• No results found

Impacts of SRM on ecosystem services and human well-being

Sustainable rangeland management – drivers, impacts and continuous change

QT 6.1 Impact of technology on state of vegetation, soil water, biodiversity, pest and disease

4.4 Impacts of SRM on ecosystem services and human well-being

Los anestésicos generales son compuestos altamente solubles en lípidos, pensados inicialmente para actuar modificando de forma inespecífica la estructura de bicapas lipídicas. Un avance importante en la década de 1980 fue la identificación de las proteínas neuronales como objetivos o dianas de los anestésicos. Los estudios de comportamiento y de neuroimagen en humanos y modelos animales demostraron que los agentes anestésicos no deprimen inespecíficamente la función cerebral, sino que causan una compilación de diferentes puntos finales de comportamiento, incluyendo la amnesia, la inmovilidad y la inconsciencia que están mediadas por diferentes regiones del cerebro y poblaciones de receptores (Cheng y col., 2006).

La mayor parte de los anestésicos inyectables como los barbitúricos, el propofol y el etomidato producen anestesia porque acrecientan la transmisión neuronal mediada por el Ácido Gamma Aminobutírico (GABA). Al unirse a estos receptores postsinápticos, inducen un incremento en la conductancia del cloruro que determina una hiperpolarización celular. Esta hiperpolarización celular inhibe o deprime la función neuronal (Maddison y col., 2004). Estudios realizados con ratones han demostrado que poblaciones específicas de receptores GABA (GABAARs) contribuyen a las propiedades sedantes y de inmovilización de estos agentes

anestésicos (Cheng y col., 2006). Los agentes anestésicos disociativos como la ketamina, no parecen ejercer efectos sobre el receptor GABA. Inducen un estado disociativo y analgesia merced a su acción como antagonista del receptor N-metil-D-aspartato (NMDA). Este receptor amplifica las señales excitadoras tras la activación por glicina, al abrir canales de sodio. La ketamina puede bloquear estos canales impidiendo el movimiento de iones (Maddison y col., 2004).

40

La anestesia general es un proceso reversible, el cual debe inducir la inmovilización, la relajación, el estado de inconsciencia y la liberación del dolor en el paciente. No existe ningún agente anestésico inyectable que reúna todos estos requisitos sin deprimir la función de algún órgano vital. Dado que los fármacos disponibles tienen más bien acciones selectivas dentro del sistema nervioso central, las combinaciones de fármacos son necesarias para conseguir anestesia quirúrgica sin deprimir las funciones vitales. Los agentes anestésicos inyectables inducen la inconsciencia, pero no debilitan, necesariamente, la nocicepción ni la relajación muscular (Thurman, Tranquilli y Benson, 2003).

La selección de los agentes anestésicos se basa en el estado físico del animal, en su temperamento y en el tipo de procedimiento para el cual está considerado utilizar la anestesia (Thurman, Tranquilli y Benson, 2003).

El impacto que producen estos fármacos sobre el organismo provoca importantes cambios, ya que todos los individuos anestesiados desarrollan hipotermia, hipoventilación, e hipoxemia y experimentan algún grado de deterioro de la función cardiovascular. Se debe considerar evitar al máximo estos desequilibrios a fin de prevenir trastornos sobre los sistemas y funciones vitales del organismo (Otero, P.E., 2012).

La inducción anestésica consiste en llevar al paciente a un plano compatible con la intubación oro-traqueal. Consiste en una dosis de “carga” de fármacos hipnóticos, razón por la cual se la cataloga como un evento de alto riesgo (Otero, P.E., 2012).

Una vez que se ha evaluado al paciente, se califica su ASA (calificación del estado físico del paciente según la Sociedad Norteamericana de Anestesiología), el intervalo de valores de este sistema de calificación puede ir de I a VI dependiendo de la gravedad de su estado físico, siendo el ASA I un paciente sano, el ASA II un paciente con enfermedad sistémica leve, el ASA III un paciente con enfermedad sistémica grave, el ASA IV un paciente con riesgo de muerte, el ASA V un paciente moribundo de alto riesgo y el ASA VI, el cual se reserva para medicina humana, se refiere a un paciente declarado clínicamente muerto, pero que debe ser mantenido vivo para la donación de órganos. Se determinada, además, el grado de deterioro funcional que deriva de la patología subyacente. De esta manera, con estos parámetros (estado físico y deterioro funcional), se define el riesgo anestésico para un determinado paciente (Otero, P.E., 2012).

Los agentes anestésicos inyectables pueden utilizarse por vía intramuscular o por vía intravenosa. La vía intramuscular se puede utilizar para administrar opiáceos (morfina, butorfanol, nalbufina), anestésicos disociativos (ketamina) y benzodiacepinas (midazolam). Los tiobarbitúricos (pentotal, tiopental), el propofol y el etomidato se administran exclusivamente por vía intravenosa (Thurman, Tranquilli y Benson, 2003).

Como ventajas asociadas a los agentes anestésicos inyectables se citan, entre otras, el bajo costo económico, la rapidez en la inducción y la falta de necesidad de equipamiento adicional para su administración. Sin embargo, existen desventajas inherentes al uso de estos

41

fármacos, entre los que se incluye la gran variabilidad en términos de respuesta, tanto en cada animal como interespecies, así como la posibilidad de provocar, con algunos fármacos, un prolongado período de recuperación y de producir una grave depresión cardiovascular y respiratoria, motivos por los que su uso puede verse limitado en algunos tipos de pacientes (Thurman, Tranquilli y Benson, 2003).

El manejo anestésico de los animales con disfunción cardiopulmonar o enfermedades sistémicas de los principales órganos y sistemas cada vez es más frecuente en la medicina veterinaria actual. El manejo anestésico de animales con disfunción cardiovascular puede ser un desafío, porque la mayoría de los agentes preanestésicos y anestésicos son capaces de deprimir el sistema nervioso central y de producir diferentes grados de depresión cardiovascular, lo cual predispone a estos animales a sufrir sobrecarga de fluidos, arritmias, frecuencias cardíacas extremas e inclusive la pérdida de la capacidad de reserva cardíaca necesaria para compensar la depresión inducida por los anestésicos. El uso de agentes anestésicos que provoquen hipotensión puede exacerbar hipotensiones preexistentes, por ejemplo en casos de shock hipovolémico, cardiogénico o vascular. En animales con patologías neurológicas, como masas intracraneales, traumatismos encefálicos o desequilibrios en la autorregulación del líquido cefalorraquídeo, se puede provocar un aumento importante de la presión intracraneal lo que puede conllevar una isquemia cerebral grave. En estos pacientes deben considerarse los efectos dinámicos de la presión intracraneal, el flujo sanguíneo cerebral y la producción y el flujo del líquido cefalorraquídeo. En estos casos está especialmente recomendado el uso de agentes anestésicos como el etomidato, que no provoquen alteraciones severas en el sistema cardiovascular o en la presión intracraneal (Thurman, Tranquilli y Benson, 2003).