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IMPLEMENTING, TRANSITIONAL AND FINAL PROVISIONS CHAPTER

Concepto también polisémico y dinámico, en consonancia con las nociones de espacio geográfico y de territorio explicitadas en los párrafos anteriores, se considera a la región como una importante categoría de análisis que permite captar cómo una misma forma de producción se plantea en diferentes partes del planeta o dentro de un mismo país articulando la nueva dinámica con las condiciones preexistentes en una nueva forma de producción del espacio (Santos, 1996). Por lo tanto,

“comprender la región implica entender el funcionamiento de la economía a nivel mundial y su respuesta en el territorio de un país, con la mediación del Estado, de las demás instituciones y del conjunto de los agentes de la economía, empezando por sus actores hegemónicos” (Santos, 1996: 46).

La idea de hegemonía y de actores hegemónicos también debe ser clarificada en esta instancia. En su acepción tradicional, político militar, etimológica, hegemonía alude a la idea de dominio de un Estado sobre otro apoyada no sólo en la supremacía militar, sino también en una preeminencia económica y cultural. De esta manera, desde una concepción relacional, puede definirse la hegemonía como una forma de poder de hecho.

Sin embargo, la concepción de hegemonía Antonio Gramsci trasciende esta acepción y permite contar con una herramienta conceptual que complejiza el abordaje de la problemática planteada. En el contexto del sistema capitalista, la supremacía de una clase social o de una fracción de clase sobre otra se apoya en la existencia de estructuras de pensamiento que aseguran su supremacía. Según Gramsci (2011), los hombres actúan en base a dos

conciencias o a una misma conciencia contradictoria: “una implícita en su hacer, y que realmente lo une a todos sus colaboradores en la transformación práctica de la realidad, y otra superficialmente explícita o verbal, que ha heredado del pasado y la ha recogido sin crítica” (273). Esta fase de la conciencia tiene como consecuencia, según Gramsci, que

“vuelve a anudar al sujeto con un determinado grupo social, influye en su conducta moral, en la orientación de su voluntad, de una manera más o menos enérgica, que puede llegar a un punto en el cual la contradictoriedad de la conciencia no permita ya ninguna acción, ninguna decisión, ninguna elección, y produzca un estado de pasividad moral y política” (2011: 273).

Aquí radica el núcleo y la capacidad de las fuerzas hegemónicas de perpetuar el sistema, acompañadas de una élite de intelectuales organizada a través de un proceso de interacción dialéctica intelectuales-masa y de los partidos políticos que elaboran y difunden concepciones del mundo acordes y coherentes con el sistema a perpetuar17.

Abordada desde la Sociología y la Geografía, la noción de región es retomada por los historiadores, quienes plantean a partir del pionero trabajo de Eric Von Young (1991) para América Latina, que la región no es un constructo dado sino “una hipótesis por demostrar” (2) y que “el análisis regional ayuda a resolver la tensión entre la generalización y la particularización” (4). Un aspecto más que interesante de la propuesta de Von Young es el paralelismo y la intersección que establece entre los conceptos teóricos de región y clase

17La hegemonía no es sólo una forma de ejercicio del poder de las clases dominantes, sino que cumple un rol indispensable en la propuesta revolucionaria de Gramsci, ya que el proceso de toma de conciencia, de la autoconciencia crítica, de ser parte de una determinada fuerza hegemónica es la primera fase de una progresiva separación y toma de conciencia que finalmente unificará la teoría y la práctica revolucionaria. “Hay que subrayar que el desarrollo político del concepto de hegemonía

representa un gran progreso filosófico, además de político- práctico, porque implica necesariamente y supone una unidad intelectual y una ética concorde con una concepción de lo real que ha superado el sentido común y se ha convertido -aunque dentro de límites todavía estrechos- en concepción crítica” (Gramsci, 2011: 273).

social, ya que considera que la primera espacializa relaciones económicas y la segunda relaciones sociales, al tiempo que comparten otras tres características interrelacionadas: la diferenciación entre sus componentes, la jerarquización de los mismos y la articulación entre los integrantes del sistema.

Ya en Argentina y desde la Geografía, Gerardo De Jong (2001, 2009) plantea que la concepción de totalidad debe primar en los estudios regionales desde una perspectiva comprensiva e histórica y que la explicación de la realidad regional es más simple y creativa si se utilizan los instrumentos teórico-metodológicos adecuados. Según De Jong:

“El miedo a investigar la complejidad de la realidad regional (estructura, superestructura y medio natural), donde nada es dejado al azar, se resuelve en la búsqueda de la complejidad dialéctica de las situaciones y donde la libertad y la creatividad del individuo como ser pensante encuentra su campo de realización natural” (2001: 48).

Por su parte, los historiadores argentinos también se han dedicado a reflexionar sobre la cuestión regional. Refiriéndose específicamente a la historia agraria regional, Noemí Girbal Blacha (2006, 2007, 2008, 2010), sostiene que su abordaje no puede ser realizado desde una sola perspectiva, ya sea económica, social, política, institucional o cultural. Por el contrario, propone “compendiar todos estos aspectos, poniendo el acento en el análisis de casos particulares que den sentido a la micro-historia para explicar los procesos macro-históricos del heterogéneo mundo rural argentino” (423).

En esta línea se mantienen autores como Sandra Fernández y Gabriela Dalla Corte (2001), Daniel Campi (1999, 2001) y Susana Bandieri (2001, 2006, 2007), para quienes las regiones no son entidades dadas a priori sino construcciones históricas. La historia regional

constituiría entonces un campo de investigación que “permitiría establecer nuevas coordenadas para la práctica historiográfica” (Fernández y Della Corte, 2001: 20), superando las clásicas visiones regionalistas desvinculadas de los contextos macrosociales. En tal sentido, destacando que no es lo mismo micro-historia que historia regional, Susana Bandieri sostiene que para que el concepto de región se vuelva operativo es necesario construir la región a partir de “las interacciones sociales que la definen como tal en espacio y tiempo, dejando de lado cualquier delimitación previa que pretenda concebirla como una totalidad preexistente con rasgos de homogeneidad preestablecidos” (2001: 106).

Por último y en consonancia con la perspectiva teórica adoptada fruto del diálogo con la Geografía y la Sociología, las regiones son “desde nuestra perspectiva de historiadores, espacios humanizados singulares, que son modificados y se reestructuran, precisamente, a través de la actividad humana” (Campi, 2001: 87). Ahora bien, de acuerdo con la propuesta de De Jong y Bandieri, “gran parte de la comprensión de la sociedad regional responde al conocimiento de las actividades económicas del hombre y que éstas no son otra cosa que la expresión de la relación hombre-espacio” (Bandieri, 2001: 105), por lo que es necesario reconstruir desde una perspectiva diacrónica el funcionamiento y dinámica de las actividades de producción, apropiación, circulación y distribución de recursos, identificar los actores intervinientes y analizar la compleja trama de relaciones sociales que se generan en estos subsistemas que conforman parte de un orden nacional y mundial que los abarca.

Capítulo 2. Acerca de la dominación, apropiación y producción de

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