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Tal como se ha señalado, los estudios realizados aportan datos sobre la validez del instrumento y datos que contribuyen a esclarecer el papel de las reglas dentro del contexto clínico.

1.2.1 Respecto a la definición de regla

Una de las aportaciones de este trabajo de tesis al estudio de las reglas dentro de la clínica es la delimitación del concepto de regla dentro del contexto clínico, ya que al llevar las aportaciones de la psicología básica a la psicología aplicada mediante la separación entre una regla y una instrucción, se facilita su identificación y estudio individualizado. Además del estudio de las reglas, también el estudio de las instrucciones dentro del contexto clínico puede beneficiarse por este trabajo de delimitación entre ambos conceptos.

1.2.2 Respecto al patrón de distribución de regla

Uno de los datos más sobresalientes que se presenta en los estudios realizados es el patrón de distribución general de reglas. Este patrón se observa en el estudio

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empírico 2, en los dos casos completos, y en el estudio empírico 3, en donde se observa que el patrón se mantiene independientemente del tipo de actividad.

Tres conclusiones se derivan de la existencia de este patrón. La primera implica que el terapeuta no distribuye diferencialmente el tipo de regla atendiendo a los objetivos que se persiguen en los distintos momentos de la terapia. Debido a que el patrón se mantiene independientemente del tipo de actividad y que los registros de reglas emitidas por los terapeutas no se ajustan a las cuatro actividades clínicamente relevantes (a través del análisis de conglomerados). Tal como ya hemos señalado, es normal y, hasta cierto punto, esperado, que las reglas no sean el eje de la terapia, distribuyendo las sesiones de acuerdo a las cuatro actividades clínicamente relevantes. Las reglas constituyen sólo una pequeña parte de una de las funciones que estructuran la conducta verbal del terapeuta durante todo el proceso clínico. De hecho, es probable que, si analizáramos cada una de las funciones de la conducta verbal del terapeuta por separado, encontraríamos que tampoco serían suficientes para estructurar toda la terapia. Cada función aportaría una “carga” específica que conjuntamente podría distribuir las sesiones de acuerdo a las cuatro actividades clínicamente relevantes. Sin embargo, en función de las aportaciones teóricas señaladas en los primeros capítulos, esperábamos encontrar diferencias evidentes en cuanto al tipo de regla utilizado de acuerdo a los distintos objetivos que se abordan en terapia y en función de la experiencia del terapeuta.

Aunque, se podría pensar que los datos indican que las reglas no son importantes para el cambio clínico y se emiten indiscriminadamente, analizando detalladamente los resultados, llegamos a la segunda conclusión: que las reglas no se emiten al azar. Tal como se señala en los estudios empíricos 2 y 3, el patrón es consistente y coherente con el objetivo general de la terapia. El terapeuta, mediante reglas Generales e Indefinidas, pretende utilizar un amplio rango de situaciones y sujetos para favorecer la generalización de los conocimientos adquiridos fuera de la terapia.

Además, teniendo en cuenta que las reglas no se distribuyen al azar, que existen sutiles cambios en momentos específicos de la terapia y diferencias puntuales entre terapeutas expertos e inexpertos con significación clínica podemos llegar a una tercera conclusión: que las reglas sí parecen desempeñar un papel para el cambio clínico.

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1.2.3 Respecto a la poca importancia que el terapeuta da a la forma en la que dirige su discurso

El hecho de que (1) los parámetros de categorización están basados en una definición morfológica de regla, (2) que no existan diferencias evidentes en cuanto a la distribución de reglas a lo largo del proceso terapéutico y (3) que el patrón se mantenga independientemente de la experiencia del terapeuta, tanto en los estudios de caso como en el estudio de muestra amplia de casos, destaca la poca importancia que el terapeuta da a la forma en la que emite su discurso para modularlo y acoplarlo de acuerdo a los distintos objetivos que se persiguen durante el proceso terapéutico.

Desde distintas disciplinas se ha escrito mucho sobre la importancia que tiene la forma en la que un mensaje es transmitido. Por ejemplo, se ha destacado la utilidad de algunas figuras retóricas como la hipérbole, el eufemismo o la ironía para intentar convencer o someter a otros y también se han señalado sus cualidades en el área educativa. Otros autores, como McLuhan y Fiore (1967) o los estructuralistas y formalistas del lenguaje sugieren que el contenido del mensaje y el modo en el que se expone son igualmente importantes, ya que el modo en que se cuente un mensaje modifica su contenido.

En relación a la psicoterapia, otros autores destacan que lo crucial en la intervención terapéutica no es tanto el contenido, sino la forma en que el contenido se transmite (Hung, 2006; Locke, 1971; Small y Robert, 1986). En la misma línea, Levine y Franco (1983) señalan que el mensaje transmitido en el proceso terapéutico tendrá mayor o menor repercusión en el cliente en función de la forma en que se transmite el contenido. En consecuencia, destacan la importancia de estudiar las reacciones del cliente ante los distintos estilos verbales del terapeuta en distintos momentos de la terapia.

En cualquier caso, en el campo de la Psicología, la importancia y el carácter decisivo que se le ha dado al lenguaje a nivel teórico no se corresponde con la importancia que se le da en la práctica clínica. En este sentido autores como Pérez (2004) insisten en la necesidad de poner al lenguaje en el primer plano del proceso terapéutico. Plantea una nueva forma de terapia en laque el lenguaje puede ser objeto mismo del proceso terapéutico e instrumento de la terapia.

Las discusiones entre el mensaje y la forma en que se transmite, ponen de manifiesto la importancia de que el terapeuta continúe poniendo atención al contenido

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de su discurso, pero también, y quizá especialmente, a la forma en que produce el discurso y a la manera en que lo adecúe al cliente. Quizá, la falta de atención al discurso se acrecentada porque, a pesar del abundante material teórico, el terapeuta no recibe entrenamiento al respecto. En este sentido, el estudio de las reglas podría brindar aportaciones importantes sobre lo que debe ser fundamental destacar y en qué momento. El objetivo sería hacer que las tendencias mostradas en este trabajo (algunos cambios en la emisión de regla en función de la actividad llevada a cabo en sesión, y algunas diferencias entre los terapeutas expertos e inexpertos) se hagan más marcadas.

Nos parece importante tener en cuenta las tendencias que se desprenden de este trabajo debido a la significación clínica que conllevan. A continuación, señalamos estas tendencias además de alunas hipótesis o cuestiones relacionadas que nos parecen oportunas por lo que puedan aportar al estudio de las reglas en terapia.

La mayoría de los cambios, con respecto al patrón general de emisión de regla, se observan en los momentos de evaluación y, especialmente, en los momentos de explicación del análisis funcional. Estos momentos tienen el mayor número de reglas de todos los tipos. Ahora bien, que la mayoría de las reglas se concentren en esta actividad significa que el terapeuta utiliza principalmente las reglas como herramienta de explicación de la génesis del problema. Pensamos que utilizar la regla sólo como medio de explicación de la génesis del problema es desperdiciar el poder de las reglas para favorecer la elaboración de reglas abstractas que el cliente pueda aplicar más allá de toda situacionalidad, colaborando con su recuperación y mantenimiento.

1.2.4 Respecto a las reglas emitidas por los terapeutas expertos e inexpertos

A grandes rasgos, los terapeutas expertos, tanto en el estudio empírico 2 como en el 3, tienden a adaptar mejor su discurso que los terapeutas inexpertos para que sea más comprensible para el cliente, pues utiliza un mayor número de reglas Concretas y

Particulares en los momentos de explicación y, también, utiliza un mayor número de

reglas en las que se explicitan los tres elementos de la contingencia. Al respecto, Pérez (2004) sugiere que la disposición de consecuencias estaría entre las principales tareas que un psicólogo debiera saber hacer, algo que los terapeutas expertos hacen y los terapeutas inexpertos deberían adquirir lo antes posible.

Otra tendencia que se observa en los terapeutas expertos, pero no en los inexpertos, es la de finalizar el proceso terapéutico con reglas de tipo Concepto, lo cual

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es más evidente en el estudio de caso completo, aunque también se aprecia en el estudio de muestra amplia de casos. Esta tendencia implica que estos terapeutas empujan al cliente a desarrollar la capacidad de abstraer una relación de contingencia que sobrepase cualquier límite situacional. Algunos investigadores ya han hablado sobre lo que implica el grado de abstracción para la mejorar o empeorar un determinado problema relacionado con la salud o directamente con la clínica (véase Ribes, 1990; Hayes et al., 2001). De lo que estos autores apuntan y lo que podemos apreciar a través de la tendencia de los terapeutas expertos a emitir un mayor número de reglas de tipo

Concepto hacia el final de la terapia es que si el cliente aprende a relacionarse con su

problema de un modo menos situacional y más abstracto, es capaz de generalizar lo aprendido a otras situaciones, y con ello, a colaborar con el mantenimiento del cambio.

1.2.5 Respecto a entender las reglas como ensayos

En esta misma línea, los resultados encontrados en este trabajo no contradicen la idea de que las reglas del terapeuta funcionarían como ensayos de una tarea cuyo fin es el entrenamiento de la discriminación de la relación entre la conducta problemática del cliente y una posible guía de actuación (véase capítulo III). El hecho de que el terapeuta experto tienda a manejar más formas de describir una contingencia apoya que, al exponer al cliente a distintas formas de ver su problema, desarrolle la capacidad del cliente para aplicar la regla aprendida en distintas situaciones fuera de la terapia.

Tal como se abordó en el planteamiento del capítulo III, hay dos razones que teóricamente justifican la importancia del concepto de regla para la clínica: (1) permite explicar el aprendizaje de nuevas conductas sin necesidad de exponerse directamente a las contingencias, como lo hace el cliente dentro de la sesión y (2) permite explicar cómo el terapeuta consigue que el cliente atienda a las contingencias mediatas de su conducta y no sólo a las inmediatas. El estudio realizado permite hacernos una idea más amplia sobre cómo el terapeuta logra estos objetivos y señala nuevas investigaciones que nos ayudarán a determinar lo que debería hacer el terapeuta para conseguir mejores resultados mejorando su práctica clínica.

Por último, dado que ahora el concepto de regla está más delimitado y parce tener pertinencia para explicar los cambios en terapia, consideramos que es un

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parámetro que debe destacarse de otras verbalizaciones incluidas dentro de la función

Informativa del SISC-CVT.