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Una de las conclusiones del trabajo de 1994 aceptadas por todos o por muchos es que desde 1970 a 1982 los distintos Decretos Presidenciales y las diversas Resoluciones Municipales sobre

el Parque Metropolitano Albarregas se convirtieron en obstáculo permanente distractor a cualquier acuerdo de gestión. Reconozco que hasta hoy aunque han servido para frenar grandes

desarrollos en el área tanto planificados como espontáneos, subrepticiamente se han colado edificaciones por errores de instituciones; más otras, sin control, por expansión de barrios, que no han podido ser detenidos por no existir ni conciencia socio ambiental generalizada, ni planes eficaces de guardería ambiental.

Los entes institucionales a quienes corresponde administrar por lógica y en forma coordinada al decretado Parque Metropolitano Albarregas (Alcaldías de Mérida y Ejido, Ministerio del Ambiente e Instituto Nacional de Parques) y el saneamiento (Aguas de Mérida) nunca hasta 2005 han acordado una agenda efectiva, ni un cronograma conjunto de programas y acciones. En 1994 propusimos el Acuerdo Interinstitucional al cual incorporábamos a la Gobernación y a la Universidad de Los Andes. Hemos arado en el mar; pero creo llegó la hora de arar en buena tierra, que aspiramos conseguir en los merideños, aquí nacidos o asimilados, de todas las edades y sectores, en especial educandos y educadores y en la voluntad de dirigentes y funcionarios que ya se han dado cuenta de la necesidad de sanear el río y vislumbrando la posibilidad de lograrlo. A todos invitamos a poner el problema socio ambiental reto de la calidad de la vida futura por encima de cualquier tipo de diferencias: políticas, religiosas, económicas, culturales, de cualquier otra índole; por encima de los intereses económicos, de los intereses particulares.

Esas poco más de 612 hectáreas a lo largo del río Albarregas a las que hay que sumar las zonas de protección de las microcuencas de sus afluentes como los ríos Milla, La Pedregosa, Montalbán; las Quebradas Gavidia, El Rincón, La Resbalosa, Carvajal, y muchos otros cursos de agua menores: las quebradas La Liria, Santa Ana, etc.; todos contaminados y afectados en sus márgenes, conforman una intrincada red de microcuencas, que son tremendo reto socio ambiental al gentilicio merideño. En conjunto conforman en buena parte la base de la estrategia de

desarrollo urbano local por el desarrollo sostenible. Es lamentable que en 2005 no haya aún

una eficiente acción interinstitucional dentro de la ciudad y los asentamientos que conforman el área metropolitana entre Mérida y Ejido. Pero no sólo se trata del Albarregas. Esa no es sino una escala importante del problema en cuyo contexto encontramos al Río Chama y todas las demás cuencas fundamentales del Estado Mérida. Todas requieren planes integrales de manejo, y todas tienen sistemas de ciudades y pueblos, asentamientos urbanos y rurales, donde la calidad de vida en armonía con la naturaleza se convierte en la meta principal del presente y el futuro.

Es por eso que en nuevas circunstancias socio políticas, con esta segunda edición ampliada de “Ríos y Municipios como Proyectos Socio Ambientales”, se aspira contribuir y coadyuvar a avanzar en los esfuerzos conjuntos de instituciones del gobierno nacional, regional y local, con las universidades y las comunidades, en acción transdisciplinar. Se aspira que nos lean en las instituciones, nos observen y critiquen, pero también que sumen a la estrategia, para que no pase como en 1995, cuando al parecer ni se leyó—eso es fácil deducirlo: en una parte clave del texto referido al Ministerio del Ambiente, en vez de Consultoría Jurídica se coló la palabra Contraloría, y a pesar de haber dicho en el preámbulo que estábamos prestos a oír correcciones, derivaciones, sugerencias, y de estar laborando con funcionarios del Ministerio sobre el asunto por meses después de la publicación, ninguno hizo la observación o la corrección; es decir no leyeron, ni para bien ni para mal. En otra oportunidad, muy reciente, trabajando con funcionarios, una técnico en confianza me reclamó que los pusiera a leer tanto.

Estos tres años 2005-2008 son claves de la primera década del siglo XXI para Mérida, que se cierran, con los 450 años de fundación de la ciudad de Mérida (2008), y que nos ponen muy cerca de una serie de Bicentenarios: el llamado del Cabildo de Caracas (19 de abril 2010), la adscripción del Cabildo de Mérida (16 de septiembre del 2010), el decreto sobre la Universidad (20 de septiembre de 2010), la firma del Acta de Independencia (5 de julio de 2011) y de la conmemoración de la entrada de Simón Bolívar a Mérida durante la Campaña Admirable, cuando recibió por primera vez el título de Libertador (mayo 2013). Es una oportunidad más de nuestra generación de profesionales nacidos entre mediados del siglo XX y el último cuarto de siglo— quizás la última—para sentar las bases y orientar la ciudad a ser distinta pero mejor, instaurando procesos por la paz, la libertad, la democracia y la independencia, con una conciencia socio ambiental generalizada, con evidentes progresos hacia la calidad de la vida en todos y cada uno

de los asentamientos humanos que configuran parte de nuestra geografía, con una ciudadanía ambientalmente educada y consciente de estar recorriendo el camino hacia el desarrollo durable, sustentable o sostenible, para nuestro bien y el de los nuestros a nivel local, y para el beneficio de la humanidad y de la biosfera a nivel global...

Quizás faltarán los recursos materiales para tan basta tarea, pero han de sobrar las voluntades y los esfuerzos colectivos, para que a través de la inspiración mental y espiritual que coadyuve la organización de las fuerzas humanas vengan los recursos, como la multiplicación de los panes, o logremos las metas factibles en el tiempo, de avanzar y hacer posible esa buscada calidad de vida socio ambiental, sin recursos o con pocos recursos. Ilustremos con un ejemplo tal posibilidad. El Parque Metropolitano Albarregas tiene 22 kilómetros a lo largo de la ciudad lineal Mérida-Ejido. Su desarrollo lo concebimos como sectores a escala humana—fácilmente accesibles peatonalmente a niveles locales—aulas ambientales con referencia al modelo del cerro La Bandera al norte de la ciudad, entre las cuencas de los ríos Milla y Albarregas mezclado con una moderna concepción de Jardín Botánico. De esa manera hay una cadena de propuestas locales que en suma conforman el Parque global, a avanzar poco a poco, año tras año. En cada uno de estos sectores locales hay escuelas e instituciones del sistema educativo y de otros sistemas, zonas residenciales, zonas comerciales, recreacionales, naturales (cursos de aguas, taludes, zonas de protección, bosques o zonas verdes) y redes peatonales y vehiculares. El sector como aula ambiental implica estudios de biodiversidad, programas de esparcimiento, recreación y deporte dentro de un plan integral del sector a nivel local. Un programa de desechos sólidos implica clasificación y procesamiento de la materia orgánica, para instaurar viveros, fomentar la siembra de huertos medicinales, alimenticios, ornamentales, frutales, así como recuperación de bosques y plan de paisajismo. Todo esto se puede realizar por extensión desde las instituciones del sistema educativo a través de sus programas de estudios ambientales y biológicos. Los educandos son promotores de conciencia en sus familias. En las organizaciones comunales y parroquiales se promueve la participación por el plan local. De esa manera se generan planes con los recursos actualmente instalados. A medida que los proyectos se definan y evolucionen, se van consolidando redes vinculantes de voluntades y se irán consiguiendo recursos, se irán potenciando en el sitio proyectos socio económicos, por ejemplo, actividades turísticas, redes de posadas y servicios turísticos y recreacionales. En síntesis, articular comunidades en pro de sus proyectos locales por la calidad de la vida.

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