tes de M icenas incluyen el término de «trabajador de kya n o s» (ku-w a-n o-w o-ko), que se puede situar jun to al de orfebre. El ra-pte se podría em plear para coser cuero m ejor
sión del trabajo muy desarrollada, pero no está claro hasta qué punto fueran los artesanos servidores reales, esclavos o a qué status per tenecían. Hay una omisión absolutam ente obvia en la lista de ofi cios: la ausencia de cualquier térm ino que implique que el cuidado de las cosechas fuera una ocupación específica. P o r el contrario, los do cumentos de posesión de tierras mencionan a obreros especializados como los bataneros y a trabajadores del campo como los pastores. Todo lo cual sugiere que cada individuo cultivaba una porción de tierra, además de dedicarse a su propia ocupación específica.
Entre las denominaciones profesionales hay muchas que todavía no se han interpretado de una m anera satisfactoria y, en algunos ca sos, se ha perdido el significado específico de la palabra; la etim o logía resulta con frecuencia una guía mediocre para analizar el sig nificado; por eso se considera incom pleta la lista de los oficios. Sa bemos que entre los funcionarios públicos se encontraban un m ensa jero y un heraldo (a-ke-ro, ka-ru-ke), pero todavía no hemos locali zado el nom bre del escriba. Los trabajadores agrícolas reseñados incluyen pastores (po-me), cabreros (ai-ki-pa-ta), cazadores (ku-na-
ke-ta-i) y leñadores (do-ru-to-mo). Los oficios referentes a la cons
trucción están representados por albañiles (to-ko-do-mo) y carpinte ros (te-ko-to); la construcción de navios representa un trab ajo aparte
(na-u-do-mo). El personal empleado en la elaboración del metal
comprende trabajadores del bronce (ka-ke-u) y fabricantes de espa das (pi-ri-je-te?); otros artesanos son los fabricantes de arcos (to-ko-
so-wo-ko), de sillas (?) (to-ro-no-wo-ko) y los alfareros ke-ra-me- we). La m anufactura de las telas era un trabajo femenino: sabemos
de cardadoras, hilanderas y tejedoras (pe-ki-ti-ra2, a-ra-ka-te-ja, i-te-
ja-o), además se utilizan términos diferenciados para quienes tejen el
lino (ri-ne-ja) y quizás tam bién para quienes confeccionan algunos ti pos determinados de indum entaria (a-pu-ko-wo-ko, e-ne-re-ja, o-nu-
ke-ja). El prensado de la tela era una ocupación m asculina (ka-na-pe- u) y el rey tenía su propio batanero. La confección de los vestidos se
dividía entre hombres y mujeres (ra-pte, ra-pi-ti-ra2). Los oficios con cernientes a los artículos de lujo están certificados por los preparado res de ungüentos a-re-pa-zo-o) y por los orfebres (kii-ru-so-wo-ko). También se encuentra una referencia a un médico (i-ja-te). La molien da, la medida del grano, eran trabajos realizados por mujeres (me-re—
ti-ri-ja, si-to-ko-wo), mientras que la preparación del pan corría a car
go del personal masculino (o-to-po-ko). Biegen23 mantiene injusta mente la hipótesis de que la figurilla micénica que representa al pana dero sea de sexo femenino. Parece que se pueden identificar ocupa
que tela. Los fogoneros (p u -ka-w o podrían ser los custodios del fuego sagrado. Las trabajadoras em pleadas en la producción textil son esclavas o , por lo m en os, maestras obreras de los talleres de palacio, ya que, tanto en P ilos com o en K nossos, el palacio es responsable de su alim entación (rectificación C hadw ick, pág. 409).
23 C. W . Biegen, A M ycen aean breadm aker, tn A n n u a r io deüa S cu ola archeologi- ca d i A te n e , N uova serie, 8-10, 1950, págs. 13-16.
ciones más humildes en los fogoneros (pu-ka-wo), en los conductores de bueyes (ze-u-ke-u-si) y, entre las mujeres, el personal de los baños
(re-wo-to-ro-ko-wo) y de servicio (a-pi-ko-ro).
Es segura la existencia de una determ inada form a de esclavitud. Algunos esclavos (do-e-ro, do-e-ra) están claram ente definidos como propiedades de algunos: por ejemplo, las mujeres de A m p h iq uhoitas (KN Ai 824)24, los que pertenecen a los artífices y continúan el oficio de su maestro (PY Jn 310 )25. El esclavo de We-da-ne-u se encuentra además en la situación de tener que contribuir al beneficio de su patrón y su tratam iento no es diferente del que reciben el resto de los individuos en condición de libertad. La tablilla PY An 6 0 7 26 sugiere que si uno cualquiera de los padres era esclavo tam bién lo era el hijo, contrariam ente a la costumbre de la Grecia clásica; con esto no se quiere decir que se establece una regla válida para todos los casos. Las tablillas de Pilos de las clases Aa y Ab implican que la fuerza- trabajo se reclutaba mediante correrías cuyo resultado era llevar a la patria mujeres y niños prisioneros para que fueran adiestrados en di ferentes oficios; tal conclusión parece confirm ada por la palabra prisioneros» (ra-wi-ja-ja) referida a algunas mujeres; sin embargo, hay otras a las que se designan con apelativos étnicos27. La serie Ad pare ce indicar que los hijos de los esclavos constituyeron un im portante elemento de la fuerza-trabajo disponible. Tam bién se encuentran al gunos testimonios de mujeres asalariadas que se incluían en esta clase
(e-ke-ro-qo-no); pero es muy posible que su remuneración no la reci
bieran para su propio beneficio, sino que estuvieran alquiladas para aum entar los ingresos del palacio.
En su m ayor parte, los esclavos mencionados en Pilos son «escla vos del dios (o de la diosa)». Hay dos posibles explicaciones: lo m is mo podemos suponer que un determinado núm ero de esclavos se había convertido en propiedad de una divinidad en vez que de un individuo, como que el título esconde en realidad un status comple tamente diferente del que correspondía a los esclavos normales. En
24 KN Ai 824 = 20 + .
25 PY Jn 310 = 253 + . 26 PY An 607 = 28 + .