3.8 Simulation Study with Risk-Averse GenCos
3.8.1 Identical Risk Aversion Level
En 1789, la Revolución francesa y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano no harán ninguna referencia a la salud. El porqué de esto es simplemente debido a que la salud era considerada ante todo como un don de la naturaleza o de Dios, según las creencias religiosas de cada uno. Esto muestra la poca confianza que la sociedad de esta época tenía en la capacidad de los médicos y profesionales de la salud para curar las patologías de los individuos y las poblaciones... (Dujardin. 2003: 38).
Aparte de ciertos avances, muy significativos, de orden técnico como la cirugía (sobre todo la cirugía de guerra) y de orden simbólico, como el interior del cuerpo, (considerado hasta entonces dominio divino), en el S. XVIII no se realizarán muchos más descubrimientos
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En lo que se refiere al marco institucional. En el caso de las prácticas que se desarrollan en el ámbito asociativo que habitan "junto a o contra" la aproximación cultural biomédica hegemónica en el circuito de cuidados
científicos en la medicina, mientras que esto si ocurría en otras ciencias. Por aquel entonces, como señala Ackernecht (1986), aun conservará la vigencia de su influencia hipocrática.
Hasta 1860/1870 la medicina puede ser considerada como la ciencia pobre de la Revolución industrial. Así se daba una situación paradójica en la que mientras las otras ciencias avanzaban a pasos agigantados con sus descubrimientos, la medicina se quedaba estancada y era incapaz de hacer frente a las patologías más corrientes de esta época como el cólera, el tifus, la difteria, tuberculosis, etc. Los médicos eran percibidos como seudocientíficos, charlatanes o aprendices de brujos por sus pacientes (y por ellos mismos (Dujardin 2003: 39)).
Como afirma Foucault (1963), por aquel entonces la medicina disponía de pocos medios de conocimiento y de acción. Pese a que el método anatómico/clínico estaba viendo, en el S.XIX, su nacimiento todavía no había transformado los hospitales de lugares de alojamiento a lugares de producción de medicina, sin lograr penetrar en la práctica medica para desarrollar una aproximación rigurosa y racional de la enfermedad.
En este contexto nace la revolución pasteriana a partir de 1870.
Rechazando la teoría de la generación espontanea y probando la existencia de gérmenes, Pasteur (químico de formación) en menos de quince años revolucionará la medicina probando la eficacia de una lógica implacable: una causa (un germen específico), un efecto (una enfermedad especifica), un tratamiento (una intervención específica).
El 20 de agosto de 1885 un niño de diez años llamado Joseph Maister, a quien mordió un perro con rabia, fue salvado gracias a la aplicación de este ciclo y la vacuna inventada por Pasteur. Este podría ser el momento de inflexión y entrada de la medicina moderna en escena.
Algunas de las características del nuevo paradigma médico serán:
1/ Prioridad en la investigación fundamental y la inovación tecnológica: Lo importante es la innovación tecnológica, el acceso a los nuevos tratamientos, vacunas, que van a dar una eficacia nueva y una cierta potencia al cuerpo médico y asegurar a los médicos su renombre, su visibilidad y la financiación de su nueva misión por los pacientes, la sociedad y el estado.
2/ El hospital, un lugar de curaciôn: el hospital no es más un «moritorio», que los pacientes intentan evitar, sino un centro de técnicas y de investigaciones en la vanguardia del progreso de la ciencia. (En el caso de la rabia es un sitio casi milagroso)
3/ El paciente y su contexto importan poco: el papel del paciente es marginal. Es suficiente con identificar el germen y disponer de una intervención eficaz. Prevención, alejamiento, tratamiento. El paciente es el anfitrión pasivo del germen.
Desde esta óptica de destierro del valor del contexto (el medio, la sociedad y la cultura del enfermo y la enfermedad) se va consolidando la hegemonía de un modelo médico, el nacimiento de la clínica moderna, basado en la perspectiva biológica, positivista y reduccionista que prescindirá de los aspectos relacionados con la intersubjetividad, y los relatos y significaciones impresos en su textualidad, de los sujetos con relación a la salud, la enfermedad y la curación.
4/ El estado llamado a entrar en juego: bajo la presión social pero también política, debido al carisma de Pasteur y sus discípulos, el Estado es llamado más y más a financiar la investigación y el acceso a nuevos tratamientos. Si bien el Estado dejará al cuidado de los profesionales de la salud el tomar las iniciativas y organizar las investigaciones, los cuidados y servicios de salud. (Dujardin 2003: 53)
Paralelamente es en este periodo cuando comenzó a cambiar el paradigma de la concepción de la asistencia y del enfermo que tenía el cristianismo, de carácter benéfico, a la laica y dirigida por el Estado de las sociedades contemporáneas occidentales.
El punto de inflexión que comenzaba a marcar un cambio cualitativo en la práctica de la asistencia médica, que en la sociedad burguesa del S XIX mantuvo su diversificación desigualitaria, fue la aparición de la asistencia médica colectivizada. Lo cual fue debido, entre otros factores, a los movimientos obreros y a la incorporación entre sus reivindicaciones de la asistencia médica igualitaria. Así como a dicha tecnificación de la medicina (costosa para las iniciativas privadas) y a una mayor complejidad necesitada del trabajo médico en equipo.
A medida que se van dando cambios demográficos y habitacionales en el paso de la forma de vida medieval a la burguesa, y se incrementa la aglomeración en los núcleos urbanos,
consecuencia de dicha aglomeración. Habrá, a su vez, una mayor frecuencia de fiebre tifoidea en los núcleos urbanos todavía carentes de una adecuada higiene pública.
Como consecuencia psicosocial, en las grandes ciudades, se manifiesta un gran porcentaje de afecciones histéricas.
Por otra parte, se da un notable auge de las enfermedades propias de la miseria suburbana, a la cabeza de ellas el raquitismo. Perduran las oleadas de peste, la viruela, fiebres exantemáticas, la malaria, las afecciones tíficas, la disentería y la influenza.