9. IMPLEMENTATION PROGRAM 51
9.1 Implementation Parameters and Policies 51
Quienes habitan en Santa Marta comprenden el miedo, hastió y flojera que produce el sol que va de diez de la mañana hasta aproximarse las cuatro de la tarde. El calor que éste produce, suele convertir las casas en hornos y hace sentir a las personas como pollo en asador. Ni siquiera los ventiladores (abanicos) pueden contrarrestar el fogaje que el sol de esas horas produce. Inclusive, en ocasiones de extremo calor, se suscita la impresión de que el ventilador en vez de aventar aire fresco expeliera calor proveniente de las mismas calderas del infierno. El sol quema atravesando la ropa, su calor hace sudar, los cuerpos se hacen pegajosos, sucios y su resplandor hace que la gente ande siempre con el seño fruncido, arrugando el rostro como haciéndole mala cara a la vida. La gente en Santa Marta, contrario a los animales de sangre fría, suelen moverse en los horarios en los cuales el sol es menos intenso. Así que se suele usar dos frases para hacer referencia a
esto: “voy a salir antes que salga el sol”, esto hace referencia a las horas anteriores a las diez de la mañana, y “cuando baje el sol”, la cual se refiere a las horas posteriores a la cuatro de la tarde. De esta forma, las frases clichés usadas para darte ánimo “¡hoy hace un bonito día soleado, anímate!” no tienen cabida en Santa Marta. Un día soleado en esta ciudad suele convertirla en un horno de fundición. Lo aquí la gente entiende como un bonito día, como un día apto para salir a caminar, jugar fútbol y hacer otras actividades, tiene que estar relacionado con sombra, con un clima fresco, semejante a un día de lluvia, pero sin lluvia, en el cual la presencia del sol sólo se limite a ofrecer luz.
Las familias en los barrios populares de Santa Marta, suelen usar como lugares de esparcimiento espacios familiares como las terrazas y patios de sus casas, es decir, espacios abiertos, con mayor ventilación y con cierta tendencia a la escena pública. Por lo general, estos espacios familiares suelen estar acondicionados con árboles frondosos los cuales no sólo ofrecen sombra sino que también refrescan el lugar. De esta forma, las personas suelen sentarse bajo las sombras de estos árboles, o la producida por algún elemento arquitectónico, a conversar o realizar cualquier otra actividad mientras se refrescan. Esta actividad socio-espacial en Santa Marta es denominada como coger fresco o “coge’ fresco”. Cabe anotar que el concepto de coger fresco no se limita únicamente a horas del día, ya que si bien el sol descansa con la caída de la noche, esto no quiere decir que el clima o la temperatura varié mucho, siendo la noche bastante calurosa y difícil sin luz eléctrica o ventilador, el cual se hace tan indispensable en la vida de los samarios y se han acostumbrado tanto a su presencia, que aun en las noches más frías, donde no hay necesidad de él, es encendido para que los arrulle con sus cíclicos ruidos mecánicos. De esta forma, el uso de la terraza en los barrios populares de la ciudad, no se limita únicamente a las horas del día sino que también suele ser usado, inclusive con mayor frecuencia, durante las horas de la noche, ya que es este el horario en el cual la mayoría de las personas se encuentran descansando o libre de obligaciones.
Una terraza en Santa Marta es aquel espacio de la vivienda que media con lo público, es como un patio delantero, un zaguán. Técnica o arquitectónicamente, la terraza hace parte de la vivienda, es más, ella es la fachada de la casa y legalmente es propiedad privada.
Por lo general, muchas de las terrazas samarias demarcan o establecen su carácter privado cercándolas o decorándolas con pequeñas paredes y rejas metálicas con diversos modelos y ornamentas, en ellas florecen jardines o simplemente se pavimenta o se cubre con baldosas y zócalos. De esta forma cada familia trata de darle un carácter personal y estético a su casa. Otras, por su parte, no gozan de tanta estética, encontrando sobre ellas algunas que otras plantas, árboles, sin ninguna decoración o artificio que demarque una diferencia clara entre su territorio privado y el resto de la calle. Sin embargo, cabe aclarar que el uso de la terraza en Santa Marta no está sujeto a su estética física, sino al ofrecimiento de ciertas condiciones físicas que la hagan habitable durante horas del día, es decir, que ofrezca sombra, proteja del sol y gocé de cierta frescura en el ambiente frente a otros sitios de la casa. Durante las horas de la noche, y ante la ausencia del sol, las personas suelen ubicarse bajo el regazo de los árboles ya que por lo general estos espacios suelen ser mucho más frescos.
Desde el punto de vista social, las terrazas en los barrios populares de Santa Marta se constituyen en uno de los espacios de mayor relevancia y es, tal vez, el espacio social por excelencia ya que puede ser usado por personas de diversas edades y géneros, ya sea para coger fresco, recibir visitas, hacer tareas, comer o simplemente sentarse a mirar que pasa afuera. Esto se aprecia durante un recorrido cualquiera por alguno de los barrios populares de la ciudad, pues a simple vista se encontrara un alto número de personas socializando en las terrazas y aquellas donde no se encontraran personas es posible percibir objetos tales como sillas, mecedores, mesas, descansos, ropas tendidas, bancas o hamacas que darían evidencia de que estos espacios son usados, durante alguna hora del día, para diversas actividades domesticas, por las personas que habitan la vivienda. De este modo, las terrazas en la ciudad suelen suplir a espacios como salas, comedores, dormitorios, estudios, patios entre otros. La situación en la se puede apreciar el mayor grado de apropiación de las terrazas en los barrios populares de Santa Marta y en la escena pública barrial, se presenta en las ocasiones donde se carece de energía eléctrica, “cuando se va la luz”, ya sea de día o de noche, ya que ante la ausencia de fluido eléctrico, las personas se vuelcan hacia fuera de las casas ya sea para buscar refrescarse o buscar con qué entretenerse ante la ausencia del televisor, equipos de sonido y otros
electrodomésticos. De esta forma, se contempla a la gente sentada en sus terrazas, conversando, algunas sacan colchonetas o sabanas con almohadas para echarse un sueño en el suelo fresco.
La terraza en Santa Marta es el espacio familiar donde se encuentra en el intersticio entre lo público y lo privado. Muchas veces, sus límites son borrosos ya que en muchos casos donde se carece de terraza, y otros, como en algunos sectores del Barrio Obrero y muchos otros barrios populares, las personas suelen apropiarse del andén o de la carretera en su lugar, entablando así su vida social en estos espacios exteriores pero contiguos a su casa, los espacios llamados “la parte de afuera de la casa”, ubicando sillas y reuniéndose con los vecinos conversar durante horas del día, tarde y noche.
Por otro lado, están aquellas familias cuyas casas gozan de una terraza físicamente hablando, que inclusive se encuentran adecuadas para hacer amena la estancia en ellas, pero que por alguna otra razón prefieren apropiarse de los espacios públicos contiguos a sus casas. Tal es el caso de la familia del investigador, ya que en su vivienda se goza de una amplia terraza protegida contra el sol por un techo que se prolonga e inclusive se goza de la sombra un árbol que se encuentra en la propiedad, pero en muchas ocasiones, y aunque suene extraño, para tener algo más de comodidad y mayor privacidad frente a la personas que habitan la casa, se inicia un sutil desplazamiento hacia un pequeño solar, “el parquecito” como es llamado, bajo la sombra de un almendro y un roble para atender visitas, hacer fiestas, realizar trabajos fuertes tipo taller, entre otras cosas. Este espacio es conocido como la parte de afuera de la casa, así suelen referirse las personas de los barrios populares frente a este espacio público-privatizado. Legalmente este espacio es de propiedad colectiva o pública, pero las personas que habitan próximas a él ejercen cierto grado dominio y control. Los vecinos reconocen el dominio que otros vecinos tienen sobre este espacio y bajo ciertos códigos locales reconocen y respetan el derecho de propiedad que los demás adquieren sobre su respectivo escenario. Cabe aclarar que en no existe una delimitación física y clara a simple vista de estos entornos, ya que la distribución de estos lugares obedecen más a consenso, a un lenguaje socioespacial- barrial, el cual le permite reconocer a cada habitante del sector los límites del espacio, el
cierto control que ejercen sobre él y las obligaciones que cada quien tiene con estos espacios.