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IMMIGRATION EFFECTS IN IRELAND, 1995-2006.

La selección de técnicas se realizó dentro del cuerpo metodológico de la investigación cualitativa, desde donde es posible atender al ámbito de los significados inherentes a los actos, a las relaciones y a las estructuras sociales. La investigación cualitativa se interesa por los sentidos, la manera en que el mundo es comprendido, experimentado, producido por los actores sociales. Por ello es una práctica interpretativa, de resistencia a la naturalización del mundo social, que recupera la relevancia del concepto de mundo de la vida y prioriza la comprensión del punto de vista interno, del significado que la realidad tiene para los individuos y la manera en que estos significados se vinculan con sus comportamientos. De ahí que el principio rector de este modo de investigación sea el hacer posible la manifestación de ese “otro” sin ejercer sobre él la violencia cognitiva imponiéndole un código de interpretación

al que nunca hubiera apelado para dar cuenta del sentido de sus acciones. Se sustenta fundamentalmente en la comunicación como proceso de investigación interactivo, considerando al lenguaje como recurso y creación, instrumento de reproducción pero también de producción del mundo social (Vasilachis de Gialdino, 2008). Los instrumentos de la investigación cualitativa presentan la ventaja de poder ser continuamente ajustados a las finalidades de la investigación, corregidos y readaptados durante el proceso del trabajo de campo, por lo que su empleo exige una actitud de apertura y flexibilidad, la capacidad de observación y de interacción con los actores sociales envueltos y el esfuerzo teórico de fundamentación presente en cada etapa (Minayo, 2004).

Para acceder a las representaciones y prácticas sociales, es decir, conocer qué se sabe, qué se cree, cómo se interpreta y qué se hace o cómo se actúa, el procedimiento clásico utilizado es el registro de un material discursivo producido en forma espontánea (conversaciones) o inducido por medio de entrevistas o cuestionarios (Araya Umaña, 2002). La técnica de relevamiento central escogida fue la entrevista, si bien con un mínimo de estructuración a partir de un guión temático previamente pautado, su modalidad abierta permitió descubrir e incorporar temáticas del universo del informante no previstas por el investigador. El guión orientó la entrevista, en tanto facilitador de apertura, de ampliación y de profundización de la misma, contribuyendo a la emergencia del punto de vista de los interlocutores, de los juicios y las relevancias respecto de los hechos y las relaciones que componen el objeto de estudio.

Ampliamente la entrevista es definida como un proceso comunicativo que involucra dos actores: el entrevistador y el entrevistado (Alonso, 1998; Valles, 1997), por medio del cual el investigador obtiene información sobre alguna cuestión objeto de su interés. Existen diferentes tipos de entrevistas según el grado de estructuración que adquiera la guía de preguntas y el tipo de respuestas que las mismas habilitan. Es posible pensar esto como un

continuum cuyos extremos estarían representados por un lado, por el polo más estructurado conformado por el cuestionario estandarizado en donde tanto las preguntas como el orden en que serán formuladas las mismas está fijado con antelación. En el otro extremo se encuentra la entrevista abierta, en la cual no se haya pautado de antemano ni los temas ni las preguntas a tratar. La entrevista, al brindar una mayor libertad para la iniciativa del investigador e informante (en términos relativos respecto de la encuesta), permite obtener información rica y profunda sobre acontecimientos pasados y presentes, pertenecientes al entrevistado o a terceros, recabar la experiencia de los actores y el punto de vista de los mismos.

La centralidad de la entrevista como instrumento de producción de información viene dada por ser la comunicación verbal una forma privilegiada de interacción, de gran densidad en cuanto hecho social; por ser el habla reveladora de condiciones estructurales, de sistemas de valores, normas y símbolos (siendo ella misma una de ellos) y al mismo tiempo transmitir, a través de un portavoz, las representaciones de grupos determinados, en condiciones históricas, socio-económicas y culturales específicas (Minayo, 2004).

La información que surge a partir del encuentro entre el investigador social y el entrevistado es producto de esa interacción, “no existe como información de antemano ni yace en algún rincón escondido, esperando a que un arqueólogo de la memoria la descubra. La experiencia surge como información en la medida que el entrevistador y el entrevistado la crean a través de la relación que entablan durante una entrevista” (Ocampo y Gracia, 1994: 51). Así como el entrevistado no es un mero relator de hechos objetivos, el entrevistador tampoco es un receptor neutro. “La narración es diálogo -presente de distintas maneras en el relato que luego será sometido a la lectura- porque es un acto de comunicación complejo. El entrevistador induce la narración, por parte del sujeto entrevistado, de su propia historia y a partir de allí se desarrolla ese acontecimiento singular de interacción entre los dos actores, en el cual cada uno participa desde la particular posición que ocupa en esa situación social” (Chirico, 1987: 442). Al preguntar se busca “establecer un puente o medio a través del cual sea posible ir y venir entre universos culturales”, “activar con las preguntas los recursos culturales del actor para observarlos en operación” y en la interacción con el entrevistado conocer por experiencia estos contenidos ajenos encarnados en su conducta (Sanmartín Arce, 2000: 111, 121).

Así, hay dos niveles de subjetividad implicados en todo conocimiento basado en la experiencia del encuentro con el otro: por un lado, subjetividad “alude a una suerte de auscultación del mundo del otro: una aproximación al punto de vista del sujeto, a sus percepciones y significados profundos que se encuentran necesariamente mediados por conceptos, tipos ideales y meta-lenguajes. Acercarse al punto de vista del sujeto que se estudia nos enfrenta directamente con la naturaleza abierta de la interpretación y la exégesis, y con los límites de la arbitrariedad”. Por otra parte, subjetividad refiere a “la relación dialógica entre ambos: los informantes no nos dan únicamente ʻdatosʼ sino que están comprometidos con nosotros en una crucial relación intersubjetiva y en un continuo diálogo. Es posible comprender la otra cultura no sobre la base de la acumulación de datos, sino cuando es posible relacionarse dialógicamente con los informantes, y cuando esta acción adquiere un sentido razonable para ambas partes. Esta segunda subjetividad, además de ser dialógica,

como se dijo, es también desigual y asimétrica: a veces es el investigador el polo dominante, otras es el sujeto investigado (también los sujetos de estudio ejercen violencia y desconocimiento sobre los entrevistadores). La situación de entrevista entraña siempre una vulnerabilidad” (Makowski Muchnik, 2000: 3).

El contexto en el cual tiene lugar la entrevista es esencialmente problemático pues se constituye a partir de la confrontación entre dos mundos. Si la relación entre entrevistador y entrevistado no es dialógica, en el acto de oír al “informante” el entrevistador ejercerá un poder, subyacente a las relaciones humanas, empobreciendo el proceso cognitivo. Sólo en la medida en que se transforme ese informante en interlocutor, creándose condiciones de diálogo efectivo, podrá ocurrir aquella “fusión de horizontes” que posibilitará al investigador oír al nativo y ser igualmente oído por éste, sin temor de estar contaminando el discurso del nativo con elementos de su propio discurso. La situación de diálogo, de verdadera interacción, transforma la confrontación de horizontes semánticos, el del investigador y el del nativo, en un verdadero encuentro etnográfico, creando un espacio semántico compartido por ambos interlocutores (Cardoso de Oliveira, 1996).

Como toda interacción social, la entrevista está sujeta a la misma dinámica de las relaciones existentes en la sociedad por lo que la información construida en su transcurso debe incorporar también aquella extraíble del contexto (prácticas, gestos y complicidades, el habla informal sobre lo cotidiano), de ahí la importancia de mantener en dicha instancia la atención constante propia de la técnica de observación participante (Selltiz, et al., 1959). La entrevista, “se funda en la más amplia observación participante, sin cuyos datos difícilmente podría plantearse con eficacia; requiere, para cumplirse en su totalidad, que el entrevistador observe el hecho mismo de la entrevista y, finalmente, ella misma es observación de ese despliegue en vivo de los recursos culturales que hace el entrevistado en su discurso” (Sanmartín Arce, 2000: 111).

Vínculo entre experiencia y narración, la entrevista no se sitúa exclusivamente en el orden del hacer (campo de las prácticas) ni en el orden del decir (campo lingüístico), sino en el campo intermedio: el decir del hacer. La técnica de observación fue tenida en cuenta no por un afán de “corregir” las “distorsiones” entre prácticas y representaciones sino para analizar el vínculo complejo entre estos dos niveles y para recuperar aquello que no se enuncia; aquello que por razones afectivas o por pudor no es verbalizado, o que por no ser considerado de interés, o no ser del todo consciente no tiene una presencia fuerte y clara en el discurso. La observación participante, centrada en las relaciones informales del investigador en el campo, permite captar una variedad de situaciones o fenómenos que “transmiten lo que hay de más

imponderable y evasivo en la vida real” (Neto, en Minayo et al., 2002: 47). Guber indica que el acto de participar no necesariamente implica encarnar algún rol local “establecer nuevas relaciones, seguir a los informantes en sus tareas, entablar conversaciones casuales o concertadas, acompañarlos al hospital, a la escuela o a visitar parientes y tomar notas son algunas de las actividades que se pueden desarrollar desde el rol de investigador” (Guber, 2004: 124). Si bien la observación participante “enfatiza las relaciones informales del investigador en el campo” esto no implica una disminución de la atención teórica (Minayo, 2004: 92), pues parte de estas charlas espontáneas “pueden servir a la función de las entrevistas, en las que otros miembros darán al observador información sobre sucesos ya pasados, sus reacciones ante acontecimientos presentes, etc. Tales entrevistas serán generalmente no estructuradas; el observador puede combinarlas con notas más específicamente observadoras en sus informes y análisis” (Selltiz et al., 1959: 241).

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