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3. The case studies: context, implementation and impact of the Pathfinder pilot

3.1 Why did schools become involved?

3.1.1 Implementation of the Pathfinder pilot

Como se mencionó en un principio, el impacto del Vaticano II y la conferencia de Medellín, generaron en varios miembros del clero un notable interés por la labor académica e investigativa. Con este propósito surge en 1972, el Centro de Investigación y Acción Social CIAS, cuyo equipo estaba conformado por laicos y jesuitas que habían sido enviados a distintas universidades para especializarse en cuestiones políticas y económicas (Henao, 1990, p. 4). El objetivo inicial del centro era apoyar el trabajo de la Coordinación Nacional de Acción Social, sin embargo poco a poco ese plan se fue transmutando hacia lograr cambios estructurales en la sociedad, basados en la doctrina social de la Iglesia.

Inicialmente el CIAS contó con el respaldo del episcopado, el cual puso bajo su administración el Instituto de Doctrina y estudios Sociales IDES, entidad creada por la Conferencia Episcopal desde 1968. Por medio de su control del IDES, el CIAS pudo desarrollar cursos que tenían por objeto la formación de agentes de pastoral que actuaran acordes con la realidad latinoamericana. Pero esta visión entró en conflicto con la posición del episcopado, el cual criticaba el método de enseñanza del CIAS, pues consideraba que este debía estar orientado hacia la formación de religiosos para trabajo jerárquico en las diócesis. Ante esto, el CIAS argumentaba que su trabajo se encontraba orientado para hacer que los religiosos latinoamericanos fuesen agentes del cambio social y no simplemente encargados de oficios religiosos. Este conflicto llevó a que la secretaría del episcopado le retirase al centro la dirección del IDES en 1971; el principal argumento de la jerarquía contra el CIAS fue la cercanía del centro con el sector académico, pues el episcopado consideraba que la influencia de este último mermaba el poder religioso. De esta manera el CIAS y sus miembros terminaron más cercanos a la academia y ganaron independencia con respecto a la Iglesia, sin embargo perdieron el respaldo institucional que representaba esta última (Cinep, 1998, pp. 26-29).

Después de estos sucesos el CIAS comienza a recibir una gran influencia del clero joven quien dio una un giro a la labor del centro, la cual dejo de ser exclusivamente académica y comenzó a apoyar nuevas formas de organización social acordes con el compromiso social del sacerdocio, el cual se combinaba con la labor investigativa. Estas ideas simpatizaban con el marxismo y la izquierda política, esto permitió acercamientos y

trabajo conjunto con sindicatos, asociaciones campesinas e indígenas (Henao, 1990, pp. 14-15).

Con esta nueva estrategia el CIAS, cambió su nombre en 1976 por el de Centro de Investigación y Educación Popular, Cinep, pues el término “Acción Social” hacía mención explícita a la doctrina social de la Iglesia, lo cual impediría llegar a un mundo secular (Cinep, 1998, p. 26). A partir de este cambio el centro empezó a desarrollar programas como empresas comunitarias rurales y urbanas que sirvieran de apoyo a la organización social, de esta manera el Cinep comenzó a acercarse a la realidad de la economía informal (Cinep, 1998, p. 37). También se adelantaron planes de alfabetización comunitaria en el municipio de Candelaria, Atlántico, así como proyectos de pastoral urbana y rural. La planta del Cinep se vio enriquecida con la llegada de profesores de la Universidad Nacional, de los Andes y del Externado, mermando la gran influencia que la Universidad Javeriana sostuvo en el centro por largo tiempo (Henao, 1990, pp. 23-25).

Aún con estos programas el Cinep, no dejó de lado la labor académica y en sus publicaciones se mostraron los problemas de los partidos tradicionales generados por sus manejos políticos y económicos en las regiones, así como temas sobre derechos sociales y reforma agraria (Cinep, 1998, p. 41). Estas posturas eran discutidas en seminarios internos realizados por el Centro, algunos de estos seminarios fueron realizados en torno al marxismo y sus teorías económicas y sociales. Esto llevó a que el Cinep fuese estigmatizado por el Estado, que comenzó a asentirse afectado por las críticas que hacía el centro a sus políticas económicas.6

El Cinep comenzó a tener problemas no sólo con el gobierno, sino también con la jerarquía eclesiástica. Ya el Cinep había llevado su parte en el documento Identidad Cristina en la Acción por la Justicia, en dicho documento se sindicaba al Cinep de hacer parte de un grupo que “…como tal lo conforman sacerdotes que son parte notable

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Según el Padre Alejandro Angulo, director del Cinep hacia 1975: “Ya el Cinep desde sus inicios había tenido unos problemas en ese sentido, porque los primeros cursos que se realizaron en el Cinep fueron sobre el Marxismo y se realizaron seminarios abiertos donde se destaca la participación de Antanas Mockus, Salomón Kalmanovitz, entre otros. (...) Es decir eran seminarios de estudio, más no tenían fines políticos. De nuestros participantes no recuerdo ninguno del Partido Comunista, los asistentes eran académicos y miembros del Cinep que daban clases sobre temas de sociología y economía marxista en distintas universidades.”

en instituciones de investigación o centros de estudios o que participan de las mismas tesis. Sus escritos son beligerantes y sus actuaciones llevan el sello del agudo enfrentamiento con la jerarquía” (Conferencia Episcopal de Colombia, 1976, p. 11).7 De igual manera su posición crítica ante el Estado le generó problemas, los cuales se hicieron mayores cuando el Cinep comenzó a tocar el tema de la defensa los derechos humanos para este propósito crearon una oficina de defensa jurídica popular, dirigida inicialmente a la defensa del derecho a la vivienda, pero después iniciaron apoyo en la defensa de presos políticos y estudios que hacían una revisión crítica del derecho dirigido a que este estuviera al servicio de los más pobres (Cinep, 1998, pp. 212-213). Esto llevó a que en repetidas ocasiones los sectores poderosos afirmasen que el Cinep tenía lazos con grupos armados irregulares como ocurrió en el gobierno de Julio César Turbay.

Como hemos visto, la división en la Iglesia Católica es consecuencia de dos visiones, en torno al papel y función social de los religiosos. Mientras el episcopado persistía en su labor tradicional de entidad legitimadora de las instituciones y de mantenimiento de su poder, los sectores progresistas intentarán construir una nueva Iglesia cuya función estuviese orientada hacia la superación de las desigualdades sociales. Sin embargo esta visión era contraria no solamente a la opinión de la jerarquía, sino también a la de todo el Estado, el cual intercambiaba apoyos mutuos con el episcopado. Así, al desafiar al Estado, los sectores católicos de oposición perdieron el respaldo institucional de la Iglesia, por lo cual, el Estado y los militares a lo largo de los setenta, pudieron considerar a los religiosos opositores como subversivos y amenazas para el orden institucional.

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