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6. Differences in interaction and cooperation

7.2 Impact of EPR on the interaction

El uso del lenguaje está determinado por las prácticas discursivas como esferas socioculturales (política, artística, cotidiana, académica, etc.) en las que los interlocutores asumen unos roles discursivos, teniendo en cuenta el contexto, la situación de comunicación, el propósito comunicativo y la dinámica cultural e histórica de cada práctica social. Por ello, en cada una de ellas hay un uso particular del lenguaje que las hace diferentes en las distintas formas de comunicación, especialmente en cuanto a oralidad y escritura se refiere. Desde este punto de vista, solo se hace referencia a la esfera sociocultural académica, específicamente a la escritura académica, tema de interés de este trabajo, en donde se centra esta disertación, porque “escribir textos académicos es una actividad sustancialmente diferente de otras actividades de escritura y nuestra presentación como escritores académicos se halla en proceso de construcción” (Castelló, 2007, p.140).

Como toda escritura, la escritura académica posee características textuales y discursivas propias que la hacen diferente a otras escrituras, o sea se caracterizan por la forma de presentar la información, la relación entre interlocutores y la tipología textual. Así, el locutor es un miembro de la comunidad académica; los lectores son los otros miembros que lo juzgan y evalúan; el contexto impone los cánones para decidir qué es apropiado y qué inapropiado; la finalidad del discurso es argumentar, convencer y persuadir; el medio de comunicación es fundamentalmente escrito, y el discurso toma

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posición respecto a otros discursos de la misma área de conocimiento (Loureda, Biber, Conrad y Reppen, citados por Teberosky, 2007, p.19). En lo concerniente con la forma de mostrar la información, se puede decir que permite la configuración de dicha escritura, porque, en primer lugar, se evidencia una forma semántica de elaboración del texto, dado que globalmente muestra la información de tipo dependiente (las partes deben responder a un mismo objetivo, contenido, relación), en donde cada parte tiene su identidad y dentro de cada parte el párrafo es una unidad temática, condensa la información en nombres y nominalizaciones y el uso de términos técnicos como unidad conceptual en dicho texto (Teberosky, 2007, p.34).

Con base en este punto es necesario resaltar dos aspectos fundamentales del texto académico: la conexión, entendida como un mecanismo de cohesión que se establece entre dos o más elementos de una oración o elementos a nivel textual y un conector (Rosales y Vásquez, 2006, p.55); en ese sentido, cabe aclarar que los autores plantean que no existe total unanimidad para reconocer este mecanismo en los textos académicos. El otro aspecto, se relaciona con la terminología técnica específica que determinan el nivel de especificidad de los textos académicos (Rosales y Vásquez, 2006, p.59). Dicho grado de especificidad puede variar dependiendo de la disciplina en donde se escriba, el propósito comunicativo con el que se escribe y el tipo de lector al que se dirige. En resumidas cuentas, la forma de presentar la información de estos textos se basan en lo semántico que abarca tanto lo global, como la forma particular de relacionar los párrafos entre sí para llegar a esa noción general, partiendo de los términos técnicos que recogen toda la unidad conceptual y el nivel de especificidad de los mismos.

En lo que respecta a la relación entre los interlocutores, se observa que se genera un dialogismo característico de esta práctica de escritura, debido a que la actividad de escribir textos académicos es una actividad de construcción del texto propio, a partir de textos ajenos (intertextualidad), que da lugar a un producto final fruto del desarrollo de distintas posiciones enunciativas, que concibe el producto y la producción conjuntamente, en una perspectiva interactiva que asume el diálogo entre escritor y lector. (Teberosky, 2007, p.17 y 18). Desde este punto de vista, se requiere que quienes participan en dicha práctica como interlocutores posean unos conocimientos

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compartidos o sobreentendidos para poder hacer las presuposiciones o abstracciones de lo que se quiere comunicar y expresar; por ende, el discurso académico es un discurso formal en donde hablantes y oyentes comparten un espacio, interactúan en diverso grado y en diversos ámbitos, en un contexto institucionalizado que establece unos usos y convenciones a la comunicación y pone en juego los roles sociales del enunciador y del destinatario (Solé, 2007, p.115).

Precisamente, estos usos y convenciones de la escritura impuestos por el contexto institucionalizado son los conocimientos compartidos o los sobreentendidos que se deben tener en cuenta por parte de los interlocutores para asumir roles de enunciador y enunciatario respectivamente. Por eso, la escritura en este ámbito “está estrechamente relacionada con el yo y con el nosotros: con mi mente, con mi imagen social, con la comunidad a la cual pertenezco, con la disciplina o el gremio en el trabajo – yo y mis colegas, por lo que cada disciplina y cada situación generan formas particulares de escritura, desarrolladas sociohistóricamente a lo largo de siglos” (Cassany, 2007, p.18). Así de esta forma, según Teberosky (2007), la historia social del uso ha ido particularizando algunos elementos del texto académico que constituyen las variables, con distintos valores, que el escritor ha de tener en cuenta, tales como: a) las relaciones entre la función lingüística y la forma gráfica del texto, b) la presentación del tema y de la información, c) la textura del texto a través de los conectores, y d) las citas en los textos académicos (p.26).

En cuanto a la tipología textual, se puede decir que son numerosas las formas de caracterizar los textos de los diversos contextos de uso, a tal punto que han surgido un sin número de conceptos para referirse a esta caracterización: género textual, clase textual, tipología textual, entre otros. El concepto de género textual se ha venido trabajando desde la noción de las lenguas profesionales y académicas (Alcaraz, Martínez, Yus, 2007), la cual se basa en la traducción de los textos académicos en lenguas modernas aplicadas; por su parte, el concepto de clase textual se aplica hoy a clasificaciones empíricas, es decir, clasificaciones cotidianas (cuento, chiste, descripción, diálogo); por el contrario, tipo textual se concibe como una categoría ligada

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a una teoría para la clasificación científica de textos (Ciapuscio, 1994, p.25). Entonces, el concepto de tipo textual es con el cual me identifico para denominar a las diversas formas de escritura académica, pero este concepto incluye también las distintas formas en las que se realiza un tipo de escritura, porque “la variación de los tipos textuales a través del tiempo ha sido demostrada por distintos estudios que, en general, focalizan las investigaciones en rasgos lingüísticos y situacionales: las necesidades comunicativas de los distintos ámbitos sociales varían en forma permanente y, con ellas, las producciones textuales de los hablantes. Un caso claro lo presenta el campo científico” (Ciapuscio, 1994, p.102,103).

Por tal motivo, los textos académicos no son ajenos a esta lógica y varían, como ya se ha dicho, dependiendo de la disciplina, los roles que se asumen por parte de los interlocutores en términos de enunciador y enunciatario, el contexto de producción, el nivel de especificidad, el tema, la finalidad discursiva, el grado de imposición o autonomía en la motivación de escrituras de los mismos, entre otros aspectos (estilo, modalización, etc.). Razón por la cual, comparten esta denominación diversas escrituras demandadas en ambientes científicos y de enseñanza tales como definiciones, ensayos, exámenes, apuntes, resúmenes, esquemas, monografías, informes y artículos científicos (Shih, Cassany, Luna y Sanz, citados por Rosales y Vásquez, 2006, p.52). Esto permite reafirmar que hay un uso de la escritura académica en diversos espacios académicos, y que dependiendo de este espacio se utiliza un determinado tipo de texto.

Por último, son varios los aspectos que permiten diferenciar los discursos académicos de otros discursos, teniendo en cuenta los elementos mencionados anteriormente y el hecho de que los discursos académicos presentan una variante especial de las superestructuras argumentativas institucionalizadas por el campo científico, ya que se requiere que las presuposiciones se hagan explícitas, que se definan todos los conceptos y que exista implicación semántica, necesidad, en la relación entre argumentos y conclusión (Van Dijk, citado por Rosales y Vásquez, 2006, p.53). Diferencias que se han venido construyendo desde una perspectiva sociocultural e histórica de uso del lenguaje, lo que ha contribuido a las lógicas presupuestas por las

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disciplinas para el mejoramiento y desarrollo de la escritura académica, pues “cada disciplina está hecha de prácticas discursivas propias, involucradas en su sistema conceptual y metodológico; en consecuencia, aprender una materia no consiste sólo en adquirir sus nociones y métodos sino en manejar sus modos de leer y escribir característicos” (Carlino, 2004, p.7,8). Es decir, cada disciplina ha instaurado formas de escribir características propias acordes con su aparataje conceptual y metodológico; no obstante, en algunas ciencias ha sido más fácil trasmitir qué es lo que se espera de un texto académico y científico, sin embargo en las ciencias sociales y humanas es donde ha resultado más difícil transmitir esas normas y convenciones. (Castelló, 2007, p.52). “En definitiva, escribir un examen, una noticia, una sentencia o informe científico o económico no es sólo una cuestión gramatical o léxica. También hay que tener en cuenta las convenciones socioculturales de cada disciplina, las instituciones en las que se producen los textos, y los autores y los lectores que los procesan. Aprender a escribir un escrito es aprender a desarrollar la práctica social correspondiente.” (Cassany, 2007, p.21).

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