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Humans have learnt how to structure their social interactions to create order

4 Multi-ontology sense making

4.4 Humans have learnt how to structure their social interactions to create order

La transición hacia el s. IV parece clave en la configura- ción política, territorial y económica que da lugar al Ibé- rico pleno. La expansión de los oppida sobre sus propios territorios nos informa acerca del éxito del modelo ex- pansivo anterior en el campo económico, y a través de otros indicios, como la presencia de amplias necrópolis o la iconografía escultórica, nos señala que el modelo res- trictivo de las élites del s. V a.C. ha dado lugar a uno más orgánico y extensivo, en cuyas manos está la reorganiza- ción del diseño territorial (Figura 4).

La entrada masiva de objetos importados como la ce- rámica ática y la salida como contrapartida obligada de otros productos o servicios, nos revela que las vías de comunicación se convierten en ejes cruciales para la ba- lanza comercial y para la representación simbólica de los signos de poder. La relación de los asentamientos entre sí y con los enclaves costeros se hace intensa y salva las diferencias étnicas a menor o mayor escala. En nuestro caso, la reapertura de la ruta del Guadiana Menor queda evidenciada por la nueva fundación de Castellones de Céal en el tránsito entre el s. V y el s. IV a.C. sobre las ruinas del poblado anterior (Figura 5). Los niveles de fundación del asentamiento ibérico, sólo conocidos en el peque-

ño sector correspondiente a un sondeo inicial, indican la llegada de un contingente de población que se asienta en el lugar aportando todo lo necesario para una ocupa- ción definitiva. Corresponden a esta etapa una gran pie- dra de molino giratorio, abundantes restos de material cerámico ateniense, restos de las llantas de hierro de dos ruedas de carro, etc. (Figura 6). También en la necrópo- lis se atestigua la presencia de personajes singulares en los niveles inmediatamente superiores al paquete estéril que cubre las tumbas más antiguas, como revela el caso de la sepultura 11/145 (Chapa et al., 1991).

Figura 4.–Yacimientos y caminos durante el Ibérico pleno: 1) Úbeda la

Vieja; 2) Loma del Perro; 3) El Pajarillo; 4) Toya (oppidum); 5) Toya (Cámara funeraria); 6) Cerro Vaciacostales; 7) San José de los Propios (túmulo); 8) Cerro del Gato; 9) Castellones de Céal; 10) Cerro Forruchu.

¿Por qué, sin embargo, no vuelven a revivir los asenta- mientos de San José de los Propios o Canto Tortoso? Una hipótesis plausible es la de que estaban demasiado cerca de los oppida que controlaban ahora el comercio, Toya en un caso y Cerro Forruchu en otro, además de la importancia que alcanzaría Basti en este momento. Los modelos del s. VI y del s. IV a.C. se diferenciarían, entre otras cosas, porque mientras que en el primero aque- llos centros tendrían una independencia como puntos de comercio por sí mismos, en el segundo esta labor la cumplirían los propios oppida. La situación de Castello- nes de Céal, lejos de cualquiera de los grandes asenta- mientos vecinos, hacía necesario el establecimiento de un punto de apoyo que facilitase el tránsito por la ruta del Guadiana Menor, y por tanto volvió a escogerse este lugar para emplazar una pequeña aldea con este fin. A pesar de que en Castellones se aprecia que la mayor parte de los materiales fruto de tecnologías especializa- das, como la cerámica o el hierro, debieron llegar de los

oppida principales, la subsistencia básica de la población

debió realizarse con los recursos inmediatos. La pequeña entidad de este lugar hace perfectamente factible su au- tosuficiencia económica, e incluso la generación de un excedente dedicado al paso de las caravanas por el valle (Chapa et al., 1984). Si las zonas de pasto son abundan- tes, hay que resaltar que la prospección intensiva en el entorno del yacimiento detectó la presencia de cerámi- ca ibérica en toda la zona de vega de la margen derecha del Guadiana Menor, lo que probablemente indica el uso de abonado de los campos de cultivo mediante de- sechos cerámicos, y por tanto la puesta en explotación de los mismos (Chapa et al., 2003: 29). La abundancia de cebada en los restos palinológicos del poblado parece indicar que se eligió un tipo de cereal que además de adaptarse a la calidad de los suelos sirviera tanto para el uso humano como animal (López, 1984: 237-239). Figura 6.–Molino rotatorio y llantas de rueda de carro encontradas

Precisamente fueron las especies vegetales las que cons- tituyeron la dieta principal de los habitantes de Castello- nes. Los análisis de tipo alimentario desarrollados sobre los huesos humanos quemados de la necrópolis8 han

puesto de manifiesto una alimentación en la que pre- dominan los productos cereales y los vegetales “verdes”, con una ingesta de carne roja reducida. A ello hay que añadir la ingesta de pescado, lo que es coherente con la presencia de dos cursos de agua importantes en la zona (Mayoral et al., 2000). Ésta puede considerarse una die- ta típicamente campesina, en la que el sacrificio animal es limitado, procurándose más bien alimentos “básicos”, como el cereal y los productos de huerta, además de en- riquecer las proteínas con fauna no doméstica, peces y quizás algo de caza, lo que supone un modelo de super- vivencia ligado a la producción local.

Esta reorganización de inicios del s. IV a.C., con la recu- peración de instalaciones ligadas a la ruta del Guadiana Menor, parece que ya debe insertarse en las unidades supraterritoriales reconocidas algo más tarde por las fuentes de época romana, y que en el caso del valle que nos ocupa debió formar parte del territorio bastetano. El límite entre este grupo y el mundo oretano debió ser el río Guadalquivir, y la última población bastetana sería Toya. La fortificación en este momento de los cerros que flanquean las confluencias de los ríos que alcanzan el Guadalquivir desde el sur sería coherente con esta situa- ción de límite. La asignación al mundo bastetano de esta zona fronteriza viene también avalada por los materiales antes citados encontrados en el nivel de fundación de Castellones, especialmente el molino giratorio, y por la

8 Llevados a cabo por los Drs. Trancho y Robledo, de la Facultad de

Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense y del Ministerio de Cultura respectivamente.

aparición de esculturas de filiación bastetana, como la Dama de Baza en el crecientemente importante asenta- miento de Basti.

La primacía de Toya en el entorno del curso bajo del Guadiana Menor se afianza mediante la construcción de tumbas monumentales de cubierta tumular en los ce- rros que dominan el río. Además de la conocida Cámara de mampostería (Cabré, 1925; Madrigal, 1997; Blánquez, 1999), en la prospección intensiva de la zona se han ad- vertido indicios de otras cámaras siguiendo el curso del río, tanto hacia su desembocadura –como en el caso del cerro de Vaciacostales (Figura 7), como hacia el Vado de las Cabras, antes de llegar al asentamiento ya abando- nado de San José de los Propios. La fortificación de los emplazamientos fronterizos se hace evidente en el im- portante paso del Puente de la Cerrada, donde el río de Toya enlaza con el Guadalquivir. Este sistema de domi- nio del paisaje y especialmente de las rutas de comu-

Figura 7.–Piedras correspondientes a una posible cámara en el Cerro

nicación mediante monumentos funerarios tumulares (Figura 8) se vincula especialmente con las estrategias conocidas en las altiplanicies granadinas, y parece dife- renciar el curso del Guadiana Menor respecto a lo que ocurre en el margen derecho del Guadalquivir. El gran asentamiento de Úbeda la Vieja, que antes parecía bus- car esta ruta, formaliza ahora su territorio hacia la cuenca del Jandulilla, colonizándolo con nuevos establecimien- tos como la Loma del Perro y fijando su frontera en el área del nacimiento del río con el santuario de El Pajarillo (Ruiz y Molinos, 2007). En definitiva, en la transición hacia el s. IV a.C. se aprecia un nuevo modelo en el que la ruta adquiere una gran importancia, puesto que a través de ella se trasladan importantes contingentes de personas y mercancías, lo que requeriría inversiones en su trazado y mantenimiento, aunque dadas sus dificultades proba- blemente nunca tuvo la suficiente entidad como para albergar tránsito rodado.

En la encrucijada: cambios territoriales a