Section 10. Goals and Objectives
I. Immediate and long-range problems Space
enfrentamientos armados, Mandel tiene la pretensión de que el ejemplo chileno le sirva para ello. Pero la realidad se le cuela y, se ve obligado a reconocer, en una frase, que las cosas no sean posiblemente tan pacífi cas: “La subida al poder de un gobierno de izquierda va a ser acompañada inevitablemente de una agudización de la lucha de clases, de una fuga de capitales, de huelga del capital (o sea de las inversiones), de un sabotaje de la producción, de conspiraciones permanentes de
la extrema derecha contra esos gobiernos, con el apoyo del aparato del estado,
del terrorismo de la extrema derecha como se vio en Portugal el año pasado, en España en 1936, en Chile en 1970 y como se verá mañana en Italia, España o Francia” (Idem)38. Nosotros coincidimos con la perspectiva que señala Mandel
en esta única y aislada frase. Todo el movimiento trotskista mundial tiene que prepararse para ella y elaborar tesis sobre la dictadura del proletariado, girando alrededor de los inevitables ataques armados de la contrarrevolución. A esto hay que agregar que si el proletariado toma el poder, esta lucha se va a agudizar hasta transformarse en un grave problema para la supervivencia de la primera dictadura triunfante en Europa.
Pareciera que después de ese vaticinio habría que preguntarse: Si la burguesía está dispuesta a hacer eso contra un gobierno burgués de izquierda como el de Allende, ¿qué no hará contra la dictadura revolucionaria del proletariado? La pregunta se contesta sola. Pero, ¿qué programa propone Mandel -y de hecho la resolución- para enfrentar la inevitable situación? Refi riéndose a los gobiernos reformistas dicen que hay que exigirles “consignas de depuración radical, de eliminación de todo el aparato represivo de la burguesía, de la disolución de los cuerpos represivos, de los jueces permanentes, de todo lo que está escrito en la mente de las masas tras las experiencias de España de 1936 y Chile. A esto se agregan todas las reivindicaciones económicas de las masas que, expresando la lógica de la dualidad del poder, giran alrededor de la nacionalización bajo control obrero. Todo esto constituye la primera tanda de reivindicaciones dirigida a este gobierno” (Idem)39.
Aquí está sintetizada toda la capitulación revisionista, reformista de los miembros del SU, expresada por su aparentemente mejor vocero, el camarada Mandel. Si las perspectivas son “las conspiraciones permanentes de la extrema derecha, con todo el apoyo del Estado, el terrorismo de la extrema derecha”, ¿cómo se puede decir que la solución sea exigirles a esos gobiernos reformistas y colaboracionistas de clase “el saneamiento radical, la eliminación radical de todo el aparato represivo, de los jueces permanentes”? Ni una palabra mas, ni una palabra menos: ¡confi arán en el gobierno, harán presión sobre él, no como un método pedagógico para desenmascararlo ante las masas, sino como única salida! De lo contrario, ¿por que ni la resolución ni Mandel dicen una sola palabra de la necesidad de la movilización armada del proletariado? ¿Simplemente porque consideran que esos gobiernos socialdemócratas o frentepopulistas desmantelarán su aparato represivo por los pedidos del movimiento obrero? Entonces, ¿Para qué derramar sangre? Sin embargo, los enfrentamientos armados serán no solo la única forma efectiva de enfrentar a la derecha reaccionaria, sino la única base posible para el llamado a un frente único con los obreros socialdemócratas y stalinistas: “Realicemos acciones comunes contra la extrema derecha”.
“La segunda tanda es la respuesta a todas las medidas burguesas de sabotaje y de desarticulación económica que inevitablemente adoptará. Es la política de respuesta del ojo por ojo, de las ocupaciones de fábrica, las confi scaciones de
fábricas y su coordinación, de la elaboración de un plan obrero de reconversión y de nuevo auge de la economía, de la extensión y la generalización del control obrero hacia la autogestión, de la toma en sus manos de toda una serie de aspectos de la vida social por los interesados mismos (transporte en común, mercados populares, guarderías, universidades, explotaciones agrícolas, etc). Y es en este debate sobre cuestiones de este tipo, en el cuadro de la democracia proletaria, a través de las experiencias que realicen las masas, en la defensa más
intransigente de la libertad de acción y de movilización de las masas -incluso
cuando entorpezca los proyectos del gobierno, o vaya en contracorriente con los planes reformistas-, en la ilustración, la consolidación, la centralización de las distintas experiencias de autoorganización, sin excesos sectarios, sin insultos del tipo ‘social fascista’, teniendo en cuenta la sensibilidad particular de los sectores que tengan aún una confi anza, aunque decreciente, en los reformistas como se realizará el paso de capas cada vez más numerosas, del reformismo al centrismo de izquierda y al marxismo revolucionario. En ese sentido, hay una unidad y una articulación coherente entre la política de conquista de las masas por el frente único y la política de afi rmación, de extensión y de generalización de la dualidad del Poder y la consolidación del poder obrero por la insurrección”. (Idem) 40 ¡Lo mismo con la “segunda tanda”! Todas tienen el objetivo de enfrentar
económicamente a la contrarrevolución, de reorganizar la economía sobre bases obreras, para convencer lenta y pacífi camente a los trabajadores de las bondades del poder obrero. Ni una sola palabra del enfrentamiento armado en las calles con la contrarrevolución. Parece mentira que Mandel cite como ejemplos “la España de 1936 y Chile”, siendo que en esos países la clave de la derrota tuvo que ver con el enfrentamiento armado al golpe contrarrevolucionario.
Esa es la gran experiencia de Chile. Las masas aplicaron al milímetro la política de Mandel: levantaron la primera tanda, o sea, se aburrieron de exigirle a Allende que reprimiera a la extrema derecha. Al mismo tiempo, desarrollaron la segunda tanda: ocupaban fábricas y dominaban cordones industriales. El resultado está a la vista: triunfó el golpe de Pinochet. La lección de Chile, España, y Bolivia en 1971, es que en esa etapa de gobiernos reformistas, la gran tarea es el armamento del proletariado y el frente único con los obreros reformistas para enfrentar, armas en mano, a la contrarrevolución, y no la política en dos tandas de Mandel: exigencias al gobierno y ocupación de fábricas para demostrar a los obreros oportunistas que somos más democráticos y mejores administradores de la economía que la burguesía. Lo que hay que demostrarle a los trabajadores reformistas es cómo enfrentar y derrotar físicamente a la burguesía y a la contrarrevolución imperialista.
4.- Cuba desmiente el optimismo irresponsable del SU.
El SU no puede dejar de advertir que habrá algunos obstáculos para los
países elegidos. Enfrentamientos armados, seguramente no, pero propaganda contrarrevolucionaria sí. Sin embargo, ésta no ofrece mayores peligros. “No hay razón para temerla”, está derrotada de antemano. “Cuando la clase burguesa está desarmada y expropiada, cuando sus miembros sólo tienen acceso a los medios masivos de difusión en relación con su número y no con su fortuna, no hay razón para temer una confrontación constante, libre y franca entre sus ideas y las nuestras”. Bastará con “luchar sin tregua contra esas ideologías en el terreno de la ideología misma”. (SU, 1977)41.
¿Qué es “una confrontación constante” entre la revolución y la contrarrevolución? ¿Un deporte? Si la contrarrevolución hace propaganda es porque puede y tiene algo que conseguir con ella. No hay ningún ejemplo histórico que demuestre lo contrario. Los contrarrevolucionarios se aprovecharán siempre de las tremendas difi cultades de algunas dictaduras obreras para fortalecerse y, cuando lo logren, seguirán inevitablemente hasta la guerra civil. Las tesis del SU nunca barajan esta posibilidad.
Vayamos a Cuba. Aquí, como dijimos, la violencia previa a la toma del poder fue mucho menor que en el resto de los países que alcanzaron la dictadura obrera. Pero en este caso, lo más grave vino después.
Cuba es un país que forma parte del mundo occidental y sufrió un colosal bloqueo económico que le provocó una crisis permanente de la economía. Este bloqueo fue acompañado por el éxodo a Estados Unidos de medio millón de gusanos, agentes de la contrarrevolución imperialista.
Si Fidel hubiera actuado de acuerdo a las normas del SU, ni bien bajó de la Sierra Maestra, debió haber hecho un discurso pidiendo a los quinientos mil “gusanos” que no se fueran, y darles todas las garantías individuales. Tendría que haberles permitido hacer una fantástica propaganda de acuerdo a su número, organizarse en partido político y cederle locales custodiados por las milicias. Por supuesto, tendría que haber impedido los juicios a los torturadores porque sólo podían basarse en el prohibido “recurso al concepto de delincuencia retroactiva”. Y Batista también se tendría que haber quedado.
Supongamos ahora que Fidel va más allá todavía. No sólo les da la “libertad política ilimitada” del SU sino que, además, aconsejado por Mandel, aplica el voto universal y llama a elecciones generales. Y supongamos también que la contrarrevolución no se aprovecha para nada de esas condiciones, no usa esas libertades para derrocar por la violencia a Fidel y recuperar los bienes expropiados. En síntesis, que contamos con una contrarrevolución honesta, que se comporta
pacífi camente y se dedica a hacer su campaña electoral y a desarrollar una lucha puramente ideológica. Teniendo a su favor la profunda crisis económica provocada por el bloqueo yanqui, el apoyo del imperialismo, el atraso del campesinado, la división de la izquierda y la férrea determinación de los 500.000 gusanos, bien podría obtener la burguesía la mayoría electoral, sin derramar una gota de sangre, como quiere el SU: ¿Qué sucedería en ese caso? ¿Un sucesor de Batista volvería al poder, las empresas expropiadas volverían a manos de los capitalistas?
Los eurocomunistas ya han dicho que sí, que si ellos están en el poder lo devolverán a la contrarrevolución en caso de que ésta gane las elecciones. Nosotros queremos saber que harían el SU y el compañero Mandel en un caso similar. Exigimos que el Secretariado Unifi cado se pronuncie categóricamente sobre este problema. ¿Si están en el poder darán elecciones libres y entregarán el poder al que gane, aun a la contrarrevolución? Si nos responden que no, queremos saber qué harán entonces ante la lógica exigencia de la reacción para que se les entregue el poder: ¿lucharán contra ella con las armas en la mano para conservarlo? ¿Y si las masas trabajadoras los desbordan y salen a la calle a romper las urnas?, ¿lucharán contra ellas? Cualquier cosa que hagan que no sea entregar el poder a la contrarrevolución se transformará en represión armada preventiva de la contrarrevolución; será dejar de lado la lucha electoral. Todo el documento se viene abajo. Pero el SU, irresponsablemente, descarta esa posibilidad de triunfo electoral de la contrarrevolución imperialista.
Claro que podrían decirnos que el ejemplo cubano no sirve porque su programa está referido a una dictadura revolucionaria. En ese caso, el programa del SU sería infi nitamente más criminal. Si en Cuba hubiera surgido una dictadura marxista revolucionaria, apoyada en los concejos obreros, el bloqueo habría sido no sólo de los Estados Unidos sino también de la URSS. En ese caso, la dictadura del proletariado aconsejada por la mayoría del SU no hubiera durado ni siquiera seis meses. Ese medio millón de contrarrevolucionarios, apoyados en semejante crisis económica como la que se produciría, hubieran desarrollado una campaña que les hubiese permitido contar con todas las posibilidades del triunfo. ¿Por qué el bloqueo que sufrió Cuba no se repetirá contra los países europeos donde triunfe la revolución socialista? Nosotros no sólo opinamos que esa será la tendencia más probable, sino que, además, volvemos a insistir: las primeras dictaduras revolucionarias del proletariado, encabezadas o infl uidas por los trotskistas, sufrirán las más atroces y tremendas guerras civiles que se hayan visto en todo el siglo.