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Impact estimations

A. TC effects: new data and classifications

A.2. Impact estimations

En este apartado, pretendemos diseñar una hipótesis general de la conflictiva relación entre la irrupción de la novela, la imaginación de la nación

y la modernidad en el campo literario decimonónico. Adicionalmente, se desprenderán de aquélla varias líneas de investigación que exploraremos en los siguientes apartados y capítulos. Dado que ya hemos presentado una aproximación teórica a la categoría de nación y una síntesis del origen y carácterísticas de la novela de folletín en la tradición occidental, resumiremos las propuestas de la modernidad de Marshall Berman (1988) para intentar una explicación comprehensiva en el campo cultural decimonónico peruano de estas tres variables: nación, modernidad y novela.

Berman traza una útil distinción conceptual entre modernidad, modernización y modernismo. La modernidad es el conjunto de experiencias vitales que encierra una atractiva promesa de transformación –del mundo y del propio sujeto– y simultáneamente amenaza nuestro saber e identidad. La modernización es el conjunto de procesos socioeconómicos que diseñan la ciudad moderna (urbanización, industrialización, etcétera), crean las nuevas tecnologías y los sistemas de comunicación de masas. El modernismo es la tradición cultural (valores y visiones) que reflexiona críticamente sobre la experiencia de la modernidad y los efectos de la modernización (1-2). Estos tres procesos aunque imbricados tienen su propia lógica y particular desarrollo, pudiendo incluso surgir conflictos entre ellos.

Por razones cronológicas, nosotros trabajaremos exclusivamente con una de las vertientes de la modernidad, la asociada al desarrollo de la burguesía, los ideales de la Ilustración y forjada en fuego por la Revolución Francesa, las doctrinas sociales del liberalismo inglés y del idealismo alemán. La otra vertiente fundada por la crítica de la economía política de Marx y sus

desarrollos posteriores (el neomarxismo y la teoría crítica alemana) influye fundamentalmente en el siglo XX en Hispanoamérica.

El Perú de la postindependencia es una comunidad multitemporal y pluriespacial. Los principales actores son: a) la elite política que pese a sus disputas ideológicas, acepta con mayor o menor fervor los ideales de la Ilustración y las formas políticas institucionales de la modernidad; b) la oligarquía terrateniente que conservaba el control de la tierra y dominaba gran parte de la fuerza de trabajo indígena, pero cuya concepción del otro andino y afroperuano estaban regidas por la exclusión violenta y el racismo; c) la oligarquía exportadora que requería una intensa modernización (ferrocarriles, puertos, irrigaciones, etcétera) para aumentar las exportaciones e insertar al Perú en mejores condiciones en el comercio internacional, este grupo poseía una visión más moderna de la sociedad, pero sin abandonar los prejuicios étnicos y d) la casta de militares caudillos que encontraron en el ejército, todavía no institucionalizado, una vía para acceder al poder y negociar con los otros grupos. El sur andino, la costa norte, la inmensa y desconocida área selvática, y la ciudad de Lima constituían espacios heterogéneos que vivían diferentes tiempos sociales y políticos.

En Lima, se concentraba la elite política y la oligarquía exportadora, pero también existían descendientes de la vieja casta de administradores coloniales que poseían una cosmovisión criolla, se arrogaban la representación nacional y los más retrógrados con rezagos aristocráticos creaban formas de paternalismo y subalternidad con los sectores populares urbanos, principalmente los afroperuanos. La mayoría de los sectores populares vive atrapada en la retórica del discurso criollo y observa, ora con

impaciencia ora con desconfianza, los intentos modernizadores y ven coaccionados y restringidos sus derechos de ciudadanos que muchas veces solo en la teoría impulsaba el sueño de la modernidad.

La hipótesis general de nuestra investigación plantea que en el periodo estudiado existieron dos circuitos interrelacionados de producción novelística (folletín y letrado), dos fuerzas productivas sociales que participaron activamente en la lucha política por imaginar la nación y se constituyeron en vehículos de modernización y modernidad, pero fueron incapaces de liquidar las viejas representaciones sociales de los sujetos subalternos (indios y negros). Las novelas de folletín que aparecieron en la década de 1840 – escritas mayoritariamente por extranjeros– contribuyeron decisivamente en la formación de un nuevo público lector, asociadas sincrónicamente a las manifestaciones de las novelas de folletín europeas, coadyuvaron a la constitución de la prensa popular como el primer medio de cultura de masas en nuestra comunidad; por ello, fueron un factor que alentó la modernización sociocultural, pero sus mundos representados y sus códigos retóricos fortalecían una concepción tradicional, organicista y jerárquica de la sociedad. A la inversa, la mayoría de las novelas letradas que se consolidan en la década de 1860 –escritas mayoritariamente por peruanos– siguen los ya desfasados modelos románticos de la alta literatura europea y mediante sus mundos representados y sus estrategias de narración intentaron constituir una subjetividad y una sensibilidad moderna en el orden privado y un espacio público regido por los ideales de la Ilustración y la racionalización de la sociedad, pero sus formas de producción y circulación alentaban una esfera

cultural premoderna, en la cual lo literario estaba disjunto de las mayorías sociales y subordinado a la moral y política de las elites.

Formulada así nuestra hipótesis, las principales sendas de investigación que seguiremos son las siguientes:

A. Los textos narrativos empiezan a ser más frecuentes en el periodo de la crisis y disolución del régimen colonial (1780-1830): se inicia gradualmente el cuestionamiento implícito de la primacía de la poesía como el género central del discurso literario. Las estrategias y técnicas de la narración empiezan a difundirse y a emplearse conscientemente en diferentes tipos de textos: relaciones de viajes, alegatos jurídicos, memorias políticas, artículos satíricos, relatos, discursos políticos mediante la inserción de narraciones a modo de exempla, etcétera. Por su relevancia, cabe mencionar al Mercurio Peruano que entrenó a las elites en la decodificación de secuencias narrativas y en la necesidad de representar la realidad social; y las novelas neoclásicas de Olavide que aunque publicadas en el seno de Estados Unidos estaban dirigidas a un público hispano parlante y por lo menos una de ellas refiere en sus mundos representados a la ciudad de Lima.

Entre 1830 y 1845 se gesta el orden letrado republicano y los letrados neoclásicos serán los responsables de las primeras redes literarias: la tertulia de José María de Pando será clave en esa tarea. Sin embargo, estas redes asociadas al gobierno de Gamarra todavía ofrecen la revista letrada como el espacio natural del discurso literario de las elites. En estos marcos, cabe mencionar al gaditano José Joaquín de Mora quien publica los primeros textos narrativos plenamente ficcionales en nuestro campo literario. Sin

embargo, no se lograba ampliar la base lectora de la sociedad ni involucrar en la producción de textos narrativos a un grupo de escritores de manera continua y sistemática.

Los factores claves que posibilitan la irrupción del género novelístico – en forma de folletín– y la creación de un nuevo público lector en nuestro campo cultural son tres: a) la aparición y consolidación de El Comercio como prensa moderna y soporte material de novelas de folletín en la década de 1840; b) la simultaneidad en la circulación de productos propios de la cultura de masas europea en las principales ciudades del mundo occidental; c) el Estado patrimonialista castillista y sus políticas modernizadoras: avances en la educación y el incremento de la alfabetización en la sociedad.

B. La historia de la novela en el periodo elegido es una historia ejemplar porque nos narra dos aporías culturales. La imposible modernización de nuestra sociedad que lleve a una imposición de la modernidad desde abajo, y la imposible modernidad entre las elites que lidere una radical modernización en la sociedad y entre los sectores populares. Ni la experiencia de modernidad produjo la modernización, ni la modernización produjo la difusión de la modernidad. Finalmente, solo alcanzamos a) una modernidad de papel, discontinua y saboteada por sus hipotéticos agentes, y b) una modernización parcial, desigual y débil. Una modernidad frustrada y una modernización insuficiente porque fuimos incapaces de desarrollar formas culturales modernas vigorosas y críticas. La Guerra con Chile significará la brutal cancelación de estas dos primeras narrativas de nuestra modernidad.

C. Estos dos circuitos de producción novelística se distinguen no solo por el soporte material (prensa/libro), el respeto a las altas convenciones de la literatura o a las retóricas del folletín, sino principalmente por el público lector y la imagen del escritor. El público lector de las novelas de folletín estaba conformado por sectores urbanos medios que leían fragmentaria y discontinuamente; el público de las novelas letradas era más reducido y estaba signado por su capacidad económica y mayor educación, su experiencia de lectura creaba una temporalidad que ellos controlaban y una expectativa de códigos retóricos propios de la literatura ilustrada. Estas dicotomías no son tajantes; por ejemplo, la variable género las rompe: la mujer leía con fervor las novelas de folletín y las novelas letradas. Además la imagen del escritor y su posicionamiento en el mercado también varían: el escritor de folletines vive –en teoría– de su escritura, es un agente del mercado que posee por su práctica una visión desacralizada de la literatura. El escritor de novelas letradas es un letrado, un sujeto que confía en sus competencias culturales, en la omnipotencia de la palabra escrita y en el carácter estético y moral de lo literario.

En el eje diacrónico, podemos afirmar que las novelas de folletín fueron al inicio hegemónicas y gradualmente fueron perdiendo importancia hasta que ya a fines del XIX constituirán un fenómeno minoritario, mientras que las novelas letradas iniciarán gradualmente su prolongado recorrido hasta convertirse en el paradigma central del campo literario. No quiero decir con eso que como fenómeno social la novela de folletín o la novela popular desapareciera, sino que gradualmente fue expulsada del campo literario que

empezaba a forjarse9: esta exclusión simbólica es responsable de que la

historia de la novela en el Perú haya excluido esta vertiente. Esta marginalización se explica por dos razones: a) la preeminencia de un concepto de cultura que incidía en el autoperfeccionamiento individual y en la jerarquización social; b) en la configuración selectiva y canónica de bienes simbólicos. Bajo estas premisas, las novelas de folletín fueron desplazándose a la periferia del campo literario y posteriormente fueron expulsadas. La radio heredó el género y las radionovelas de mediados del siglo XX constituyen otra forma de esta vieja tecnología de masas, la que derivará con la llegada de la televisión en las telenovelas.

D. Las novelas de folletín y las novelas letradas interactúan con la serie política por lo menos en cuatro aspectos: a) forman parte de una pedagogía política, las elites emplean esta tecnología discursiva para difundir, transformar o socavar las nuevas racionalidades y sensibilidades que están emergiendo en el campo ideológico; b) sus mundos representados poseen –a veces– una visión crítica que cuestiona las fracturas entre el discurso político moderno y las viejas prácticas sociales que preservaban las diferencias tradicionales; c) al formar parte de los nuevos circuitos de sociabilidad e intentar constituir al sujeto/lector moderno, participan en el proceso de subjetivización generalizado en las sociedades decimonónicas que implica la transformación discursiva de la plebe en pueblo y del pueblo en ciudadanos; d) establecen una constelación de imágenes de las comunidades étnicas y sus eventuales uniones, diseñando una cartografía simbólica asociada a

9 La presencia de novelas de folletín en la prensa peruana se prolonga hasta finales del XIX,

en el bisemanario El Sol (1886-1887), se publica la narración Estudios espiritistas y la vida de

políticas sexuales y étnicas que se convierten en severos obstáculos para la plena y cabal difusión de los procesos modernos.

E. Desde la sociología, Daniel del Castillo (2000) acuñó la categoría descriptiva de proyecto nacional limeño-criollo, nombre global con el que se designa al conjunto de esfuerzos de la elite letrada, asociada al Estado Guanero (1845-1879), por fundar imaginariamente las características, los límites y la identidad de lo nacional. Del Castillo declara que el proceso histórico más importante del siglo XIX fue la reconstrucción de Lima como centro de la república. La capital recupera su antiguo sitial por vía de las armas y la consolidación del Estado Guanero; este triunfo significó la derrota política y militar del sur andino (185-186). Existe una política de las imágenes que hace coincidir el elemento criollo-limeño de la sociedad con el componente nación-civilización (186).

En el Perú, uno de los momentos claves en la construcción discursiva (literaria y político-jurídica) de la nación fue el periodo histórico comprendido entre el primer gobierno de Castilla y la Guerra con Chile. El proyecto nacional limeño criollo es un conglomerado de textos políticos y culturales que narran una historia fundacional y en esa narración exhibe sus memorias, olvidos, contradicciones, fisuras y descolocaciones. El proyecto nacional limeño criollo que va a gestarse con el Estado castillista y se va a prolongar hasta los idearios del Partido Civil de Manuel Pardo tiene profundas raíces coloniales.

La inestabilidad del espacio de la cultura criolla se manifiesta porque está siempre amenazada por los definidos y unívocos espacios de los indígenas y los negros, y deseosa de diferenciarse de los espacios mestizos.

El discurso criollo carga con la terrible paradoja de fundar imaginariamente la homogeneidad en una sociedad heterogénea, de anclar significados nacionales desde una identidad precaria, de construir un pasado colectivo cuando ellos querían olvidar o negar sus desventuras en el orden colonial.

No podemos obviar que una de las fuentes del proyecto nacional limeño criollo fue el conjunto de novelas letradas escritas en muchas ocasiones por miembros de la Revista de Lima y escritores vinculados al Partido Civil. Estas novelas forman parte del conjunto de discursos orales y escritos que pretenden constituir una semiótica de lo propio. Dado que el espacio nacional sólo se puede construir en un presente que reconstruya el pasado y elabore determinadas expectativas del futuro, no debe extrañarnos que algunas novelas reformulen el pasado, propongan soluciones presentes y líneas de acción para el futuro de la sociedad. Por ello, la relevancia de estas memorias ficcionales que además aparecen correlacionadas con subjetividades protésicas.

F) Las novelas del periodo ofrecen otras dos áreas de exploración: la esfera sentimental y las representaciones de la ciudad y los espacios públicos. Una historia literaria de lo social en nuestra cultura debe estudiar las diversas configuraciones del amor y la sexualidad en nuestras primeras novelas: biotecnología que configura una enciclopedia de las sensibilidades y ofrece un catálogo implícito de las fantasías y temores sexuales del periodo. Por otro lado, la ciudad empieza gradualmente a convertirse en el escenario privilegiado de las acciones narrativas. La modernización urbanística y los trastornos socioculturales del periodo (corrupción, elecciones, prostitución) aparecen formalizados en las diferentes novelas.

1.4 LOS ORÍGENES DE LA NOVELA DECIMONÓNICA EN LA CRÍTICA

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