Nace en Belleville, estado de Illinois, Estados Unidos, el 5 de agosto de 1861 y es la única de sus hermanos que sobrevivió. Con tres años quedó huérfana de madre y la enviaron a vivir con su abuela y dos tías en Baltimore, en el estado de Maryland.
En 1879 se graduó de enseñanza secundaria en la High School de Baltimore a la edad de 16 años. Son los únicos estudios que tiene. Una vez terminados los mismos se fue con una de sus tías a Nueva York, donde trabajó en una editorial como tenedora de libros.
En 1889 se traslada a Baltimore, una vez que su tía fallece y a la que cuidó duran- te su enfermedad y hasta su muerte. Trabaja como tesorera auxiliar para la Sociedad de Organización de la Caridad de esa ciudad. Aquí es donde comienza su carrera en el Tra- bajo Social.
En 1891 consigue el cargo de Secretaria General de la misma, que ocupó al menos durante diez años, a pesar de ser mujer, joven y carecer de una educación formal más extensa. Se incorpora al equipo de "visitadoras amigables", que era un grupo de mujeres
19 El contenido de este apartado está basado en la participación que la autora de esta tesis hizo a la Expo-
sición bibliográfica que se desarrolló con motivo de la celebración del V Congreso de Escuelas de Traba- jo Social. Dichos contenidos fueron publicados en el libro Capilla, A. Villadóniga, J.C. (coordinadores) (2004) Pioneros del Trabajo Social. Una apuesta por descubrirlos. Universidad de Huelva.
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que visitaban los hogares de la gente necesitada y con graves problemas sociales en los barrios obreros e intentaban ayudarles para que mejoraran su calidad de vida. También se implicó activamente en el Myrtle Club, organización para chicas jóvenes y mujeres trabajadoras, cuyo objetivo consistía en trabajar para resolver los problemas sociales y profesionales de sus miembros. Desde aquí defendía la idea de las llamadas visitadoras amigables como una actividad importante en el Trabajo Social, porque pensaba que la visita era una forma de aliviar el sufrimiento de los pobres. Podían ofrecer amistad en un programa social donde ese era el ingrediente principal. No había ni dinero, ni limos- na, sólo ayuda personal. Una vez que fue adquiriendo experiencia y conocimiento, el desarrollo teórico del Trabajo Social profesional fue una de sus principales ocupaciones. Desde que inicia su trabajo en esta Sociedad empieza a pensar en escuelas profe- sionales para el estudio del trabajo de casos porque es donde comienza a desarrollar ideas propias sobre la importancia de conocer los antecedentes de las personas que ped- ían asistencia para poder ayudarlos mejor. Este sería el principio de su la larga carrera como trabajadora social.
Fruto de su inquietud por el conocimiento y la necesidad de éste para desempeñar un buen trabajo, comienza a estudiar las obras de sociología y filosofía del momento, en especial, las obras de Willian James y John Dewey, pragmáticos receptores del positi- vismo de Herbert Spencer. Todos ellos ejercieron una notable influencia no solo en los precursores del Trabajo Social y otros pensadores sino también en la vida norteamerica- na. Conoció a George H. Mead por el que se introduce en la psicología social y en la vida de los grupos y con el que entabló una sólida y fructífera amistad. Conoce también la obra de Sigmund Freud, así como a los antropólogos culturalistas del momento.
En 1897 pronunció una conferencia en la Conferencia Nacional de Instituciones de Caridad y Corrección de Toronto donde señala la necesidad de crear un centro de formación para los trabajadores sociales. Al año siguiente se concreta esta idea, creán- dose la Escuela de Filantropía Aplicada, en Nueva York20, a la que se incorporó de for-
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ma inmediata como docente. Con ello se consiguió dar una atmósfera profesional a lo que previamente era considerado trabajo caritativo.
Una de sus primeras obras fue un pequeño manual, El visitador amistoso entre los pobres (1899)21, donde formula sugerencias prácticas y precisas para las visitadoras, que ella misma reclutaba y entrenaba, señalando los aspectos que son importantes para hacer un trabajo caritativo en los hogares de los pobres, con aspectos tales como: la ad- ministración del dinero, la higiene, el cuidado de los niños, etc., haciendo énfasis en la actuación en la familia como grupo para mejorar la comunidad.
En 1900 se le ofrece la oportunidad de organizar la Sociedad de Organización de la Caridad de Filadelfia, y la aceptó, pensando que ya había hecho lo necesario en la de Baltimore. Ocupó el cargo de secretaria general durante nueve años, donde concentró sus esfuerzos en múltiples frentes: la defensa de una legislación para la defensa y pro- tección de las mujeres casadas que habían sido abandonadas por sus esposos, establecer instituciones para el cuidado y la atención de los deficientes mentales y las mujeres, temas de vivienda (Asociación de la Vivienda), regulación del trabajo infantil (Comité del Trabajo del Niño), delincuencia juvenil (Tribunal del Menor), movimiento volunta- rio (Asociación de Caridad Pública), etc.
Entre 1905 y 1909 preparó material de enseñanza para la Sociedad publicando, en 1907, el libro El buen vecino en la ciudad moderna, en el que destacó las contribuciones del voluntariado así como los objetivos y métodos de la caridad moderna. Este mismo año se unió en calidad de investigadora a la Russell Sage Foundation de Nueva York, fundada en 1907, desde donde le publicaron algunas de sus obras. Fue nombrada direc- tora de uno de sus Departamentos, el de la Caridad. Allí condujo trabajos de investiga- ción como un estudio sobre 900 viudas de Eihthy-Five, donde se indagó fundamental- mente la situación de esas mujeres antes y después de la muerte del marido y ver en qué situación económica y laboral se quedaban y cómo los sistemas de asistencia social las trataban a ellas y a sus hijos.
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Desde 1910 y hasta 1922 dirigió un Instituto de Verano (Charity Organization Ins- titute) en el que, durante un mes, se capacitaba a secretarias de organizaciones de cari- dad y a trabajadoras sociales de casos y se les daba oportunidad de discutir sus proble- mas comunes.
En 1914, pronunció una conferencia sobre Los primeros pasos en el trabajo social de casos. Información, que ampliada, dio lugar a su libro Diagnosis Social, publicado en 1917, y en el que por primera vez se realiza un trabajo comprehensivo sobre la teoría y el método de trabajo social de casos, apoyado en más de 17 años de investigación y de experiencia directa de campo. Se convirtió en el libro de texto de la mayoría de las es- cuelas de trabajo social de la época.
En 1918, la Escuela de Filantropía de Nueva York (de la que fue asesora y profe- sora) pasa a denominarse Escuela de Trabajo Social y Richmond ocupa merecidamente la cátedra de Caso Social Individual.
En 1921 recibió el Master of Arts (doctorado Honoris Causa), del Smith College, en "reconocimiento por su trabajo para establecer las bases científicas para una nueva profesión". Este título la consagra como una de las principales fundadoras del Trabajo Social.
En 1922 publica otra de sus obras más importantes, Caso Social Individual. Esta obra se produce en un momento en que comienza a hacer eclosión el funcionalismo y en este contexto define el caso social individual como "un tratamiento prolongado e inten- sivo que desarrolla la personalidad, reajustando consciente e individualmente al hombre a su medio social". Imbuida de un espíritu científico, pensaba que sin investigación so- cial no es posible realizar trabajo social; que lo problemas sociales aparecen como evi- dencias que están presentes ante nuestros sentidos pero que, compuestos por hechos que tomados en su conjunto, indican la naturaleza de las dificultades de un determinado "cliente" y los instrumentos para su solución. Procuró individualizar al cliente, estable- cer un diagnóstico social y conceder el socorro más adecuado. Como procedimiento utiliza siempre la inducción ya que, como proceso racional, nos permite pasar de una
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serie de casos particulares a una formulación general y, de una verdad general inferir algunos hechos nuevos acerca de un caso particular.
El punto de partida de Mary E. Richmond fue el de su época: las causas de la po- breza debían buscarse en el individuo; esto es, que las dificultades que encontraban hab- ía que buscarlos en su propia personalidad y, para ayudarlo de una manera eficaz, era necesario plantear un buen diagnóstico, aunque no descuidaba en absoluto que en la situación de las personas también influía y sobremanera la relación que mantuvieran con su ambiente social (familia, escuelas, iglesias, trabajo, salud, educación). Tampoco des- cuida el papel de los gobiernos, que dictaminan las políticas sociales y promulgan las leyes. Se concentraba más en las posibilidades de la persona o la familia que en la culpa que pudieran tener, lo cual sería una forma de pensar revolucionaria para su época, en la que a los pobres se les veía más como culpables de sus problemas que como víctimas del contexto social donde se desenvolvían. Porque Richmond (1982: 63), a pesar de las premisas básicas en las que apoyaba el trabajo con casos, no ignoraba el hecho de que las causas de los problemas sociales también se podían buscar en la sociedad:
“Los trabajadores sociales de los Estados Unidos constituyen un amplio grupo ocupacio- nal. La mayor parte ejercen el trabajo con casos, es decir, tiene como objetivo inmediato la mejora de los individuos o familias, uno a uno, para distinguirlo de la mejora de la ma- sa. La mejora de la masa y la mejora del individuo son interdependientes, porque es nece- sario que la reforma social y el trabajo social progresen juntos”.
Reconocía que el Trabajo Social y la acción social se habían practicado con fre- cuencia de manera separada, pero hacía constante hincapié en la necesidad de ambos como complementarios que eran. Aunque adoptó una posición conciliadora entre acha- car los males sociales al individuo o a la sociedad, el desarrollo de la personalidad del cliente fue el eje de su pensamiento, definiendo esta como “todo aquello que el hombre adquiere por su educación, experiencia y relaciones con sus semejantes”.
Para Richmond (1982: 166) el objetivo del Trabajo Social era educar a través de un programa de participación que permitiese al cliente compartir con el trabajador social la responsabilidad de las decisiones a tomar. Educar democráticamente, entendiendo por democracia un hábito cotidiano. La igualdad de compartir cosas en común, en equiparar
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las posibilidades de éxito para todos, nunca en la tendencia a masificar. Defiende que el Trabajo Social no es sólo un proceso educativo para que la gente se adapte a la sociedad en la que vive sino, además y simultáneamente, un proceso de investigación permanente para conseguir avances y reformas sociales para el progreso de la sociedad.
Estuvo implicada intensamente en todos los temas relacionados con la Sociedad de Organización de la Caridad. Pensaba que ésta debía ser organizada de forma sistemá- tica y profesional, con un objetivo definido, al igual que había que prestar atención a los asuntos de formación y educación; es este aspecto en el que están los orígenes de su interés por la teoría. Su trabajo fue práctico. Se entrevistaba con la gente, trataba asun- tos económicos, organizaba el trabajo y lo documentaba en innumerables conferencias y artículos que fueron el punto de partida de sus trabajos teóricos.
Frente a quienes pensaban que la sociología era la mejor forma de preparación pa- ra el Trabajo Social, ella pensaba que “como un arte de ayuda” era una actividad prácti- ca, y como tal, no dependía de una sola ciencia, sino de muchas. Desarrolló cómo de- bería ser organizado y diseñado un plan de formación, tomando las ideas de Anne Da- wes, que según Soydan, fue la primera en proponer una educación específica para la profesión de trabajo social.
Para Richmond, el grupo básico de relaciones sociales es la familia, que es una constante en su obra, porque parte de que muchos de los problemas que atienden los trabajadores sociales son productos emergentes de las deficientes relaciones sociales. Siendo el trabajador social "el artífice de las relaciones sociales" entiende Richmond (1982: 173) que debe ser capaz de "descubrir las significaciones y nuevas posibilidades que estas situaciones familiares producen en sus miembros". A diferencia de positivistas y funcionalistas, Richmond no aísla. Por el contrario, indica que hay que tener cuidado "de no substituir con la parte el todo, con los medios el fin". Y lo corrobora al afirmar que: "el conjunto del servicio social (trabajo social) es mayor que las partes que lo com- ponen. Todas están al servicio de la personalidad, pero le sirven de distintas formas. El servicio social de casos individuales la sirve efectuando mejores adaptaciones entre el individuo a su medio social; el servicio social colectivo la sirve actuando directamente
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sobre los individuos, pero sin tratarlos uno por uno; las reformas sociales la sirven me- jorando “en conjunto” la situación de masas por la propaganda y la legislación social”.
Mary E. Richmond se dedicó toda su vida a la práctica del trabajo social, y en el desarrollo del trabajo diario encuentra los elementos de sistematización y organización y un fuerte deseo de conocer y formarse, ingredientes necesarios para dar al Trabajo Social una base teórica y científica.
Rescatamos, a modo de síntesis, una serie de características de su pensamiento y una serie de recomendaciones que ella misma da los trabajadores sociales, que hacen a Richmond la precursora más conocida y a la que probablemente le deba el Trabajo So- cial el honor de haber inaugurado una nueva profesión:
• Dotó al Trabajo Social de contenidos teóricos sistematizados, fue su inventora conceptual.
• El objetivo por excelencia era educar a la población.
• Pero también investigar y denunciar situaciones sociales injustas.
• Había que dedicar tiempo para conocer en profundidad la historia de cada cliente para comprender la situación en la que están inmersos, haciendo cosas diferentes para diferentes personas.
• Rescatar los aspectos positivos y las capacidades del cliente; esto es, desarrollar su personalidad estableciendo una relación personalizada, directa y franca. • Potenciar la participación de los individuos a los que se ayuda.
• Tratar el problema allí donde llega la petición de ayuda, evitando derivar a otro servicio.
• Previno a los trabajadores sociales de dedicar un tiempo excesivo al trabajo bu- rocrático en detrimento del trabajo directo con los clientes.
• Da consejos muy sencillos: actuar con naturalidad, evitar la rigidez, hablar mu- cho y amistosamente con los clientes y no considerarse infalibles.
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Para todo lo anterior, no bastaba la buena voluntad y el sentido común, sino una formación continuada, un saber más complejo que permita convertir el arte de ayudar al otro en una ciencia.