En el texto, el Emisor poético nos sitúa en la segunda instancia del proceso de edificación del «discurso del Amo»: la identificación con los objetos imaginarios en el S2, donde se
sitúa el Esclavo, el amante. Ya no asistimos a la partida mítica del Significante Amo, quien porta a un Sujeto, S, para representarlo ante otro significante, el cual, ha irradiado con extremo fulgor el «tesoro de significantes» que tiene en su vientre para ilusionar al S1 e inicie este su recorrido. Como se ha mencionado, el Amo no clivado se halla en el
mismo deseo, en el mismo lugar del plano Imaginario en el que se realiza la Teoría Especular y forma al amado como un Amo escindido; por ello, la mención de que ya vive en el deseo. Al encontrarse al otro lado, en el “más allá” del Espejo, las identificaciones formadoras surgen y proyectan al Esclavo de manera excesiva, monumental, así también necesario para la subsistencia y vida misma. El erastés es delineado como todo lo existente, pues contiene la totalidad de los nombres, es decir, el lenguaje mismo, la red lingüística, que atrapa al erómenos no dejándolo escapar de esta cadena imaginaria con el objetivo de convertirlo en un Amo, $. En esta magnificencia discursiva hacia el otro, se menciona al amor, lo real, lo que es imposible de significarse. Entonces, se principia a visualizar la interdicción de esta relación entre el Amo y el Esclavo, puesto que en el procedimiento identificatorio se la ha transmitido al Sujeto no clivado el Instinto de Muerte, el Supremo Amo, lo que puede destruir el engranaje del «discurso del Amo» para que todo empiece de nuevo, así como desaparecer al amado del referente pues es ser- ausente. No obstante, desde el comienzo, ya identificado el deseo por parte del Sujeto en
el S2, se presenta la ausencia, lo que se excluye grosso modo¸ ya que es en esta instancia
imaginaria donde se gesta la castración del Sujeto no barrado. Así, al graficar el amor se acentúa esta ausencia, la imposibilidad de correspondencia entre los actuantes, dado que debe desecharse lo que es más íntimo y vergonzoso del Sujeto, el objet petit a. Por ello, se entiende el pedido de S para no perder al amante, el Esclavo, en el plano de lo Simbólico, donde no perdura esta relación utópica creada en el Imaginario. Empero, el erastés ya es perdido per se, puesto que es el objeto a; de este modo se entiende que el Esclavo pertenezca a lo real; por consiguiente, el sistema también es imposible, real. Con ello, el esquema del sistema del «discurso del Amo» en este poema quedaría así:
Ya se ha iniciado el desplazamiento mítico por la irradiación del S2 (1)44
S1 S2 (Esclavo) [Amante]
[Amado/Amo] S ($) a [objet petit a]
EL «DISCURSO DEL AMO» ES REAL
44 La enumeración indica la cronología del «discurso del Amo».
No hay fantasma / El Amo se muestra ciego
No quiere ver la castración / No percibe la conexión necesaria con lo real (hay imposibilidad de relación)
objetos de identificación (cielo, agua, aire)
IMAGINARIO
objeto a ya perdido : el Esclavo (3)
3. 2. 4.- “IV: 18 de junio de 1939”
En este acápite se mostrará el texto poético con la finalidad de que el lector conozca lo que se analizará y pueda discernir mejor la exégesis. Luego, se realizará la interpretación con el método hermenéutico y el marco teórico psicoanalítico de Jacques Lacan abordado. Para culminar, se delineará el esquema del «discurso del Amo» que subyace en el escrito.
A) El texto
A continuación, la cuarta epístola correspondiente a la edición Obra poética completa II, de César Moro, publicado en el año 2016:
IV
Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio de mi sueño y me levantas y como un dios, como un auténtico dios, como el único y verdadero, con la injusticia de los dioses, todo negro dios nocturno, todo de obsidiana con tu cabeza de diamante, como un potro salvaje, con tus manos salvajes y tus pies de oro que sostienen tu cuerpo negro, me arrastras y me arrojas al mar de las torturas y de las suposiciones.
Nada existe fuera de ti, sólo el silencio y el espacio. Pero tú eres el espacio y la noche, el aire y el agua que bebo, el silencioso veneno y el volcán en cuyo abismo caí hace tiempo, hace siglos, desde antes de nacer, para que de los cabellos me arrastres a mi muerte. Inútilmente me debato, inútilmente pregunto. Los dioses son mudos; como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed quemante de mi vida.
¿Para qué resistir a tu poder? Para qué luchar con tu fuerza de rayo, contra tus brazos de torrente; si así ha de ser, si eres el punto, el polo que imanta mi vida.
Tu historia es la historia del hombre. El gran drama en que mi existencia es el zarzal ardiendo, el objeto de tu venganza cósmica, de tu rencor de acero. Todo sexo y todo fuego, así eres. Todo hielo y todo sombra, así eres. Hermoso demonio de la noche, tigre implacable de testículos de estrella, gran tigre negro de semen inagotable de nubes inundando el mundo.
Guárdame junto a ti, cerca de tu ombligo en que principia el aire; cerca de tus axilas donde se acaba el aire. Cerca de tus pies y cerca de tus manos. Guárdame junto a ti.
Seré tu sombra y el agua de tu sed, con ojos; en tu sueño seré aquel punto luminoso que se agranda y lo convierte todo en lumbre; en tu lecho al dormir oirás como un murmullo
y un calor a tus pies se anudará que irá subiendo y lentamente se apoderará de tus miembros y un gran descanso tomará tu cuerpo y al extender tu mano sentirás un cuerpo extraño, helado: seré yo. Me llevas en tu sangre y en tu aliento, nada podrá borrarme. Es inútil tu fuerza para ahuyentarme, tu rabia es menos fuerte que mi amor; ya tú y yo unidos para siempre, a pesar tuyo, vamos juntos. En el placer que tomas lejos de mí hay un sollozo y tu nombre. Frente a tus ojos el fuego inextinguible.
18 de junio de 1939