Discussion and Recommendations
16.1.3 Implications for Prevention and Response
El pensamiento social tenía ya un camino recorrido, cuando entran en escena los primeros sistemas que organizan el análisis social moderno. Aunque Augusto Compte intente inaugurar un nuevo período, dejando atrás las elucubraciones metafísicas del Iluminismo, el hecho es que necesita apoyarse en ellas. Su análisis no logra tampoco romper el mito supranacional de una naturaleza homogénea. Su preocupación básica es construir las leyes fundamentales de la evolución social. El objetivo de la ciencia social es llegar a “la comprensión del devenir necesario de la historia, de tal manera que ayude al cumplimiento del orden fundamental” (Opúsculos)
Compte escribe dentro de la atmosfera evolucionista implícita en la teoría del progreso indefinido, que había heredado de los filósofos de la Ilustración, sobre todo de Condorcet. Dentro de esta concepción, la especie humana representa el nivel más alto de complejidad y, en consecuencia, el estudio de la evolución histórica, confiado a la sociología, le otorga a esta ciencia un nivel superior al de las otras disciplinas.
sociales no proviene sólo de los preceptos del Iluminismo. Es precisamente la reacción romántica contra el racionalismo de la Ilustración, la que coloca en primer plano la historicidad del hombre, es decir, su arraigo en las raíces del pasado. El nacimiento de la ciencia social se inscribe dentro del movimiento de reacción contra la concepción individualista y abstracta que presidió la Revolución Francesa.
Lo que la ciencia social, recién instalada, pretende probar es que la especie humana tiene sus propias leyes de evolución “natural”, que no pueden ser cambiadas arbitrariamente por el individuo. Como lo expresa con vehemencia Fester Ward, al aplicar el método comptiano a la sociología norteamericana, “el individuo ya había reinado bastante”. La muerte de la libertad individual ya se había anunciado en los iluministas radicales. Compte, por su parte, está dispuesto a sacrificar el mito renacentista, mitificado por el movimiento revolucionario francés. Como no hay libertad de conciencia en matemáticas o en astronomía, tampoco puede haberla en las ciencias sociales. (Curso de Filosofía Positiva, passim).
Pero cómo explicar las leyes que determinan la evolución social sin acudir a los fantasma míticos? Como amarrar la historia a una finalidad, si todo es devenir? Hegel había inventado el Espíritu Absoluto, para reemplazar al dios cristiano. Kant, sin reemplazar a dios, cree encontrar en las categorías apriori un soporte estable para la ciencia. Compte, por su parte acude al concepto de naturaleza humana inmutable, para darle sentido a la evolución social. La historia no es más que la manifestación externa de las diferentes facetas de una naturaleza inmutable. Por ello no es posible comprender ningún momento histórico, mientras no se entienda la totalidad. Este primer asomo de explicación holística está impregnado de metafísica.
El cambio, en consecuencia, es fantasmagoral. Nada se modifica. La naturaleza humana sigue siendo igual, cualquiera que sea el régimen político en el que se la inserte. Si la historia no cambia la naturaleza del hombre, lo que importa es descubrir más allá de las apariencias “las leyes fundamentales necesariamente comunes a todos los tiempos y a todos los lugares”. Este es el objeto de lo que Compte llama “la Estética Social”. La evolución social no tiene más objeto que lograr “la realización del régimen propio de la verdadera naturaleza humana” (Sistema, II, pag.3 y 4).
Esta naturaleza abstracta no tiene, sin embargo, nada que ver con las leyes que presiden el resto del mundo natural. Las ciencias sociales inician su camino,
de espaldas a la “naturaleza”. Compte alcanza a intuir que “para nuestras altas funciones espirituales, como para nuestros actos materiales, el mundo exterior nos sirve a la vez de alimento, de estímulo y de regulador” (Cath.Pos.pag.85). Más aún, el mundo intelectual no puede explicarse sin la comunión continua entre “el mundo que abastece la materia” y el hombre “que determina la forma”. Estas ideas hubiesen podido servir de base para un análisis ambiental de la actividad cultural, pero no coincidían con los presupuestos ideológicos de Compte. Su visión era radicalmente antropocéntrica. La naturaleza está orientada hacia el hombre. Aunque los animales y las plantas “forman un dominio propio, están destinadas al hombre y no son más que un grosero diseño del mismo” (Cath.Pos.pag.88,96).
El segundo obstáculo para entender las relaciones entre la sociedad y el hombre depende de la manera fixista y aristocrática como Compte entendía las relaciones sociales. Su visión del trabajo productivo es accesoria y superficial. Lo comprende al modo teológico, como una necesidad impuesta por la constitución material, que desarrolla el sentimiento de cooperación y estimula la inteligencia. (Cat. Pos.p.125) La división en clases sociales depende simplemente del aumento de la población y la riqueza proviene de “una larga acumulación anterior”, que Compte no se toma la molestia de analizar. Es esa acumulación la que otorga al Patriciado su papel predominante de conductor de la historia.
La descripción que Compte hace del proletariado tiene la característica de benignidad y ficticia armonía de un sermón catequético. El valor no puede ser otra cosa que el pago por las materias primas utilizadas que “el trabajo humano, o sea, la reacción útil del hombre contra su destino, tiene que ser gratuita” (Cat. Pos.pag.129). El proletariado ni siquiera merece el nombre de clase, que está asignado solamente al Sacerdocio y al Patriciado.
El Catecismo Positivista, en donde Compte resume al final de su vida su concepción aristocrática, se podría comparar a la Republica de Platón, pero escrita sin genio poético o humanista. Es la descripción de una ciudad utópica, la positivista, en la que cada clase tiene su destino inevitable. De ahí que la moral, percibida como la aceptación del orden social, es para Compte la culminación natural de todo el proceso de conocimiento. La teoría comptiana concluye en el pesimismo y por ello en el autoritarismo moralista. Como lo manifiesta en sus últimos escritos, la sociedad tiene que ser dominada por la fuerza y la fuerza consiste en la riqueza o en el número.
se articulan las relaciones entre la sociedad y su base natural. Si esta relación se da con base en el conocimiento y transformación del medio a través del trabajo social, es indispensable una adecuada comprensión de las relaciones laborales, para comprender las relaciones con el medio.