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el Espíritu Santo quiere".

Sumariamente recapitularemos y reflexionaremos algunos de los elementos ya consignados en el estudio de este apartado. Nuevamente, no pretendemos ser exhaustivos, sólo nos detendremos en puntualizar algunos emergentes que configuran un inicial y fundamental pensamiento teológico-pastoral. Brevemente sintetizaremos, en un primer momento, algunos de los temas estudiados en las intervenciones conciliares de Mons. Angelelli sobre el Decreto Presbyterorum ordinis (PO), y luego nos abocaremos a señalar unas consecuencias, reconocidas por nuestro autor, sobre el diálogo en la evangelización.

Nos detendremos en el primero, dado que ocupó un espacio destacado entre las demás intervenciones conciliares de nuestro obispo. En esta ocasión, haremos las correspondientes referencias a la asimilación reflejada de aquéllas en el decreto aprobado definitivamente. Ante todo, podemos observar una incisiva insistencia en renovar la naturaleza sacramental, la espiritualidad y la formación presbiteral. Angelelli, ubicado en los nuevos tiempos históricos vivido por el mundo y la Iglesia, pugna para que la renovación teológica y pastoral del Concilio abarque y comprenda al presbiterio. No sólo como destinatario de las reflexiones y acciones proyectadas por los Padres Sinodales, sino como “próvidos cooperadores del Orden Episcopal”, es decir, los más cercanos colaboradores al ministerio episcopal.

Angelelli vislumbra la naturaleza teológica del presbiterio en íntima comunión de vida y misión con el Misterio Pascual de Cristo. Acontecimiento salvífico, en el cual participa la comunidad presbiteral (cf. PO 7-8), en el misterio de la Iglesia, unida al Orden Episcopal, construyendo, santificando y apacentando al Pueblo de Dios, mediante la entrega de su propia vida, el anuncio del Evangelio, la ofrenda de la Eucaristía y el pastoreo de la comunidad.

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Nuestro obispo, al promover la renovación del orden presbiteral, lo hace a favor de conformar una única comunidad sacerdotal “en torno al Obispo” y con el Obispo, identificando la dignidad y la misión del oficio ministerial no sólo en los individuos, sino en la comunión que entre sí edificarían (los presbíteros junto al Obispo), para llegar a ser un signo sacramental de los dones que viven y testifican como ministros del misterio de Cristo.

La naturaleza teologal del orden presbiteral, indicada por Angelelli, requería de una profunda conversión y de la asimilación de una espiritualidad centrada en la santidad del ministerio (cf. PO 12), “hombre de Dios, sacado de los hombres” (cf. PO 3). Para alcanzar este fin, indica que deberá sustentarse en las virtudes teologales y las cardinales (cf. PO 22), en los dones del Espíritu Santo (cf. PO 18), en la identificación con el Misterio Pascual celebrado en la liturgia (cf. PO 13), equilibrando la vida espiritual con la pastoral (cf. PO 14) y en las promesas sacerdotales (cf. PO 15-17).

Para fortalecer la identidad y la espiritualidad del ministerio, subraya renovadas propuestas formativas en la etapa seminarística. Entre ellas destacamos, el afán de una formación integral (cf. PO 19) y la encarnación del ministerio en el mundo mudable (cf. PO 1.22).266 Estas sugerencias, junto a las formulaciones sobre la identidad y la espiritualidad

presbiteral centradas en la configuración a Cristo en su Misterio Pascual,267 permitirían y

harían accesible construir y sostener el gozoso desempeño del ministerio sacerdotal.

Además, notamos la insistencia de Enrique Angelelli para que la vida y la misión del presbiterio en la Iglesia y en el mundo estén sostenidas desde las improntas del gozo, la acción de gracias y un sano optimismo. Subrayamos la satisfacción de nuestro obispo cuando los Padres Sinodales reconocieron estos aspectos, en los servicios de los presbíteros en el mundo, esparciendo las semillas del Evangelio, particularmente en PO 22.

Luego de nuestro recorrido sobre el PO, pasaremos a relevar la significación que le da Mons. Angelelli al diálogo, en cuanto actitud evangelizadora de la Iglesia para el encuentro con los hombres y sus culturas, acorde con las situaciones del mundo contemporáneo. De esta

266 Sucintamente hemos recorrido las principales mociones que presentara nuestro obispo en el Concilio,

observando que la mayoría de ellas fueron asumidas por el decreto en su redacción definitiva.

267 El presbítero recibe del único y definitivo sacrificio de la cruz la dignidad y la misión del sacerdocio de la

Nueva Alianza. En Cristo encuentra su propia imagen auténtica, recibiendo también de Él una participación real y ontológica de su eterno y único sacerdocio, al que está llamado a conformar toda su vida. Cf. PDV 13.

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forma, la acción pastoral de la Iglesia se convertirá en transformadora del mundo desde las exigencias del Reino, y facilitadora del diálogo con quienes, desde otros presupuestos, son buscadores de un mundo y una sociedad más humana.

La actitud dialogante, como metodología y fin evangelizador, favorecerá la valoración de las distintas culturas humanas, haciendo emerger lo que hoy conceptualizamos como “inculturación”. La evangelización de la cultura y la inculturación del evangelio favorecerán un diálogo más directo y profundo con los distintos integrantes de la humanidad. Asimismo, facilitará que se diversifique, de forma sustancial, la acción pastoral de la Iglesia, de tal modo que pueda responder creativamente, desde las opciones evangélicas, a las situaciones cambiantes del mundo. Esta acción ya no consistirá en repetir, en todos los lugares y de la misma manera, cada una de las acciones, sino en integrarlas y expresarlas en el lenguaje cultural del hombre. La opción dialogante de la Iglesia en la evangelización deberá ser integral y complementará la acción eclesial restringida en lo cúltico, esta última, función sectorial de la Iglesia.

Si, para Angelelli, el diálogo construiría un nuevo modo de ser y de accionar en la evangelización, también lo sugiere al interior del Pueblo de Dios, por ejemplo: en la designación de los obispos; en organismos de conducción pastoral; con los cristianos de otras Iglesias y los integrantes de diversas religiones; entre los obispos y los sacerdotes y los laicos; entre las diversas tomas de postura ante los documentos conciliares; entre seminaristas y superiores; etcétera.

Concluimos estas breves indicaciones, resaltando algunas actitudes eclesiales relevadas por nuestro obispo, en la evangelización abierta por el Concilio: el testimonio de pobreza y la inclusión de los pobres en las estructuras eclesiales (particularmente en la educación); la incorporación de la cultura como concepto englobante del fin y del quehacer educativo; el rechazo de todo tipo de proselitismo religioso; el persistente llamado a la conversión y a la adecuación de los tiempos vividos por el mundo y sus implicancias para la pastoral eclesial; la santidad de vida expresada, particularmente, en las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo; etcétera. Entre los aquí enumerados, persiste en forma continua el llamado a la conversión. Observamos que esta actitud se relaciona con la humildad y con la convicción de que toda obra es de Dios. Por ello también remarca la necesaria vivencia de las virtudes teologales y la santidad de vida. Junto a estas conceptualizaciones, resalta la importancia del

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testimonio de vida (de los ministros ordenados y laicado) y sus implicancias para una auténtica evangelización.

Después de haber estudiado los aportes y las reflexiones que emanaron de un pastor conciliar, seguidamente nos detendremos en reflexionar algunos servicios y situaciones vividas por Mons. Enrique Angelelli como Obispo Auxiliar de Córdoba. En este próximo apartado del capítulo, a modo de anexo final, deseamos hacer una breve exposición (sin mayores pretensiones) de los siguientes tópicos: su paso como Rector del Seminario Mayor de Córdoba (1963 y 1965); el análisis de una Exhortación Pastoral que difundiera a fines de 1963 y el rol que asumiera ante el conflicto suscitado entre el clero y el Arzobispo de Córdoba, Mons. Ramón Castellano, entre 1964 y 1965. Aspiramos a dar una cierta aproximación a algunos conflictos que se sucedieron en la Arquidiócesis de Córdoba, en el período en que se desarrollaba el Concilio Vaticano II. También indicaremos (sucintamente) otros similares y contemporáneos en otras diócesis de Argentina. Deseamos observar que la recepción del Concilio, obviamente no estuvo exenta de tensiones y sinsabores. Finalmente y muy sumariamente nos referiremos a algunos servicios de Mons. Angelelli como Auxiliar de Mons. Raúl Primatesta, Arzobispo de Córdoba, hasta su designación como residencial de La Rioja.

5. Algunos servicios de Mons. Enrique Angelelli, Obispo Auxiliar

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