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4.1 IIIINTRODUCTION NTRODUCTION NTRODUCTION NTRODUCTION
Fecha
fundación COLONIA METRÓPOLIS
600? Sigeo Atenas
ss. VII-VI Muchos pequeños
establecimientos Mileto
— Ponto Euxino: h. 650 Sínope Mileto
Litorales S. y 0 . h. 650 Istros Mileto
564 Amisos Mileto
560 Heraclea del Ponto Megara
540 Calatis Heraclea dei Ponto
510 Mesembria Bizancio + Calcedonia
siglo VI Sésamo, Tíos, Trape zunte, peq. factorías
Mileto Sinope
Litorales 0 . y N. 0 . 646 Olbia Mileto
? Tyras Mileto
610 Apolonia Mileto
575 Odessos Mileto
550 Tomi Mileto
Añádanse pequeñas fundaciones de Mileto. Apolonia y Mesembria
Litorales N. y N .E. 600-500 Bosforo cimerio Mileto v Teos ss. VII-VI Litoral este Mileto
— Africa: 650-625 Naucratis Mileto + Samos + otros
630 Cirene Tera
560-520 Barcé y Euhespérides Cirene
— Occidente: 600 Massalia Focea
Focenses en extremo Occidente. 565 Alalia Focea
540 Elea (Velia) Focenses de Alalia
' ? Emporion,
Hemeros kopeion, Mainaké
Focenses s. VI Teliné (Arles) Massalia
Últimas fundaciones en h. 675 Posidonia Sibans
Silicia y M agna Grecia. 663-592 Acras, Casmenas, Camarina
Siracusa
650 Selinunte Mégara Hyblen
648 Himera Zancle
580 Agrigento Gela
junto con otras fundaciones menores por Selinunte, Cnido, Rodas y Samos.
— Adriático: 627 Epidamno Corintio +
«En siete años ( ...) no llovió en Tera y, durante ese tiem po, cuantos árbo les había en la isla, con excepción de uno sólo, se secaron. Los tereos consul taron con el oráculo y la Pitia contestó que estableciesen una colonia en Li bia.»
(H ER Ó D O T O , IV, 150)
Desequilibrio político en la Ciudad
Partenio. Literalmente, hijo de una vir gen o de una m ujer soltera. [N . del T. ]
¿Realización de una Utopía?
«La colonización no parece tanto con secuencia de una dura necesidad vital cuanto un intento de cransplantar, m e jorándolo, refinándolo, un cierto tipo de organización económica y social (...) Pero (las colonias) son más que una mera im itación: son, cambien, la pro yección idealizada de la C iudad grie ga.»
(P. CLAVAL y P. LEVEQUE, Rev. géogr. de Lyon, 1970, p. 185)
Causas comerciales
reparto de tierras al arribo, así como de sus condiciones de transmisión
y de integración de los llegados más tarde, se muestra como una serie • de medidas destinadas a aliviar «el ansia de tierra» (stenokhoría lit., «es casez de tierra»), de la que parece sufrieron las Ciudades griegas duran te el arcaísmo. Podemos preguntarnos si se debió a un crecimiento de mográfico en términos absolutos o a un movimiento de acaparamiento de tierras por los más ricos y poderosos, según modos de los que lo ig noramos todo en los siglos VIII y VII. La fragilidad del equilibrio autár- quico era tal que la menor dificultad (en particular, las de origen me teorológico) desencadenaba una crisis.
En la mayor parte de los casos, los relatos anecdóticos se refieren a un hecho de tipo personal, bajo el que se oculta con frecuencia un conflicto de orden político. La tensión alcanza, a veces, su umbral críti co con el enfrentamiento entre una oligarquía (incluso tiranía) en el po der y quienes no lo tienen: aristócratas marginados, demos rural, arte sanos y comerciantes; enviar a un grupo de descontentos a fundar una colonia podía evitar una difícil revisión de las relaciones de autoridad y de las instituciones. Por eso es tentador interpretar la fundación de Tarento por los «partenios», que resultaron indeseables en Esparta tras la I Guerra de Mesenia. Pero, a veces, el conflicto se desarrollaba en el seno de las familias dirigentes y podía llevar a crímenes que provocasen la marcha forzosa del ejecutor, como Arquías, baquíada de Corintio, que, condenado por asesinato, partió a fundar las colonias de Corcira y Siracusa. ¿Cuántos hijos de familia, demasiado impacientes, hubie ron de exiliarse? ¿Cuántos segundones destinados a posiciones medio cres en el ámbito familiar eligieron la aventura? Embarcados por razo nes personales, expresaban, mediante esta ruptura (tan dolorosa para una mentalidad arcaica), la profundidad de un descontento que no ha llaba en la Ciudad posibilidad de expresarse o de calmarse.
Además, y puesto que estas Ciudades nuevas, en su mayoría, re producían el esquema geográfico e institucional de las de origen (ha biendo, además, desde su llegada, procedido seguramente los colonos a un reparto igualitario de un suelo casi siempre más fértil que el de sus padres) es natural admitir que iban en busca de un mundo mejor: disponer de un nuevo suelo, crear una Ciudad sin pasado, en la que todos tuviesen su oportunidad, tierras y derecho de ciudadanía, consti tuía una fuerte llamada para muchos insatisfechos.
No obstante, no todos los colonos eran de extracción rural o aristó cratas que viviesen de sus tierras. Algunos de los aventureros vivían de la artesanía o del comercio. La elección de emplazamientos, su situa ción junto a lugares de paso privilegiados, las relaciones comerciales que conocemos, el método de implantación y la naturaleza de las relaciones con los indígenas y los numerosos y crecientes testimonios sobre inter cambios comerciales obligan a atribuir a las intenciones comerciales una parte nada desdeñable en estos desplazamientos de población. Está aún viva la discusión entre la primacía de las necesidades de tierra y espacio respecto a los objetivos comerciales. Debate sin solución posible y acaso
superfluo. Las preocupaciones agrícolas están, desde luego, en el pri mer plano de los problemas económicos de la época: tierras de cultivo para cada uno y productos alimentarios para todos; pero las navegacio nes que permitieron conocer tantos lugares y a sus indígenas eran co merciales. Si bien los dos períodos que tradicionalmente suelen distin guirse se corresponden ciertamente con el predominio, sucesivo, de ob jetivos agrícolas y comerciales, hay que hacer lugar para cualesquiera excepciones, salvo que se desee incurrir en multiplicar los contrasenti dos y las contradicciones.
III. ORGANIZACIÓN DEL MOVIMIENTO: IMPLANTACIÓN DE LAS COLONIAS Y RELACIONES CON LA METRÓPOLI Y