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Chapter 6: Discussion

6.5 Implications for Educational Psychologists

De las desapariciones forzadas a las detenciones arbitrarias, 1975/93

Hemos asumido muchas torturas, nos colgaban, nos pegaban, nos ponían trapos sucios sobre la cara... No se puede explicar cómo nos han torturado, pero conocen un montón de formas de torturar. Lehbaila Ihdih Mbarek Bourhim.

Eso hay que sentirlo para poder contarlo, porque contarlo no significa nada. Po- nían un trapo sobre la nariz y la boca para que no respirase, y al tiempo le echa- ban un chorro de agua encima, agua mezclada con lejía y orina. Asfixia, esto te hacía olvidar el dolor que sentías por los pies. Ahmed Salem Abdel hay Allal.

Hablar sobre la tortura no es fácil. Para muchas personas ex detenidas desaparecidas hasta 1993 o quienes han sufrido detenciones arbitrarias posteriormente, hablar de la tortura es una forma de volver al escenario del horror. Los testimonios de personas que fueron desaparecidas temporalmente están atravesados de historias incontables. Poner en palabras los años de sufrimiento no es ni siquiera posible. Sin embargo, en este apartado se reconstruye la experiencia individual y colectiva que sufrieron la práctica totalidad de los detenidos, tanto los que lograron sobrevivir como los que murieron o los que se encuentran todavía desaparecidos.

En términos generales, de los 261 testimonios recogidos más de la mitad de las per- sonas entrevistadas (54,2%) refirió haber sufrido distintas formas de tortura física y cerca de la mitad describió formas de tortura psicológica (45,8%). Entre las víctimas directas que sufrieron detenciones arbitrarias y desapariciones temporales que es don- de se aplicaron las torturas (n=112), tres de cada cuatro (71,43%) declararon haber sufrido tortura física. Al menos seis de cada diez describieron golpes sin empleo de instrumentos (64,29%), vendaje de ojos y utilización de capuchas (60,71%), así como

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El oasis de la memoria

colgamientos y posiciones extremas (58,04%). Estas tres formas de tortura fueron las más frecuentes. Hay que tener en cuenta que las torturas con colgamientos necesitan una infraestructura preparada para llevarlas a cabo y producen dolores y problemas articulares intensísimos.

Casi la mitad recibió golpes con instrumentos (44,64%); un tercio de las víctimas que sufrieron detenciones arbitrarias y desapariciones temporales hizo referencia a métodos de asfixia (29,46%), utilización de electricidad en el cuerpo (28,57%) y sometimiento a temperaturas extremas (27,68%) que fueron utilizados sobre todo en los casos de desapa- riciones forzadas temporales y menos frecuentes en los casos actuales. Lo mismo sucede con la minoría que hizo referencia a la utilización de perros durante las sesiones (7,14%). Los hombres hicieron referencia a más tortura física que las mujeres aunque no se encon- traron diferencias cualitativas en torno a los tipos de tortura sufrida, dado que mujeres y hombres fueron sometidos a los mismos tormentos.

Respecto a otras formas de maltrato, seis de cada diez personas detenidas (65,18%) de- claró haber sufrido torturas de tipo psicológico y condiciones de privación propias de tratos inhumanos o degradantes. Más de la mitad describió grave privación de alimen- tos (53,57%) o condiciones insalubres y/o privación de higiene (53,57%) y una propor- ción similar refirió insultos (48,21%) y falta de atención médica (46,43%). Un tercio de las personas que relataron detenciones arbitrarias estuvo recluida en condiciones de hacinamiento (35,71%); una cuarta parte recibió amenazas (26,79%) y un quinto refirió aislamiento individual extremo (23,54%). Esto último, en los casos de presos o presas consideradas más peligrosos o como forma de quebrar la resistencia inicial de algunos detenidos, especialmente en el caso de los desaparecidos temporales. En menor medida, se describieron tormentos como la privación del sueño (12,50%) o la obligación de pre- senciar tortura a terceras personas (12,50%).

Estas prácticas fueron similares independientemente del sexo de las personas detenidas. De las víctimas directas que fueron detenidas de forma arbitraria o sobrevivieron a las desapariciones temporales, casi cuatro de cada diez (36,61%) refirió haber sufrido tortura sexual. La forma más frecuente de tortura sexual señalada por las víctimas de detenciones y desapariciones temporales fue el desnudo forzado en al menos una de cada cuatro per- sonas detenidas (26,79%), práctica que se ha utilizado tanto en las detenciones de mujeres como de hombres.

La tortura se aplicó en los casos de detenciones arbitrarias y detenidos desaparecidos de cuatro maneras diferentes: a) una tortura inicial destinada a producir “ablandamiento”, que en numerosas ocasiones comenzaba al momento de la captura, b) la tortura utilizada durante los interrogatorios, c) la tortura como parte del maltrato habitual durante todo el periodo de captura y custodia en condiciones clandestinas, d) además, cada una de estas formas de tortura fue acompañada de otras maneras de maltrato físico y psicológico basa- das en la aplicación de condiciones infrahumanas y degradantes durante todo el periodo de detención.

La práctica de la tortura está orientada a destruir la identidad de la persona, produciendo un sufrimiento extremo, denigrando la dignidad de la víctima, tratando de obligarle a colaborar con sus torturadores y llevándole hasta un extremo de tratar de destruirle como persona, quebrar su resistencia, sus convicciones y su salud física y mental. Las caracte- rísticas y objetivos de la tortura en el caso del Sáhara Occidental han sido: generar condi- ciones de sumisión y control; uso de la brutalidad y la arbitrariedad; extensión del castigo a las necesidades básicas; desorientación e indefensión; interrogar a la persona hasta el límite de la muerte; represalias y disciplinamiento; desorientación temporo-espacial; in- sultos y formas de desprecio; desnudo forzado y ataques a la intimidad. En muchos casos los detenidos y detenidas fueron llevados aun estado de desnutrición extrema

Desde que empezaba la persona a sentir esos dolores, a los tres meses ya era la parte final; entonces se quedaba inválido de las piernas, se quedaban pegadas y ya no había forma de estirarlas. Se retraían todos los tendones. Se me quedaron los pies inválidos totalmente, las extremidades inferiores y eso pasa a las extre- midades superiores, entonces me quedó el brazo izquierdo retraído y sabía que la mano derecha quedaría inválida totalmente. Después empiezan los latidos del corazón, que cuando se mueve la persona empieza a ir demasiado rápido, como si estuviera corriendo, taquicardias. Yo ya sabía que eso era el final, que un día pararía el corazón. Abdallahi Chwaij.

Las condiciones de vida en los centros clandestinos de detención suponían un conjunto de malos tratos y tratos inhumanos y degradantes, y afectaban a todas las esferas de la vida: abrigo, alimentación, agua, luz, aire y ambiente, excretas y ausencia de atención médica. Incluso los niños y niñas, como en estos casos, fueron mantenidos en esas condiciones junto con el resto de los presos. Las humillaciones forman parte de los tratos inhumanos o degradantes destinados a cuestionar la dignidad de los detenidos y ponerlos en condi- ciones de vulnerabilidad permanente.

Tanto la tortura realizada durante los interrogatorios como la ejercida en los centros clan- destinos durante el periodo de custodia, como el maltrato y los tratos inhumanos y degra- dantes padecidos por la numerosa población detenida fueron sistemáticos en esa época, y conllevan una responsabilidad del Estado marroquí en el esclarecimiento de los hechos, la memoria hacia las víctimas, el reconocimiento explícito del sufrimiento de los dete- nidos y detenidas saharauis, y la justicia frente a los perpetradores. El espanto descrito muestra tanto la intencionalidad de los perpetradores como la profundidad de las heridas en quienes resistieron al horror, así como la necesidad de un reconocimiento de su valor y de su experiencia.