2.4 Modus Operandi of Small-Scale Gold Mining in Ghana
2.5.3 Impacts on Poverty Reduction
El neoliberalismo supone una actualización de los principios liberales clásicos, que a finales de los años 70 emerge como rechazo del Estado de Bienestar (EB), justificando su oposición en la incompatibilidad de los objetivos y métodos del EB con el progreso económico y en la indispensable reducción del aparato estatal para la supervivencia de la economía de mercado y de una sociedad libre.
La crítica liberal-conservadora atribuye al EB la postración de la iniciativa individual, del trabajo y del ahorro, la consolidación de infraclases parasitarias a costa del Estado, la pérdida de competitividad y eficiencia de la economía. Consideran sus ideólogos que genera la- cras como la promoción de una burocracia excesiva y poderosa, una utilización ineficiente de los recursos… dando lugar a un sector públi- co de pobres resultados por la falta de competencia y la garantía del empleo, generador de déficit en caso de crisis. Se achaca a la continua ampliación de derechos sociales una sobrecarga al Estado de demandas imposibles de satisfacer. También se considera negativa la protección que el EB asegura a los intereses materiales de los trabajadores, pues la fuerza de trabajo se ajusta con dificultad a las contingencias del merca- do. El sistema resulta un problema para las empresas debido a los cos- tes salariales, las garantías frente al despido, las cargas fiscales y obsta- culiza su crecimiento económico.
Ante las dificultades crecientes de las economías occidentales, a ambos lados del Atlántico se denuncia el agotamiento del paradigma keynesiano, rechazando la intervención pública y propugnando el re- torno a las teorías neoclásicas del mercado. La Escuela de Chicago (Milton Friedman) recupera las ideas económicas de la Escuela de Fri- burgo (Hayek), al defender el protagonismo del mercado en la asigna- ción de los recursos, debiendo limitarse el Estado a crear el orden ne- cesario para la libre competencia. Se trata de restablecer en su plenitud las leyes del mercado y la política monetaria para rebajar los índices de inflación, reducir el gasto público, depreciar el interés del capital y los impuestos para relanzar la iniciativa privada e incentivar la inversión. El Estado debe retirar sus manos de la economía y dejar que el merca- do cumpla su papel, incluyendo sus efectos darwinianos sobre los más ineficientes. Esta visión suponía la eliminación o restricción de la po- lítica social y de la actuación concreta del Estado como proveedor de servicios de bienestar. También se abandona el objetivo del pleno em- pleo, al considerar que es natural y positiva para el mercado cierta tasa de desempleo, mientras que los esfuerzos por rebajarla llevan a elevar los precios.
Los fracasos frente a la crisis de los 70 provocaron la pérdida de credibilidad en las políticas socialdemócratas y keynesianas. A ello se unieron las evidentes limitaciones de la planificación económica prac- ticada en los países del bloque socialista. En este contexto, el neolibe- ralismo encuentra una gran acogida en los partidos conservadores, las organizaciones empresariales y sectores acomodados de la sociedad, que aceptan con entusiasmo la defensa de la limitación del papel esta- tal, los recortes sociales, así como la reducción del poder de los sindi- catos.
La concepción político-ideológica que sustenta esta visión es un ataque al Estado por el gasto que les generan a los contribuyentes las políticas de asistencia e intervención pública. Para restaurar el desa- rrollo económico, los préstamos-puente del FMI y los préstamos de ajuste estructural del Banco Mundial fueron implementados amplia- mente en América Latina. Una de las consecuencias de este modelo es la reducción absoluta del sector estatal, la liberación de precios y sala- rios y la reorientación de la producción industrial y la agricultura ha- cia las exportaciones.
Estados Unidos y Gran Bretaña fueron los países que pusieron en marcha en primer lugar y con mayor intensidad las políticas neoli- berales. El triunfo de Thatcher y Reagan evidenciaron no sólo el apoyo de los poderosos intereses capitalistas a su programa, sino también el descontento de las clases medias ante la crisis del EB y su pérdida com- parativa de estatus social. Si bien en Europa abundaron las críticas contra el neoliberalismo de Reagan y Thatcher, finalmente fue la solu- ción adoptada por los demás países occidentales.
Las décadas de los 80 y 90 del siglo XX, la Argentina, al igual que el resto de los países de la región, se embarcaron en programas de Reformas del Estado impulsados como condición para la toma de prés- tamos y programas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Interna- cional, en todos los casos dirigidas a garantizar el pago de deuda con- traída. Algunos fondos incluían inexorablemente un conjunto de cláu- sulas encaminadas a reformar el aparato estatal heredado de tiempos supuestamente populistas o «socializantes». El axioma que suministra- ba la orientación cardinal de este activo programa (que propiciaba una suerte de «harakiri estatal») fue sintetizado, de manera harto elocuen- te, por el enfant terrible de Harvard, Jeffrey Sachs, cuando dijera que «todo lo que el Estado hace lo hace mal y es ineficiente». En línea con lo que había establecido Hayek desde 1944, cuando señalaba que las llamadas «reformas» de estas dos últimas décadas asumían la existencia de una antinomia irreducible entre mercado y Estado, el primero sien- do el ámbito natural de la libertad y el segundo la fuente de toda opresión. «Todo lo que se haga para reducir la gravitación del segundo término de la ecuación será beneficioso para el conjunto y abrirá las puertas del crecimiento económico» (Hayek 1944, en Boron, 2000: 1).
De la mano del presidente Menem la Ley de Reforma del Esta- do Nº 23696 del año 1991, constituyó un instrumento esencial de las propuestas económicas que implementó en la década de los 70 el lla- mado Proceso de Reorganización Nacional,1 y que encontraría su lí-
nea de continuidad en un gobierno democrático y justicialista. Resul- ta por demás emblemático considerar cómo el neoliberalismo, desde una posición marginal y minoritaria durante gran parte del siglo XX, logró convertirse en doctrina hegemónica en los 90.
En este proceso podemos distinguir dos fases: la fase de la impo- sición y la del consenso. En la primera, el modelo es impuesto por la fuerza (Chile). En la segunda, la repetición constante del nuevo para- digma tomó el equivalente a la demostración aún antes de su compro- bación fáctica. Con la apreciable participación de los medios masivos de difusión se fue consolidando un consenso ideológico aplastante y la conformación de lo que Ramonet define como «pensamiento único» (1998: 87-116). En el plano económico, social y cultural el Estado neoliberal propicia la liberalización e internacionalización de los mer- cados, la libre competencia, el fin de los proyectos colectivos y la reifi- cación del sujeto como consumidor.
Nuestro sistema educativo busca defender su carácter de aper- tura, unidad y universalidad bajo el lema de la «igualdad de oportuni- dades», pero es observable que en nuestro actual sistema existen seg- mentos educativos que reproducen la segmentación social. Nos incli- namos por afirmar con Charles Baudelot y Roger Establet (1981), que existen hoy dos redes educativas dentro del sistema escolar argentino: una formación avanzada, para el ejercicio del poder (propia de la bur- guesía); y otra de formación básica, que educa en la sumisión a quie- nes ejecutan órdenes o realizan tareas burocráticas («proletarios»-obre- ros).
La reforma de la educación nacional iniciada en 1991 con la descentralización definitiva del sistema, se instituye en el año 1993 al sancionarse la Ley Federal de Educación (LFE), que retoma el viejo propósito de cambiar la estructura del sistema, adoptando en este caso el formato de la reforma española de los 70. Crea la Educación Gene- ral Básica (EGB) que comprende tres ciclos, el último de los cuales incorpora dos años a la antigua educación secundaria. Se extiende así la obligatoriedad a diez años de escolaridad incluido un año de prees- colar y nueve de educación básica. Los últimos tres años de la antigua escuela media se transforman en un ciclo Polimodal, no obligatorio, con cinco orientaciones diferenciadas.