PLANNING CONSIDERATIONS
4. Immediate Response
“Solo recuerda que despertarás y es labor tuya que tus sueños sean una fantasía
o sean una realidad.” Cuervo negro, Para soñar.
E
n el sueño ligero el cerebro se encuentra en un estado intermedio entre despertarse o hundirse más en el inconsciente. El cuerpo intenta conectarse al cerebro para así acercarse a la vigilia por lo cual podemos soñar que despertamos o vivir cualquier suceso extraño y al momento de despertar no logramos diferenciar si todo fue en realidad parte del sueño o si ya había terminado. Por experiencia propia nosotras hemos soñado haber realizado cierta actividad que al despertar creemos que si fue real, o en algunas ocasiones hemos soñado estardiscutiendo con alguien y al despertar estamos de mal genio con aquella persona por lo sucedido porque no estamos conscientes de que aquello no fuera real.
Un reconocido sueño experimentado por Shuang Tzu quien soñó que era una mariposa, y al despertar no sabía si era él quien había soñado que era una mariposa o si era una mariposa que estaba soñando que era él; o como ocurre en “La metamorfosis¨ del escritor Franz Kafka, Gregorio Samsa despierta convertido en un insecto y de igual forma no sabemos si el hombre soñó convertirse en un insecto o si el insecto soñaba ser hombre. En ocasiones es muy difícil diferenciar en qué realidad estamos a pesar de que los sueños tienen ciertas características fantásticas y extraordinarias que sabemos son imposibles en nuestra cotidianidad.
El largometraje “Videodrome” de David Cronenberg juega a su vez con la perversión de la realidad haciendo que situaciones comunes como ver televisión se conviertan en un suceso incómodo y bizarro de acuerdo con el estado anímico del personaje principal. Durante todo el largometraje estamos tan habituados ya a estas incongruencias dentro del mundo del personaje que no sabemos si está teniendo una pesadilla, si está tan loco que alucina o si en verdad así funciona aquel mundo.
Curiosamente al enfrentarnos a una obra audiovisual solemos interpretar lo que vemos de acuerdo a nuestras propias vidas, pero a pesar de que muchas cosas que vemos están en desacuerdo con lo que conocemos como realidad, las aceptamos como posibles, ya que el medio permite crear aquella ilusión de lo real. Como dice el filósofo Slavoj Zizek “El cine es la más perversa de las artes. No te da qué desear, te dice cómo desear.” Actuando igual que nuestro subconsciente o como el mismo monstruo de nuestra animación que teje el sueño de nuestro personaje, guiándolo a través de secuencias tal vez absurdas e inconexas pero aparentemente reales para él.
Así pues, dejando de lado aquella realidad formal de este proceso que vivimos al realizar nuestro cortometraje animado, vamos a contar ahora la otra realidad de un proceso de producción arduo y accidentado.
Devolvámonos donde todo comenzó. Estábamos en séptimo semestre de la carrera cuando nos enteramos que tres personajes de nuestra facultad, Cecilia Traslaviña, Carlos Smith y otro que no teníamos ni idea de quién era, habían recibido un premio para realizar su proyecto de animación. En ese momento supimos que existía el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico. En ese primer instante vimos que participar en algo así, sería inalcanzable para nosotras ya que no nos sentíamos preparadas y no teníamos la suficiente experiencia como la tenían ellos, personas con un recorrido profesional y artístico reconocido, maestros nuestros de los que aun teníamos mucho por aprender. Lo único que sabíamos era que para nuestro trabajo de grado queríamos trabajar juntas pero solo eso teníamos claro. Sabíamos que juntas podríamos hacer un muy buen equipo y que el trabajo que saldría de las dos iba a ser mucho mejor que uno individual, o eso creíamos.
Al terminar ese semestre fuimos contactadas por una compañera, Adriana Copete, que se encontraba cursando último semestre de la carrera, estaba buscando animadores que le colaboraran en su proyecto y vaya sorpresa, ella era la que había ganado junto a nuestros maestros. Hablamos de su proyecto y al final una de nosotras terminó uniéndose a su trabajo. En el tiempo que estuvieron trabajando juntas, Adriana compartió su experiencia y con ello nos animó a participar ya que al igual que ella teníamos una oportunidad para lograrlo. En el siguiente semestre estábamos decididas, íbamos a participar con nuestro proyecto de grado que a grandes rasgos por lo menos ya sabíamos que sería una animación gracias a la investigación sobre los sueños que habíamos realizado durante los seminarios de investigación y las diferentes aproximaciones plásticas que habíamos tenido frente al tema. Lo primero que necesitábamos era un guión.
Cada vez que podíamos nos reuníamos después de clase para escribir el guión y discutir elementos como el perfil de los personajes, qué diferentes técnicas podríamos utilizar o cuales nos llamaban la atención. Ya después de esto, con las clases de la universidad no nos había quedado mucho tiempo para invertirle en cuestiones de imagen a nuestro proyecto y cuando salimos a vacaciones teníamos menos de un mes para reunir todos los papeles, el material creativo y conceptual que exigían para la convocatoria de Proimagenes. A grandes rasgos hicimos un primer acercamiento a nuestro corto con un primer diseño de personajes, espacios y utilería que en ese momento creímos que estaba listo.
Primer diseño del personaje principal.
En cuanto a los documentos solicitados por Proimágenes, debemos aceptar que somos un poco elevadas y por esta razón tuvimos que revisar una, dos, tres, cuatro y cinco veces el proyecto antes de entregarlo para que no nos faltara nada. Intentamos incluir en él cada pequeño detalle que se nos ocurría y lo que el tiempo nos permitió hacer. Lo único que teníamos claro era que nosotras éramos estudiantes de artes sin experiencia alguna, pero que teníamos la oportunidad de enriquecer visualmente el proyecto para que fuese atractivo para el jurado. Radicamos el proyecto y en la primera selección quedamos admitidas, vale aclarar que en esta primera revisión por Proimágenes solo verificaban si todos los requisitos estaban completos, nuestras múltiples revisiones dieron sus frutos.
Después de habernos presentado a la convocatoria, iniciamos con nuestro proyecto de grado junto a nuestros dos asesores, Cecilia Traslaviña y Camilo Cogua quienes al revisar nuestro proyecto nos hicieron caer en cuenta que le faltaba mucho, demasiado, por pulir. Las cosas no eran tan fáciles como estábamos creyendo. Tuvimos que hacer bastantes ajustes en el guión, aunque aquellos cambios fueron también debido a que nosotras mismas nunca estábamos conformes con lo que habíamos escrito. De igual forma revisamos los diseños de personajes ya que sentíamos que les faltaba fuerza y carácter. Muchos los hicimos una y otra vez hasta que por fin nos sentimos a gusto.
Diseño final del personaje principal.
Ya teniendo el diseño final de los personajes, tuvimos que hacer el animatic. No sabíamos cómo hacerlo para un cortometraje como el de nosotras ya que los que habíamos hecho para clase de animación eran bastante esquemáticos y por lo general no necesitábamos que agentes externos los tuvieran que entender. Entonces buscamos en internet y vimos animatics que nos llamaron mucho la atención, nos emocionamos y quisimos hacerlos como esos. Como dice una de nuestras madres, “nos gusta orinar fuera del tiesto” lo estábamos haciendo ya demasiado elaborado, tanto así que parecía una animación por si sola y nos tardamos demasiado en sacar las primeras escenas. Luego caímos en cuenta que no debería ser así, que no teníamos que complicarnos con cosas que nos quitaran tiempo cuando deberíamos empezar a animar. De todas formas no todo fue trabajo perdido, la mayoría de los dibujos sirvieron como bocetos para diferentes fragmentos de la animación y nos ayudaron a tener mucho más claras algunas secuencias de imágenes.
En realidad no nos sentíamos preparadas para empezar a animar sin tener aun clara la historia en el animatic, por esta razón, cada vez que lo armábamos le hacíamos cambios. Tampoco habíamos recibido respuesta de Proimágenes y sabíamos que sin presupuesto no podríamos llevar a cabo esa animación así que tendríamos que pensar en otras opciones que disminuyeran costos y trabajo. Afortunadamente o para desgracia nuestra, nuestro cortometraje obtuvo el premio del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico en la categoría de animación. Nos sentimos felices y emocionadas por aquel premio pero sabíamos que esto mismo implicaría inmiscuirnos en campos en los que no teníamos ni idea de cómo proseguir. Debíamos conseguir un equipo de trabajo para lograr terminar la animación a tiempo porque el trabajo que se venía era monumental. Conseguimos un editor y un grupo de músicos entusiasmados, pero nos complicamos la vida decidiendo animar todo por nuestra cuenta.
Logramos terminar por fin un animatic al cual hasta la fecha le hemos hecho mínimos ajustes. Ya era hora de animar y ya estábamos convencidas de que lo que teníamos era lo que queríamos. Iniciamos con un fragmento de la animación que habíamos decidido hacer en stop motion. Queríamos hacer una maqueta grande, con la cual pudiéramos hacer movimientos de cámara así que nos tuvimos que trasladar y conseguimos un lugar bastante económico en Boyacá. Este lugar era bueno porque estaba apartado de la civilización y no había ningún distractor. Allí duramos más o menos cuatro meses en lo que construíamos las maquetas, realizábamos pruebas y animábamos.
Al volver a la capital nos convertimos en dos personas reventadas hasta el cansancio intentando animar dibujo por dibujo secuencias que parecían eternas. Pensamos en muchas ocasiones que sufriríamos del túnel del carpo o de escoliosis por las posiciones tan incomodas que adoptábamos al dibujar. Cada día que pasaba se convertía en depresión si no se llegaba a avanzar lo suficiente o si algún problema surgía porque siempre surgía algún problema. El computador se dañaba, el proyecto se borraba, el material se perdía, el formato cambiaba, el render
se dañaba, los colores cambiaban según la versión de Photoshop®, el escáner enloquecía y nosotras íbamos desarrollando una pulsante vena en medio de la frente que parecía estar a punto de estallar cada vez que sucedía algo, pero cuando veíamos cada secuencia, cada plano y escena compuesta frente a nuestros ojos, sentíamos que todo valía la pena. Contemplábamos nuestra animación casi llorando de emoción y de alivio al ver que tomaba vida y sentíamos una nueva bocanada de aire darnos fuerzas para continuar.
Contratamos personal para que coloreara o nos ayudara con ciertas tareas que pudieran agilizar nuestro trabajo, pero este personal se conformaba sobre todo de la caridad de la gente que se apiadaba de nuestra locura. Amigos y familiares ayudaron como pudieron o aquellos que sí intentaron trabajar de lleno para nosotras, se cansaban al poco tiempo. Al rato de haber comenzado empezamos a vivir juntas, una extrema convivencia, de vez en cuando terminábamos discutiendo calurosamente sobre algo en lo que no estábamos de acuerdo pero siempre encontrábamos alguna solución inmediata y seguíamos adelante. No teníamos tiempo que perder.
Durante nuestra carrera nunca aprendimos a fondo labores técnicas y específicas como manejar un cronograma tan extenso que nunca coincidía y se nos atrasaba, cómo hacer un presupuesto real, sin fondos suficientes, todo el papeleo formal y burocrático que en Proimágenes nos exigían. No estábamos seguras de qué formatos de
video utilizar, aspectos, resolución, apenas lográbamos manejar muy superficialmente programas como After Effects® y Premiere®. En el camino dimos vueltas de cómo componer ciertos planos, la embarramos infinitas veces, hasta darnos cuenta que siempre había un camino más rápido y sencillo para hacer las cosas. Nunca tomamos una materia sobre la producción, todo el tema referente a la promoción y distribución, dossier de presentación ¿Qué era eso? En este campo afortunadamente tuvimos la oportunidad de asesorarnos con un productor experimentado que con mucho trabajo y paciencia logró ubicarnos un poco más y de esta forma liberarnos de aquel peso que caía sobre nuestras espaldas, tal y como la pesadilla que estábamos construyendo. Él también nos recomendó crear una página web o por lo menos una fanpage en Facebook® del cortometraje para que la gente supiera lo que estábamos haciendo y el ver el interés de la gente por lo que hacíamos nos dio ánimo, pero esto no duró mucho ya que debíamos seguir animando, cada vez teníamos menos tiempo y debíamos terminar como fuera.
Es la hora que no hemos terminado, corremos como locas y sabemos que un proyecto tan ambicioso como este nunca más lo volveremos a hacer con tan poco presupuesto y personal. Muchas veces al levantarnos después de cortos periodos de sueño que nos permitimos para descansar de nuestros dolores de espalda y espalda baja nos despertamos desilusionadas ya que recurrentemente en nuestros sueños somos engañadas y hemos creído que estamos terminando una escena o editando la última parte de la animación o ya en nuestras verdaderas casas por fin, tomando un merecido descanso. Pero el trabajo continúa.