Cuando Quinn llegó a la casa poco después de las ocho de la mañana siguiente, fue recibida por el silencio. Estaba acostumbrada a llegar a casa después de veinticuatro horas de guardia, para encontrar a la abuela de Arly, Phyllis, ocupada en la cocina preparando el desayuno o arreglando a Arly para la escuela. En el verano cuando no había escuela, Phyllis supervisaba a Arly después de que Honor la dejaba en el turno de la sala de emergencias hasta que Quinn volvía a casa de la guardia de noche. Y puesto que Quinn por lo general no estaba disponible, Phyllis a menudo llevaba a Arly a algún lugar, mientras que Quinn dormía.
Ellas nunca se iban tan temprano, sin embargo.
Quinn revisó la cocina. Una olla llena de café estaba en la cafetera. No había ninguna señal de platos para el desayuno, y el olor de crepas o magdalenas estaba ausente. Algo no estaba bien, y una ola de pánico irracional la recorrió. Ella negó rápidamente, sabiendo que si algo hubiera pasado a Honor o Arly o Jack, alguien la habría llamado. Aún así, ella quería ver a su familia. Por toda la emoción de la última semana y media, y la increíble alegría de traer a Jack a casa, ella no había sido capaz de olvidar esos pocos minutos en la sala de parto, cuando había temido que podía perder a Honor. Nada en su vida había sido tan aterrador como imaginar un futuro sin ella.
Diciéndose que no había nada de qué preocuparse, Quinn subió las escaleras lo más rápido que pudo, mientras que intentaba no hacer ruido. El dormitorio principal se encontraba en el pasillo, en diagonal a la habitación de Arly, y al pasar por la puerta parcialmente abierta de Arly, echó un vistazo. Arly estaba con las piernas cruzadas sobre la cama, con su pijama y un libro abierto en su regazo.
Cuando ella vio a Quinn, tocó con su dedo los labios y negó con la cabeza poniendo una mirada de advertencia. Al instante, la ansiedad de Quinn se disipó y se acercó a la cama.
"¿Qué está pasando?" Preguntó en un susurro. "Mamá y Jack están durmiendo."
"¿Dónde está Phyllis?"
"Ella fue a su casa. Dijo que podíamos llamarla cuando todo el mundo se hubiera levantado y ella prepararía el desayuno".
"¿No quisiste ir con ella?" Teniendo en cuenta que la casa de Phyllis era la otra mitad del dúplex y la de Honor estaba al otro lado del pasillo, no había razón por la que Arly no podía quedarse sola en su habitación.
Después de todo, ella dormía sola en su habitación todas las noches también. Aún así, era un cambio. La rutina de todos estaba interrumpida.
Arly negó con la cabeza. "Quería quedarme aquí." "¿Estás bien?"
"Sí" Pero ella no miró a Quinn cuando respondió.
Quinn se sentó en la cama y se recostó contra las almohadas. Arly se acurrucó a su lado. "¿Qué estás leyendo?"
"The Golden Compass". "¿Te gusta?"
Arly asintió. "Es como Harry Potter para niños mayores."
Quinn sonrió. Había leído algunos de los libros. La historia de una chica joven en un universo alterno era salvajemente imaginativa y hermosa a veces, pero más oscura que Harry Potter. La serie se suponía que era para jóvenes lectores, pero algunos de los eventos eran bastante sofisticados, no obstante. "¿No da miedo ni nada?"
"Es sólo hacer creer, Quinn."
"Tienes razón". Quinn besó la parte superior de la cabeza de Arly. "Esa parte se me olvida." Arly rió. Luego deslizó su brazo alrededor de la cintura de Quinn y se quedó callada. Después de un unos segundos, dijo Quinn, "¿Qué estás pensando?"
Quinn tuvo la precaución de mantener la calma porque no quería que ninguno de sus secretos temores lastimaran a sus hijos. "Sí, ella va a estar bien. ¿Estás preocupada? "
"Ella parece un poco enferma."
"Ella no está enferma, cariño." Quinn acercó a Arly. "Ella está bastante cansada. Mamá te explicó de la operación que necesitaba para traer a Jack, ¿no? "Arly asintió. "Bueno, lleva un poco de tiempo para volver a la normalidad después de ello. "
"¿Y entonces todo será como antes?"
"Las cosas van a ser un poco diferentes ahora, porque en vez de ser una familia tú, yo y mamá y Phyllis, ahora seremos tú y yo, mamá y Phyllis y Jack”.
Arly se enderezó miró a Quinn con atención. "¿Jack es realmente mi hermano?"
"¿Qué?" Quinn se sorprendió tanto que se olvidó que se suponía ella era el adulto racional. "Claro que lo es. ¿Por qué lo preguntas? "
"Tommy dijo que Jack no puede ser mi hermano a menos que tengamos un padre también. Y no tenemos uno".
"Hay muchas maneras de formar las familias, ¿recuerdas?, hemos hablado de eso. Las familias son personas que viven juntas porque se aman y quieren cuidarse entre sí. Como hacemos nosotros".
Arly asintió.
Quinn la abrazó con fuerza. "Así que ahora tenemos a Jack, y tu madre y yo los amamos a ambos y todos vamos a vivir juntos hasta que seas mayor. Así que eso nos hace tus padres y a Jack tu hermano. "
“Entonces, ¿la parte del padre no cuenta?"
"Bueno, cuenta si tienes uno, pero tú no necesitas uno." Quinn se preguntó si ahora iban a tener que hablara sobre pájaros y abejitas.
Echó un vistazo a través de la puerta abierta a la habitación en el pasillo. La puerta estaba entreabierta unos centímetros, pero Honor probablemente estaba dormida. Deseó que Honor viniera en su ayuda, pero al menos ahora ella no sudaba cada vez que tenía una de estas conversaciones con Arly. Sólo deseaba que ella tuviera más tiempo para prepararse para temas como este. Algún día probablemente iba a decir algo equivocado y causaría un daño permanente psicológico.
"Quinn?" "¿Sí, cariño?"
"¿Puedo llamar a la abuela ahora para que podamos tener el desayuno?"
"Sí, Ve a llamarla. Me muero de hambre. "mientras Arly pasaba sobre ella, Quinn le dio un manotazo en el trasero. "Voy a ir a ver a tu madre. Si todavía está durmiendo, tendremos que estar en silencio”.
"Bueno."
Arly desapareció en su camino a las escaleras para usar el teléfono, y Quinn se puso de pie y se estiró. Su espalda baja le dolía por estar de pie la mayor parte de la noche, reparando un desgarre de la arteria pulmonar en el chico con la herida de bala. Tenía los ojos arenosos por la falta de sueño, y se sentía un poco confusa. Aún así, lo único que importaba era que ya estaba en casa. Fue a su dormitorio, con cautela abrió la puerta, e se introdujo sin hacer ruido para disfrutar de la escena.
Honor yacía dormida, Jack acunado en la curva de su brazo. Ella parecía muy
pálida, pero increíblemente tranquila. Incluso en su sueño, parecía feliz. Quinn se quedó absorta en ella, todavía sorprendida de que esta era su vida. Esta mujer, estos niños, esta casa. Más de lo que jamás había soñado.
Honor se movió y abrió los ojos. Acostumbrada a despertar por completo de inmediato, ella se centró en Quinn al instante. "Estás en casa. Me pareció oír que hablabas hace pocos minutos ¿O lo soñé? "
"No." Quinn se tendió en la cama y le besó en la mejilla. "Estaba hablando con Arly."
"Mmm." Honor cruzó un brazo alrededor del cuello de Quinn y la acercó más hasta que pudo darle un beso en la boca. "Te extrañé."
"Yo también te extrañé." "¿Estás cansada?"
No mucho." Quinn se inclinó sobre el cuerpo de Honor y acarició la cabeza del bebé. Su pelo era tan suave, como nada que ella hubiera sentido antes. El rostro del bebé se arrugó e hizo un pequeño gemido. "Uh-oh. Lo siento”.
Honor rió. "No pasa nada si se despierta. De todos modos lo hará. Es casi la hora para otra alimentación”.
"¿Debo hacer algo con él?"
"Estará bien por un tiempo. Phyllis lo cambió antes, justo después de comer."Honor tomó la mano de Quinn y la sostuvo con sus manos unidas entre sus pechos. "¿Has comido ya?"
"Yo estaba a punto de bajar. Arly está llamando a Phyllis para el desayuno”.
"¿Phyllis no está aquí?" Honor frunció el ceño. "¿Qué estaba haciendo Arly aquí sola?" "Ella estaba leyendo en su cuarto. Creo que está un poco preocupada por ti. "
Honor le pasó el bebé a Quinn. "Toma, abrázalo. Tengo que levantarme para que ella vea que estoy bien”.
"Pensé que habíamos acordado reposo en cama hasta que tengas otra transfusión mañana." Quinn se acomodó al bebé contra su hombro.
"Me siento bien. No soy una inválida”.
Quinn pasó el brazo alrededor de los hombros de Honor y ella se echó hacia atrás para volver a cubrirse. "Es sólo la asustará si exageras demasiado pronto y ella verá no te ves bien. Tengo una idea mejor. Dame un minuto, ¿de acuerdo? "
"No quiero que ella...”
"Un minuto". Quinn puso a Jack en su cuna junto a la cama, contenta cuando él no se despertó. Luego se asomó hacia el pasillo y gritó en voz baja, "Arly? Ven arriba”.
Unos segundos más tarde, Arly apareció al pie de las escaleras. "La abuela está en camino."
"Justo a tiempo". Cuando Arly alcanzó la cima de las escaleras, Quinn le tomó la mano. "Vamos a ver a mamá por un minuto."
Quinn llevó a Arly a la cama y palmeó un lugar al lado de la cadera de Honor. "Sube acá". Luego se sentó a un lado de Arly y apoyó la barbilla en la parte superior de la cabeza de Arly. "Entonces, ¿qué piensas?," le susurró a Arly "Tú y yo preparamos el desayuno a Mamá y lo traemos hasta aquí. Ella puede comer y estamos viendo a Jack”.
"Sí," dijo Arly con entusiasmo. "Podemos hacer panqueques."
Riendo, Honor extendió sus brazos. "Ven aquí y dame un abrazo primero." Cuando Arly vaciló, ella dijo: "Está bien, cariño. Estoy un poco adolorida, pero voy a estar mucho mejor en un día o dos. Especialmente si tú y Quinn me van a mimar".
"Podemos mimarte un montón."
"Estoy contando con ello." Honor miró a Quinn sobre la cabeza de Arly cuando ella la abrazó. Te amo, articuló en silencio.
Quinn acarició la pantorrilla de Honor bajo las sábanas y le susurró: "Yo también." Tomó un gran respiro de satisfacción y sintió que su fatiga desaparecía. La mayoría de las últimas veinticuatro horas había estado demasiado ocupada para pensar en nada más que el trabajo que tenía que hacer. Pero en el breve respiro entre cirugías, después de revisar a los pacientes en el postoperatorio, o mientras robaba un momento para probar un bocado, pensó en su familia. Sin embargo, sabía que por más difícil que la noche pudiera ser, cuando llegara el día, estaría yendo a casa con aquellos que le daban fuerza y la aliviaban. La vida era buena.
Tristán se dirigió a los vestuarios, finalmente había logrado terminar las rondas en el post-operatorio, durante la noche revisó el control sobre los pacientes en la unidad de cuidados intensivos quirúrgicos y escribió las notas de seguimiento. Había terminado por hoy. De hecho, estaría fuera durante dos días, hasta el domingo. Considerando que estuvo ocupada cubriendo turnos extra del personal que salía, primero por reuniones y después en vacaciones, estaba lista para un descanso. De hecho, estaba lista para más que eso.
Anestesia, como a ella y a sus colegas le gustaba llamarla, era una especialidad marcada por largos períodos de aburrimiento intercalados con momentos de puro pánico. La mayoría de los casos eran bastante rutinarios una vez que el paciente era anestesiado y el procedimiento seguía su curso. Durante la cirugía pasaba su tiempo monitoreando los signos vitales y asegurándose que las diversas medicinas estuvieran en los niveles adecuados para mantener al paciente inconsciente, pero no tan altas como para llegar a ser peligrosas. Inducción-poner al paciente a dormir-y emergencia -despertarlo- eran momentos de tensión para ella y podía ser muy desafiante cuando surgían complicaciones. Y, por supuesto, estaban los palpitantes momentos, durante una reanimación de trauma cuando ella debía aplicar juicios rápidos y realizar procedimientos técnicos con sólo unos segundos de margen.
Había pasado las últimas horas dando anestesia a una mujer sana de veinte años que se había tomado unas copas de más, dormido al volante, y conducido su coche al río Schuylkill. Además del casi ahogamiento, se había roto el cuello y los cirujanos ortopédicos decidieron hacer de inmediato injertos óseos para estabilizar la columna cervical. Una vez que Tristán colocó el rostro de la chica sobre la mesa, aseguró sus vías respiratorias, y la anestesió, ya no tenía mucho que hacer. Así que, entre la grabación de los signos vitales y la comprobación del progreso de la cirugía, su mente divagó.
Se preguntó cómo seguiría la nuera del gobernador. Ella quería pasar a verla y comprobar su estado, pero se había resistido, por temor a que pareciera inapropiado. En realidad, nadie le había dicho que no podía revisar la carta de indicaciones, pero ella no creía que fuera una buena idea. No saber lo que estaba pasando con el paciente o con la investigación médica, sólo la ponía más agitada, y no estaba segura qué hacer con su inquietud. No quería hablar de ello con sus colegas. Estaba ligeramente avergonzada y pensó que todos tenían una historia similar, lo cual era el punto. Aún así, se lo contó a Jett, y se sentía bien. Bien por decírselo. Bien por reconocer la simpatía en su voz y ver la certeza de confianza en sus ojos.
Había pensado mucho en Jett durante las largas horas de la noche, fragmentos de conversación regresaban a ella junto con la imagen de sus ojos o la ligera sonrisa que rara vez mostraba. Ahora que había terminado el día, seguía pensando en Jett, y eso probablemente no era la mejor idea. Jett le recordaba a un corcel pura sangre asustadizo. No era el tipo de animal para llevar a un paseo casual, y demasiado fino para correr el riesgo de romperlo con mano dura. No, Jett no era definitivamente su cita habitual. Pero de la misma manera, terminaba pensando en ella. Un pulso fuerte en la boca del estómago exigía su atención.
Lo que necesitaba era una distracción. Algo para ayudarla a relajarse y dejar de pensar en su trabajo y la acusación de que ella era incompetente, y para ayudarle a ignorar la agitación en lo más profundo de su ser, cada vez que pensaba en la tranquila y suave voz de Jett y en sus ojos intensos. Mientras esperaba el ascensor hasta el garaje de estacionamiento, revisó los números familiares en su teléfono celular hasta que encontró uno que pensó iba a funcionar. Pulsó la marcación rápida y esperó.
"¿Darla? Soy Tristán."Las puertas del ascensor se abrieron, entró y pulsó el botón de su piso. "¿Alguna posibilidad de que puedas llegar tarde al trabajo? Estaba pensando que podría gustarte el desayuno en la cama. ¿Dónde estás?" Salió al piso rápidamente y se dirigió hacia su coche, cambiando la piel de una vida por otra con cada paso que se alejaba del hospital. "Te recogeré afuera, entonces. Estaré allí en un minuto”.
Cerró su teléfono y saltó a su coche. Había estado viendo a Darla con bastante regularidad, una pelirroja escultural que trabajaba en el departamento de contabilidad de la
Escuela de Medicina. Darla tuvo una relación larga que terminó en desastre, y no estaba de humor para otro compromiso tan pronto. Sin embargo, ella estaba por lo general en buen ánimo para un poco de diversión y sexo exigente. Tristán descubrió muy pronto que a Darla le gustaba el sexo en lugares públicos. Puesto que le divertía divertir a Darla, por lo general le seguía la corriente.
Rugiendo el motor, aceleró por la rampa hacia la salida. Una pequeña dosis de Darla por la mañana, era justo lo que necesitaba para desaparecer la nube de inquietud que colgaba pesadamente en su mente.
***
Jett cerró la tapa de su Jeep y se balanceó sobre sus talones, resignada. Después de estar tocando la batería, darle a la llave del encendido, y al motor durante una hora, finalmente Jett admitió que no iba a conseguir que la maldita cosa arrancara. Finalmente había muerto.
Como no estaba de humor para esperar por una grúa, llamaría cuando llegara a casa y haría los arreglos necesarios para encontrar a alguien antes de su turno de esa noche. Además, caminar dos millas hasta casa sería una buena manera de relajarse. Quizá cuando llegara allí, estaría cansada en el buen sentido. Cansada lo suficiente para dormir sin soñar.
Se dirigió por las escaleras hacia la calle, parpadeando cuando salió de la penumbra a la luz brillante del sol. Miembros del personal del hospital caminaban a toda prisa hacia la entrada principal y los vendedores de alimentos se empujaban por obtener un lugar a lo largo de la acera. Mientras esperaba cruzar en la esquina, un coche conocido desaceleró ante el semáforo. El coche de Tristán. Jett sintió una oleada desconocida de placer. Tal vez podría pagarle el desayuno.
Se inclinó hacia la ventana abierta del pasajero, a punto de llamar con un saludo y una invitación, cuando se dio cuenta de que Tristán no estaba sola. Una muy atractiva pelirroja estaba casi sobre Tristán, con su mano en el regazo mientras le acariciaba el cuello. Tristán permaneció con la mirada fija hacia delante, con las manos crispadas sobre el volante.