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LEARNING AND GROWTH PERSPECTIVE

4.4 Implementation Plan

Hubo un sitio en América Central que mereció recibir cierta cobertura por parte de los medios de comunicación norteamericanos antes de la revolución sandinista, y era Guatemala. En 1944 una revolución derrocó a un tirano vicioso, que condujo al establecimiento de un gobierno democrático que, básicamente, se constituyó conforme al modelo del «Nuevo Pacto» de Roosevelt. En los diez años siguientes, se pusieron con éxito los cimientos de un desarrollo económico independiente.

Esto causó una verdadera histeria en Washington. Eisenhower y Dulles advirtieron que «la propia defensa y supervivencia» de Estados Unidos estaba en entredicho hasta que el virus Fuera exterminado. Los informes del espionaje norteamericano fueron bastante ingenuos al informar sobre los peligros que pudiera reportar una democracia capitalista en Guatemala.

Un memorándum de la CIA fechado en 1952 describe la situación en Guatemala como «contraria a los intereses norteamericanos» a causa de la «influencia del

comunismo… basada en la defensa de reformas sociales y políticas de corte nacionalista». El documento advertía que Guatemala «ha incrementado su apoyo a los comunistas y a otros militantes anti-norteamericanos en otros países centroamericanos». Un ejemplo citado fue el presunto regalo recibido por Figueres

consistente en 300 000 dólares.

Ya que lo mencionamos, hay que señalar que José Figueres fue el fundador de la democracia en Costa Rica y una de las figuras predominantes de América Central. Aunque cooperó ilusionadamente con la CIA, llamó a Estados Unidos «el portaestandarte de nuestra causa» y fue elogiado por nuestro embajador en Costa Rica como «la mejor agencia de publicidad que la United Fruit Company ha podido encontrar en toda América Latina», Figueres tenía una línea independiente, y por eso no era considerado tan fiable como Somoza u otros gánsteres a nuestro servicio.

Según la retórica política de los EEUU, esto le hacía sospechoso de «comunismo». De manera que si Guatemala le daba dinero para ganar las elecciones, se demostraba que Guatemala apoyaba a los comunistas.

Y todavía peor, el mismo documento de la CIA continuaba afirmando que «la

política radical y nacionalista» del Gobierno democrático y capitalista guatemalteco

que incluía «la persecución de los intereses económicos extranjeros, especialmente los de la

United Fruit Company» se había ganado «la simpatía y apoyo de casi todos los

guatemaltecos». El gobierno estaba procediendo a movilizar «el tejido políticamente

muerto de los campesinos» con el fin de minar el poder de los grandes terratenientes.

Y aún más, la revolución de 1944 había levantado «un potente movimiento nacional para liberar a Guatemala de los dictadores militares, el control social y el colonialismo económico que habían sido los cimientos del pasado» e «inspirado la conformidad y lealtad de los sectores más concienciados de Guatemala al propio interés nacional». Las cosas fueron incluso a peor después de acometerse con éxito una

reforma agraria, lo que podría llevar a amenazar la «estabilidad» en los países vecinos donde sus maltratadas poblaciones seguían de cerca estos hechos.

O sea que la situación se estaba poniendo fea, de manera que la CIA llevó a cabo con éxito un golpe militar. Guatemala se convirtió en el matadero que aún es hoy, con intervenciones regulares de Estados Unidos cuando las cosas amenazaban con irse de las manos.

Al final de la década de los setenta, las atrocidades subieron un grado por encima de lo normal, lo que provocó protestas formales. Todavía, al contrario de lo que mucha gente creía, la ayuda militar a Guatemala continuó afluyendo casi al mismo nivel anterior durante la administración Carter «de los derechos humanos». También se implicó a nuestros aliados, especialmente Israel, ya que se consideraba a este país, un «elemento estratégico» dada su experiencia como Estado terrorista.

Bajo la administración Reagan, el apoyo al genocidio en Guatemala continuó imperturbable. El más furibundo admirador de Hitler, Ríos Montt, era apoyado y elogiado por Reagan como un hombre enteramente dedicado a la causa de la democracia. A principios de los años ochenta, el amigo de Washington masacró a decenas de miles de guatemaltecos, la mayoría indígenas de las montañas, mientras un número incontable era torturado y violado. Grandes zonas fueron diezmadas.

En 1988 un recién abierto periódico guatemalteco, La Época, fue dinamitado por terroristas pagados por el gobierno. En ese momento, los medios de comunicación en Norteamérica hacían hincapié en el hecho de que el periódico fundado por EEUU en Nicaragua, La Prensa, hubiera dejado de salir dos días

forzado por la carencia de papel prensa, lo que condujo a un torrente de críticas y despropósitos en el Washington Post y en otros medios sobre el totalitarismo sandinista.

Por otra parte, la destrucción de La Época no fue recogido en los medios norteamericanos, a pesar de que era bien conocido en los medios periodísticos. Naturalmente no podían informar que las fuerzas de seguridad respaldadas por EEUU, habían silenciado a la única y diminuta voz que había intentado hacerse oír en Guatemala unas semanas antes.

Un año después un periodista de La Época, Julio Godoy, que había huido después de la explosión volvió a Guatemala para una corta visita. Cuando regresó a Estados Unidos, contrastó la situación de América Central con la de Europa del Este. Los europeos del este «son más afortunados que los Centroamericanos» escribió Godoy porque:

»… mientras el gobierno impuesto por Moscú en Praga ha degradado y humillado a los reformistas, el gobierno impuesto por Washington en Guatemala los hubiera matado. De hecho lo está haciendo en un virtual genocidio que ha causado más de 150 000 víctimas, lo que Amnistía Internacional llama un programa gubernamental de asesinatos políticos.

La prensa o bien se conforma o bien desaparece como La Época.

«Uno está tentado a creer», continua Godoy, «que alguien en la Casa Blanca adora a los dioses aztecas ofreciéndoles la sangre de los centroamericanos». Y cita a

un diplomático occidental que afirmó: «si los norteamericanos no cambian su actitud

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