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Como bien sabemos, la comunicación comienza con nuestros pensamien- tos, y a continuación usamos las palabras, el tono y el timbre de voz y el len- guaje corporal para transmitirlos a los demás. El acto de pensar nos resulta un tan obvio y natural que pocas veces nos paramos a reflexionar acerca de ello. Normalmente pensamos acerca de lo que estamos pensando, no en cómo lo estamos pensando.

¿Qué son los pensamientos? Se trata de un proceso complejo en el cual empleamos nuestros sentidos internamente para representar, comprender y conferir sentido a la realidad en la que vivimos. Cuando pensamos, tenemos ideas y construimos internamente imágenes, sonidos, sensaciones táctiles, olores, sabores y emociones asociadas a sentimientos. De hecho, la mayoría de nuestros pensamientos son una combinación de constructos sensoriales, que pueden ser tanto recordados como construidos.

Por lo general, asumimos que los demás piensan empleando los mismos mecanismos que nosotros, por lo que damos por hecho que comprenderán nuestro lenguaje y construirán representaciones internas exactas del conteni- do y la carga emocional de la información que estamos emitiendo. Pero este no suele ser el caso... Todos representamos nuestra realidad de conformidad con los estímulos que captamos mediante nuestros sentidos, y este procedi- miento viene determinado por nuestras experiencias, recuerdos y aprendiza- jes adquiridos en el seno de la familia, la escuela, la universidad o nuestro cír- culo de amigos. Y toda esta información almacenada en nuestra mente (tanto consciente como inconsciente) actúa como filtro para que podamos codificar y representar el mundo que nos rodea.

relacionados con la manera en que traducimos a lenguaje verbal aquello que queremos comunicar, dado que damos por hecho que nuestro interlocutor está recibiendo el mensaje de la misma manera en la cual nosotros lo codifica- mos. Por lo tanto, si queremos optimizar la eficacia de nuestras habilidades comunicativas, es de vital importancia que nos familiaricemos con el funcio- namiento de nuestro cerebro y descubramos cuáles son los sistemas represen- tacionales que empleamos para interactuar con nuestra realidad.

No olvidemos que para el inconsciente no existe diferencia alguna entre una experiencia real o imaginaria, y esto se debe a que empleamos las mismas vías neurológicas para representar la experiencia en nuestro interior que para experimentarla directamente; la activación neuronal es la misma. El pensa- miento tiene efectos físicos directos, ya que cuerpo y mente conforman un sistema integrado. Imaginemos por un instante que nos estamos comiendo nuestro plato favorito: el plato será imaginario, pero la salivación que se ha generado, no.

La PNL ha estudiado las formas en que captamos, almacenamos y codifica- mos la información en nuestra mente (oír, ver, sentir, etc.), y reciben la deno- minación de sistemas representacionales. Se definen tres maneras de percibir el mundo y aprender con lo que este nos proporciona. Todos tenemos una predominancia de uno de estos sistemas, que averiguaremos al final de este apartado.

Sistemas representacionales principales:

Visual: procesamos más imágenes que palabras, lo que nos lleva a recordar

en imágenes. Dado que las imágenes fluyen a gran velocidad, el pensamiento de una persona visual suele ser veloz.

Auditivo: procesamiento por palabras. Hace referencia a los sonidos capta-

dos del exterior y al diálogo interno. Suelen tener más problemas para comu- nicarse, porque necesitan estructurar su discurso.

Cinestésico o kinestésico: sentir es vivir; es decir, las sensaciones capta-

primero lo que van a expresar. Aquí se incluyen sensaciones táctiles como el tacto, la temperatura o la humedad, y sensaciones recordadas, emociones y equilibrio y conciencia del propio cuerpo.

En nuestra cultura, los sistemas visual, auditivo y cinestésico constituyen los sistemas representacionales principales. La relevancia e impacto que los sentidos del gusto y el olfato presentan en nuestras representaciones de la realidad no suelen ser especialmente significativas. De hecho, a menudo se incluyen en el sentido cinestésico. Suelen servir como información inmediata y potente que acompaña a los otros sistemas.

Es importante tomar en consideración que los sistemas representacionales no se excluyen mutuamente, de hecho lo más habitual que es que procesemos la información combinando varios sistemas de forma simultánea. Por ejem- plo, podemos visualizar una escena, escuchar los sonidos presentes en ella y conectar con las sensaciones asociadas a ella.

Sistema representacionales preferidos

Externamente empleamos nuestros sentidos de una manera constante, no dejamos de percibir. Si bien seguramente prestemos más atención a un sen- tido que a otro en función de la situación que estemos experimentando, el resto de nuestros sentidos nunca deja de funcionar. Por ejemplo, si nos encon- tramos en una exposición de fotografías usaremos más nuestra vista; en un recital emplearemos más nuestro oído; o durante un masaje primará el sentido cinestésico. Sin embargo, cuando hablamos de sistemas representacionales preferidos, nos referimos a uno o dos sistemas representativos que favorece- mos cuando procesamos mentalmente la información. Aunque somos capaces de usarlos todos, ya desde una temprana edad tenemos nuestras preferencias.

Estas preferencias en relación con los sistemas representacionales expli- can el hecho de que algunas personas sean más hábiles o tengan talento para llevar a cabo ciertas actividades. Esto se debe a que estas personas han de- sarrollado en mayor medida uno o varios sentidos internos, que manejan de forma natural y sin apenas esfuerzo. Por el contrario, en ocasiones uno de los sistemas representacionales puede estar poco desarrollado, por lo que ciertas

actividades resultarán complicadas; si nos cuesta evocar imágenes mentales, probablemente también nos resultará difícil plasmarlas sobre un papel o un lienzo.

Es importante aclarar que, a pesar de que todos tenemos un sistema repre- sentacional preferido, es posible que, en función de la experiencia que este- mos viviendo, empleemos un sistema representacional distinto; por ejemplo, puede que utilicemos sonidos para recordar vivencias desagradables e imáge- nes para las alegres.

¿Y para qué nos sirve conocer nuestro sistema representacional y el de los otros? Pues bien, conociendo esta información podremos entender mejor nuestro mapa mental y el de los demás y podremos optimizar la comunica- ción adaptándonos al sistema representacional preferente de nuestro interlo- cutor para así crear sintonía, acompasar o calibrar.

Ejercicio breve para determinar nuestro sistema representacional preferido:

Recuerda cómo has preparado el desayuno esta mañana. • ¿Cuál es tu recuerdo espontáneo?

• ¿Te ves a ti mismo/a en la cocina, ves los alimentos y los utensilios? (visual)

• ¿Oyes los ruidos distintivos de los platos, las tazas, los cubiertos, tal vez la cafetera o la tostadora? (auditivo)

• ¿Percibes el sabor o el olor de los alimentos, el café o el té? (olfativo/ gustativo)

• ¿Experimentas la sensación de tocar y manipular los alimentos y los utensilios; experimentas la temperatura de lo que ingieres y de lo que tocas con tus manos? ¿Te invade alguna emoción concreta en relación con esta ac- tividad? (cinestésico)

3.2-Predicados: palabras y expresiones con

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