El proceso de deportación inicia cuando el inmigrante con un estatus migratorio irregular es aprehendido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y concluye cuando es deportado a su país. Kanstroom (2012) comenta que una vez que el inmigrante es deportado debe enfrentar una serie de consecuencias tanto a nivel migratorio como personal. Primero, su estatus migratorio, cualquiera que sea, se termina. Segundo, las posibilidades para obtener una visa u otro documento que le permitiera el reingreso a este país son casi nulas. El hecho de haber sido deportado le prohíbe el reingreso al país por cinco o más años y en algunos casos para siempre, dependiendo de sus antecedentes penales en este país y su nacionalidad. Además, si el deportado intentara reingresar al país sin documentación autorizada oficialmente se le encarcelaría por un periodo de dos a veinte años ya que esta transgresión de la ley de inmigración se califica como un delito federal. (cfr. Kanstroom, pág. 52).
Ante la deportación existe la opción de pedir la salida voluntaria al juez de migración de manera directa en una audiencia, o indirecta, a través de la representación por un abogado de migración. La salida voluntaria36 es un alivio discrecional y permite solicitar el reingreso al país después de 10 años de haber sido expulsado de Estados
36. En la página web de U.S. Department of Homeland Security se define la salida voluntaria: “The departure of an alien from the United States without an order of removal. The departure may or may not have been preceded by a hearing before an immigration judge. An alien allowed to voluntarily depart concedes removability but does not have a bar to seeking admission at a port-of-entry at any time. Failure to depart within the time granted results in a fine and a ten-year bar to several forms of relief from deportation.” Consultada en: https:// www.dhs.gov/definition-terms#21
Unidos. El individuo paga los gastos del regreso a su país y debe irse en un periodo de 120 días después de que se le conceda salir voluntariamente.
Para Anderson, Gibney y Paoletti (2013) la deportación de los no ciudadanos manifiesta la autoridad del estado al terminar la relación de responsabilidad entre estos y el estado ya que se deshace de ellos ejerciendo su fuerza y poder. Así mismo indican que nadie más que el deportado siente las consecuencias del uso del poder de la deportación al ser expulsado del país. Exponen que “El deportado es forzado a romper muchas o todas sus relaciones con su lugar de residencia, las cuales han sido construidas durante muchos años de residencia.” (p. 1)37 También comentan que otros académicos han mostrado que las consecuencias de la deportación rebasan al deportado porque afecta a aquellos que lo conocen y crea un sentimiento de deportación en los inmigrantes cuyo estatus migratorio es irregular, porque saben y sienten que les podría pasar lo mismo. Viven con un
sentimiento de incertidumbre y miedo constante (Chávez, 1998) viven escondiéndose o cuidándose de la “migra”.38
Una vez que los inmigrantes son deportados a su país de origen se enfrentan nuevamente a la pobreza y la falta de oportunidades, y en el caso de los deportados guatemaltecos, como lo señala González Deras (2012), a la inseguridad por la presencia del crimen organizado y la pandilla de los maras39 en determinadas zonas de dicho país. Los deportados mexicanos también enfrentan la misma situación de inseguridad, por la lucha en contra del crimen organizado y el tráfico de drogas que lleva a cabo el gobierno
37. La traducción es mía.
38. Es la manera coloquial y conocida entre los inmigrantes de llamar tanto a los agentes de la Agencia de Migración y Aduanas como a la misma agencia.
federal de México desde 2006 de manera sistemática y agresiva, que ha generado una constante disputa por las rutas y localidades entre los narcotraficantes con el fin de evadir la penalización y arresto por parte de la policía federal y antinarcóticos.
González Deras (2012) califica la deportación de guatemaltecos como el retorno forzado porque han sido expulsados del país de destino y han vuelto al país de origen involuntariamente a causa del arresto por parte del Servicio de Inmigración y Aduanas de Estado Unidos. Así mismo, expone que la población deportada está en una posición de vulnerabilidad emocional y económica. Esto es porque enfrentan duros obstáculos como escasas oportunidades de trabajo, dificultades en la revalidación de estudios hechos en Estados Unidos, acceso limitado a los servicios sociales, problemas psicosociales relacionados con el desarraigo y el retorno forzado.
Además indica que en Guatemala no existen políticas ni programas sociales que apoyen la reintegración económica, social y cultural de este sector de la población que regresa al país de manera abrupta y forzada.
D’Aubeterre Buznego (2012) en su estudio del retorno de mujeres indígenas y mestizas, originarias del municipio de Pahuatlán, Puebla, México; procedentes de Carolina del Norte, Estados Unidos; encuentra que las mujeres mestizas tienen más oportunidades de trabajo en el sector de comercios y servicios domésticos en la cabecera municipal a diferencia de las mujeres indígenas que no tienen la misma movilidad para
39. Los maras es el nombre de una de las pandillas de criminales más peligrosas en Centroamérica que controla zonas de tránsito y poblados en los diferentes países. Esta pandilla tuvo sus orígenes en la ciudad de Los Angeles en Estados Unidos. Sus miembros son delincuentes de origen centroamericano que estuvieron en prisiones estadounidenses y luego fueron deportados a sus países de origen. Los maras realizan acciones delictivas como el narcotráfico, extorsión, secuestro, tráfico de personas, entre algunos.
salir de la sierra en busca de un trabajo porque deben cuidar a los hijos. La reinserción de estas mujeres al mercado laboral está determinado por la capacidad de movilidad así como por su nivel de educación, las mujeres mestizas han tenido alguna educación formal en México o Estados Unidos en contraste con las mujeres indígenas que no han tenido esa oportunidad. Todas las mujeres que participaron en este estudio regresaron a su lugar de origen a causa de la deportación del marido, es decir, el regreso no fue una elección sino una obligación de volver para estar con el marido.