El consumo de alcohol forma parte de tal modo de la cultura occidental, las personas que abusan o dependen del alcohol no se dan cuenta de que su comportamiento es problemático, no hay restricciones legales contra el consumo del alcohol más allá de una edad mínima para poder beber. El consumo problemático de alcohol en jóvenes se ha asociado con graves consecuencias sociales, de salud y económicas, generando enormes costos para los sistemas de la salud, diversos estudios muestran que cuanto más temprano comienza el uso de sustancias, mayor es la probabilidad de desarrollar un trastorno de consumo de sustancias en la adultez. Sin embargo, esta relación se encuentra mediada por diversos factores de riesgo tanto contextuales (historia de alcoholismo familiar) como individuales (descontrol de impulsos).
Se denomina “consumo problemático cuando el bebedor ha padecido o padece algún
problema relacionado con el alcohol, como haber conducido bajo sus efectos o presentar
complicaciones médicas, familiares o conductuales” (Argandoña, 2009, pág. 15).
El alcohol es el principal factor causal de más de sesenta tipos de enfermedades y lesiones, y es responsable de aproximadamente 2,5 millones de muertes en el mundo cada año. El consumo de alcohol en grandes cantidades por períodos prolongados de
tiempo representa un grave riesgo para la salud. Su consumo en la adolescencia es especialmente nocivo para la salud. La evidencia
muestra que las personas que empiezan a beber antes de los 15 años de edad tienen cuatro veces más probabilidad de cumplir con el criterio de dependencia en algún momento de sus vidas. Dado el proceso de desarrollo del cerebro, el consumo de
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alcohol en la adolescencia, especialmente si se hace en grandes cantidades, puede alterarlo, afectando tanto las estructuras, como sus funciones. Esto puede ocasionar problemas cognitivos o de aprendizaje haciéndolo más propenso a la dependencia. (OEA, 2013, pág. 12).
Según Alberto Otárola el “consumo problemático” ocurre cuando los jóvenes, a partir de la
ingesta de bebidas alcohólicas, comienzan a tener mayores índices de agresividad, disfuncionalidad en la familia, participación en el pandillaje y problemas delincuenciales. (Otárola, 2015)
En este marco, según las diferentes culturas, los jóvenes desarrollan diferentes patrones de consumo abusivo: el bingedrinking, el botellón, el consumo extremo, el atracón. La preferencia por un estilo u otro dependerá en gran medida de factores del entorno (la mayor o menor permisividad de los padres y de la sociedad en general, la disponibilidad económica, el clima, las restricciones normativas). Pero los daños y los riesgos son muy similares en todos los casos:
1. Impacto en la salud física y psíquica.
2. Aparición de situaciones de riesgo relacionadas con la conducción. 3. Riesgo de agresiones, violación, conducta sexual de riesgo.
4. Riesgo de adicción. (Argandoña, Fontrodona, & García, 2009, pág. 44).
Es importante mencionar que en la actualidad, con la aparición de fenómenos como el
bingedrinking o “atracones de alcohol”, la cuestión del consumo problemático no tiene que
ver sólo con los criterios mencionados anteriormente y sí, cada vez más, con cuestiones relacionadas con la regulación emocional, el ajuste psicológico y las relaciones sociales. En definitiva, con el papel que el alcohol juega en cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Aunque no está incluida específicamente en los criterios diagnósticos, la
necesidad irresistible de consumo llamada “craving” se observa en la mayoría de los pacientes con dependencia al alcohol, según el “Manual diagnóstico y estadístico de los
trastornos mentales” de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.
El consumo de alcohol para los diferentes autores mencionados, constituye un problema cuando afecta la salud, las relaciones sociales, el desempeño académico o laboral, sobre todo en la vida de la persona que bebe o de las personas que le rodean, en síntesis cuando se pasa del uso al abuso. El consumo generalizado de alcohol es un grave problema en la población joven y se halla íntimamente ligado a lo que se entiende por diversión y también a
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la inserción del mundo adulto, de hecho son los adultos los principales incitadores del consumo de alcohol. Una infinidad de problemas de naturaleza física, emocional, social han sido relacionados o consecuentes al uso del alcohol. Citemos algunos relacionados o consecuentes al uso del alcohol: enfermedades del hígado, páncreas, estómago, sistema nervioso central, periférico (nervios), corazón, conflictos conyugales, familiares, con la comunidad, con la ley, baja productividad y accidentes laborales. El principio activo de bebidas como: chicha, cerveza, whisky, ron, vino y otras es el alcohol etílico, responsable de los cambios en el organismo.
Por lo tanto expreso que el consumo de alcohol se torna problemático cuando los adolescentes suelen beber de manera irregular en grandes cantidades al emborracharse en fiestas, este tipo de consumo es peligroso por el estado de embriaguez, ante una intoxicación puede resultar mortal, el hecho de mezclar bebidas alcohólicas fuertes con bebidas dulces incrementa el peligro de intoxicación, por el bajo peso de los adolescentes les hace sentir rápidamente el efecto del alcohol y se emborrachan fácilmente, otros efectos problemáticos que se presentan son el aumento de la agresividad que suele conducir a actos violentos, así como el mayor peligro de accidentes, ciertos órganos como el cerebro, el hígado no han terminado de desarrollarse, en consecuencia el alcohol puede interferir de forma seria en el proceso de crecimiento, el consumo problemático en la adolescencia aumenta el riesgo de una dependencia del alcohol. Los adolescentes aprenden así que el alcohol es un mecanismo para «estar bien» y estar juntos, se consigue soslayar las tensiones, desinhibirse, combatiéndose así la timidez y facilitándose la comunicación.
El alcoholismo o consumo problemático en nuestro país ha alcanzado proporciones alarmantes, en la actualidad éste se constituye en un grave problema que no respeta posición social, política, religiosa, como tampoco considera la edad ni el sexo. El alcohol es un producto con alta visibilidad social que no genera demasiado coste económico, circunstancia que induce a su adquisición y consumo. Se trata de una sustancia asociada a la obtención de refuerzos sociales inmediatos, que representan estándares de éxito en nuestra sociedad, y lo que puede dar como resultado un consumo continuado y abusivo. En este contexto, una delgada línea es la que separa, en ocasiones, el uso del abuso