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In document Questions and Answers (Page 30-35)

Hélène Mniestris. -Esta pregunta se refiere a la observación clínica de la

Sección Clínica de Lille a partir de P0 y 0, que me permitió ver cómo se podía utilizar la deformación del esquema L, adaptada al caso de Schreber, en otros casos clínicos. Esta clínica me pareció sutil y valiosa. ¿Pueden aclarar cuáles son los fenómenos ligados a 0? En particular, ¿clasificarían sistemáticamente el delirio entre estos fenómenos o solo las ideas delirantes concernientes al cuerpo?

Serge Cottet. -Intervengo sobre el mismo informe, el de Lille, por una

cuestión general referida a los trastornos del lenguaje. En la primera parte este informe pone en evidencia casos que incluyen signos comprobados de psicosis pero donde faltan las manifestaciones clásicas de la forclusión, sobre todo, y en varias oportunidades, trastornos del lenguaje. Cabe agregar que esta ausencia

es compatible con la forclusión. Se presentan entonces psicóticos que tienen una relación normal con el lenguaje.

Me gustaría, pues, tener precisiones: sobre el uso del significante «atún»

[thon] en el ejemplo 3; sobre lo que el sujeto, en el ejemplo 4, llama

«relaciones íntimas pasadas del cuerpo al lenguaje»: ¿acaso él mismo presentó una tesis o una teoría del lenguaje? Se observan elementos de automatismo mental: me hubiera gustado saber cuál es su relación con eventuales trastornos del lenguaje más clásicos. A propósito del educador que se sintió investido por una misión, hubiera querido tener precisiones sobre las modalidades de esa vivencia, de «sentirse investido»; y saber cuál es el uso que hace el joven de las máquinas tragamonedas del significante «alfeñique», que cree leer en los ojos de un compañero, y del binario «dinero limpio, dinero sucio».

¿No hay motivos para ofrecer hoy precisiones sobre qué entendemos por trastornos del lenguaje? ¿Podemos distinguir por un lado la descomposición clásica del significante como en El seminario 3 y, por el otro, los fenómenos de despedazamiento del significante? ¿Se podría precisar lo que se entendería por esos trastornos de la significación o, incluso, la relación normal del sujeto con el lenguaje en tanto síntoma? Aquí me inspiro en una breve discusión sobre el ejemplo de Jean-Pierre Deffieux, en Arcachon. Se trataba del enunciado «no tengo energía», a propósito del cual Carole Dewambrechies hizo notar que se lo podía eventualmente entender como un trastorno del lenguaje. Jacques-Alain Miller había propuesto la categoría de neosemantema. Se suma un neo más, y tal vez no haya que multiplicarlos, pero eso señalaba cierta relación con el lenguaje cuyo trastorno estaba comprobado. Este enunciado abrochaba el discurso del sujeto, su relación con la energía -después de todo, quizá no era una metáfora; la cuestión era saber si lo usaba de manera corriente o privada.

Jacques-Alain Miller. -Se trataría, pues, de extender el concepto de

trastornos del lenguaje más allá del franco neologismo, hasta incluir en él el uso paranormal del lenguaje, el uso apenas desplazado, el trastorno intersticial. Por lo tanto, se podría extender aún mucho más el concepto de trastornos del lenguaje. Hasta podría decirse que hablar, finalmente, es un trastorno del lenguaje. Lo pienso de manera profunda. Pág. 206

Sylvette Perazzi. -¿Pero qué diferencia haría usted entre el neologismo

propiamente dicho y el neologismo tomado en su sentido amplio, en el sentido en que un psicótico toma una palabra de acepción corriente y la usa como neologismo?

Jean-Pierre Deffieux. -Siempre me sorprendió que durante muchos años se

haya mantenido esencialmente al neologismo como un trastorno del lenguaje. De hecho, es lo que se encuentra en El seminario 3. Pero en «Acerca de la causalidad psíquica» Lacan hace una lista larga, fina, y diversificada de los

trastornos del lenguaje. Nunca nos interesamos verdaderamente en la precisión de lo que definió como trastornos del lenguaje en ese texto. Habla así del acento de singularidad que marca a los trastornos del lenguaje.

Geneviève Morel -El punto de vista adoptado en la primera parte del informe

de Lille corresponde a lo que Jacques-Alain Miller dijo sobre la clínica aproximativa; o sea, no considerar las diferentes partes de la enseñanza de Lacan como puntos de vista exclusivos. En otras palabras, está bien tener en cuenta todo, en un caso se puede trabajar tanto con «De una cuestión preliminar...», la función fálica de los años 70, y la función síntoma de 1975. Este punto de vista explica nuestra clasificación de los casos. Me parece que en «De una cuestión preliminar...» se encuentran muchísimas cosas que pueden extenderse en todos los sentidos, con ellas se puede incluso superar el marco estricto que parece tener o que tuvo para nosotros. Para los trastornos del lenguaje y los delirios, me basé en ese texto: tomé lo que Lacan llamó los abismos P0 y 0. Distinguí el abismo P0 y la forclusión del Nombre del Padre. En el abismo P0 clasifiqué todo lo que es alucinatorios, y los trastornos del lenguaje. Lacan mismo pone a los pájaros que aparecen en el parque del lado del abismo P0, cuando es puramente visual. Pero allí hay una dificultad. A mi entender, las alucinaciones visuales y cenestésicas tienen un estatuto difícil de determinar en la práctica: cuando alguien dice que le duele la pierna, es muy difícil saber si es o no una alucinación, pero cuando dice que oye voces, el asunto está concluido. Esta es una diferencia práctica que se me presentó.

En los trastornos del lenguaje tomé todo lo que parecía depender de esta categoría (es decir, palabra, enunciación), todo lo concerniente a la escucha, todo lo que De Clérambault ubica allí, que es muy amplio, que va del eco del pensamiento al diálogo de las voces. El neologismo, por supuesto, figura en esta serie, y también estoy de acuerdo en que existen usos neológicos de las palabras.

Para la joven «atún», por ejemplo, un caso que seguí, «atún» no es un neologismo, es una rareza local. Como no conocía la expresión, pregunté a varios adolescentes, y parece que corresponde a lo que en Marsella, donde me crié, se decía «chorizo». En Lille se dice que una chica es un atún porque el atún es un pez informe. Le pregunté entonces a la chica por qué decía «atún» y me contestó que se dice atún como podría decirse «un bacalao». Lo verifiqué con otras personas, y me confirmaron que era lo más común del mundo decir «No saldré con ese atún». Me pareció bastante divertido para ponerlo como título, y no es contradictorio con el hecho de que pueda ser un neologismo. En el informe quisimos trabajar lo más posible con la prueba, aunque sabemos que las cosas son aproximadas. Tratamos, por un lado, de clasificar y, por otro lado, de poner en evidencia lo más importante en un caso. En el caso del «atún», por ejemplo, ese punto no me parecía el más psicótico.

En el caso del joven, decía que la relación con su madre había pasado «del cuerpo al lenguaje» (era una presentación de enfermos), nos sorprendió la precisión de esta fórmula, y la destacamos. Ahora bien, no porque alguien haga una teoría sobre sí mismo es un trastorno del lenguaje; si fuera así, todos nosotros, analizantes y analistas, estaríamos condenados eternamente a los trastornos del lenguaje. Entonces, para mí, eso no constituía un verdadero trastorno del lenguaje, testimoniado como tal.

A propósito del automatismo mental, está completamente reconocido como trastorno del lenguaje, porque está en una sección referida a sujetos que se presentan sin trastornos del lenguaje -lo que se llamó 0, y que muestran enseguida trastornos del lenguaje. Luego, en esos casos hay trastornos del lenguaje: hay un automatismo mental que sirve justamente para demostrar que viene segundo en relación con otra cosa que está antes -lo que se encuentra en De Clérambault.

Philippe Bouillot podrá responder a la pregunta sobre el «joven de la máquina tragamonedas», porque se trata de uno de sus casos, y Brigitte Lemonnier, a la que se refiere a la «misión». Esto sobre la cuestión de los trastornos del lenguaje.

Respecto de la cuestión del delirio, quise seguir a De Clérambault. Como Lacan decía que era su maestro, pensé que, después de todo, el maestro del maestro es siempre un maestro. De Clérambault diferencia lo que es automatismo de lo que es delirante. Yo hice lo mismo, es decir, consideré que una idea delirante sobre el cuerpo no era a priori algo ligado a P0, sino para colocar en 0.

Evidentemente, se torna complejo, porque el mismo De Clérambault no habla solamente del automatismo mental, habla de automatismo cenestésico y de automatismo motriz. Es difícil, aun en él, ver bien cómo se diferenciaría el automatismo cenestésico de otros fenómenos corporales. La pregunta no se plantea cada vez que se menciona «alguien me hizo levantar la pierna» o «alguien me provocó un dolor», pero cuando se trata de un simple dolor, se vuelve complejo. Seguramente esta tarde discutiremos sobre este punto.

Me parece que la cuestión se complica en los delirios de filiación. La dificultad no se presentó en lo que vimos porque, en general, cuando tenemos grandes delirios de filiación, también tenemos un automatismo mental o, por lo menos, trastornos del lenguaje. Pero, en efecto, la clasificación es algo deficiente en lo que se refiere a los delirios que giran alrededor de la paternidad misma, por ejemplo: ¿por qué no ubicarlos en P0? Me parece que aquí la cuestión no está resuelta.

Alexandre Stevens. -Mientras hablamos sobre todo de la última clínica de

Lacan, el informe de Lille tiene el mérito de darle una verdadera frescura a «De una cuestión preliminar...». Yo estaría más de acuerdo con las divisiones

propuestas, pero poner del lado P0 todo lo que son alucinaciones, incluyendo los pájaros que aparecen en el caso Schreber.

Geneviève Morel. -Lacan lo hace. Pág. 209

Alexandre Stevens. -No hay dificultad en considerarlo del lado del lenguaje,

es decir, del lado de P0, en la medida en que si esto aparece en la mirada, lo esencial es que esos pájaros hacen señas, y entonces se puede decir que hablan. Así lo entiendo yo. Por el contrario, ¿poner del lado de los trastornos del lenguaje lo que se refiere en muchos otros trabajos, esa especie de bricolage con lalengua? Pienso especialmente en el trabajo del grupo de Angers: ellos hablan de un sujeto -se trata de un niño- que no es en absoluto delirante; no hay trastornos del lenguaje, sino una suerte de invención de una lengua personal, que llaman el lenguaje Donald, que anuda una transferencia con el analista. Allí hay una suerte de invención del lenguaje, que no tiene un estatuto neológico, sino más bien el estatuto de dar nombre y permitir anudar algo con el otro, un otro particular.

Geneviève Morel. -Fabricar un lenguaje privado como ese es parte, para mí,

de los trastornos del lenguaje.

Alexandre Stevens. -Hay lenguajes privados y lenguajes privados.

Conocemos niños psicóticos cuya madre puede decir: «Yo lo comprendo perfectamente cuando dice algo», y ninguna otra persona lo comprende. Hay allí lo que se llama un lenguaje privado. En el caso de Angers, no lo interpreto del todo de esa manera: no pongo en el mismo nivel ese caso de la invención de la lengua Donald, porque se trata de un simple invento comprensible para el otro. Resumiendo, es una niña que inventa hablar utilizando cue, cue con su analista. El analista mismo tiene sobre eso un lapsus: «Son las cueve y diez», le dice, pero no voluntariamente, lo que hace reír mucho a la niña, que pesca cómo ese otro está atrapado en la transferencia. Entonces no es. realmente una lengua privada en el primer sentido que decía.

Geneviève Morel. -No, y es cierto que los chicos lo hacen a veces

espontáneamente entre ellos, incluso fuera de un marco analítico.

Alexandre Stevens. -Luego, ¿cómo sitúas esas creaciones del lado de

lalengua respecto de los trastornos del lenguaje?

Geneviève Morel -En verdad, ya no tengo tan presente el caso, pero me

parece que, como se trata del invento de una nueva lengua, aun cuando esté hecha con significantes de todo el mundo, yo lo pondría más bien del lado de trastornos del lenguaje.

Pierre Stréliski. -En la línea de lo que acaba de decir Alexandre, ¿qué ocurre

con el estatuto del lapsus? ¿Podemos considerar que es un trastorno del lenguaje?

Geneviève Morel. -Psiquiátricamente no, y en mi práctica no lo considero

como un trastorno del lenguaje. Me parece que clínicamente se llegan a diferenciar esas palabras que tienen un valor especial para el sujeto como «no tengo energía», la manera en que son dichas, la enunciación que juega, y el lapsus, ya se cometa en un caso de neurosis o de psicosis, porque eso también ocurre. Me parece que aquí se trata más de interrogar la práctica que de hacer una clasificación. Si hacemos una clasificación, me parece que necesariamente nos vamos a equivocar.

Yasmine Grasser. -El informe de Lille reinstaló de manera central la

cuestión de la coyuntura. Me sorprendió ver que el 0, las variaciones de la psicosis aparecieran antes y que después quizá surgiera un desencadenamiento. Lo considero bastante convincente en la clínica con los niños: muchas veces buscamos localizar el desencadenamiento en los autistas, en los niños psicóticos, y siempre tuvimos dificultades para lograrlo. Entonces me pregunté si se podía generalizar la división que ustedes hacen. La otra pregunta es sobre los fenómenos del lenguaje. ¿Solo después de un desencadenamiento localizado como tal puede aparecer un testimonio del sujeto? En la misma línea, yo pensaba que cuando se atienden niños psicóticos, se chapucea algo pero no se tienen testimonios.

François Sauvagnat. -Tengo simplemente una reflexión sobre esta noción de

trastornos del lenguaje que utilizamos desde hace muchísimo tiempo, con ese privilegio dado al neologismo. En todo caso Lacan fue leído a menudo de esta manera: ¿hay neologismos o no? Si no hay, no puede tratarse de la verdadera psicosis. Pero ¿es seguro que Lacan haya tratado de hacer eso? ¿Es así como entendía el término «trastornos del lenguaje»? Yo no estoy en absoluto seguro, no hay un texto donde se diga eso. Pág. 211

Jacques-Alain Miller. -¿Quién leyó eso así, que era necesario un

neologismo, si no nada?

François Sauvagnat. -Bueno, me parece que es algo que se dice mucho. Geneviève Morel. -Viene del ejemplo de «galopinar» de El seminario 3. De

Jacques -Alain Miller. -«Galopinar» es justamente un mal ejemplo porque la

palabra no es un neologismo sino un término regional, y se encuentra en Zola. Ciertamente, no hay por qué reducir los trastornos del lenguaje al simple neologismo.

François Sauvagnat. -A pesar de todo, son cosas que se oyen.

Jacques -Alain Miller. -De acuerdo. Nuestro concilio puede pronunciarse al

respecto rechazando la tesis equivocada.

François Sauvagnat. -Sí. Me parece que también habría que revisar la

referencia a De Clérambault. Cuando Lacan dice: «Clérambault, ni único maestro», ¿hasta qué punto no es para molestar a Henri Ey? Evidentemente, lo repitió, pero hace de todos modos una lectura muy particular de De Clérambault. En El seminario 3 se trata más bien de los trastornos de la significación: todo puede pasar, ya sea visual o verbal, lo que importa es que haya esta cosa «perplejizante».

El segundo punto se refiere a otra cuestión. Me sorprendió no encontrar en esta cuestión del neodesencadenamiento algo que sea como una suerte de decisión del sujeto, en particular en el pasaje sobre la melancolía. Hacer referencia a los trabajos de Kraus, que por otra parte es un muchacho muy simpático, o a la escuela de Heidelberg, es algo bueno, pero se corre el riesgo de quedarse en una concepción demasiado caracterológica de la melancolía, y no ver el aspecto de las suplencias bastante complicadas, y no borrar su nombre. Me parece que eso podría oponerse en algunos casos a algo más maníaco como «hacerse un nombre», al estilo de Joyce. De todas maneras debemos notar el aspecto de tristeza, una suerte de decisión de abandonar las suplencias, lo que llamé «traición» en los trabajitos que hice sobre el tema. Hay allí, me parece, algo que vemos perfilarse en sujetos que se pueden tener en tratamiento.

Jacques-Alain Miller. -No se puede reservar la calificación de trastornos del

lenguaje a las simples perturbaciones del significante, únicamente a los casos en que la forma significante es afectada, esta se extiende a los trastornos de la significación. Es lo que confirma el pasaje de «Acerca de la causalidad psíquica» -página 158 de los Escritos- que Deffieux mencionaba y que Carole Dewambrechies me hace notar, donde Lacan se refiere a Guiraud y a sus «Formas verbales de la interpretación delirante».

Emprendamos este camino para estudiar las significaciones de la locura [el

texto es de 1946], como nos invitan a hacerlo los modos originales que

muestra el lenguaje, esas alusiones verbales, esas relaciones cabalísticas, esos juegos de homonimia, esos retruécanos que han cautivado el examen de un

Guiraud, y diré ese acento de singularidad cuya resonancia necesitamos oír en una palabra para detectar el delirio, esa transfiguración del término en la intención inefable, esa fijación de la idea en el semantema (...), esos híbridos del vocabulario, ese cáncer verbal del neologismo, ese naufragio de la sintaxis, esa duplicidad de la enunciación, pero también esa coherencia que equivale a una lógica, esa característica que marca, desde la unidad de un estilo hasta las estereotipias, cada forma de delirio, todo aquello por lo cual el alienado se comunica con nosotros a través del habla o de la pluma.

Es un pasaje muy hermoso que propone una concepción del trastorno del lenguaje muy amplia, que incluye significante y significado. Pág. 213

Lilia Mahjoub. -Se puede responder sí a la pregunta planteada «¿un lapsus es

un trastorno del lenguaje?», pero ¿lo es justamente en el sentido de la metáfora o de la metonimia? No hay que olvidar que lo que juega en el significante son sus leyes, metafórico, metonímica. Por ejemplo, en el caso de las psicosis, veo a menudo con los niños que hay efectivamente una ausencia de metáfora, y todo consistirá en un esfuerzo por metaforizar. Hay casos en el informe de Aix- Marseille y Niza que lo muestran. Por ejemplo, esa mujer que dice «soy una media dada vuelta», donde se ve un esfuerzo por envolver ese vacío, esta ausencia radical que es ella. Se puede decir que «soy una media dada vuelta» es efectivamente algo del orden de un esfuerzo para producir una metáfora que en verdad no lo es y que está del lado del yo delirante. Pero eso le permite presentarse como tal allí donde no tiene envoltorio. Pienso, pues, que todo trastorno del lenguaje debe requerir este examen: ¿se trata de una metáfora o de

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