Teaching and Learning
2.3.9 The Impact of Sensory Processing Issues in ASD on Learning (Grid 2)
En marzo de 1969 desde la Parroquia de Sant Joan Bautista del barrio de El Fondo en Santa Coloma Gramenet se distribuye una hoja informativa mecanografiada97. Lleva por título, aquello a lo que quería dar respuesta: “Porque no hay bendición de ramos en
96 Para conocer algo más de esta publicación y del mundo al que perteneció es
muy recomendable consultar el primer volumén, de dos, de uno de sus impulsores: Oleguer Bellavista, El ble que fumeja, Barcelona: Claret, 1998. También José Fernández Segura, La participación de los católicos en el movimiento obrero en Barcelona (1946-1978), tesis doctoral dirigida por Joan Olivé Puigdomènech en el Departamento de Historia Contemporanea de la Universitat de Barcelona, fecha de defensa 9-11-2005.
97 Este documento, como todos los citados en este apartado, ha sido consultado en
el Arxiu Històric de Santa Coloma de Gramenet. Forman parte del Fondo Jaume P. Sayrach.
nuestra parroquia”. Se destaca como razón más importante que la bendición ha perdido su carácter religioso para convertirse en una simple fiesta; en muchos casos es un acontecimiento de lujo y gasto. No quieren que la Iglesia transmita esa imagen, tiene que ser más evangélica. Entienden que Cristo la quiere sencilla y pobre. La gente tiene que verla como un lugar en el que encontrar apoyo en los momentos de sufrimiento o lucha. No es un lugar al que se va en ocasiones de grandes solemnidades. Reconocen que les duele el cambio. Lamentan que esta decisión puede entristecer sobre todo a las madres que tanta ilusión ponen en las cosas de sus hijos. Pero mucho más importante es lo que se puede ganar. La decisión no pretende ser exclusiva de esta parroquia, forma parte del trabajo conjunto de las parroquias de Santa Coloma. En el mismo texto citado se explica como se ha realizado el proceso de deliberación. El domingo 9 de de Marzo, como en cada festividad, se celebraron dos misas y en ellas una votación. El domingo anterior se había enunciado su celebración. Fue una votación secreta que dio como resultado 132 votos a favor de la supresión y 33 en contra. Un año después en Grama (nº 15, marzo de 1970) se informaba que se estaba procediendo a una amplia consulta con la voluntad de decidir la supresión o no de la bendición. El año anterior se había suprimido ya en Singuerlín y en el Fondo.
Esta es una muestra clara de la transformación que desde las parroquias se intentaba operar en el seno de la propia Iglesia española. Hay que valorar la relevancia de este cambio y lo que implica. Esta voluntad no se detuvo en 1969, cuatro años después un boletín informativo se hacia llegar a todas las familias de Santa Coloma. 1973 se anuncia como el año de nuevos pasos para la reforma. Desde el 1 de enero de 1973 regirían cambios significativos respecto de bautizos, comuniones, bodas y entierros. Los cambios se habían acordado en la asamblea de sacerdotes, religiosos y cristianos de la población. Veamos como se exponían las modificaciones. Bautizos: La espera de 1 mes se prolonga a 6 meses, se aumenta el plazo para la reflexión de los padres. Comuniones: Se ayudará a los padres a que ellos mismos preparen a sus hijos, sobre todo con el ejemplo, y pasarán a celebrarse durante todo el año, no exclusivamente en mayo y junio; se quiere evitar convertir la 1.ª comunión en una fiesta de niños. Bodas: Los contrayentes acudirán al Juzgado Municipal independientemente de a la parroquia. Para los que quieran casarse en la iglesia se les
ayudará a ver que su decisión debe responder a una exigencia de la fe y no de la costumbre. Finalmente, Entierros: Se suprime la presencia del cadáver en la iglesia. En el caso que los creyentes lo deseen la plegaria se realizará en el propio domicilio. Todos estos cambios se presentan como necesarios para poder ser una Iglesia más libre y más verdadera. Se trabaja, también, para una mayor libertad y responsabilidad de las personas. La Iglesia que se quiere tiene que estar más cercana a la verdad de los evangelios.
El proceso que había llevado a la comunicación oficial al conjunto de la población se había ido formulando públicamente desde 1969. En el primer número de Grama, en una nota en la sección de Iglesia se informaba que el último número de la revista Correspondència estaba dedicado al matrimonio. Defendían la separación entre la celebración religiosa y la civil. Pedían que se diera a conocer que ya era posible hacer solo el enlace civil. En el segundo número le tocaba el turno a la Primera Comunión. Informan de que ya desde el año anterior se habían introducido cambios en toda Sta. Coloma. Se suprimieron los vestidos especiales, se fijo una edad mínima... Explicaban que antes de tomar la decisión se hablaba con las personas y se les pedía opinión. Mayoritariamente las razones por las que las familias querían celebrar la Primera Comunión no eran de fe, era de tradición, de apariencia, del qué dirán... Finalmente, se felicitaban que estas reformas habían sido ratificadas recientemente por el arzobispado.
En el número de Grama correspondiente a agosto-septiembre de 1970 aparecía un artículo titulado “¿Por qué no se casa por lo civil?” firmado por J.P. Sayrach en el que se profundizaba en lo que ya se ha señalado y expresaba en voz alta un deseo. Siendo un momento en el que se estaba hablando de revisar el Concordato entre la Santa Sede y el Gobierno Español, podía ser una buena oportunidad para que quedara estipulada la separación de las dos esferas en la celebración del matrimonio, la civil y la religiosa. Como hemos visto en Grama se habló en diferentes momentos del matrimonio, también del celibato. Era una opción que se reconocía valiosa, pero no por forzosa. Debería ser voluntaria, lo que a la vez permitiría la incorporación de buenos cristianos. También en
Correspondència se abordó el tema. En marzo de 1970 se realizó
una encuesta dirigida a lectores y amigos de la publicación. Se recibieron 163 respuestas, 107 de sacerdotes. El dato más
significativo es que de estos, 106 se manifestaron a favor de la posibilidad de sacerdotes casados.
Estos curas jóvenes eran la manifestación de una nueva Iglesia, vista con recelo por diversos sectores de su entorno, que era capaz de formular abiertamente cuestiones que no habían sido tratadas anteriormente. Se había visto ya en 1970, y se seguiría viendo. Por ejemplo, al publicar en Grama, en enero del 72, un reportaje con el título “Lo que vale morirse. Radiografía de un tinglado mortuorio”. Allí se denuncia el beneficio que hace la empresa privada que gestiona el Servicio Municipal de Pompas Fúnebres. Se defiende la necesidad de un servicio público y la promoción de la incineración, por las ventajas que puede suponer. Meses después, en la línea de las reformas que ya hemos visto, llegaba al turno de los entierros. En septiembre del mismo año Jaume P. Sayrach anunciaba que la Iglesia continuaba la reforma y formulaba como título para su reportaje “¿Se suprimen los entierros?” Los entierros no se suprimían ya lo hemos visto en el comunicado para 1973. Lo que se quería suprimir era una Iglesia que aún obligaba a distinguir en el nuevo cementerio de Santa Coloma de Gramenet el recinto de los católicos del de los no católicos. Era necesaria una reforma de la Iglesia que, entre otras cosas, permitiera la separación entre los campos cívico y religioso.