Su presentación completa nuestra etnografía sobre los encuentros y relaciones a través del mercado del turismo comunitario. Los turistas que visitan Tunibamba componen la contraparte en la interacción y determinan, con sus formas de hacer, el desarrollo del proceso comunicativo y la transacción económica. Su actuación remata el escenario; lo único es que, desde el lugar desde el que hemos establecido la mirada, desde la cultura —en esta comunidad, en Tunibamba—, las formas de participación de este grupo inicialmente vienen muy determinadas por la condición que los sitúa en el intercambio, es decir, por ser visitantes, consumidores y clientes105.
Por nuestra parte, buscamos de nuevo poner de manifiesto la necesidad de mirar a los sujetos que participan en el intercambio, y hablar del perfil de este turista, en el sentido que su caracterización condiciona la actividad central en la que se basa, diferencia y caracteriza el turismo comunitario: en la convivencia. Pensar en cómo en esta experiencia consumidora, el factor previo de imagen soñada, de imaginación, de tremenda curiosidad, con el que llegan la mayoría de los turistas a cada uno de los albergues, se convierte en factor clave para el desarrollo de la relación que se produce, para el intercambio. Son personas que están buscando fundamentalmente conocer algo “extraño” a sí mismos, a sus formas de vivir y de ser; una ruptura, un choque con las
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El problema reside en que la mayor parte de las situaciones de interculturalidad se configuran hoy no sólo por las diferencias entre culturas desarrolladas separadamente sino por las maneras desiguales en que los grupos se apropian de elementos de varias sociedades, los combinan y trasforman. Cuando la circulación cada vez más libre y frecuente de persona, capitales y mensajes nos relaciona cotidianamente con muchas culturas, nuestra identidad no puede definirse ya por la pertenencia exclusiva a una comunidad nacional. (G. Canclini, 1995: 109).
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Aunque entiendo que no es este el lugar para explicitar las dimensiones en cuanto a la producción de sentido que realiza el receptor, el cliente, el turista tras la experiencia, entiendo que incorporar una extensa etnografía del viajero (la imagen y representación con la que llega y se va de Tunibamba, así como analizar la reelaboración de esta experiencia en sus acciones posteriores) abre otro gran campo de observación desde el que abordar el turismo comunitario.
lógicas con la que viven sus rutinas cotidianas y que les permita —desde la diferencia— poder situarse en su tiempo de ocio en la aventura de lo desconocido. Obviamente todo este capital inicial ha de ser contemplado para medir la satisfacción de las expectativas del cliente106; pero después de nuestra observación, podemos decir que de igual modo que para conocer las formas en la que se produce la acción.
Partimos del hecho de que todo turista al emprender su acción (al comprar), a través de sus preferencias y posibilidades define el producto y determina la oferta; pero aunque inicialmente a todos los turistas que llegan a Tunibamba le podamos otorgar el mismo objetivo, “no todos los turistas son iguales”107, ni buscan lo mismo, ni por lo tanto se relacionan del mismo modo. Entre ellos se pueden señalar diferentes grupos, en función de las expectativas que explicita o implícitamente manifiesten. Entre ellos varían las preguntas y curiosidades: hay quien pregunta sobre todo por la comunidad, por su organización por la idea de sociedad solidaria y ancestral; quien se sitúa en las circunstancias de la familia con la que residen (el número de miembros, sus actividades económicas, sus alimentos, sus diversiones, etc.); hay quien realiza preguntas generales sobre Ecuador; quien tan sólo está interesado en saber cómo son estos indígenas, en porque visten así, como hablan, que creen, etc.…; y también hay quien no pregunta nada, solo observa, entre otras razones porque no hablan nada de español (este es uno de los elementos que inicialmente, y muy a pesar de los grandes esfuerzos que realizan las familias por entenderse, condiciona la realidad del encuentro).
Se realizan preguntas la mayoría de las veces, buscando confirmar ideas previas, modelos o concepciones, como si estuvieran viviendo un viaje ya soñado o al menos pensado. Es decir, se consume un producto, no sólo en el acto y tiempo del intercambio, sino que la imagen que se busca confirmar de manera única a través de esta experiencia, forma parte del producto.
Recuerdo una pareja de holandeses que pasaron un par de noches en uno de los albergues de Tunibamba. Viajaban durante 21 días en un tour por Ecuador por medio de una agencia holandesa. Eran jóvenes, él ingeniero informático y ella enfermera. Viajaron totalmente programados. Son dos personas que han visitado buena parte de América, e incluso de Asia, pues en sus conversaciones realizan comparaciones (que refieren fundamentalmente a la facilidad de hablar inglés que tienen en Asia, y como no es así en América), y casi no conversaron con los miembros de la familia, más allá de
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Y de ello dan buena muestra tanto Runa Tupari como las familias alberguistas.
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las frases típicas de saludos y las necesarias en las comidas. En su despedida, se siente algo muy distinto a la mayoría de los casos, algo que pone fin a unos días de frías miradas. Se intuía la distancia. Se mantuvieron en todo momento en una actitud más de espectador que de protagonista, y mientras la familia, —que ya es capaz de percibir, y saber desde el principio como va ser el proceso—, se ha mantenido más o menos al margen, no ha incidido en preguntas, ni mucho menos ha iniciado un encuentro; tan sólo ha ofrecido un servicio lo mejor que saben. Al irse no fueron obsequiados con algunos de los recuerdos con los que la señora de esta casa despide a sus turistas, demostrando su agrado, su interés en que vuelvan, y sobre todo para que divulguen lo bien que le han atendido.
Y es que desde sus primeros minutos en la casa esta pareja mostró poca flexibilidad a la hora de buscar un acercamiento. Ello hace pensar en este tipo de turistas, y sobre todo en las razones que le han llevado a elegir este tipo de turismo; pensando hasta que punto puede más la búsqueda, la expectativa y lo soñado, que el hallazgo. Un caso en el que el turismo comunitario es tan sólo un producto más del mercado, igual que hay turismo de aventuras, riesgos, deportes fuertes….y como, con este viaje se pretende sobre todo completar un catálogo para la búsqueda de la emoción a través de lo que sea, de la experiencia “autentica” de vivirlo, o incluso de saberse —y estar en posesión de relatar posteriormente— como consumidores de un producto más o menos exótico, en el mundo en el que se han de construirse como parte de una colectividad, de un grupo, de los consumidores108.
En el extremo, podemos relatar el paso por este mismo albergue, de otra pareja joven, ecuatoriana, de semejantes características en la que recordar los momentos de mayor complicidad observados por parte de la familia. Eran dos economistas que residían en Quito. Venían ya con algunas referencias, pues ella había visitado y tenía algunas relaciones con la zona por su oficio. Pero no parecían venir en plan de trabajo, sino más bien buscando el contraste, el campo y sobre todo la sensación de poder disfrutar o valorar este tipo de turismo y formas de vida. En ellos pude etnografiar un tipo de turista que se venía repitiendo en este albergue, que intentaba sobre todo resaltar los valores del turismo comunitario. Creo que con su ejemplo de nuevo debemos regresar al sujeto, y sobre todo pensar en las diferentes formas de ser turista o significar como tal,
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Esto es una manera de construcción de identidad, pero del turista. Su análisis, sin duda nos puede ayudar a conocer el proceso de todas las identidades en juego,, así como su papel en el proceso de este intercambio cultural.
es decir ¿Por qué disfrutan tanto estos chicos al consumir las acciones que rellenan este formato de turismo? ¿Porque pertenecen a una especie global de turista, que busca lo bucólico, lo autentico, lo alternativo, lo solidario? ¿Es una forma de sentirse, identificarse y saber que uno puede ser igual que esos turistas extranjeros que vienen (mayormente desde Europa), valoran y pagan por compartir esta forma de vida?
Sea lo que fuere, lo que si está claro es la diferencia en el contacto en la familia. Puede ser por el idioma, la cultura, el país, no se, pero desde luego, el intercambio fue mucho más intenso y por parte de la familia se puso más interés que en otros casos por agradar y satisfacer a estos turistas. En el encuentro parecían compartirse más significados. Con la señora de la casa, se produce una más intensa comunicación. Ella sentía —o al menos entendía— el interés de estos extraños por la cotidianidad y sencillez de su vida, y quizás esto le haga sentirse importante, reconocida, comprendida, orgullosa de sus cosas, y mostrarse más cercana, contar cosas personales y en definitiva estar más cómoda o libre a la hora de responder, y presentarse a los otros, a los turistas. En realidad, adaptaba su forma de relación, al tipo de turista.
Con el análisis de las formas de participar de los turistas concluimos nuestro intento por presentar un escenario: el mercado y los diferentes actores que en él desarrollan su acción. Hombres y mujeres que intervienen desde las lógicas que su posición les otorga, a la vez que sitúa en relación a la sociedad actual. Hemos primado en todo momento las formas de hacer, diferenciadas de cada uno de estos actores, sobre todo en un mercado tan global y unificador como puede ser el turístico. Pero lo hicimos siempre pensado que en Tunibamba esta forma de turismo comunitario, ofrece una gran particularidad — procedente de las estrategias y tácticas locales—, con la que además de participar en este negocio, se forma parte de la sociedad. Por eso a la hora de pensar en posibles conclusiones desde este caso de Tunibamba, más que reflexiones aparecen propuestas de futuro.
El proyecto en el que viven estos días confiados muchos de los protagonistas de esta historia (la puesta en marcha de la hacienda como hostería comunitaria), no sólo nos alerta de cómo en realidad estamos tan sólo en el comienzo de un largo proceso que se extralimita al turismo o el mercado, sino que nos traslada de nuevo a la cultura y nos hace pensar en cómo si finalmente se desarrolla, se puede estar redefiniendo una nueva comunidad. Nos lleva a diseñar la reforma de su organización y estructura de funcionamiento, a posibles mejoras, pero sobre todo a materializar una propuesta para medir la intensidad con la que delimitadas relaciones económicas, pueden desembocar
en un cambio en las relaciones sociales. Por eso el futuro, no solo del mercado, sino de la propia comunidad, muy bien podríamos condicionarlo a la puesta en marcha de este nuevo proyecto turístico, a modo de producto en el que aglutinar claves comunes —a los diferentes actores— con los que seguir construyendo y siendo parte de un proceso. Por todo ello, una vez presentadas las actuaciones de cada uno de los actores en esta actividad turística concreta, en el caso de Tunibamba y en consonancia no solo con los objetivos parciales del análisis de esta comunidad, sino con el conjunto de la investigación en la que se inserta, podemos confirmar como la forma en la que se establecen las relaciones (entre la operadora Runa Tupari, la comunidad, las familias alberguistas, y los turistas) en el escenario del mercado, contribuye claramente al desarrollo del turismo comunitario. Detenerse en el análisis de la particular manera en la que se establecen las interacciones con los otros, desde la actividad y objetivos de una empresa, desde la vida diaria de estas familias, y de esta comunidad, con los turistas y el mercado turístico, es sin duda alguna trazar esos lazos y relaciones sociales que intuíamos al comienzo de estas páginas.
Es descubrir como la actitud y disposición ante el encuentro de cada uno de los actores aquí presentados acaba estableciendo estilos, formas de estar, y maneras de disponerse. Modos de situarse no ante el mercado (porque no es algo que le sea ajeno, de lo que no formen parte) sino en el mercado, pues todos son parte —y conforman con sus diferentes haceres— del mismo proceso.
En este sentido de construcción (desde las estrategias y tácticas con la que disponen para relacionarse desde su cultura) podemos afirmar que la incursión en el mercado, vía turismo comunitario, no es que sea una factor para el desarrollo y la sostenibilidad del fenómeno turístico (sin el cual por otro lado no existiría) sino que consideramos —ante el ejemplo analizado en esta comunidad— cómo la particular manera de situarse en el mercado ofrece un verdadero y potencial recurso para el desarrollo. Ser parte del mercado, turístico, se convierte desde este planteamiento, en eje vertebrador para la participación no solo en el negocio, la comunidad, sino en la cultura actual.
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