• No results found

Anthony G Greenwald

2. Implicit Attitudes and Implicit Stereotypes

A partir del nacimiento se ponen a funcionar diversos mecanismos de adquisición de olores. Algunos se apoyan en la familiaridad pasiva respecto de un clima olfatorio: basta que un olor se presente para que resulte familiar, y, por tanto, más atractivo que cualquier olor

“El olfato no debe ser muy activo en la primera edad, cuando la imaginación, que pocas pasiones ha excitado todavía, no es muy susceptible de emociones, y cuando aún no se tiene bastante experiencia para prever con un sentido lo que otro nos promete. [...] Cierto que este sentido es todavía obtuso y está casi embotado en la mayoría de los niños. No que la sensación no sea en ellos tan fina, y quizá más, que en los adultos, sino porque, no teniendo ninguna otra idea, ellos no se ven afectados fácilmente por un sentimiento de placer o pena, y porque no son ni halagados ni lastimados como nosotros.”

32

MENTE Y CEREBRO 35 / 2009

nuevo. Otros implican procesos de aprendiza- je complejos y especializados. Así, la mama- da, debido a las numerosas estimulaciones y gratificaciones que combina, constituye una situación óptima para el rápido establecimien- to de las preferencias neonatales, las olfativas en particular.

En 2006 hemos probado que, si se aplicaba sobre el seno materno una pomada que oliera a manzanilla, el recién nacido empezaba a prefe- rir este olor sobreañadido a cualquier otro. Esta atracción por el olor artificial asociado al seno se torna, después de unos cuantos amaman- tamientos, equivalente a la que desencadena el olor de la leche materna; en otras palabras, un olor adquirido en el contexto neonatal tendría un poder de atracción notable. Y esta atracción puede ser duradera, pues seis meses después de suspender la exposición a la man- zanilla, el bebé seguirá prefiriendo el olor a la manzanilla a otros.

Este olor “intruso” de manzanilla permite poner de manifiesto lo que pasa en el momen- to de los intercambios espontáneos entre el neonato y su madre. El recién nacido detecta y memoriza los olores naturales de su madre. Se ha comprobado, en múltiples ocasiones, que el olor del seno se vuelve muy pronto atractivo desde los primeros amamantamientos. Díga- se lo mismo de los olores del cuello y de las axilas.

Pero, según se les alimente con la leche ma- terna o con el biberón, los bebés no se enfrentan a las mismas situaciones de aprendizaje olfato- rio. Mientras que los bebés que toman el pecho durante dos semanas prefieren el olor axilar de sus madres (en relación al mismo olor de otra madre), los alimentados con biberón no hacen esta distinción. La diferencia entre esto niños estaría ligada al grado de exposición directa a la piel materna. Efectivamente, los bebés ali- mentados con la leche materna no distinguen el olor axilar de su padre (al que nunca han estado directamente expuestos) del de otro hombre.

En la mayoría de estas experiencias se uti- liza un test de doble elección: se coloca al re- cién nacido en una silla adaptada y se le filma cuando se le presentan, a derecha e izquierda, dos gasas, una de las cuales está empapada del olor estudiado. El experimentador, que no sabe nada de la naturaleza de los estímulos ni de qué lado se presentan, mide la duración de la orientación de los bebés hacia uno u otro olor, así como los movimientos de su boca cuando gira la cabeza hacia las fuentes olorosas.

Este tipo de asociación entre olor y lactancia se da también en el caso del biberón y en otros contextos no alimentarios. Si, desde el día de su nacimiento, se le da a un bebé un suave ma- saje en presencia de un olor concreto, el infan- te será atraído después por ese olor. Además, a los tres o cuatro meses, los niños de pecho pueden asociar un olor con una forma visual y, más tarde, miran durante más tiempo esa forma entre otras muchas, cuando se les vuelve a presentar el olor en cuestión. Así pues, los olores, asociados pronto a las estimulaciones de los otros sentidos, pasan a ser elementos importantes del mundo multisensorial del niño. Las estimulaciones olfativas que pasan a controlar el comportamiento del bebé son variadas y múltiples los contextos y los meca- nismos implicados (familiarización, asociación, condicionamiento).

De todas formas, esta plasticidad parece que tiene sus excepciones. En algunos casos los aprendizajes olfativos se forman mejor si tienen lugar en momentos determinados del desarrollo. La existencia de períodos calificados de sensibles se ha revelado en distintos mamí- feros jóvenes. Ahora se los estudia en nuestra especie.

El período justo después del nacimiento parece particularmente favorable a la adqui- sición de los olores. Pongamos el ejemplo del consumo de alimentos poco gustosos, como las leches hipoalergénicas, de olor desagrada- ble sabor ácido y amargo. Los bebés alimenta- dos con esas leches durante los dos primeros meses se acomodan sin dificultad. Pero si se les empieza a dar a los siete u ocho meses, el niño las rechaza con muestras de desagrado. Igno- ramos si semejante cambio de preferencias ligadas a una exposición precoz se debe a alte- raciones de los mecanismos de percepción (en función de la maduración sensorial) o a fluc- tuaciones de las reacciones ante la novedad.

La plasticidad de las primeras reacciones pos- natales a los olores estaría también influencia- da por el orden de aparición y por similitud. En algunos casos, la exposición repetida a un olor no implica necesariamente una preferencia. Por ejemplo, si se ofrece a los recién nacidos, aman- tados por la madre, elegir entre el olor predo- minante de su entorno prenatal (el del líquido amniótico) y el olor del primer alimento pos- natal (la leche materna), se inclinan por el olor de la leche a partir del cuarto día. Si se repite el experimento con bebés alimentados con leche artificial, éstos no manifiestan las mismas pre-

2. PRIMERAS PRUEBAS

CON AROMAS.

Pocas horas después del parto, los recién nacidos husmean gasas impregnadas con olor a anís. Si los niños estaban acostumbrados, ya en el útero, al aroma por la ali­ mentación de la madre reac­ cionaban positivamente (a, c). En caso contrario, el olor provocaba rechazo (b, d). SE g UN : B. Sch AAL , L . M ARLIER UND R . SOUSSI g NAN , h U M AN F OETUSES LEARN ODOURS , EN cheMical senses , 2000, v OL . 25, NR . 6, PA g S. 729-737, O xF ORD UNI v ERSIT y P RESS

a

b

c

d

MENTE Y CEREBRO 35 / 2009

33

ferencias; a los cuatro días tienden a optar por el olor amniótico antes que por el olor de la leche artificial, que, sin embargo, les ha satisfecho cin- co o seis veces al día desde su nacimiento.