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Mijaíl Bajtin en su célebre libro La Cultura Popular en la Edad Media y el Renacimiento, señala que las fiestas oficiales contribuyen a consagrar, sancionar y fortificar el régimen vigente. A su vez, tienden a perpetuar la estabilidad, la inmutabilidad y la perennidad de las reglas que rigen el mundo,102 puesto que las distinciones jerárquicas se destacan de tal manera que los que detentan el poder deben ser fácilmente visibles y los súbditos estar en una posición inferior, expectante y sumisa.

100Bourdieu, Pierre,Óp. cit, pp. 143-144.

101Nosotros, Los Muchachos, pp. 10, 36; La Voz del Interior, 20/09/1954. 102

Bajtín, Mijaíl, La Cultura Popular en la Edad Media y el renacimiento, Alianza editorial, Madrid, 1990. p. 6.

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En la jornada estudiantil de septiembre de 1954, auspiciada por la gobernación de Córdoba, podemos señalar que la fiesta oficial intentaba disciplinar y enmarcar las actividades dentro de la concepción peroniana de la sociedad. Se trataba de una mirada monolítica, estamental, jerárquica, patriarcal y ordenada (sentido muy semejante al orden católico, pero en tensión por establecer quién es el dador de tal sentido). La disposición espacial, el discurso del gobernador y ministros, la formación y marcha de los colegios reflejaba un estado de festividad muy poco presta a correrse de los márgenes establecidos por la hegemonía gubernativa.

Un protagonista muy imparcial, el sacerdote Cargnelutti, daba cuenta del ánimo de la festividad oficial. Señalaba que eran un poco más de 1.100 alumnos, que, con uniformes nuevos, marchaban a paso militar por las calles de la ciudad dirigidos por profesores de gimnasia. Las fotografías de los diarios mostraban la plaza San Martín con un palco oficial ubicado frente a columnas de alumnos que portaban estandartes con los nombres de sus colegios, entonaban el Himno Nacional y a continuación escuchaban las palabras de miembros de la UES. Luego, el gobernador Lucini se refirió a “la magnífica jornada, apelando a la emotividad y la sabiduría del General Perón y Eva Perón como conductores de la Patria nueva”.103

Era un mensaje que instaba a la juventud a emular a sus mayores y proseguir en el camino de la soberanía política y la independencia económica de acuerdo con los parámetros peronistas.

Los conceptos de Bajtin pueden servirnos para entender la cuestión de la ubicación espacial como una disposición de la distribución del poder. En el caso de la festividad oficial del 19 de septiembre, el palco gubernativo marcaba las jerarquías, la disposición de los actores (en el centro el gobernador flanqueado por sus funcionarios y autoridades diversas y los referentes estudiantiles), señalan los ángulos en los cuales cada uno debía tomar su lugar, sin margen para la improvisación. El público convocado seguía los acontecimientos desde los lugares asignados, cantando el himno y saludando a las autoridades, custodiadas por personal policial. Podemos inferir de la escena un orden inconmovible, un acatamiento a la jerarquía y una subordinación a los valores que desde el Estado se intentaba impregnar a la sociedad.

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El desfile de carrozas del mismo 19 de septiembre, por su parte, y como ya nombramos más arriba, fue una demostración festiva de alto poder simbólico: 120 carrozas con motivos alegóricos cruzaban la ciudad y llenaban el ambiente de imágenes creativas y coloridas. Los protagonistas eran los jóvenes, las jerarquías se relajaban (en tanto la centralidad estaba puesta en las carrozas y no en una figura institucional, que de hecho estaba ausente), la muchedumbre acompañaba vitoreando consignas alegres, arrojando flores al paso de las carrozas, denotando una amplia simpatía de la ciudadanía que, quizá, en ese momento se sintió algo liberada de la creciente presión que ejercía el universo de ideas peronistas sobre el conjunto de la sociedad.

Así lo inferimos de las fotografías y las notas periodísticas que los diarios escriben sobre la jornada, pero cabe resaltar que mientras Los Principios le dedica la tapa y varias páginas a este evento, La Voz del Interior y el Córdoba le otorgan un lugar menor, dando muestras de la intencionalidad política puntual que el diario perteneciente al Arzobispado quería imponer sobre la opinión pública.

Para el caso de la fiesta del MCJ no se puede hablar de una subversión total de los valores, y menos de un actor como la Iglesia, pero sí claramente de un desafío a esta irradiación de ideas que desde el oficialismo se quería imponer. La iniciativa del desfile de carrozas, con motivos elegidos por los propios alumnos, la marcha por el centro de la ciudad alterando el orden, las consignas y canciones que se entonaban, habría generado en las personas que se acercaban a presenciar el desfile una singular emoción que, si no contrariaba, por lo menos causaba resquemor en las filas gubernativas. Para darnos una idea de la magnificencia e imponencia de la escena, y del impacto visual y simbólico que pudo haber tenido, imaginémonos por un instante el tiempo demandado para un espectáculo de monumental envergadura. Se trataba del desfile de 120 carrozas -del tamaño de un auto o de un colectivo-, que avanzaban parsimoniosamente por un número importante de cuadras céntricas, a la vista de entusiastas y curiosos que se detenían en las veredas o miraban desde los balcones. Hacemos hincapié en esos palcos improvisados que eran los balcones, porque multiplicaban los focos de atención y le agregaban una visión adicional al espectáculo.

Más adelante se podrá comprobar cómo esta intervención callejera alteró las relaciones peronismo-espacio público-oposición, inclinando el predominio del uso público hacia esta última.

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Otro elemento de análisis que Bajtin resalta de la obra de Rabeleis es la risa. La risa constituiría un componente fundamental a la hora de situarse en una posición de insubordinación frente a los poderes establecidos, sería la contestación cómica a una situación de opresión que durante los días festivos tenía la posibilidad de expresarse.104

En las crónicas periodísticas de la caravana de carrozas se destacan la risa y la alegría como los puntos aglutinantes. La alegría que rodeaba la marcha, era una alegría juvenil que impactaba sobre ciertos convencionalismos, tanto hacia la sociedad como hacia dentro de la Iglesia. Recuerda Quinto Cargnelutti que “no faltó la oposición de mentalidades conservadoras, aun dentro del clero, obsesas tal vez por el tema del sexo y del „sentido pagano‟ de las celebraciones juveniles”,105

con respecto a festejar la primavera y hacerlo con alegría y diversión. Es por ello que rescatamos también la celebración de la Semana de Afirmación Estudiantil como un desafío a cierta moral imperante, que atravesaba a buena parte de la sociedad cordobesa de mediados de siglo XX. No se trataba de un desafío abierto, ni renovador, sino que intentaba incorporar aristas más creativas a la hora de imponer su visión y modelo de vida.

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