El contorno general presentado arriba está muy simplificado. Es necesario hacer ahora algunas calificaciones.
En primer lugar, no siempre es correcto concebir una barrera demasiado alta, entre la información positiva y la de seguridad. Hay fases de una, que son de la mayor importancia para la otra. Daré un ejemplo. Supongamos que alguna potencia extranjera establece en nuestro país un sistema de espionaje para observarnos. La persecución de estos espías es la tarea de la rama de contraespionaje de la información de seguridad y teóricamente, no corresponde a la información positiva, sea lo que fuere. Hasta cierto punto, ese es el caso, hay productos derivados de la actitud del contraespionaje que del más alto interés para la información positiva, tan interesantes, en realidad, que a menudo se ha argüido que la información de seguridad y la positiva (especialmente en los niveles superiores del campo extranjero) no debieran estar separadas. ¿Cuáles son esos productos derivados?
Supongamos que nuestro servicio de contraespionaje se mueve clandestinamente y penetra en la red de espionaje extranjero. Es decir, que logra deslizar uno de sus propios agentes secretos en la red de espías contrarios. Supóngase que ese agente, no sólo llega a saber la identidad de muchos de los agentes extranjeros, sino que llega a una posición en que puede leer las comunicaciones y directivas que los agentes extranjeros reciben de su oficina. Estos documentos no son meramente descriptivos de las actividades de espionaje de ese país, probablemente revelan también mucho más sobre sus actividades, política y proyectos generales. Pueden contener la información que la inteligencia positiva ha deseado durante largo tiempo y que no pudo obtener por otra fuente. Me aventuraría a asegurar que los productos derivados del contraespionaje canadiense, en su lucha contra la red del espionaje soviético, era tan importante como la destrucción de la red misma. La inteligencia positiva de Canadá debe haber sabido, sobre la política soviética, cosas que no podría haber sabido a menos que hubiese, a su vez, penetrado clandestinamente en el Politburó, tarea que hubiera presentado serias dificultades.
La moraleja de los expuesto es que, sea como fuere, hay sin duda una clase de información que puede llamarse información de seguridad y, aunque muchas de las actividades de esta clase de inteligencia se contienen a sí mismas dentro de sus límites, hay otros aspectos muy importantes de la información de seguridad que pasan por encima de la barrera artificial que he levantado y se confunden inextricablemente con la información positiva.
Así ocurre también con la inteligencia doméstica y extranjera técnica. Por ejemplo, en el curso de sus diarias ocupaciones de aconsejar, hacer e implementar nuestra política exterior, el Departamento de Estado, se enfrenta con gran número de organizaciones de americanos cuyos padres vinieron de otros países. Muchas de esas organizaciones -los polacos, por ejemplo- poseen firmes opiniones en lo que atañe a la política que EEUU debiera tener con respecto a Polonia.
Ahora bien, lo que esas nacionalidades e
l viejo mundo, los contactos y comunicaciones que con él tienen los visitantes provenientes de allí, a quiénes ven o con quiénes hablan, los convierte en un sutil y a veces única fuente de inteligencia positiva extranjera. Aquí también, los productos derivados de una operación de información puramente doméstica, pueden tener una elevada significación para las secciones extranjeras.
A veces las operaciones de inteligencia doméstica inesperadamente descubren asuntos de gran interés para la información extranjera. Por ejemplo, la Comisión de Valores y Cambios envió un investigador a las islas Hawai, en 1938, para investigar una venta no registrada de algunos títulos del gobierno japonés. Estos bonos eran vendidos y comprados por americanos de origen japonés. En lo que a la información doméstica se refería, se hallaba en juego la compulsión de un estatuto federal, pero fue mucho más que eso para la información extranjera, porque la investigación de ese asunto doméstico reveló que el cónsul japonés sentía gran curiosidad por muchas cosas que no se hallaban dentro de su legítima jurisdicción y tenía una gran organización no oficial de agentes voluntarios que le elevaban sus informes. Estos hechos y otros más, constituyeron asuntos destinados a la urgente consideración del personal de la información positiva extranjera.
Tal vez, más artificial que cualquiera de los dos casos precedentes de separación arbitraria (la inteligencia de seguridad de la positiva, la domestica de la extranjera), es la de hacer una separación demasiado estricta entre lo que he llamado la información de largo, mediano y corto alcance. La separación existe, pero no debe pensarse en ella como absoluto. Por ejemplo, una nueva arma puede haber sido desarrollada secretamente y dedicado a una pequeña acción militar, unos cuantos modelos de prueba. La existencia de unas cuantas de esas armas puede primero caer bajo la atención de la fuerza contra la cual van a ser empleadas. Digamos que el arma nueva es una nueva pieza de campaña y la fuerza contra la cual se está usando es un batallón de infantería. La información sobre el arma es de gran importancia operativa para el batallón. El oficial de inteligencia del batallón debe descubrir sobre él todo lo posible, a fin de que su fuerza no sea anulada por el arma. La que emprende es la más corta de las actividades de inteligencia de corto alcance; podría ser definida más adecuadamente como inteligencia de combate. Sin embargo, lo que descubre sobre el arma puede ser de prodigiosa importancia. Si el arma es eficaz, su trabajo de inteligencia de corto alcance es de gran importancia para las actividades no sólo de medio alcance, sino también para los grandes estrategas de todos los estados mayores generales de todas las potencias del mundo. Lo mismo en lo referente al primer proyectil guiado, la primera ametralladora de calibre 50, el V-1 y demás.
Por otro lado, la información de largo y mediano alcance tiene su importancia de corto alcance. Es casi inevitable que un estudio completo de la política de los comunistas franceses, por ejemplo, -estudio destinado primariamente a asistir a nuestros hombres y proyectistas de la política económica extranjera superior-, no tenga también algún pequeño valor operativo (corto alcance) para uno de nuestros representantes en París.
Por último, aún las actividades de inteligencia clandestinas y descubiertas tienen tal tendencia a mezclarse unas con otras, que es difícil trazar una línea definida. Por ejemplo, cuando un agente secreto sabe algo gracias a una actividad para la cual no era necesario su ocultación -por ejemplo, si lo leyó en un periódico- y eleva el informe, podría ser considerado como comprometido con la información descubierta. O, por contra, cuando un agregado sin fondos oficiales para gastar en la compra de información confidencial, compara a una “fuente” hambrienta y potencial una serie de caros datos con dinero propio, se halla muy cerca de la información clandestina.
Más importante que esta inadvertida fusión de funciones, es la fusión inadvertida de lo que ambas inteligencias, descubierta y clandestina, producen en el sentido de sustancia. Una organización de información descubierta debe contar con el producto de la información clandestina para completar sus descripciones, informes y especulaciones. No puede esperar adquirir todo lo que necesita a través de sus propios métodos abiertos; siempre habrá piezas faltantes que el personal clandestino debe producir. Pero, por otra parte, el personal clandestino no sabrá que observar, a menos que utilice, a su vez, una gran cantidad de información que él mismo o algún otro equipo ha adquirido abiertamente. La identificación de un objetivo apropiado, su estudio y el informe sobre su estudio, son actividades que existen en una atmósfera de libre y abierta información. Un buen hombre de inteligencia clandestina puede contener una gran dosis de información descubierta.
La descripción real de la diversidad de clases de información es la que he estado tratando de perfilar en estas últimas páginas. Su esencia está encerrada en esta verdad: muchísimas de las ramas de la inteligencia arbitrariamente definidas son independientes entre sí e interdependientes. Cada una puede tener su objetivo primario bien definido que convierte en su interés primordial, pero tanto la persecución de ese objetivo y los productos derivados de ella llevan a la mayoría de las ramas independientes, a entrar en cierta relación con las otras. La información, como actividad, se halla en su apogeo cuando este hecho es comprendido y aceptado de buena fe.