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4.7 Identification of further SOX10 target genes by RNA sequencing

Los proyectos de mejoras resultaban insuficientes y muy costosos para ser llevadas a cabo. Se comenzó a hablar de regulaciones que incluyeran a toda la ciudad; más preocupadas por la programación de la edificación privada que por eventuales acciones públicas. Se tuvieron noticias de una nueva técnica –el urbanismo- comprometida en la fijación de controles a priori sobre los procesos de construcción de la ciudad. Autorizaba la interveción de los municipios en la subdivisión y uso de las tierras privadas, y en la definición de un tejido que satisfaciera nuevas demandas de higiene y regularidad formal.

Sin embargo, aún a comienzos de los años ‘20, el urbanismo no era una incumbencia reclamada por los arquitectos: lo consideraban más bien como una disciplina capaz de favorecer su práctica profesional específica. Basta recorrer las resoluciones de los Congresos Panamericanos de Arquitectos que comenzaron a realizarse con periodicidad en la tercera década del siglo. En el primero, el denominado Plan Regulador debía ser establecido (por otros) para asegurar sitios adecuados para las obras artísticas –monumentos, edificios públicos- y liberar parte de la planta urbana a complejos proyectos de barrios jardín.55En el segundo la obligatoriedad por ley (tomando como referencia la reciente Ley Cornoudet56) de realizar planos reguladores era el primer tema del Congreso, donde los arquitectos se atribuían un lugar preciso: la redacción de reglamentos de edificación para garantizar armonía edilicia y el conveniente asoleamiento de la habitación.57De todas maneras la verdadera preocupación era poner fin la contratación de expertos extranjeros e ir formando idóneos

55 Ver “Ecos del 1° Congreso Panamericano de Arquitectos”, El Arquitecto N° 5, Buenos Aires,

abril 1920. Primer voto.

56 Propuesto por el vizconde de Cornoudet en 1914, este proyecto de ley que hacía obligatorio

la realización de planes de ordenamiento, embellecimiento y extensión urbana para gran parte de las ciudades francesas, con el objetivo de asegurar el control extendido a todo el ejido de los procesos de urbanización. Fue sancionada el 4 de marzo de 1919 y tuvo gran difusión como modelo de otras iniciativas semejantes.

57 Ver “II Congreso Pan Americano de Arquitectos” El arquitecto N° 40, Buenos Aires,

noviembre 1923. De todos los “males” urbanos, el único que parece preocupar es el “denticulado repugnante” provocado por la yuxtaposición de construcciones heterogéneas, sin servidumbres estéticas que garanticen la continuidad de fachadas y cornisas.

locales. Recién en el III Congreso se hacía referencia al Urbanismo como “una ciencia íntimamente vinculada con la Arquitectura”, proponiendo dos mecanismos para asegurar la presencia de la matrícula en “el control del desarrollo de las poblaciones”: la definición del Plan Regulador por concurso o por comisiones de arquitectos, y la integración de Comisiones de Urbanismo permanentes para hacerlo cumplir.58

Ya se estaban ensayando, empero, las dos perspectivas que habrían de signar el compromiso de la disciplina con la cuestión urbana. En ellas resulta evidente el carácter tridimensional que va a caracterizar la aproximación de los arquitectos a la ciudad; en oposición al plano que resolvía las preocupaciones del agrimensor, o a la combinatoria de redes y cortes explicativos propia de la mirada del ingeniero.59

La primera, ponía en primer término el gobierno del uso de la tierra. Resultaba apta para una sociedad que ya no podía circunscribirse a la corporación de contribuyentes, y demandaba una estructura que regulara la necesaria coexistencia de estamentos sociales diversos y conflictivos. Eso es el zoning. Retoma los avances de la geografía social construida por los encuestadores tratando de encontrar las causas del malestar, el dolor y la enfermedad en otro lugar que no fuera la desigualdad y la explotación; y revierte su sentido. Atribuye zonas específicas a una serie de actividades y grupos sociales para (tras evaluarlas desde la lógica del mercado inmobiliario disfrazada de preocupaciones estéticas) re-articularlas como un rompecabezas según afinidades, accesibilidad y privilegios. El zoning hace del plano urbano la metáfora de un mecanismo social y funcional perfecto: cada cosa y cada uno en su lugar, y un lugar para cada cual.

Esta perspectiva fue desarrollada por V. Jaeschke y Ángel Silva en artículos donde describieron los variados recursos disponibles. La regulación por zonas de usos, densidades o factores de ocupación del suelo. Impuestos que gravaran la tierra y no la superficie construida. Loteos racionales, retiros de la línea de edificación y centros de manzana, reservas de

58 Ver “III Congreso Panamericano de Arquitectos”, Revista de Arquitectura N° 83, Buenos

Aires, noviembre 1927.

59 No podemos reducir a una simple inercia la vuelta al proyecto tridimensional en los años ’50.

Muchas cosas habían pasado y tuvieron el carácter de una reivindicación, de un desquite más que de una simple y no conflictiva continuidad.

tierras, y expropiaciones por áreas.60Imaginaban un plan para la reedificación general de la ciudad en manos de los privados. El enemigo aparente era el especulador (calificativo que restringen al propietario de tierras) y el objetivo asegurar una renovación regulada y de calidad en el área central, controlando la explotación vil de la renta urbana en la periferia. La respuesta no podía hallarse en propuestas de embellecimiento aisladas o coordinadas. Se requería de un instrumento de legislación con sentido imperativo, un reglamento que atribuyera valor a la homogeneidad por partes, y regulara usos y volúmenes para asegurar el equilibrio del mercado de tierras. En este caso el plano (y los posibles cortes indicativos de calles por zona) son sólo instrumentos auxiliares para ordenar la acción técnica. Se elude todo intento de prefiguración total o por sector, y se adjudica un lugar secundario a las calles y la infraestructura. La segunda alternativa era el plan de conjunto; una superación desde la Arquitectura de los planos de alineación de los técnicos municipales, limitados a combinar ideas geométricas simples en un plano, sin consideración alguna respecto a formas en elevación.

Se trataba de una grand compositiona la que “predisponía” la formación Beaux Arts, madurada por Jaussely y otros Prix de Rome en la primera década del siglo.61 Apreciables en perspectivas de conjunto à vol

d’oiseau, no resultaban de reglas o fórmulas sino de la fina sensibilidad de arquitectos capaces de sintetizar en un gesto las demandas del paisaje y las preexistencias, y aún las complejas solicitaciones de la higiene, el tráfico y las actividades urbanas. No sólo prometían belleza; también una mejor organización de los recursos y riquezas que hiciera de las ciudades un entorno

60 Ángel Silva “Trazado y construcción de ciudades”, El Arquitecto N° 9, Buenos Aires, agosto

1920. V. Jaeschke “Valor de los lotes edificables” en Revista de Arquitectura N° 61, Buenos Aires, febrero 1925, A partir del esquema de doce tipos edilicios tradicionales, analiza las profundidades eficientes de los lotes y, desde allí, los tamaños adecuados para los nuevos amanzanamientos (60 x 100 m por lo que defendía la apertura de pasajes) y la definición de jardines en los centros de manzanas ya consolidadas, con paseos de atravesamiento. Su objetivo era demostrar la viabilidad de una mayor densificación “de los barrios más valiosos” con construcciones de cinco pisos (respetando un 15% para espacios libres públicos y un 31% en los lotes privados) y limitar así la extensión de la planta. En “Problemas de Urbanismo” Revista de Arquitectura N° 84, octubre 1927, Jaeschke estudia la conveniencia de reglamentaciones por zonas para dar más “variedad y contraste” al paisaje urbano. En este caso, la clasificación jerárquica de “arterias”, más que para orientar el tráfico, sirve para asignar localizaciones explícitas (a edificios públicos, comercios minoristas y mayoristas, industrias, y residencias individuales o colectivas para distintos sectores sociales) usando la regulación de alturas y retiros para asegurar la mencionada homogeneidad por partes.

61 Ver Gwendolyn Wright, The Politics of Design in French Colonial Urbanism, The University

capaz de estimular el desarrollo económico y “los más nobles ideales” que unen a los hombres.62

Esta síntesis entre principios arquitectónicos y administración científica del trabajo tuvo su más clara expresión en el proyecto de Una ciudad azucarera para Tucumán; un ensayo de estética contemporánea” de Ernesto Vautier y Alberto Prebisch, acreedor del Premio Estímulo del XIV Salón de Bellas Artes de 1924.63 Fue planteado por sus autores como un manifiesto a favor del arte y una crítica a “la inteligencia seca y mediocre”. Esta dicotomía en registro bergsoniano no se refería a la ciencia o la técnica, sino a aquellos próximos al arte pero atados a los convencionalismos de la tradición o las comodidades del sentimentalismo. Al igual que antes Le Corbusier (cuyas

notas en L’Esprit Nouveau Prebisch glosaba abusivamente en artículos

publicados en la revista Martín Fierro, es en los ingenieros y diseñadores industriales en los que descansan como referentes de una “una belleza plástica intensa” adecuada a “la voluntad artística” de un presente signado por la máquina y el colectivismo, la eficacia, la economía y la tipificación; por “un espíritu científico, preciso, mecánico, que busca afanosamente la claridad y el orden perdidos”.

Intensamente inspirados en la cité industrielle de Tony

Garnier64, propusieron una ciudad por piezas para funciones específicas, cordinadas y desplegadas en el territorio con un mecanismo análogo al tren de producción. Sin embargo, traslucían un mayor atavismo que su referente a la forma concluida, a los límites netos y la jerarquía geométrica. También aquí el foco era una “casa del pueblo” como templo de un oscuro “colectivismo”: no más que una estilización de las inspiraciones socialistas de su modelo, sin mayores pretensiones políticas.65 Como su título lo explicitaba, fue pensado como un ensayo –un “ejercicio de estilo” en palabras de Alicia Novick66- donde poner en juego las posibilidades de una “nueva sensibilidad” severa y

ILUSTRACIÓN12 Vautier y Prebisch: plano de conjunto de Una ciudad azucarera en la Provincia de Tucumán. (RA noviembre 1924)

62 Ver Léon Jaussely, “Construction des villes”, L’Architecture N° 1, enero 1916, (7-8) 63 E. Vautier, A. Prebisch “Ensayo de estética contemporánea” en Revista de Arquitectura N°

46, Buenos Aires, noviembre 1924 (405-419). Simultáneamente presenta una crítica virulenta a las obras presentadas al Salón, defendiendo las investigaciones exclusivamente plásticas “sin concesiones narrativas o figurativas parasitarias”. A. Prebisch “EL XIV Salón Nacional de Bellas Artes”, Martín Fierro, Buenos Aires setiembre-octubre 1924.

64 Tony Garnier, Une cité industrielle. Étude pour une construction des villes, Ed. s/d, 1917. 65 Incluso debía competir con la iglesia católica y otras instalaciones sanitarias ubicadas en una

plaza secundaria “retirada del bullicio”.

66 Alicia Novick “La ciudad como arquitectura: la Cité Azucarera de 1924” en Alberto Prebisch. Una vanguardia con tradición, Buenos Aires, CEDODAL, 1999, (59-72).

abstracta, propia de una arquitectura que, supuestamente, “responde estrictamente a las necesidades de sus contenidos”.Pretendió ser un prototipo a repetir en conurbaciones a lo largo de las vías férreas en los alrededores de la ciudad natal de Prebisch, un outil necesario y conveniente a las políticas de explotación sistemática de la caña de azúcar en la región.

Las estrategias de la Ciudad Azucarera son similares a las Garnier en su famoso proyecto. Una ladera proteje de “los vientos rudos del norte” y funciona como soberbio marco para el despliegue de composiciones articuladas (aunque contenidas en su perímetro) salpicadas a lo largo del valle según una secuencia de tres ejes transversales, con escala y lenguaje adaptados a su presunto fin. Prebisch y Vautier combinan, convenientemente, construcciones de gran dimensión y homogeneidad (ingenios, matadero, plantas de bombeo de agua y depuración de desechos, estación de cargas,

garagecolectivo, hospital y escuelas) con un mojón vertical (la torre del reloj), en torno al cual se despliega la composición centrífuga y un tejido complejo de viviendas sobre un jardín sin vallados que rompía con la calle corredor. Los aterrazamientos, escaleras exteriores y disposición à redent de las viviendas facilitan exploraciones con volúmenes complejos sin cornisas, perforados por aberturas que se señaladan abstractamente con planos entintados. Están totalmente envuelyos por una piel tensa y sin suturas de enduido blanco para garantizar liviandad, con juegos de luces y sombras dramatizados en las perspectivas. Todo esto sobre una trama de calles rectas clasificadoras del tráfico que prefiere los cul de sacde los diseños de Unwin al damero insinuado por Garnier, evidentemente insoportable para los argentinos.

En el centro significativo, una plaza. Sus recovas perimetrales les permiten ensayar el efecto de fuerte horizontalidad, pureza y serenidad en las formas propias del hormigón, con losas y aleros flotando sobre pilotis(en realidad fustes cilíndricos acanalados sin base ni capitel como los elegidos por Auguste Perret) que suspenden el conjunto entre el imaginario del ágora y la nueva estética corbusierana. No hay, empero, ninguna alusión a equipamientos técnicos o innovadores sistemas constructivos; la eficacia maquínica se reduce a la articulación de quince tipos de viviendas de dos o tres dormitorios, cuya variedad responde a razones compositivas.

Si bien había una voluntad de romper la unidad formal de la ciudad (estrategia que refuerzan desplazando la plaza principal al sudoeste sobre un cruce complejo para disfrazar la axialidad del parti)es evidente el

ILUSTRACIÓN13 La torre del reloj como mojón. ILUSTRACIÓN14 Perspectivas de casas tipo I, A y H, B y C, O y N.

ILUSTRACIÓN15 Vista de la plaza central. Una ciudad azucarera.

peso que todavía tenían las formas regulares y la simetría. Los lleva al absurdo de establecer dos claros remates laterales que impiden un natural crecimiento longitudinal, y que obligarían a extender la ciudad hacia el valle, sorteando una avenida de borde y líneas ferroviarias que servían de refuerzo a la unidad compositiva (también presentes en el proyecto de Garnier).