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Maribánez es un nombre compuesto por Mari, hipocorístico de María y por Ibáñez, patronímico derivado de Iván. Iván es una variante para designar el nombre Juan, que tie- ne una etimología hebraica (Iglesias Ovejero, 1981: 310). Iván sería adaptación latina del nombre hebreo Juan: en latín se escribe Ivan que debería leerse Iuan, porque la i es semi- consonante y la v no es consonántica aquí, sino que es una mera variante gráfica de la u. Mari distinguiría a la mujer lista, atrevida, desenvuelta. El significado de Juan/Iván en este contexto sería el de «un cualquiera» (Alonso Hernández y Huerta Calvo, 2000: 28). Co- mo resultado de esta composición, hipercaracterización, Maribáñez significaría algo así como una viva o atrevida cualquiera. Iglesias Ovejero nos recuerda que los hipocorísticos de María se utilizan para designar a un animal modelo de astucia como la zorra:

La zorra, símbolo en Occidente de la malicia, se personifica mediante los hipo- corísticos de María, representación de la mujer lista […] en un cuento popular

de la provincia de Cáceres, Mariquita, esposa del lobo Vicente, se burla de éste atándolo a los cuernos de una vaca, que lo arrastra hasta el establo, donde el amo lo desuella vivo (1981: 330).

En muchos contextos, el nombre Maribáñez es perfectamente intercambiable por el nombre Maripérez, puesto que significan más o menos lo mismo. Maripérez está compues- to por el hipocorístico Mari y por Pérez, patronímico derivado de Pero o Pedro, cuyo sig- nificado también sería el de un cualquiera. Los nombres Juan y Pedro son perfectamente intercambiables en varios contextos: «Ahí tenemos al frecuentísimo Perico de los Palotes, un cualquiera, que también se registra como Juan de los Palotes» (Alonso Hernández y Huerta Calvo, 2000: 36).

En el contexto de la lírica tradicional los nombres propios Maribáñez y Maripérez son intercambiables sin que haya pérdida en ello, aunque el significado de Maripérez se trans- forme levemente en otro contexto referencial, donde probablemente el apellido hiper- caracterizador Pérez lo distinga otorgándole connotaciones de mayor desenvoltura en el plano físico o corporal.

El nombre Maribáñez (Maripérez) es representativo de la mujer lista, audaz, tramposa, engañadora, mala pagadora y gastadora. Casi todas la Maris del refranero están emparenta- das con ella, aunque algunas le sean más próximas, como las siguientes que aparecen en re- franes recogidos por Correas: «Marirrisa, hija de Pero Afán: vivo el padre, rica; muerto, no

tiene un pan» (p. 492). En el que sigue parece citarse la voz de un marido desdichado: «La mi Mari Andrés, de treinta reales me los hizo tres, y tal bullir bullir con el dinero» (p. 428)7.

La canción que menciona a Maribáñez y a Maripérez unidas, casi como si fueran la mis- ma, cita una voz masculina que habla como dirigiéndose a personas cuya mala intención reconoce:

Afuera, Marivañes, que malos tiros traes. Afuera, Maripérez, que malos tiros tienes.

(NC, 1969)

El texto aparece en colecciones paremiológicas: los Refranes (1555) de Hernán Núñez, la Philosophía vulgar (1568) de Juan de Mal Lara y el Vocabulario (1627) de Gonzalo Correas.

El cantar está enmarcado por una figura pragmática expresiva: una optación cercana a la imprecación, que permite expresar con vehemencia el deseo de que una joven lista y tramposa se aparte de la persona a la cual engaña y, en sentido figurado, el deseo de ale- jarse de un daño. Probablemente la voz citada sea la de un marido o la de un amigo en- gañado. Mal Lara, al glosar la canción, señala el estrecho parentesco que tiene esta forma simple con los refranes. Como humanista, busca una explicación moral del sentido literal de la canción, tratando de construir una filosofía práctica e inmanente:

Todo es un refrán, sino que tiene los retruécanos de coplas antiguas. Desta Ma- ribáñez ay otro refrán que avemos dicho por donde se declaran sus malas mañas: «La cruz de Maribáñez, que pierdas y no ganes». Ésta se casó con hombre a quien ella pudiesse bien echar dado falso, y engañarlo también con sus juramentos, y el buen hombre, vistos al descubierto sus malos tratos, arrepentido del casamiento, sintió que era muy engañado, y riñendo con ella le dezía este cantarcico. Puédese aplicar a personas que caen tarde en su daño, y se quieren apartar dél, diciendo: Afuera, Maribáñez (iii, 10 pp. 306-307).

En otro contexto referencial se acentúa la imagen de Maribáñez como mujer tramposa, perjuradora y engañadora. Cuando Mal Lara glosa el refrán «La cruz de Maribáñez, que pierdas y no ganes», nos encontramos con los ecos de un registro referencial que parece haber estado construido como un relato anecdótico más amplio:

Declara el Comendador: «que quando (esta Maribáñez) juraba a la cruz, era para engañar». Desdicha es grande en algunas, que toman la cruz y los sanctos para que, creídos de los que oyen, hagan lo que no pudieran, si no juraran. ¡Quán admirable fue la verdad de los que, antes, con un sí, o un no, eran creídos! No ago- ra, que pensamos, quando más juramentos hacen, que mienten más; estando los tiempos ya trastocados diremos el refrán. Quando alguno os quiere jurar la cruz muy fácilmente, como el refrán, «si la jura por nos es» (ii, 11, p. 244).

7.– No podemos olvidar a la célebre Marizápalos, que según Correas es el Apodo de una desaliñada, que arrastra y da en los zancajos con las faldas. «Zárpalos» es palabra fingida por énfasis del sonido(p. 996). El personaje aparece mencionado en el cancionero, pero no tiene una representación definida.

Como de costumbre, Mal Lara intenta extraer un saber del fondo de los refranes co- mo si se tratase de versos arcanos, para ello acude al tópico literario de la Edad de Oro y contrasta esa época, en la que la que palabra y los juramentos valían, con el presente que le toca vivir.

Además de ser intercambiable por el nombre Maribáñez, el nombre Maripérez aparece construido simbólicamente en un contexto referencial particular en el que recupera la re- presentación común o general de mujer lista y tramposa, y se agrega la siguiente connota- ción singular: mujer activa y desenvuelta. En este nuevo contexto se realzan el desenfado y la diligencia en el plano material y corporal.

En la siguiente canción se destaca la habilidad de la joven para bailar:

-¡Buena va la dança Señora Mari Pérez! -Con cascabeles.

(NC, 1717 bis A)

El texto aparece en el Vocabulario (1627) de Gonzalo Correas.

El cantar está enmarcado por otra figura de ficción enunciativa, el dialogismo o ficción de diálogo, en la que parece que alterna la voz masculina con la de Maripérez. En otra can- ción el dialogismo se desdibuja y todo parece dicho por la voz masculina:

Buena va la dança señora Maripérez, con cinco cascabeles.

(NC, 1717 bis B)

El texto aparece en el manuscrito 2582, fol. 378, de la Biblioteca Nacional de Madrid. Las dos canciones destacan la desenvoltura y el desenfado de la joven para la danza, actividad sobre la cual se formulaban muchas advertencias (vid. Nombre propio Marina). Observamos también a Maripérez vinculada con la danza en otra escena que nos trans- mite un refrán recogido por Correas: «¿Por acá va la danza? ¿Por acá va la danza, Mari Pérez? ¿Por acá va la danza, Marcos Conde?» (p.643). El maestro Correas glosa el refrán de la siguiente forma: «Habíase quedado dormido en una casa do bebieron, y buscaba la danza esotro día que despertó» (loc. cit.). La joven nominada como Maripérez aparece vinculada con espacios de desenfado físico y también moral: lugares donde se bebe, donde se baila, donde se hacen trampas.

El desenfado de Maripérez se manifiesta a través de otro refrán con imágenes grotescas típicas del humor basado en la visión carnavalesca del mundo: «Tira Mari Pérez un pedo sañudo; siete palmos alza la camisa del culo» (Correas, p. 775). El tipo especial de desen- voltura que caracteriza a Maripérez se explica conforme a otro refrán que recoge Correas que se distingue también por el humor grotesco vinculado con lo bajo material y corporal: «La mujer que buen pedo suelta, no puede ser sino desenvuelta» (p. 443).

Maribáñez y Maripérez nos recuerdan a las serranas del Arcipreste de Hita: se mueven por interés, pues siempre traen «malos tiros»; son absolutamente desenvueltas; admiten ser llamadas «señoras» aunque no lo sean; realizan acciones caricaturescas.

Los dos nombres son el resultado de un proceso de hipercaracterización muy particu- lar mediante el cual el hipocorístico Mari se semantiza mediante apellidos que le otorgan una atribución flexible que permite que se intercambien, pero que añade a la vez una nota diferencial que presenta al patronímico Pérez como indicador de un tipo más activo. Los dos nombres deben sus rasgos connotativos propios a las connotaciones de los nombres que contribuyen a su composición y que están generadas en otros contextos referencia- les. Los contextos referenciales en que se construyen las representaciones de los nombres Maribáñez y Maripérez acentúan la representación generada en los contextos referencia- les de los nombres que intervienen en su composición.