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Immunobloting using the LICOR/Odyssey system

Chapter 2: Methods and Materials 2.1: Mice

2.7. Immunobloting using the LICOR/Odyssey system

A mediados de la década pasada, el discurso dominante era el del «fin de la historia» y de que «no hay alternativas». Entonces, nuestro continente estaba cubierto de gobiernos neoliberales obedientes al de Washington; y Cuba, solitaria, atravesaba el desierto del «período especial». El neoliberalismo había tenido entre sus pioneras a dos dictaduras militares sangrientas, la chilena (1973-1989) y la argentina (1976-1983), pero se transformó en proyecto dominante cuando, en los años ochenta, fue asumido por el imperialismo norteamericano (con el gobierno Reagan) como programa que debía ser implementado mundialmente.

Las crisis del programa socialdemócrata europeo desde finales de los años setenta y del socialismo burocratizado en la década de 1980, y el fin de la Unión Soviética en 1991, abrieron espacio para que el proyecto neoliberal se tornara ideológicamente hegemónico en ese período. Al mismo tiempo, el «fin de la guerra fría» alimentó en algunos círculos la ilusión de un mundo sin conflictos que no se verificó: surgió un orden mundial más injusto, más

1 José Carlos Mariátegui: «Aniversario y balance» (1928), Textos Básicos (selección, prólogo

y notas de Aníbal Quijano), FCE, México, D. F., 1991, p. 125. La Revolución Cubana fermentó también otra tesis mariateguista: que el antimperialismo, para ser consecuente, debe tener una perspectiva socialista. Ver en la misma antología, «Punto de vista antimperialista» (1929), p. 203.

América Latina: integración regional y luchas de emancipación

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193 inestable y más violento que el anterior, regido por la unipolaridad del imperialismo norteamericano.

Entiendo que aún estamos bajo ese doble signo a nivel mundial: de la imposición del programa neoliberal y de la unilateralidad de la acción del imperialismo norteamericano. Sin embargo, se trata de un orden que presenta resquebrajaduras regionales con características y potencialidades políticas muy heterogéneas. De todas ellas, la que más elementos emancipatorios incorpora es la que vivimos en América Latina.

En nuestra región la coyuntura dio un giro. Hay un despertar de los pueblos y el neoliberalismo es por aquí un proyecto puesto en jaque. La línea del tiempo de la coyuntura actual la podríamos comenzar en diversos puntos. Y ciertamente, dependiendo de la ubicación geográfica de quien observa, habría percepciones diferentes de acuerdo con las experiencias nacionales. El antecedente más distante podría ser el Caracazo de 1989 en Venezuela, primera revuelta masiva contra un ajuste neoliberal, sangrientamente reprimida por el gobierno del entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Entre los antecedentes, estaría, con seguridad, el levantamiento indígena zapatista mexicano contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en enero de 1994. Pero, será la rebelión popular en Cochabamba, Bolivia, en 2000, contra la privatización del agua, la que ponga en evidencia de forma más clara que ya se había alcanzado una nueva coyuntura, donde la presión popular era capaz de bloquear la aplicación del programa neoliberal. En esa cronología habría que poner igualmente los momentos, desde finales de la década pasada, en que movilizaciones populares echaron a presidentes neoliberales en Ecuador, Paraguay, Argentina y Bolivia; y cuando los pueblos, mediante su voto, buscaron alternativas, comenzando con las elecciones venezolanas de 1998, cuando Hugo Chávez fue electo presidente de Venezuela, en una serie que creció expresivamente en los últimos años con Brasil, Argentina y Uruguay, y tuvo su momento alto con la reciente elección de Evo Morales en Bolivia.2

Ahora bien, que haya cuestionamiento y oposición al neoliberalismo no quiere decir aún que otro proyecto ya esté claramente en marcha, lo que significa es que ese programa se agotó porque no ofrece más perspectivas de gobernabilidad, al menos en un marco democrático, por lo que está abierta la temporada de formulación, construcción y aplicación de alternativas. Por otro lado, no hay un programa alternativo ya listo y válido para todos los casos. El desenlace de la coyuntura dependerá de la constitución de voluntades políticas capaces de impulsar a cada país y a la región hacia un proyecto

2 Al momento de escribir este artículo, el gobierno de derechas del PAN en México cometía

fraude en las elecciones presidenciales del 2 de julio de 2006 para evitar la victoria del candidato por la coalición de centroizquierda Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

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Contexto Latinoamericano

de superación del neoliberalismo; y serán «capaces» si construyen mayorías políticas. Por ello, el tema clave es el de la «hegemonía» en los procesos nacionales. Sin embargo, tampoco quiere decir que en el proceso de ese parto no estén presentes ya indicaciones del sentido general de los cambios. Por ejemplo, no es un detalle menor que en la Cumbre de Presidentes de Mar del Plata, en noviembre de 2005, el presidente Bush mismo, con la ayuda de sus testaferros regionales –con el mexicano Vicente Fox a la cabeza–, no haya conseguido forzar el reinicio de las negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), bloqueada por la oposición de los gobiernos de Venezuela y del MERCOSUR. Téngase en cuenta que el ALCA era, desde el tiempo del auge neoliberal, la principal estrategia imperialista para completar su dominación sobre la región. Por las cuentas de Clinton, primero, y de Bush, después, en el año 2005 estaría vigente el ALCA para todo el continente (excluyendo a Cuba), al igual que en 1994 lo estuvo el TLCAN. No se logró y no hay perspectiva de que se pueda retomar a corto plazo.

Lo que le resta a los Estados Unidos es presionar a los gobiernos nacionales más susceptibles a su coerción –Chile, Colombia, Perú, países de América Central y República Dominicana– para imponer tratados bilaterales de libre comercio. Esto que es un avance del imperialismo norteamericano por las partes de menor resistencia (gracias a la presencia de gobiernos entreguistas) es también su confesión de derrota en relación al todo.

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