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4. DISCUSSION

4.3. Implications And Recommendations

Tiempo después de la aparición de las teorías TREC y TCC, y tras numerosas investigaciones relacionadas inicialmente con el estrés y posteriormente con las emociones en su conjunto, Richard S. Lazarus propuso la teoría Cognitiva- Motivacional-Relacional de las Emociones (TCMR) (Folkman & Lazarus, 1991; Lazarus, 1991; Lazarus & Folkman, 1984), en ella se enfatiza la importancia de la evaluación y el afrontamiento en la aparición y significado de la emoción. Llegamos así, al tercer pilar teórico de esta investigación.

Según este autor, cognición y emoción se interrelacionan, siendo la actividad cognitiva necesaria para que la emoción tenga lugar (Lazarus, 1991).

La condición “necesaria” de la emoción es el campo cognitivo y apunta, como

tarea para la investigación, determinar los tipos de cogniciones que determinan las distintas emociones; y añade que es la evaluación el factor clave en la evolución de los procesos adaptativos. Lazarus (2000) afirma también que existen distintos tipos de ansiedad en función de cómo esta afecta a cada persona, de su componente subjetivo en definitiva, de ahí la importancia del

concepto utilizado por el autor, relational meaning (tema relacional) del cual

hablaremos más adelante.

Un ejemplo de ello tendría lugar durante un partido igualado en el cual un jugador, tras haber sido expulsado, reaccionaría con ira, otro con tristeza,

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interpretada como una prueba para la auto-superación y desencadenar coraje, o puede ser interpretada como una gran contrariedad y despertar la frustración y la rabia de quien la padece. El dolor también está condicionado por la evaluación individual realizada sobre el mismo (Heil, 2000).

Se pone de relieve una vez más, que es la mirada, visión o interpretación del individuo la que determina las consecuencias emocionales de los acontecimientos vividos. Eso no significa, no obstante, que no existan situaciones en las que el componente cognitivo sea secundario, ya muchas de las situaciones que nos acontecen han sido suscitadas por la emoción y la consecuencia de ello es lo que denominamos sentimiento o afecto (procesamiento cognitivo de la emoción) (Lazarus & Folkman, 1984).

Lazarus (1991, 1999, 2000) hace también especial hincapié en el papel de las motivaciones, las metas y los antecedentes, los cuales nos influyen sobre la evaluación que realizamos de los acontecimientos a los que nos enfrentamos, como lo son las situaciones habituales de competición y aquellas propias de la vida deportiva. Este autor establece una serie de ideas y conceptos claves dentro de la dinámica de las emociones que lo diferencian de las demás teorías.

En primer lugar se produce la valoración primaria en la cual el sujeto

analiza si el acontecimiento es relevante en relación a sus metas. La valoración primaria considera la relevancia personal, la congruencia y el ego implicativo.

A continuación, tiene lugar la valoración secundaria referente a las posibilidades

de afrontamiento del individuo; en esta segunda valoración tienen lugar los

procesos cognitivos y conductuales que permiten hacer frente a la situación dada; los tres aspectos de la valoración secundaria son: la culpa o responsabilidad por el daño, el potencial de afrontamiento y las expectativas futuras. Estas habilidades de afrontamiento estarán enfocadas bien hacia el problema (estrategias para aliviar la fuente de estrés), o bien hacia la emoción (Lazarus & Folkman, 1984).

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ansiedad, tristeza, temor, culpa, vergüenza, envidia, celos, felicidad, orgullo,

alivio, esperanza, amor, gratitud, compasión) con su correspondiente tema

relacional, deja claro que es en última instancia la valoración individual la que prima sobre el significado de la emoción en particular; es decir, las emociones van a despertar ciertas reacciones siempre y cuando éstas sean interpretadas de la misma manera por los distintos individuos, lo que sucede en la mayoría de las ocasiones debido a aspectos biológicos y socioculturales.

El concepto “tema relacional” es otro de los aspectos clave en la TCMR

puesto que es distintivo de cada emoción (a cada una de ellas se le atribuye un significado propio responsable de suscitar una emoción determinada) y media entre la evaluación individual y el entorno (Lazarus, 1991, 2000). Y define la emoción como:

Una reacción psicofisiológica a los acontecimientos que se presentan. (…)

Esta reacción tiene lugar a tres niveles: relato/declaración interna de la experiencia subjetiva (conocida como afecto), conductas o impulsos de

acción y cambios fisiológicos.” (…) sin embargo, una definición completa

de la emoción debería incluir las variables cognitiva, motivacional y relacional, así como los procesos implicados en el mantenimiento y la activación de la emoción puesto que éstos son parte del fenómeno en sí y ayudan a entenderlo. (Lazarus, 2000, p. 230)

Enfatizando que lo que media psicológicamente en la emoción es la evaluación o valoración personal que hace cada individuo en relación al bienestar. Lazarus (2000), al igual que Ellis, se remonta al pensamiento de Platón y Aristóteles de la Grecia Clásica como el origen del enfoque cognitivo de la emoción, que, en su opinión, nada tiene de revolución.

Así, encontramos el punto de unión entre las tres teorías (Ellis, Beck y Lazarus). Todas ellas abordan la emoción desde un enfoque cognitivo en el cual el individuo tiene la capacidad de elección ante la manera de afrontar los acontecimientos que le suceden. El deportista, en su caso, elegirá cómo

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interpretar las vicisitudes de la competición y del entrenamiento de manera que los comportamientos, pensamientos y emociones consecuentes le dirijan en una dirección más o menos constructiva, en definitiva, que le acerque más o menos a los objetivos propuestos.

La teoría TCMR de Lazarus cumple un papel determinante y muy esclarecedor en el ámbito deportivo (ver Jones, 2003) ya que permite observar cómo el deportista analiza y afronta las situaciones a las que se enfrenta, de tal manera que la evaluación de la emoción, la valoración cognitiva que hace sobre la misma y su capacidad de afrontamiento determinarán la eficacia en el logro de las metas propuestas.

Tras esta breve contextualización teórica estamos en disposición de adentrarnos en el terreno deportivo con el fin de conocer cuál es el estado de la cuestión. Para ello haremos un repaso sobre el estudio de las emociones en el deporte, poniendo el foco tanto en las emociones positivas y en cuáles han sido los instrumentos más utilizados hasta la fecha -específicamente en lo referente a la evaluación de las Emociones Positivas y a la Inteligencia Emocional- como en la manera en que los deportistas afrontan las cuestiones propias de la vida deportiva. Esto, además, nos permitirá conocer con mayor exactitud de qué manera se ha realizado el análisis de la vivencia emocional del deportista hasta el momento y cuáles son las carencias observadas en este contexto.

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