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Implications from the cross-case analysis

5. MODERNISING SOCIAL PROTECTION SYSTEMS

5.2 Implications from the cross-case analysis

En el fútbol, ganarle al vecino siempre ha dejado un re- gusto especial, pero para la gente del Calatrava no ha sido fácil experimentar esa sensación. Por un lado, la corta tra- yectoria que tuvieron el Cerverano y el Valverde, redujo a 4 los enfrentamientos oficiales con estos equipos. Por el otro lado, río abajo, Cirbonero y Corellano son clubes de otra dimensión. Pero a lo largo de 50 años, algunas veces se ha dado la victoria. Eso es lo que ocurrió el 3 de enero de 1973. En la segunda participación del Calatrava en la liga, las 2 primeras posiciones daban derecho a disputar la fase de ascenso. Con el Larrate ya clasificado como campeón de grupo, Calatrava y Corellano se enfrentaban en la últi- ma jornada empatados a puntos y con la segunda plaza en juego. Dicen que más de 1000 personas se dieron cita en el Olmillo, y casi al 50%. El empate servía al Calatrava, pero se impuso por 5 a 1, con goles de Ramón Francés y sendos dobletes de Ricardo Conde y Nacho Hernández. Luego vino la fase para ascender, y al Calatrava, que venía en cla- ra línea ascendente, le sobraron 4 jornadas para lograr el ascenso, que de forma matemática se produjo el 6 de mayo en Larraga (0-1) frente al San Miguel, con gol de Jesús Án- gel Conde. Jesús Ángel Conde, ya jugaba en El Calatrava en su primera temporada. Al inicio de esta segunda, mar- chó a Pamplona para ingresar en el Seminario y jugar en Osasuna juvenil. Ambas experiencias resultaron fallidas y para la fase de ascenso, regresó al equipo. En la temporada

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dejó el club para jugar en el Cirbonero una tempo- rada. Salvo esos dos breves paréntesis, Jesús Ángel ha formado parte del club en sus 49 temporadas. Si fue buen futbolista, mejor es aún su desempeño en el Club, siempre ejerciendo funciones en las que hay un vacío.

En la despedida de esa temporada, la 72-73, hubo fiesta en el Olmillo, el Calatrava derrotó por seis a cero al Toki Alai de Huarte con goles de Ricardo Aznar, Nacho Hernández y sendos dobletes de José Calleja y Ricardo Conde. El segundo gol de Ricardo, supuso el gol 100 de la temporada. Una cifra redon- da para una temporada redonda. Un dato: esa cam- paña solo un equipo consiguió ganar en el Olmillo, y fue Osasuna (2-3) en amistoso jugado en las fiestas de San Raimundo.

En el curso siguiente, el Calatrava terminó 5º en la nue- va categoría, pero para entonces ya había empezado a conocer de primera mano ese mal endémico que asola a los equipos más modestos: a temporadas exitosas su- ceden las salidas de jugadores importantes. Así, Ramón Francés marchó a Osasuna Promesas, Ricardo Conde al Tudelano, Jesús Ángel Conde al Muskaria de Tudela y José Yanguas y Ricardo Aznar al River Ebro. Y como consecuencia llegó el descenso de categoría en la 74-75. Para el final de la década ya había vuelto el Calatrava a armar un equipo potente. El regreso de casi todos los futbolistas que habían ido saliendo hasta el 74 y la apari- ción de una incipiente generación de jugadores jóvenes, condujeron al equipo a un nuevo ascenso, tras quedar campeón de liga en 1978 con Ricardo Conde haciendo función de entrenador-jugador, y a una histórica semi-

toda la regional navarro-riojana disputaba una sola com- petición. El Calatrava dejó atrás al Cirbonero, al Montea- gudo, al Milagrés, al Aluvión, al Buñuel y al Valtierrano, y desplazó hasta Muniáin de la Solana a 5 autobuses para una semifinal a partido único contra el Alsasua. Empate a 2 y derrota en los penaltis. Luego, al igual que tras la primera ola ascendente, vinieron las salidas de jugadores importantes: Ricardo Conde, Jesús Ángel Conde y José Ángel Yanguas se marcharon al Cirbonero y Fernado Yan- guas -“el mejor futbolista que hemos tenido nunca” según los aficionados de mayor edad -, marchó al Corellano. Esta vez el descenso se evitó en la última jornada gracias a ter- ceros resultados, pero no pudo evitarse que la temporada 79-80 fuese un curso negro en cuanto a incidentes. El Ol- millo había sido clausurado por primera en 1975, tras un partido con la Peña Azagresa que terminó empatado a 4 “debiendo venir obligado el Club Calatrava a satisfacer los daños causados en el vehículo del árbitro”. En octubre de 1979 volvió a ser clausurado por un partido tras los inci- dentes ocurridos en un encuentro frente al Ribaforada. En su reapertura, tras empatar a uno con el Buñuel, el árbitro reflejó en el acta que había sido agredido por el público ca- mino del vestuario y también ya fuera de las instalaciones, camino a su vehículo. El campo fue clausurado para todo lo que quedaba de temporada: la segunda vuelta y la Copa se disputaron en Lodosa, y además los árbitros se nega- ron a seguir arbitrando al Calatrava. Tres partidos fueron aplazados por este motivo y en otros dos se debió aceptar que fuesen arbitrados por un aficionado del equipo rival, hasta que se levantó el veto arbitral. Ese año, el club tuvo que pedir una derrama a los socios para poder afrontar media temporada sin fútbol en Fitero, y además el Olmillo quedó señalado con una especie de leyenda negra que tar- dó años en sacudirse de encima. En esos 10 primeros años vivió pues el club dos ascensos, un descenso y tres cierres

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Cuando conversas con gente que conoció esa pri- mera década, bien como jugadores, bien como afi- cionados, cuando les preguntas por cualquier cir- cunstancia, enseguida comienzan a hablar, y pasan de una anécdota a otra, de un partido a un jugador, y de tal otro jugador a una nueva anécdota. A nadie hay que tirarle de la lengua y nadie encuentra el mo- mento de poner fin a la conversación. Creo que eso significa que esos años se vivieron con total intensi- dad. Seguramente la novedad que supuso la forma- ción del club y las adhesiones inquebrantables que genera el fútbol, en simbiosis con la transformación económica de la villa y la nueva etapa que se abría en España, produjeron ese ambiente de efervescen- cia. Fueron años en los que cada domingo, cientos de fiteranos daban la vuelta completa al perímetro del Olmillo. Fueron años de asambleas de socios multitu- dinarias y a veces tumultuosas en los salones del Bar San Antonio. Fueron años en definitiva, de vitalidad, y es que en cierto modo, el Calatrava siempre ha opera- do como un termómetro que da con exactitud la tem- peratura de la realidad socio-demográfica de la villa.