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7. IMPLEMENTATION, EXPERIMENTS, AND RUNTIME IMPACT

7.3. Impact on runtime

Más allá del momento de su elección (3:13–19), esta es la única ocasión en la que Marcos designa a los doce como apóstoles (apóstolos652), que regresan junto a Jesús después de haber sido enviados a predicar (vv. 7–13). Aunque apóstolos vino a significar posteriormente un título dentro de la comunidad cristiana, es probable que aquí sea una mención de su condición como enviados, que es lo que originalmente significa el término.

Es el momento de hacer un balance de su primera experiencia misionera por sí mismos, por lo que cuentan a Jesús lo que habían hecho (poiéo4160) y enseñado (didásko1321). En ninguno de los sinópticos hay referencia alguna a la conversación que mantuvieron Jesús y los discípulos sobre la experiencia vivida. Tan solo queda resaltar la referencia a una misión con un resultado positivo, según la descripción del narrador en los vv. 12, 13. Sí cabría destacar cómo los doce sintetizan la descripción de su misión como palabras y hechos, reflejo de la propia misión de Jesús, consistente en predicación, enseñanza, sanidades y exorcismos.

Tras la intensidad de la misión que han desarrollado, Jesús propone a los doce ir a un lugar tranquilo para descansar. Marcos dice que es tanta la gente que se acerca a ellos que no tienen tiempo ni siquiera para comer. El gesto es muy humano en Jesús al considerar la situación de sus discípulos, actitud que va a encontrar amplia expresión en esta historia. La opción tomada es la de subir a la barca e ir a un lugar desierto, deshabitado (éremos2048). Estas son las ocasiones en las que Jesús se aparta con sus discípulos, las que aprovecha para proveerles descanso e instrucción.

La descripción de la marcha de Jesús y los discípulos en la barca, siguiendo una ruta más corta y directa, y cómo la gente consigue llegar antes que ellos a pesar de ir por tierra, resulta casi cómica. Buscan desplazarse a un lugar solitario y, sin embargo, una multitud de gente de varias ciudades están ya en la orilla esperándoles, pues han llegado primero que el Maestro y sus discípulos. No parece que se dirijan a un lugar muy distante, y la

gente, dice Marcos, les reconocen y van a su encuentro. La clave está en interpretar los datos con perspectiva teológica. Más allá de lo extraño en la descripción, la narración quiere crear en el lector la imagen de una multitud deseosa de encontrarse con Jesús y los discípulos, dada su necesidad. Es interesante a quién reconoce la multitud, pues no solo identifica a Jesús sino también a sus discípulos, les reconocieron (epégnosan, tercera persona del plural). Probablemente están implícitos ecos de la misión de los doce por diferentes lugares.

El encuentro de Jesús con la multitud tiene lugar en la orilla, puesto que la gente ya estaba allí y Marcos dice que Jesús vio la multitud al salir de la barca. Esta no es una situación nueva, pues ya han sido varios los encuentros de Jesús con la gente a la orilla del mar (2:13; 3:7; 4:1; 5:2, 21).

La expresión empleada por Jesús para describir a la multitud es la de ovejas que no tenían pastor, descripción que aparece en el AT en relación con el pueblo de Israel, como por ejemplo en la búsqueda de un sustituto para Moisés, a fin de que el pueblo no quedara sin liderazgo (cf. Núm. 27:17). La figura del líder del pueblo, especialmente el rey, como pastor del rebaño, aparece en tradiciones de diferentes culturas antiguas, así como en el AT y judaísmo posterior, con el rey David como modelo destacado (Sal. 78:70–72). Igualmente, la percepción de la multitud como pueblo sin pastor aparece también en el AT para representar a Israel sin liderazgo o guiada por malos pastores (1 Rey. 22:17; Eze. 34:5).

Al ver Jesús a la multitud, tuvo compasión de ella, actitud propia de Dios en el AT, que tiene compasión por la situación de Israel. Jesús siente compasión ante la situación de la multitud, sentimiento provocado al reconocer la condición espiritual de la gente, con hambre, y que ha puesto su esperanza en Jesús y su predicación del reino de Dios. Prueba de esto es que Jesús comienza a enseñarles muchas cosas. La descripción del pueblo como ovejas sin pastor, en la connotación veterotestamentaria de la expresión, se convierte en una crítica implícita de la desatención espiritual del pueblo por parte de los responsables y líderes religiosos galileos, cuya actitud critica Jesús en alguna otra ocasión (cf. 7:1–23; 12:38–40).

Los discípulos aparecen en escena con otra preocupación, la de una multitud con hambre, dado lo avanzado de la hora. Hay autores que plantean el carácter simbólico de la expresión temporal que Marcos usa aquí, apuntando a que el tiempo se termina y que ahora solo es Dios quien puede actuar y obrar el milagro. La justificación de la petición de los discípulos se encuentra en que la hora del día en la que la gente hace su comida principal ya ha pasado y hay que permitirles marchar para comprar algo de comer en las poblaciones cercanas. No se debe olvidar que la gente llega a la orilla donde Jesús desembarca antes que él, lo cual apunta a la cercanía del lugar de procedencia. Resulta curioso que a pesar de la urgencia temporal que transmiten los discípulos, el día todavía ofrece tiempo para el milagro que está por suceder, organizando a una gran multitud, repartir los alimentos, recoger las sobras; para que Jesús despida a toda la multitud y envíe a los discípulos; para un periodo de oración a solas en un monte, y todo esto antes de que se hiciera de noche (v. 47).

La urgencia de los discípulos refleja, una vez más, su falta de sintonía y plena comprensión del alcance del ministerio de Jesús. Esta no es la única ocasión en la que los discípulos discrepan con la actitud de Jesús y le plantean su propia percepción sobre cómo actuar (cf. 1:36, 37; 4:38; 10:13).

La respuesta de Jesús es directa e inequívoca: Dadles vosotros de comer. Jesús traslada la responsabilidad sobre los discípulos, que se ven incapaces de afrontar la situación, incluso de entender la orden como una propuesta real. Simplemente no tienen los recursos suficientes para satisfacer el hambre de toda la multitud. Ni aun con doscientos denarios, es decir, con el salario correspondiente a doscientos días de trabajo de un asalariado, podrían comprar suficiente pan para atender la necesidad alimenticia de tanta gente. Más allá de la mera falta de recursos económicos para una compra tal, miles de panes, es evidente que no resultaría fácil encontrar un lugar donde se pudiera comprar tal cantidad pan. El contraste entre las dos opciones es claro: los discípulos quieren que la multitud se marche y busque por sí misma la comida, mientras que Jesús les insta a que sean ellos mismos, los discípulos, los que alimenten a la multitud.

El desentendimiento entre Jesús y los discípulos es evidente, por lo que, ignorando su actitud, requiere ahora de ellos un inventario de cuánta comida tienen disponible. El resultado es desalentador, pues todo se reduce a cinco panes y dos peces. Algunos autores han querido ver el simbolismo de los números citados, ya que, por ejemplo, la suma de los panes y peces da siete, número referido como símbolo de santidad, santificación, de la perfección divina. En cuanto al número de panes, cinco, evoca los cinco libros de la ley de Moisés, coincidiendo la imagen con la del judaísmo posbíblico que identifica la ley de Moisés con el maná del desierto. En cualquier caso, lo relevante de estos números es la escasez de alimentos disponibles para alimentar a tan gran multitud.

Una vez que sabe cuánta comida hay, Jesús ordena que la gente se siente por grupos. Marcos recurre a una expresión no usada en ningún otro lugar en el NT (sumpósion4849), que aquí significa grupo de personas que comen.

La imagen de Jesús mostrando compasión de la multitud como ovejas sin pastor (v. 34) se refuerza ahora con la gente sentada en hierba verde, función del buen pastor que lleva al rebaño a verdes pastos, alusión que recuerda al Salmo 23:2 y que identifica a Jesús con ese buen pastor. Dado que en Palestina la hierba solo crece en primavera, coincidiendo con el periodo de la Pascua, la referencia temporal de la historia se situaría, por tanto, en esa estación y momento del año.

La gente se recuesta por grupos de cien y de cincuenta, en lo que algunos han querido ver una organización cuasi militar, y que reflejaría la pretensión de erigir a Jesús en su líder contra la opresión romana. Existen referencias en el AT de agrupar al pueblo de Israel en grupos de cien y cincuenta cuando, por ejemplo, Dios ordena a Moisés elegir a los jueces que le ayudarán en la dirección del pueblo. Estos fueron puestos al frente de grupos de diferente número, entre ellos grupos de cincuenta y de cien (cf. Éxo. 18:22). Sin embargo, nada en el texto de Marcos indica que la pretensión de la gente fuera militarista, ni que Jesús interactúe con ellos en términos que aparente ninguna asunción de un liderazgo militar. Es Jesús quien agrupa a la gente por cuestiones meramente prácticas. Impera en el pasaje, pues, la imagen de Jesús como el buen pastor y no como un general militar. El pueblo de Dios se forma alrededor de la mesa y en el partimiento del pan y no como un ejército.

Llama la atención la progresión terminológica de Marcos al describir la multitud. Si en un primer momento (v. 34) no es más que una multitud desordenada, gente en el momento previo al milagro (v. 39) aparecen agrupados para comer (sumpósion4849), y finalmente (v. 40), como grupos organizados (prasiá4237).

Aunque Marcos dice que Jesús toma los cinco panes y los dos peces, hace mención especial de orar al tomar los panes. La acción de Jesús de tomar los panes (ártos740), bendecirlos, partirlos (katakláo2622) y darlos (dídomi1325) mantiene un paralelismo con la última cena que celebra con los suyos (cf. 14:22; Mat. 26:26; Luc. 22:19), con unos énfasis litúrgicos que señalan a la Cena del Señor como posible marco de referencia de esta historia.

Hay diferentes interpretaciones acerca de si Jesús bendice a Dios o bendice el pan que van a comer. Lo habitual en la comida judía era bendecir a Dios por el pan que producía la tierra en señal de gratitud por los alimentos que iban a tomar, lo cual conecta con la afirmación previa de que Jesús alza los ojos al cielo, en actitud de oración. Sin embargo, el sentido de la frase vincula la bendición de Jesús con el partimiento del pan: … bendijo y partió los panes. Desde el propio texto es difícil ofrecer una alternativa final.

Jesús da el pan a sus discípulos, para que estos, a su vez, lo distribuyan entre la multitud. Este hecho contribuye a compensar la incredulidad inicial de ellos, que solo veían como posible solución despedir a la gente para que ellos mismos buscaran dónde comer. Al actuar con obediencia al mandato de Jesús, los discípulos se convierten en canales de bendición entre Jesús y la gente.

La realidad del milagro es evidente a todos, pues los discípulos repartieron pan y pescado a todos, de manera que se saciaron y recogieron la comida sobrante en doce canastas. Recoger la comida sobrante en cestas era práctica común entre los judíos, para evitar que se echara a perder. Las cestas aquí mencionadas eran propias de los instrumentos de trabajo de campesinos humildes. La mención de las cestas con la comida sobrante cumple la función de resaltar lo extraordinario del milagro, ya que fueron cinco mil hombres los que comieron hasta que sobró; imagen poderosa en un tiempo donde la escasez y lo limitado de los recursos era la experiencia común de la gente. La historia recuerda la narración en la que Eliseo multiplica unos panes de forma que todos los hijos de los profetas comieron hasta saciarse y aun sobró (cf. 2 Rey. 4:42–44) y, de manera más relevante, ejemplifica una de las figuras con las que frecuentemente se describe el futuro de Dios, como un gran banquete (cf. Isa. 25:6; Apoc. 19:17).

Marcos, así como Lucas (9:14) y Juan (6:10), solo describe a hombres (anér435) comiendo, es decir varones adultos, sin la mención de Mateo a mujeres y niños (cf. Mat. 14:21). Parece que sigue el ejemplo de ciertos textos del AT, en que solo se contabilizaba a los varones adultos, sin tomar en cuenta en esta contabilidad a las mujeres y a los niños presentes.

En este milagro de la multiplicación de los panes y los peces se evidencia, una vez más, el alcance del reino de Dios que Jesús adelanta y representa. Es un reino de misericordia ante una humanidad descarriada, a la que Jesús, el buen Pastor, trae alimento espiritual por medio de sus enseñanzas, pero también alimento material para

satisfacer sus necesidades físicas. Es un milagro que adelanta el futuro glorioso de Dios donde no habrá más necesidad para aquellos que se acercan a Jesús.

(2) Jesús camina sobre el agua, 6:45–52

Jesús y sus discípulos se separan, momentáneamente. Les ha ordenado que crucen una vez más el lago, en esta ocasión en dirección a Betsaida. La expresión con la que Marcos refleja el mandato de Jesús a los discípulos es bastante tajante, pues les obliga a marchar sin dilación. No queda claro en el texto si la actitud de Jesús refleja la frustración ante unos discípulos incapaces de entender su ministerio (cf. v. 52) o el hecho de que está preparando la siguiente escena. El caso es que los discípulos se dirigen por orden de Jesús a Betsaida, en la orilla oriental del mar de Galilea, aunque el v. 53 afirma que finalmente desembarcaron en tierra de Genesaret, que se encuentra en su orilla occidental. Hay quienes han explicado esta situación afirmando que la tempestad causó que se desviaran en su ruta, pero no aclaran por qué una vez calmada la tormenta no se dirigieron a su destino inicial. Otra interpretación habla de dos Betsaida, cada una en orillas diferentes. La primera sería la situada en la orilla occidental, de la que provendrían Felipe, Andrés y Pedro (cf. Juan 1:44). La segunda sería la ciudad llamada Betsaida Julias, construida por Herodes Filipe, llamada así en honor de la hija del emperador Augusto, y situada en el lado oriental, cuya población era mayoritariamente gentil. Sin embargo, no hay justificación para la existencia de dos entidades llamadas Betsaida fuera del texto bíblico. Entre tanto que los discípulos viajan, Jesús despide a la multitud.

Una segunda mención a Jesús despidiéndose de ellos apunta a que se despide de los discípulos, que ahora ocupan un primer plano en la narración. Jesús aprovecha el momento de tranquilidad para apartarse a orar (cf. 1:35), lo cual acontece en este Evangelio en momentos clave como es el inicio del mismo (1:35) y en Getsemaní, previo a su pasión (14:32). La oración de Jesús es real, muestra de su naturaleza humana y dependencia del Padre. Marcos dice que Jesús fue a orar a un monte (óros3735), lugar tradicional en el judaísmo de revelación y encuentro con Dios (Éxo. 19:3; Deut. 33:2; Hab. 3:3), y que en este Evangelio se relaciona con experiencias destacadas en el ministerio de Jesús, como la elección de los doce (3:13); la transfiguración (9:2); la entrada triunfal en Jerusalén (11:1); la preparación la pasión (13:3) y antes de su arresto (14:26).

Marcos prepara al lector con una breve descripción de la situación en la que la acción va a tener lugar: es de noche, los discípulos están en la barca en medio del mar y Jesús en tierra firme.

Después de haber orado, Jesús aparece mirando a sus discípulos remar en medio de un viento contrario, y percibe que se encuentran en una situación difícil. La mención del mirar (eídon1492) de Jesús evidencia una característica peculiar en él, pues es capaz de reconocer actitudes y situaciones de la gente, más allá de lo que es evidente exteriormente (cf. 2:5; 5:32; 6:34; 10:21; 12:34). En este caso es capaz de ver la difícil situación de los discípulos, a pesar de la noche y la distancia.

La fatiga de los discípulos es grande, pues ya era la cuarta vigilia de la noche, o sea, entre las tres y las seis de la mañana, puesto que los judíos dividían la noche en cuatro vigilias de tres horas cada una. Posiblemente llevan varias horas remando con gran dificultad y cansancio. Desde una perspectiva simbólica, presente en la tradición judía, este momento en el que la noche da paso al día, representando la ayuda de Dios que trae luz donde hay tinieblas.

Sorprende que, en medio de una situación tan dramática como la que viven los discípulos, la acción de Jesús sea expresada como un gesto de indiferencia hacia ellos, de pasar de largo, lo cual es un contrasentido, puesto que lo que motiva a Jesús a ir a ellos es el momento de peligro que están viviendo. El Evangelio de Mateo suprime esta referencia, posiblemente por la confusión que provoca. Algunos interpretan la frase como expresión de la precepción subjetiva de los discípulos, que piensan que Jesús pasa de largo. Sin embargo, la comprensión del aparente pasar de largo de Jesús proviene de la tradición veterotestamentaria en la que la gloria de Dios se manifiesta pasando por delante del testigo (cf. Éxo. 33:18–23, 34:6; 1 Rey. 19:11–13). Además, atendiendo a la afirmación de que la fe precede al milagro (cf. 6:4–6), se podría explicar que Jesús pretendiera pasar de largo, esperando la iniciativa de los discípulos solicitando su ayuda. Sin embargo, la reacción de los discípulos no refleja fe ni reconocimiento de que es Jesús quien pasa ante ellos. Él se acerca a los discípulos caminando sobre las aguas, acción que algunos han interpretado como que camina por la orilla. El texto deja claro que los discípulos están mar adentro cuando Jesús pasa junto a ellos; además, afirmar que Jesús tan solo camina por la orilla presenta la situación como absurda: ¿qué impide a los discípulos bajarse de la embarcación y llegar a la orilla por su propio pie? El relato es una narración milagrosa, con ecos del AT en el que Dios

aparece como el único capaz de caminar sobre las aguas (Job 9:8; Sal. 77:19), lo cual contribuye a la comprensión cristológica que el pasaje pretende y define la acción de Jesús como una teofanía.

La descripción del encuentro entre los discípulos y Jesús es decepcionante. No hay expresión alguna de reconocimiento sobre quién se les acerca ni, por tanto, petición de ayuda o declaración de confianza en él. Confunden a Jesús con un fantasma (fantasma5326), lo cual provoca más desesperación. Los discípulos pierden control sobre sí y comienzan a gritar al ver a Jesús, visión muy real pues Marcos afirma que le vieron todos (pás3956). Ante tal muestra de temor, Jesús habla (laléo2980) a los discípulos y entra (anabáino305) en la barca, para que vean que no es un fantasma sino alguien real. Sus palabras pretenden calmarlos e infundirles aliento, además de confirmarles su identidad: ¡Yo soy! (egó eimi). Jesús se presenta a sus discípulos tal como Dios se revela en el AT (Éxo. 3:14; Deut. 32:39), tanto en su ser como en su hacer. Dios se muestra a ellos en Jesús, manifiesta su poder calmando el viento y les ofrece su fraternidad al entrar en la barca con ellos. Además, desde la visión antigua del mar como símbolo de caos y muerte, allí donde los poderes del mal habitan, el hecho de

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