos permiten deducir para suplir las premisas implicadas y extraer la conclusión pertinente.
Mientras las “presuposiciones” operan con informaciones que están dadas en el propio contexto de la enunciación, las “implicaciones” requieren que el receptor infiera y deduzca semánticamente con las informaciones de las que dispone para decodificar el mensaje. Igualmente, representa una importante herramienta para el análisis crítico del discurso. En la Figura 11, proponemos algunos ejemplos de implicaciones.
Figura 11: Ejemplos de Implicaciones
Enunciado Implicación
Él carece de atributos intelectuales destacables Él es poco listo. Sólo cumplirá 12 años de prisión del total
impuesto en la condena.
La condena es blanda ya que 12 años de prisión es poco tiempo
El violador está en la calle. Un delincuente sexual está en libertad. Joan, un delincuente habitual con múltiples
condenas, fue detenido provisionalmente.
El delincuente de Joan ha cometido otro crimen.
Fuente: Elaboración propia
73
Como bien explica Herrero Cecilia (2006: 67), la idea de implicatura está relacionada con el concepto opuesto de explicatura; ambos provienen del principio de relevancia o pertinencia propuesto por Spencer y Wilson (1989), en el cual se valoran las inferencias cognitivas (lógicas y contextuales) como organizadoras tanto del proceso de enunciación como de recepción. Según esta teoría, la explicatura debe ser entendida como el contenido explícitamente comunicado y la implicatura, como su opuesto.