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4. RESEARCH MODEL AND METHODOLOGY

4.1. Hypotheses

De los cuatro modelos hempelianos hemos revisado dos (el deductivo de eventos particulares y el deductivo de generalidades). El tercero es el de la explicación deductivo estadística, parecido al segundo, con la diferencia de que las leyes a explicar involucran principios probabilísticos, estadísticos. El cuarto siempre fue el más problemático, según el propio Hempel reconoció. Es el inductivo-estadístico, en el que se trata de explicar un evento particular bajo una ley o principio general estadístico. Es problemático, porque a diferencia de los tres primeros, en que la conclusión se sigue (es de esperarse) con certeza deductiva, en este último caso, al tratarse de leyes probabilísticas, no hay certeza de que el resultado debía de esperarse. Y ello viola una característica implícita en los cuatro modelos, el de la expectabilidad nómica: explicar un evento es mostrar por qué dicho evento era de esperarse, dadas las leyes y las condiciones antecedentes involucradas.

Así, si queremos explicar por qué Jones desarrolló la enfermedad llamada paresis, acudimos a un principio general que dice que, en una proporción de casos de sífilis no tratada de manera oportuna, se desarrolla la paresis. Pero resulta que la proporción en que se desarrolla esta condición es realmente menor a aquella en que no se desarrolla. Es decir, lo que habría que esperar es que no se desarrolle. Dicho de otra manera, no se cumple con la intuición de que el explanans debería hacer muy probable el explanandum para considerar como satisfactoria a la explicación. Pero si se requiriera que el evento sea altamente probable, entonces la ciencia tendría que renunciar a explicar eventos que tienen baja probabilidad, cosa que en la vida real no hace, notablemente en la física actual, que es prácticamente probabilista. Así que hay aquí un problema con la idea misma de la expectabilidad nómica.

Algunas de las propuestas que siguieron a las críticas intentaban, como el propio Hempel, afinar esta y otras de las dificultades mencionadas. Eran, en cierto sentido, extensiones y ajustes de la propuesta. En el proceso, sin embargo, era notorio que añadían elementos no necesariamente contemplados en el plan o estrategia general neopositivista.

Un intento temprano fue el de Salmon, que implicaba un alejamiento importante de la intuición de Hempel. Salmon, trabajando precisamente sobre las dificultades del modelo de explicación inductivo-estadística, encuentra una solución que le hace pensar que el problema no se reducía a ese modelo, sino a la

propuesta en su conjunto. Su solución evita algunas de las dificultades mencionadas. El modelo, llamado de relevancia estadística (o SR, por sus siglas en inglés), propone que no explicamos cuando mostramos que el explanandum era de esperarse (como resultado de un argumento lógico), sino cuando mostramos que cierta partición de la realidad, en la que cae el ejemplo a explicar, hace más probable que éste ocurra, que otra partición de la realidad en la que no ocurre. Los detalles técnicos del modelo no nos interesan aquí (de hecho, Salmon abandonó posteriormente la propuesta); pero la intuición básica es clara: si bien, en el ejemplo del Sr. Jones que desarrolla paresis este resultado es de menor probabilidad que el que no la hubiera desarrollado, sin duda el hecho que de que haya tenido previamente sífilis es relevante a que ahora haya desarrollado paresis y ello es más probable que suceda a pacientes no tratados de sífilis que a aquellos que no padecieron la enfermedad. Es decir, el ser parte de un conjunto conformado por aquellos que tuvieron sífilis, hace más probable que desarrolle paresis que si estuviera en un conjunto de personas que no sufrieron de sífilis. Algo similar puede decirse del contraejemplo en que el Sr. Jones no se embaraza: el que haya tomado anticonceptivos no es estadísticamente relevante a que no se embarace, dado que cualquier manera estar en el conjunto de los que toman anticonceptivos no cambia la probabilidad del embarazo, comparado a el de estar en el conjunto de las mujeres, para las que tomar anticonceptivos afecta su posibilidad de embarazarse. La moraleja sería que el factor citado como explicativo debe ser estadísticamente relevante, y que la ingesta de anticonceptivos por parte del Sr. Jones no lo es.

Explicar, bajo esta propuesta, no asume ya la forma de una inferencia deductiva o inductiva. Es decir, ya no es un argumento lógico, sino un conjunto de información cuyo propósito es el establecimiento de clases estadísticas (conjuntos) de contraste, con probabilidades diferentes de ocurrir que, aunque sean bajas, permiten entender por qué el explanandum sucedió, aunque no era de esperarse en el sentido nómico. Salmon luego abandonó esta propuesta, retomando de ella lo que consideró el centro: el que la relevancia del factor citado como explicativo depende precisamente de que es causal de aquello que quiere explicarse. Es decir, la diferencia entre los casos que contienen la variable de interés (que genera la partición en clases o conjuntos relevantes) y los que no, radica en que la variable citada es no solamente estadísticamente relevante, sino

causalmente relevante. Este cambio lo hace cuando, ya aparentemente derrotado

el modelo de Hempel, las baterías se enfilaron pronto contra el modelo SR de Salmon, por lo que empezaron ahora a proliferar contraejemplos centrados en generar particiones basadas en meras correlaciones estadísticas, que fallaban en ser explicativos precisamente por no implicar una conexión causal.

Un caso diferente fue el de Railton, resultado también de una intención original de mejorar el modelo de la explicación inductivo-estadística de Hempel, que tuvo como resultados laterales dos importantes contribuciones: una, la de destacar que quizá lo central en la explicación no es la propia expectabilidad nómica, sino la elucidación de los “mecanismos causales” involucrados. En este

sentido, se anticipa o avanza en paralelo, aunque de manera independiente, al desarrollo de Salmon. La intuición básica es en cierto sentido similar: si bien no podemos predecir qué electrón particular cambiará de órbita en un átomo inestable, si comprendemos el mecanismo causal involucrado entenderemos que, en un intervalo de tiempo T, una determinada proporción de electrones cambiará de órbita con una probabilidad P, lo cual constituye una explicación de este cambio. Es decir, se reduce quizá el énfasis sobre la expectabilidad, pero se redobla en el interés sobre los mecanismos causales.

La segunda contribución de Railton fue la idea de un “texto explicativo ideal”. Este sería el texto que, si tuviéramos tiempo y conocimiento infinitos, podríamos construir para proporcionar una explicación perfecta, una que daría respuesta a diferentes interlocutores, al contener el conjunto entero de los principios y condiciones antecedentes que a veces se omiten en ciertos contextos. Con ello se intenta enfrentar el problema del carácter pragmático de la explicación que los filósofos neopragmatistas habían explotado mediante contraejemplos a los modelos hempelianos.

Van Fraassen [Salmon and McLaughlin 1982; Van Fraassen 1980, 1991 (orig. 1977)] y Bromberger [1970 (orig. 1966)] son quizá los críticos más conocidos de Hempel desde el campo neopragmatista. El centro de su propuesta es que es imposible generar un modelo formal, con requisitos universales de adecuación, que resuelva todos los casos de explicación, incluyendo los de las explicaciones cotidianas. Debe considerarse, en cada caso, el interés de quien realiza la pregunta “por qué” (y Van Fraasen avanzó mucho nuestra comprensión de las preguntas de este tipo), así como el contexto y el interlocutor.

Sobre líneas similares, aunque mucho más radical, fue la propuesta de otro autor neopragmatista, Achinstein [1983], que desglosa precisamente diferentes tipos de contextos, para señalar que en algunos no se requiere de un argumento, ni de establecer clases de contraste de relevancia estadística (contra Salmon), sino que una sola palabra basta. Es el caso del ejemplo en que señalar simplemente “suelos ácidos” se considera una explicación adecuada a que no se encuentren restos óseos humanos. Achinstein profundiza la manera en que la lógica de la pregunta por qué y su respuesta dificultan una solución de orden general, por el llamado “problema del énfasis”, que es normalmente no capturable cuando se trata de formalizar un argumento explicativo. Un ejemplo puede ayudar a tener, cuando menos, una pequeña muestra del tipo de dificultades que tiene en mente. Si pregunto “Por qué regresó ella en este momento”, puedo estar queriendo que me contesten por qué regreso ella y no otra persona: “Por qué regreso ella en este momento”; o por qué en ese momento y no en otro: “Por qué regresó ella en este momento”; o por qué regresó en vez de quedarse en donde estaba: “Por qué regresó ella en este momento”. Claramente, argumenta Achinstein, la explicación en cada caso sería diferente. Pero las cosas no mejoran si restringimos la discusión simplemente a los casos científicos, dado que, de nuevo, dependiendo del tipo de interlocutor y el contexto, se considerarán

perfectamente adecuadas explicaciones que no son, en absoluto, argumentos completos y mucho menos formalizables mediante los recursos de la lógica formal.

Curiosamente, Achinstein prefiere referir la idea de explicación a la de comprensión interpretativa en un extraño giro -para ese momento histórico- hacia la hermenéutica. Esta solución permite un concepto de explicación muy amplio, centrado en aquello que nos permite lograr una comprensión, pero nos deja a oscuras en cuanto a qué, exactamente, significa lograr una comprensión, dado que Achinstein prefiere considerar a este término como “primitivo”, es decir, un término que no requiere o no puede ser definido.

La defensa del modelo hempeliano de ataques de tipo pragmático (una vez reconocida la importancia de los aspectos pragmáticos y la imposibilidad de que los criterios sean solamente sintácticos, formales), ha sido el proponer que explicaciones como “suelos ácidos” son en realidad elipsis, o bien “bocetos explicativos” que no han sido todavía desarrollados. De ahí que la idea de un “texto explicativo ideal” permitiría recuperar la idea de que, en el límite, todas las explicaciones, si se desarrollaran y explicitaran al máximo, acabarían teniendo la forma de argumentos como Hempel proponía.

Woodward ha llamado a los intentos de este tipo “argumentos sobre la estructura escondida” de la explicación. Son relevantes no solamente a las críticas de los neopragmatistas, sino que de hecho responden a críticos aún anteriores, como Scriven, cuyo interés era otro: mostrar que existen explicaciones que no requieren principios generales. En particular, Scriven [1958, 1962], un historiador y filósofo de la historia, propuso que no hay nada de nomológico en que, a la pregunta, “¿por qué hay una mancha de tinta en la alfombra?” yo responda simplemente que “golpeé con la rodilla la mesa y derribé el tintero”. Suponer la existencia de una ley sobre tinteros y manchas es absurdo, sostenía Dray, para quien la historia y las ciencias sociales no podrían nunca satisfacer los requerimientos del modelo hempeliano al no contar con leyes. Pero tampoco tenían por qué hacerlo: la explicación histórica, sostenía, no tiene por qué compartir la misma estructura. Puede haber explicación sin leyes.

Hempel contestó en su momento que el ejemplo de Scriven, para ser realmente explicativo, lo que hacía era tomar como supuestos ciertos principios generales que se mantenían implícitos [Hempel 1970 (orig. 1965)]. Estos eran, por supuesto, no leyes sobre manchas y tinteros, sino sobre la inercia de objetos al ser golpeados con cierta fuerza, el efecto de la gravedad al perder sustentación y su fragilidad ante el resultante golpe, así como otros sobre la absorción de líquidos por capilaridad, etc. Es decir, que detrás de la aparentemente simple narrativa de Scriven existían por supuesto principios generales que estaban simplemente implícitos. De ahí que Woodward [2003] le llame a este tipo de soluciones “argumentos de la estructura oculta”, dado que asumen que, detrás de esas explicaciones aparentemente diferentes en estructura a los modelos hempelianos, existe en realidad un argumento que podría desarrollarse (en el sentido del texto

explicativo ideal de Railton [1978, 1981], momento en el que la estructura hempeliana sería visible.

Como Woodward señala, es curioso que Hempel y sus discípulos, como el propio Railton, tomaran esta ruta y no la de sostener que los modelos hempelianos no pretendían explicar casos de la vida cotidiana fuera de la ciencia, o los bocetos explicativos y las explicaciones elípticas. En el intento de enfrentar esos casos, es evidente que hay un deseo implícito por mostrar que la explicación científica no es sino la expresión más acabada del proceso general de explicar qué ocurre en la propia vida cotidiana. Es decir, no debería haber grandes discontinuidades en la estructura de ambos tipos de explicación. Hempel fue un decidido defensor de que incluso en la historia hay leyes, aunque estas no sean de tipo cuantitativo y no siempre se expliciten. Este punto de vista de la “estructura oculta” resultará, como veremos adelante, crucial para los propósitos de esta tesis.

La idea de que hay que distinguir los episodios concretos de explicación (científica o del sentido común) de la estructura de la explicación y del caso extremo de un “texto explicativo ideal” no se reduce solamente a los seguidores de Hempel que intentaban mejorar sus propuestas. Kitcher [Kitcher and Salmon 1989], quien sostiene que su modelo es alternativo al de Hempel, requiere de una distinción similar. En su propuesta, el centro de la explicación no es la expectabilidad nómica, sino la capacidad de una explicación de darnos una imagen cada vez más unificada del mundo. Para ello requiere tanto de principios generales como de relaciones deductivas, dado que la idea global es que al explicar eventos mediante generalizaciones y luego estas generalizaciones en virtud de generalizaciones cada vez más amplias, lo que hacemos es en efecto reducir el número de factores y variables que determinan cómo son las cosas en la realidad. Pero en la vida real no siempre se explicitan todos estos componentes, e incluso, como señalaron los críticos pragmatistas, tampoco sucede necesariamente así cuando un especialista le da a un colega igualmente capacitado una explicación.

La idea central de estas propuestas es que en cierto sentido, es como si las explicaciones estuvieran anidadas. En la versión de Kitcher, este anidamiento es lo que caracteriza precisamente su función como explicaciones y las hace deseables desde el punto de vista cognitivo. En el caso de Railton, la idea es que con tiempo y conocimiento infinitos podríamos explicitar todas las conexiones involucradas. Pero, como señala de nuevo Woodward, la idea de explicaciones que “subyacen” a otras explicaciones o están de alguna manera implícitas no es suficientemente clara. En el ejemplo de Scriven sobre la mancha de tinta, hasta dónde debemos llevar esa relación de subsunción: a la mecánica de cuerpos inelásticos, o

“… a aquella en que la conducta del sistema total se caracteriza en términos de alguna teoría física más fundamental (la mecánica cuántica o la teoría de las supercuerdas, etc.). ¿Están todas estas

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