• No results found

HD-DOT Images from Phase-Encoded Stimuli

3.4 Discussion

4.3.1 HD-DOT Images from Phase-Encoded Stimuli

 Interrogar etnográficamente a la historia: la temporalidad de las personas.

 De las ciénagas a las plantaciones.

Empezar con la caña era conquistar a otros comuneros.

Productores: comuneros, ejidatarios y después pequeños propietarios.

25

Al principio no había nada

Este capítulo introduce a Tzinil y Socoltenango en los contornos de un proceso social general, como enclaves periféricos de un proyecto de colonización dirigido más amplio: la agroindustria azucarera. Su objetivo es comprender cómo un universo social finqueril empezó a existir bajo las claves de un mundo-caña. Esto es, cómo las personas vivieron los cambios en virtud de los que se modificaron los modos y las relaciones sociales de producción en torno a un proyecto de carácter agrícola-industrial moderno.

El primer apartado se interroga cómo es posible apelar etnográficamente a la historia, entendiendo lo social como proceso vital13. Así, el proceso histórico se narra desde las memorias de Timoteo y Manuel, con quienes conversé durante el trabajo de campo, y a veces echa mano de fuentes escritas locales para describir los cambios a partir de los acontecimientos que son importantes para ellos y hoy recuerdan.

El segundo apartado describe cómo vivieron dos acontecimientos importantes. El primero, es la conversión de una zona de palmares, que las personas a veces llaman ciénaga, en parte del área de abastecimiento del ingenio La Fe, tecnicismo que define las plantaciones de caña para su cultivo intensivo. El segundo acontecimiento destacado es la intervención del gobierno estatal y federal en el río San Vicente, a partir de la construcción del Distrito de Riego Nº 55 que irrigó esos cañaverales.

Después describo la trama social de Socoltenango desde el punto de vista de la propiedad y el uso de la tierra por parte de los productores. Manuel, uno de los primeros comuneros que empieza a plantar caña en Socoltenango, me cuenta cómo está distribuida la tierra en la localidad y me da algunos indicios de la temporalidad con la que fue viendo los cambios a lo largo de su vida.

Finalmente el capítulo describe la presencia de Jesús Alejo Orantes, latifundista, productor y líder cañero ligado a puestos de control en la gestión de la producción de caña desde Pujiltic, a partir de la descripción de la apertura de un local partidario de su Fundación en Socoltenango. Esta situación permite ver cómo las relaciones económicas y las políticas se inmiscuyen en la dinámica de las relaciones sociales que ligan a las y los campesinos que producen caña con la agroindustria azucarera.

13 Del mismo modo que Tim Ingold, considero la palabra social denotando una cierta ontología: una

26

Interrogar etnográficamente a la historia: la temporalidad de las personas

Las personas historizan, es parte de su reflexividad como seres humanos. Historizamos cuando alguien nos pregunta adónde nacimos, qué hacemos ahora y qué hacíamos antes, y eso pasa en muchas situaciones de la vida. También pasa cuando las personas charlan con esos curiosos y molestos personajes que son las y los investigadores.

A veces ellas tienen un relato bastante armado y sorprende cómo las palabras se enhebran en el diálogo, organizan sus propias ligazones, sus elipsis y sus olvidos, destacan ciertos acontecimientos y dejan de fondo otros como si fueran prescindibles. Eso me pasó con Manuel, que me contó la historia de Socoltenango muy pegadita a la de su vida, y ahí había matrimonio, marimbas, compañeros y caña de azúcar.

Otras veces medio que inventan para salir del apuro, y entonces el ritmo y el tono de la conversación es distinto, se vuelve libresco y la relación de interlocución se hace como gomosa, cuestión que no deja de ser significativa. Esa fue mi relación con Timoteo, que se comportó en clave de un trabajador del municipio de Socoltenango y entonces la historia fue una sucesión de hechos que habían dejado de existir.

También es curioso lo que pasa con los recuerdos, porque la memoria es algo muy actual. Más que una cosa del pasado parece ser el modo en que se actualiza en situación. Y más que evocar acontecimientos esa a-presentación de lo vivido es un poco como crearlos otra vez. Por eso los sucesos viven en una temporalidad imprecisa y vaga, pertenecen a una atmósfera fluida más que cronológica; y por eso así van a aparecer en este capítulo.

Parece que hay tantas historizaciones como situaciones de conversación, y entonces la pregunta metodológica es cómo trabajar etnográficamente con esas historias sobre la historia, en este caso de los lugares. La historia aparece en el trabajo de campo y en esta ordenación de ciertas situaciones bajo las claves de una perspectiva histórica de las relaciones sociales. La idea es interrogar un proceso de vida social desde la propia temporalidad de las personas y no desde una cronología exterior, la del analista, para describir la situación productiva como una Gestalt que envuelve una totalidad de relaciones, no solo en términos económicos sino también políticos, afectivos, comportamentales y deseantes. En suma, para mirar lo procesual del mundo-caña.

La mayoría de las personas con las que conversé en Tzinil y en Socoltenango sobre cómo se empezó a plantar caña eran ancianas. Extraño prejuicio que dota de historia a quienes tienen más años. Y sin embargo tuve la sensación de que nuestras conversaciones fueron la ocasión de un reconocimiento hacia las personas que vivieron aquello que ahora

27

pretendo narrar, que es cómo un universo social finqueril14 pasó a funcionar bajo las claves de un mundo-caña, es decir, que las personas empezaron a modular sus relaciones con el paisaje bajo otras claves productivas, que se modificó lo que ellas hacían en y con su entorno, en virtud de cambios que ellas no decidieron sino que lo hicieron otros, el estado y las empresas, y entonces también ellas hicieron otras cosas. La instalación de la fábrica de azúcar en 1954 en Pujiltic se traslapa a una actividad agrícola previa, ganadera y de caña para la producción de panela15, y organiza una dinámica económica que orbita alrededor del requerimiento de plantaciones intensivas de caña de azúcar que son, a su vez, expresión de una compleja estructura agraria. Las áreas de abasto del ingenio son sumamente diversas y forman un complejo conglomerado de procesos históricos ligados al reparto de tierras16.

La lógica en la que se organiza la estructura productiva no es homogénea, más bien parece expresar un proceso donde el conflicto por el reparto de la tierra es el principio de comprensión de una organización social, económica y política heterogénea, donde coexisten diversas formas de propiedad de la tierra y modos de organización, y en el que “poco a poco, los ejidatarios sustituyeron a los arrendatarios de la tierra, el propietario cañero ocupó el lugar de los grandes ganaderos y el jornalero sustituyó al “baldío” o peón de la antigua finca” (Rivera, 2003).

14

Según Barrera (2017) el poder de los finqueros ladinos se concentró a partir de tres elementos: el control sobre la tierra, la servidumbre por deudas y las tiendas de raya. El hecho de que los finqueros se hicieran cargo de las fiestas patronales y que en ocasiones hayan ejercido funciones estatales contribuyó a la creación de ese microcosmos social que fueron las fincas. En la zona fue importante el fenómeno del baldiaje, esto es el pago del arriendo con trabajo en terrenos de las fincas. El sistema de fincas combinó las exigencias de la producción económica capitalista con relaciones laborales de tipo servil.

15 La caña de azúcar es una herencia de los frailes dominicos en Socoltenango (Ruz, 1992a, 1992b, 1992c,

1997), quienes desde 1545 dispusieron de estancias, haciendas, molinos y trapiches de caña (Ruz, 1992b). Después de la expulsión de los frailes en 1871, la economía cañera rústica se reforzó (Barrera, 2017). A pesar de que la producción de caña y panela era precaria, pues se usaban trapiches a tracción animal en pequeñas unidades de producción clandestina, (Barrera, 2017:193), esta actividad contribuyó al crecimiento de la población ladina, la migración de los indígenas a fincas y trapiches, la compra y venta de tierras comunales y el intercambio con Comitán (Barrera, 2017:114). A principios del siglo XX las haciendas de Socoltenango y otros poblados de la zona como Pinola y Soyatitán eran proveedoras de materia prima para la fabricación de aguardiente de caña. Entre 1907 y 1913 alrededor del pueblo había ochenta fincas dedicadas al cultivo de caña y habitadas por trabajadores constantes que formaban parte del microcosmos social de las haciendas.

16

Las áreas de abastecimiento del ingenio se encuentran en municipios como Soyatitán, Socoltenango, San Bartolomé de los Llanos (Hoy Venustiano Carranza), Pinola (Villa Las Rosas) y Tzimol; así como en Nuevos Centros de Población Ejidal surgidos entre los años '70 y '80 en el marco de luchas agrarias por la tierra. También la conforman nuevos fideicomisos producto de nuevas tomas de tierras que tienen lugar en la década de los '90 (Villafuerte et al., 2002; Rivera, 2003).

28 De las ciénagas a las plantaciones

Para algunos socoltecos el progreso asociado a la idea de una zona cañera cuyo epicentro era Pujiltic como sede del ingenio había mirado de costado a Socoltenango. Era un coletazo más bien lateral del proceso de expansión de la agroindustria azucarera. Esa situación se explicaba por el camino. Muchos habían vivido los cambios de los últimos tiempos, pero algunas personas tenían la sensación de que se habían quedado a mitad de camino. Esto se debía a que Socoltenango no estaba sobre la ruta de tránsito de la caña. Eso hace que aquí sea diferente, no hay tantas posibilidades de hacer negocios17. La caña de azúcar terminó siendo redituable para los productores, pero estaba la sensación de que Pujiltic y Tzimol supieron aprovechar mejor una ubicación estratégica sobre la ruta 226 de la que Socoltenango carecía.

Por la carretera pasaba la caña, pero también podían pasar los turistas. Tzimol tiene las cascadas, me dijo ese día Horacio, con quien charlé en su casa de estas cosas. Me pareció curioso que mencionara el agua, porque en Socoltenango hay mucha. Lo cierto era que para Horacio el agua de la cascada Velo de Novia que se usaba para irrigar las plantaciones de caña a los costados de la ruta no se aprovechaba como en Tzimol. Es que toda el agua va al mismo río San Vicente, sostenía cada tanto.

El ayuntamiento de Socoltenango había construido el complejo Cascadas Velo de Novia para turismo, pero ya existía el complejo ecoturístico Cascadas El Chiflón del municipio de Tzimol, que estaba ubicado sobre la ruta antes de llegar a Socoltenango viniendo de Comitán. Según Horacio los dos tenían derecho a esos ingresos, lo que provocó cierto malestar entre municipios colindantes; así que para definir quién tenía razón echaron un balde con pintura que terminó cayendo del lado de Tzimol. El balde definió que ellos tenían más derecho sobre el agua. El episodio es polisémico, puede funcionar como una anécdota divertida y en ocasiones como herida abierta que aparece en las conversaciones sobre el progreso socolteco.

Otra expresión de ese progreso inacabado eran las ruinas de una planta potabilizadora en el ojo de agua. La localidad tenía agua entubada desde 1974. Antes, en 1950, se habían entubado las primeras áreas pero el agua no llegaba a toda la población,

17

Esta teoría del eje carretero era de Horacio, el padre de una joven quinceañera a quien conocí en su cumpleaños en calidad de fotógrafa de su fiesta, a la que fuimos junto a otras compañeras de la maestría, Vero e Isabel junto con un amigo de Socoltenango. La conversación con Horacio fue registrada en el diario de campo. Estábamos en su casa el día que llegué a entregar las fotos de la fiesta a la familia.

29

solo a algunas casas del centro. El ojo de agua estaba a la salida de Socoltenango, al final de un boulevard de tierra enlodada y cemento removido, bastante difícil de transitar, que dividía el camino en dos direcciones: el pavimentado seguía hacia Soyatitán y el de tierra, que más adelante se hacía de asfalto, subía para Tzinil. El ojo de agua estaba en medio de ese vértice que dividía el camino, un poco más inclinado del lado de la ruta hacia Tzinil.

Muchas de las acequias de los costados de las calles socoltecas se llenaban con ese ojo de agua, que también armaba albercas públicas para bañarse los días de mucho calor, que son la mayoría del año en tierra caliente. Alrededor de esas albercas, un poco más arriba, había palapas, parrillas y bancos. Arriba de todo estaba el vestigio de ese intento municipal que no se había terminado: una telaraña de caños oxidados a medio hacer que salían de una especie de motor, marrón del tiempo y el agua. Los caños bajaban para enredarse a las palapas, terminaban abruptamente en nada y seguían poniéndose marrones y oxidados.

Pero a pesar de esa sensación de progreso detenido sí había habido cambios. Para los equipos de las secretarías de las autoridades locales18 Socoltenango era un pueblo rural que con la instalación de la fábrica de azúcar en Pujiltic y la creación del Distrito de Riego había empezado a dedicarse al cultivo intensivo de caña de azúcar. Antes no había más que palmares en toda esta zona me dijo Timoteo, el secretario técnico de asuntos agrarios del ayuntamiento cuando le pregunté por la historia de Socoltenango.

La fábrica de azúcar se había instalado en Pujiltic desde 195419, cinco años después de la creación de la empresa “Aguardientes de Chiapas” de los hermanos Hernán y Moctezuma Pedrero en sociedad con Jaime Coello. Desde la creación de esa empresa, los Pedrero y los Coello habían consolidado oficialmente su monopolio aguardentero en la producción, distribución y comercialización de alcohol; y desde 1950 integraban el control de la materia prima a través de la creación de “Plantaciones agrícolas intensivas”20

. Como

18 Mi consulta en la presidencia para visitar los archivos municipales y conocer la historia de la localidad

derivó en la conversación con Timoteo, que era el más viejo en la secretaría técnica del ayuntamiento. Que

platique con Timoteo, que siempre está diciendo cómo era antes el pueblo. La historia es un asunto del

pasado. Timoteo era un hombre grande con una memoria de elefante y mucho cariño por Socoltenango.

19 Según el Informe de Julio de La Fuente (2009) San Francisco de Pujiltic es una finca propiedad de

Moctezuma Pedrero Argüello. En esa finca ya había, según el mismo informe, dos fábricas de alcohol, una activa Mactumatzá, propiedad de Jesús Penago Villegas y una inactiva La Venecia.

20

La familia Pedrero en alianza con los Coello controlaban el mercado de manera no-oficial desde principios de los años 40 como recolectores de impuestos sobre el alcohol, productores y distribuidores regionales de aguardiente en Los Altos de Chiapas (Lewis, 2004). La creación de “Aguardientes de Chiapas” (1949) y de “Plantaciones Agrícolas Intensivas” (1950) expresan un proceso de integración vertical de la actividad, que incluye el control de la producción de la materia prima (azúcar y panela). Probablemente el cambio de zona se

30

vimos la caña era un cultivo afincado en la zona desde antes de la instalación del ingenio, por lo que su procesamiento industrial redefinió las relaciones de producción de una actividad que existía bajo otras claves.

Esto era algo memorablemente presente para las personas con quienes conversaba. Timoteo me contó que antes del ingenio ya había caña, pero que se destinaba a la producción de panela o piloncillo en trapiches de madera a tracción animal y que se vendía en Comitán para hacer trago. Ahora toda la caña se va al ingenio, me dijo. Esa era entonces una diferencia importante para Timoteo. La creación del ingenio había desviado la ruta de la caña literalmente hacia la dirección contraria: en vez de ir a Comitán para la producción de aguardiente, la caña ahora iba al ingenio de Pujiltic para el procesamiento y la producción de azúcar por la ruta 226.

La construcción del Distrito de Riego fue otro cambio importante para la dinámica económico-social de la zona, y Timoteo la mencionó seguido a la instalación de la fábrica de azúcar21 como otro acontecimiento digno de ser reconocido. En ese momento me di cuenta de que cuando me dijo que antes no había más que palmares la remisión temporal era a la situación anterior a la creación del distrito de riego. El 4 de julio de 1969 se declararon de utilidad pública 15.000 hectáreas de terreno en los municipios de Socoltenango, Venustiano Carranza y Tzimol destinados al avance de la obra pública realizada desde la Secretaría de Recursos Hidráulicos a través de la Comisión del Grijalva22, con el objetivo de construir el Distrito de Riego. Del total de hectáreas expropiadas 10.000 serían para uso agropecuario y otras 5.000 para agricultura irrigada por gravedad desde el río San Vicente y otros manantiales (Villafuerte et al., 2002: 331).

Precisamente serán las irregularidades en la distribución de las tierras, la tramitación jurídica de las propiedades y las indemnizaciones en dinero o en especie de lo expropiado23

relacione a un movimiento estratégico en función de lo que la historiografía llamó la guerra del Posh, entre 1951 y 1954 en Los Altos de Chiapas (De la Fuente, 2009).

21 El distrito de Riego fue parte del proyecto San Vicente, una iniciativa del gobierno federal y estatal

establecida por acuerdo presidencial del 22 de abril de 1965, ejecutada entre 1969 y 1977 a través de la Secretaría de Recursos Hídricos y por una concesión a la empresa Tecalli S.A. (Vidal, 2017).

22

La Comisión Ejecutiva del Río Grijalva, dependiente de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, había sido creada en 1951 y estaba encargada de “realizar estudios hidráulicos y de aprovechamiento del territorio, así como de ejecutar proyectos como la construcción de presas y el control de las inundaciones en la cuenca del Grijalva (Revel-Mouroz, 1980). Era una de las pinzas para el proceso de colonización de tierras públicas e irrigadas. A través de la Ley de Colonización de 1962, que estableció la colonización exclusivamente a través de la creación de Nuevos Centros de Población Ejidal (NCPE), tuvo lugar la ocupación de terrenos nacionales (Villafuerte et al., 2002).

23 De las 15.000 hectáreas expropiadas; 6.700 fueron dispuestas a la Secretaría de Recursos Agrarios entre

31

la génesis de un proceso de demanda agraria y toma de tierras que estalló a fines de los años 70 y principio de los 80 (Villafuerte et al., 2002).

Timoteo me contó que desde la creación del distrito de riego se ganaron una buena porción de terrenos (dijo que eran palmares) para el cultivo de caña, lo que me hizo suponer que antes esos predios no estaban destinados a fines productivos. Sobre el conflicto por tierras que suscitó este proceso de intervención gubernamental Timoteo no me dijo mucho, se ve que eso no le pareció nada memorable24. Sólo apuntó que hubo algunos reclamos, pero recordaba que eso había sido para fines de los años 70, cuando se crearon ejidos como Santuario que eran más nuevos.

Esa intervención del paisaje orientada a convertir ciénagas en tierras destinadas al cultivo intensivo de caña para mí, indicio de un proceso de colonización dirigida para expandir la frontera agrícola en el que participaron el estado y los propietarios directos e indirectos del ingenio se había vivido por las y los socoltecos bajo las claves de algo

Related documents