FOCUSING.
“Nos desarrollamos cuando nuestro deseo de vivir y de hacer cosas surge desde dentro de nosotros, cuando nuestros anhelos y deseos nos mueven, cuando nuestras percepciones y evaluaciones nos generan una nueva seguridad, cuando aumenta nuestra capacidad de estar en nuestra realidad y cuando somos capaces de tener en cuenta a los demás y a sus necesidades. Esto último no se opone al resto. Terminamos sintiendo nuestra propia existencia separada con la firmeza suficiente como para acercarnos sin miedo a los demás y a su realidad. Se trata de desarrollo cuando nos vemos orientados hacia algo que nos resulta claramente interesante y cuando queremos participar en ello. Se trata de crecimiento cuando algo que había permanecido inmóvil y silencioso se mueve y nos produce cierta inquietud interior. En definitiva, se trata de crecimiento cuando nuestra energía vital fluye de una forma novedosa”. ( Eugene T.Gendlin)
Cada vez en mayor medida me parece que la autenticidad del facilitador entendida como comunicación significativa proveniente del sí mismo referencial constituye el marco experiencial más idóneo para promover un clima de desarrollo interpersonal y de crecimiento. Siento, cuando estoy en un grupo o en un espacio de relación interpersonal, que si soy capaz de atender al significado de mi propia experiencia en esta relación y de conectar con mis propios sentimientos que están implícitos en mi interior en este momento de la relación, la comunicación que fluye es realmente facilitadora. Quizás exprese un contenido empático o de consideración positiva, o quizás verbalice el nombre de una sensación que en el instante se hace presente en mi conciencia, o simplemente guarde silencio; pero si esta expresividad nace de mi sentir corporal, en contacto con la capa anterior a mi conciencia, noto como la intervención ha resultado intrínsecamente positiva.
Al contrario, cuando percibo que mi respuesta interventiva proviene exclusivamente de la cognición, del pensar lo que más conviene en este momento para producir una respuesta facilitadora mientras intento abarcar con mi mente la situación global de la experiencia del grupo o de la relación, me percato que la expresión que pueda realizar no tiene casi ninguna incidencia en el proceso.
No me resulta siempre fácil mantenerme en contacto con mi propio interior y atender a mi experiencia. La deformación profesional consistente en querer atender a la experiencia del otro en la relación y en el grupo, y en insistirme a mí mismo en la necesidad de responder empáticamente a partir del mundo de referencia del otro, para autoconsiderarme un buen facilitador centrado en la persona, un ser escucha para el otro y para el grupo, me produce, en múltiples ocasiones, una especie de contradicción interna entre lo que creo que debería hacer (o no hacer) y lo que realmente deseo a partir del impulso intuitivo que siento en el centro de mi cuerpo como lo mejor en el instante relacional.
Sin embargo, siempre que confío en mi propio organismo de manera total y consigo que surja de mi sentir corporal una especie de conciencia intuitiva, tengo la sensación de otorgar alguna respuesta adaptativa al sentir del otro que parece tener un interesante potencial de ayuda. Llego a esta conexión conmigo mismo como en un proceso natural y no forzado. Es como mantenerme un momento en silencio, dejar a un lado la cognición y la aventura analítica de mi cabeza, mirar en el centro de mi cuerpo, en el pecho o en el estómago, dejar que surja alguna sensación que siento corporalmente, todavía no muy precisa, a veces ligera, otras veces muy densa o
pegajosa; respirar esta sensación como para darle volumen e intentar conferirle un significado con una imagen o una palabra que se ajuste. Es como ir y venir de la sensación corporal al significado en el que ya entra parte de mi cognición que esta vez emerge del propio sentir corporal. Cuando se ajusta siento un ligero alivio y noto que algo se mueve, entonces siento la seguridad de que mi organismo me indica la dirección correcta de mi intervención.
Este proceso parece tener lugar en un corto espacio de tiempo, como en un flash y creo que tiene que ver con el resplandor inconcebible de la capacidad intuitiva que se siente libre de amenazas racionales y se permite acontecer sin restricciones. Aunque, también es muy cierto, no siempre sucede en cualquier momento ni en cualquier espacio, ni en todas las condiciones y, a pesar de desearlo, muchas veces no ocurre.
He llegado a pensar que es reafirmando la conexión con mi propio núcleo interno cuando siento diluirme en el otro, y no al revés, es decir; poniendo siempre entre paréntesis aquello que pueda percibirme para ser totalmente el otro, para escuchar al otro en su totalidad siquiera sin escucharme. Cuando me escucho a mí mismo y en este escucharme auténtico voy superando los límites de mi yo, y en este saltar límites me hago vulnerable y sigo despejando las capas de las fronteras de mi conciencia, como si fuera pelando una cebolla, dejando que resuene en mi núcleo la manifestación del otro, entonces es como me siento confluir en el abismo situado debajo de la conciencia del otro. Quizás, en las profundidades, somos todos uno.
En la búsqueda de dar un sentido a este proceso interno que me impulsaba a facilitar de una determinada manera y me hacía sentir cada vez más alejado, quizás erróneamente, de los marcos esquemáticos de las intervenciones exclusivamente empáticas de los facilitadores del Person-centered approach fue cuando descubrí focusing.
El focusing65 constituye una de las más importantes aportaciones del filósofo experiencial y psicoterapeuta Eugene T. Gendlin nacido en Viena en 1926 y afincado en Estados Unidos, colaborador durante una docena de años de Carl Rogers e investigador incansable de los procesos terapéuticos en el intento de dar respuesta a las causas del funcionamiento de la terapia en unas personas y de su fracaso en otras.
Focusing es el proceso de darse cuenta de una sensación corporalmente sentida a partir de la experiencia de notar cómo sentimos algo en el centro de nuestro cuerpo que tiene significado emocional; esta sensación tiene que ver con la globalidad de algo, un problema, una decisión, una relación personal, una situación existencial. Al conseguir otorgar significado a esta sensación sentida que surge como globalidad de algo, parece como si sintiéramos un alivio y el propio cuerpo nos indicara un nuevo paso, una nueva dirección. Se trata de descubrir como el cuerpo ya sabe lo que la mente todavía desconoce y de posibilitar una relación de confianza con nuestro
65 No es mi intención, en este capítulo, ofrecer un estudio detallado del Enfoque Corporal o focusing de
Gendlin puesto que la riqueza de este instrumento de autoayuda, al mismo tiempo que filosofía de vida, requiere sin duda de más espacios específicos y mucho más desarrollados. Sólo pretendo dejar constancia de la significación que, para mí mismo y para mi tarea de facilitación, ha adquirido en los últimos años el aprendizaje -todavía impreciso por mi parte- de esta herramienta tan poderosa. En cualquier caso, el lector interesado puede consultar alguna bibliografía interesante sobre el enfoque corporal. Entre otros libros, cabe destacar: AMODEO, J. Crecer en intimidad. Bilbao: Desclée De Brouwer, 1999. FLANAGAN, K. A la búsqueda de nuestro genio interior. Bilbao: Desclée De Brouwer, 2001. GENDLIN, E. Focusing. Proceso y técnica del enfoque corporal. Bilbao: Mensajero, 1988. SIEMS, M. Tu cuerpo sabe la respuesta. Bilbao: Mensajero, 1997. WEISER, A. El poder del
cuerpo que nos permite ponernos en contacto con la sabiduría interior que nos indica el siguiente paso para conducirnos hacia una existencia más satisfactoria con independencia de valoraciones externas y con autonomía frente al propio sistema de creencias.
Cuando prestamos atención a una sensación interior que tiene que ver con la globalidad de algo parece que el mismo cuerpo, con el fluir de esta sensación, nos diera la respuesta a nuestra búsqueda. Lo extraordinario de la investigación de Gendlin es haber descubierto el funcionamiento de este proceso natural y haber determinado las pautas para su aprendizaje y su práctica.
Gendlin ideó un mecanismo de seis pasos que nos ayudan a conectar con nuestro interior, con la sabiduría implícita de nuestro núcleo interno:
Primer paso: despejar un espacio.
Mientras intento describir brevemente el proceso de focusing puedes, estimado lector, intentar practicarlo por un momento, quizás descubras, como a mí me pasó, un sistema adecuado para ir conectando contigo mismo a ver qué hay.
El primer paso consiste en crear un espacio para ti mismo. Busca un lugar cómodo, lejos de ruidos externos, como concediéndote unos minutos para ti mismo, para disfrutar de ti mismo unos instantes. Puedes sentarte relajadamente en una silla o en un sofá, cerrar los ojos, olvidándote también de los ruidos interiores, de lo que tienes en la cabeza, de las preocupaciones inmediatas, de lo que debes hacer, del trabajo estresante que te condiciona, de cualquier cosa que sea un ruido para ti en este instante.
Intenta introducirte en el interior de ti mismo, como buscando un espacio para contemplar tu propia experiencia interna, de manera relajada y tranquila, sin forzar nada y deja que tu atención se concentre en el centro de tu cuerpo, en el pecho, en el estómago, en la garganta... aquí es donde acontecen los sentimientos y las emociones. Puedes respirar para concentrar tu atención en este centro, hazlo pausadamente como dándote tiempo de situarte en el momento presente después del ajetreo del día. Sitúate aquí, durante un minuto, en el centro de tu cuerpo y deja que tu atención permanezca aquí por un momento.
Aparta de momento lo que pueda pesarte, deja espacio para ti mismo como observador, como intentando vivir una experiencia novedosa contigo mismo. Si empiezas a estar relajado y centrado en el interior de tu cuerpo puedes empezar prestando atención a tu estómago, a tu pecho, a tu garganta... y puedes decirte algo así como: “Parece que mi vida marcha bien, me siento realmente satisfecho últimamente ¿no es verdad?”. No contestes con tu mente, deja que surja algo, alguna vaga sensación que emerge del interior de tu cuerpo, mira cómo es, densa, asustada, vacilante... sea lo que sea deja que asome del interior.
Date cuenta de cualquier asunto o preocupación que aflora y mira si puedes dejarla a un lado de momento, como encontrando distancia entre tú y ese algo que ha surgido, imagina que lo colocas a un lado, o debajo, o frente a ti mismo; no lo expulsas completamente pero experimentas un cierto distanciamiento entre tú y esa sensación vaga y difusa.
Si consigues esa distancia vas despejando espacio para ti. Continúa preguntándote algo así como: “Si no fuera por eso, o a pesar de eso, ¿hay alguna otra cosa que se interponga para sentirme realmente bien?”. No te contestes tampoco, pregunta y espera a ver qué emana del interior, del centro de tu cuerpo. Respira
nuevamente esta sensación vaga, corporalmente sentida, como si le dieras volumen e intenta nuevamente dejarla a un lado, cerca de ti, pero distinta a ti mismo.
Puedes ir repitiendo este breve proceso algunas veces, como si hicieras un inventario de lo que va surgiendo, de lo que hay entre tú y el sentirte realmente bien. Lo importante es que lo que mana venga del interior del propio cuerpo, no de los análisis racionales que tantas veces hacemos, y dejar que vayan fluyendo las distintas sensaciones. Pronto notarás que hay un gran espacio en tu interior dispuesto para lo que quieras enfocar, un espacio silencioso en el que has distanciado las estridencias que impedían sentirte realmente bien contigo mismo. Ahora ya puedes seguir en el camino de focusing.
Segundo paso: formar el felt sense.66
Una vez ya disponemos de espacio interior, tu cuerpo está preparado para enfocar. Te puedes preguntar: de todas esas sensaciones de mi inventario ¿qué quiere ser atendido en este momento? Una vez más pregunta y espera. Deja que el mismo cuerpo elija el tema, la situación, el problema que desea enfocar en este instante. Si te resulta difícil esta elección tampoco hace falta preocuparse, puedes elegir de manera cognitiva alguna situación importante para ti, también puedes preguntarte cómo te sientes en estos momentos. En la vida, en el fondo, es como si todo estuviera conectado por lo que no es preciso delimitar tan específicamente un asunto que requiera enfoque por sí mismo.
Cuando creas que puedes enfocar ese algo, ese problema, esa situación, esa relación, dirige nuevamente tu atención en el centro de tu cuerpo, en el pecho, en el estómago y observa qué ocurre con eso. ¿Cuál es la sensación global de ese algo? Pregunta y espera nuevamente, deja que tu cuerpo responda. Esa sensación global de algo es una sensación sentida corporalmente, con significado emocional, es el felt sense.
Es todavía una sensación imprecisa que no tiene palabras, es algo que lentamente va apareciendo en el centro del cuerpo, es la globalidad de todo ese asunto hecha emocionalidad corporalmente sentida que se expande por el tórax o por el estómago o por la garganta. Quizás sea una sensación curiosa o sorprendente, distinta a lo que hayas podido imaginarte sobre lo que te genera este asunto cuando lo analizas con la razón, pero acoge esta sensación difusa como dándole la bienvenida, intenta respirarla, como expandiéndola. Permanece un rato con esta sensación como haciéndole compañía y aceptándola.
En ocasiones no me resulta fácil dejar que surja de mi cuerpo una sensación de la globalidad de algo que deseo enfocar. Puede que me encuentre con cosas estáticas en mi mente que me impiden abrirme a los indicios emocionales de mi cuerpo. En la mente residen frases hechas, principios éticos valorativos de múltiples conductas, propósitos ignacianos sobre lo que debería sentir o hacer, sentimientos no aceptados y reprimidos y otras muchas cosas más. Quizás también te ocurra. Es cuestión de hacer silencio, de callar y escucharte, esperar y sentir. Si consigues alejar esos ruidos de la mente, respirar profundamente y centrar la atención en el centro de tu cuerpo, el pecho se abre lentamente y empieza a emerger la sensación sentida difusamente hasta que se expande. Estate con ella un rato dejándola estar ahí sin imponerle nada y ve percibiendo su cualidad emocional.
Tercer paso: conseguir un asidero.
Esta sensación sentida ¿qué cualidad tiene? Intenta encontrar una palabra, una frase o una imagen que se vaya ajustando a esa sensación. Puede ser algo pegajoso, o “como apretado”, o “como una olla a presión”, o pesado, o punzante... Intenta algo que encaje, un ajuste entre la palabra, la imagen y la sensación. Desecha cualquier otra cosa que no se ajuste, no intentes imponerle a la sensación este asidero, deja que aparezca por sí solo con paciencia.
Cuarto paso: resonar.
Ve ahora del asidero a la sensación como preguntando ¿es realmente eso? ¿se ajusta de verdad? No contestes, pregunta y espera que el cuerpo responda. Tómate tiempo, al menos un minuto, para entrar en contacto de nuevo con la sensación. Deja que ella diga si se ajusta o no. Quizás notes un ligero movimiento, como si se abriera, como un pequeño alivio que acontece al descubrir el nombre que tiene. Recíbelo con curiosidad. Tal vez aparezcan nuevas palabras o imágenes que se ajustan mejor. Déjate llevar por ese balanceo desde la imagen o la palabra a la sensación moviéndote entre lo uno y lo otro y ve percibiendo los cambios que se producen.
Normalmente puedes irte diciendo las palabras y dejar que vuelva la sensación, suele hacerlo en unos veinte segundos. Ve resonando hasta que coincidan exactamente. Puedes preguntarle a la sensación ¿Está bien así?. Pregunta pero no contestes, cuando encaja sientes algo así como: “¡Sí... es eso!” Tu cuerpo cambia al dar nombre correcto a la sensación, permanece con ello un minuto, no te des prisa. Respira. Al ajustarse sentirás un interesante alivio.
Quinto paso: preguntar.
Parece que ha llegado el momento de preguntar a la sensación sentida de qué se trata. Ahora pregunta a la sensación lo que es. Deja pasar algún tiempo hasta que el mismo cuerpo responda. Necesitas ayudarte del asidero para hacer preguntas a la sensación. Por ejemplo, si la palabra que encajaba era “presión”, puedes preguntarle a la sensación: “¿qué es lo tan presionante?”. No contestes, pregunta y espera que el cuerpo responda, la misma sensación se irá abriendo a medida que preguntes y esperes. A veces no contesta enseguida, pasa un minuto o dos con la sensación interrogada. También es conveniente hacerle otro tipo de preguntas: “¿qué es lo peor de todo ello?” o “¿qué es lo que realmente hay en eso?”.
Lo importante de este paso es preguntar y esperar. Alejar los mecanismos racionales y esperar a que el cuerpo responda en forma de cambio corporalmente sentido. A veces este paso es el más difícil porque aparecen muchos pensamientos que hacen que la sensación permanezca inmutable. Intenta pasar de largo estos pensamientos y seguir enfocando el centro de tu cuerpo, en uno o dos minutos ya vas a poder percibir ligeros movimientos en la sensación, como si se abriera más y más. Por último pregúntale: “¿qué necesitaría para estar bien?” o “¿qué necesito para sentirme mejor?”. Dedica algún tiempo a esta pregunta y enfoca de nuevo la sensación, espera a que el cuerpo responda nuevamente e intenta respirar profundamente como tocando la sensación permitiendo que responda. En algún momento se abrirá, sucede cuando tiene que ocurrir, nosotros no lo controlamos. Si percibes algún movimiento corporalmente sentido, si puedes permanecer un rato con
esta ligera sensación aunque no sepas exactamente lo que es, estás haciendo correctamente el proceso del enfoque corporal.
Sexto paso: recibir.
Recibe con curiosidad cualquier cosa que haya surgido dándole la bienvenida. Acoge este pequeño cambio, que siempre es positivo, de la sensación. Respira este minúsculo movimiento como si le dieras volumen y valóralo porque forma parte de ti mismo. Agradece a tu cuerpo lo que te ha mostrado y acepta cualquier cosa que hayas experienciado. Puedes buscar alguna imagen para percibir más claramente este cambio que podrá ayudarte a recordarlo más adelante. Y protégelo de voces críticas. Si realmente posees esta actitud de estar recibiendo, lo que venga no te abrumará. Es probable que no puedas solucionar esta situación, problema o relación en algún tiempo, pero tu cuerpo te habrá dado la dirección para ello y después podrás intencionarlo.
Recibir significa, en realidad, aceptar el cambio, por raro o extraño que pueda parecer. Con el recibir sentirás siempre un alivio corporal. Por eso el proceso de focusing es algo bueno. Ahora ya puedes ir despidiéndote del proceso, como generando una pequeña distancia adecuada entre tú y tu experienciar eso en este momento sabiendo que puedes volver a ello cuando lo desees.
Cuando a tu cuerpo le permitas expresarse sin presiones tiene la magnífica sabiduría para tratar tus problemas, por ello el proceso del enfoque corporal no es una tarea dura sino simplemente el estar un corto tiempo amistoso dentro de tu cuerpo, y puedes abrir la puerta de tu interior cuando lo desees, tú y sólo tú tienes esa llave.
...
En realidad el proceso del focusing es un proceso natural. Es lo que hacemos normalmente, por ejemplo cuando hemos olvidado alguna cosa. Como que nos