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Improve: Technological innovation – increase efficiency

Chapter 3 Policies for shifting commuters to more sustainable transport

3.6 Avoid/Reduce and Improve elements

3.6.3 Improve: Technological innovation – increase efficiency

Los estudios de los significados de las palabras no son recientes, ni tuvieron su origen con los estudios lingüísticos, históricos, comparativos o estructurales. Los filósofos fueron los primeros en preocuparse con los problemas de significación, de la relación entre las palabras y las cosas, de la condición de verdad de una frase. Desde los presocráticos hasta la actualidad, la filosofía cuestiona las relaciones entre lenguaje y realidad. En Crátilo, Platón hace una discusión sobre el naturalismo y el convencionalismo del lenguaje y ese tema remite a los presocráticos: Pitágoras, por ejemplo, decía que los nombres existen por naturaleza, es el alma que impone el nombre a las cosas.

Al decir, en el libro VI de Organon, que una de las causas de los errores sofísticos es que entre objetos y palabras no hay una semejanza total – los nombres son en número limitado pero las cosas son en número infinito – Aristóteles postula el arbitrario de los signos y se va en contra de la concepción sofista de una relación natural entre los nombres y las cosas. Ya en aquellos tiempos, él aborda los fenómenos de homonimia, anfibología, composición, diarese, prosodia y figuras de dicción. Muestra, por ejemplo, que, en un argumento como: Quien dice cosas silenciosas habla, la conclusión es ambigua. Puede significar: quien pronuncia la expresión «cosas

silenciosas habla» o quien dice cosas «en silencio» habla. Se trata de una anfibología o

Esta tradición filosófica de los estudios semánticos perdura hasta hoy en día, pero hay, según Nef, una distinción entre el abordaje semántico filosófico y el lingüístico:

El punto de vista filosófico se distingue del lingüístico por su dimensión crítica. Sin duda, la lingüística se interesa por la significación. Ella sólo la excluye en las versiones radicalmente comportamentistas. Pero sólo la filosofía se pregunta sobre las condiciones de posibilidad de significación. Así se puede distinguir una semántica lingüística que se dirige a la descripción de las manifestaciones de significación en las estructuras lexicales, gramaticales y textuales, de una semántica filosófica que reflexiona sobre los lazos entre el pensamiento, la verdad y la significación y, por eso, se empeña en un procedimiento crítico que le es propio a ella. En verdad, como lo afirma Greimas, es necesario reconocer que la semántica

era la pariente pobre de la lingüística. Ella fue la última de las disciplinas lingüísticas.

Desde el siglo XIX, en el ámbito de la lingüística histórica, la atención de los lingüistas se volvió para los cambios fonéticos y gramaticales, más fáciles de una sistematización. El estructuralismo ha desarrollado con mucho más ahínco la fonología y la gramática. Sólo en los años 60, lingüistas como Guiraud, Pottier, Greimas y otros se dedicaron a un estudio riguroso y científico de la semántica, tratando de construir un aparato teórico estructural que pudiera dar cuenta de los hechos de significado y de significación del léxico de una lengua. Para AG esta

descripción obedece a dos principios simultáneamente presentes y contradictorios: ella es inductiva en su deseo de dar cuenta fielmente de la realidad que describe; ella es deductiva por la necesidad de mantener la coherencia del modelo en construcción y de alcanzar la generalidad, coextensiva del «corpus» sometido a la descripción.

La teoría semántica de AG hace hincapié en FS, pues el “Cours” presenta un

embrión de análisis semántico, con el ejemplo de relaciones asociativas que se establecen entre las palabras, en un bosquejo de análisis con la palabra del francés «enseignement». También se basa en la teoría de Hjelmslev que reconoce dos niveles del lenguaje – el de la expresión y el del contenido y postula la existencia de una forma y una sustancia de la expresión y una forma y sustancia del contenido. Los sonidos, desde el punto de vista fonético y las “ideas confusas”, desde un punto de vista tal vez psicológico, son para LH las materias de las que se constituye la lengua. La sustancia sería, de la parte de la expresión, los fonemas recortados en una lengua y la forma sería esos fonemas en sus relaciones sintagmáticas y paradigmáticas, configurados en la cadena lingüística. De la parte del contenido, la forma sería las relaciones semánticas sintagmáticas y

paradigmáticas (relaciones entre los lexemas, según la terminología de AG) y la sustancia, los componentes mínimos (o semas) del significado.

La tarea de la semántica estructural es, según AG, describir todo conjunto significante bajo cualquier forma que se presente, independientemente de la lengua natural que pueda servir por razones de comodidad, a la descripción. Esto se traduce en crear un aparato teórico general, o sea, un conjunto de categorías conceptuales y terminológicas que sirva como un lenguaje descriptivo que pueda aplicarse a una lengua objeto cualquiera.

Así, según el autor, la descripción semántica de una lengua es la «praxis» de la semántica científica. Esta praxis sólo es posible si se tiene en cuenta, simultáneamente, en vista del análisis de una lengua-objeto, tres lenguajes, situados en tres niveles lógicos distintos: el «lenguaje descriptivo» que es, en relación a la lengua objeto, un metalenguaje que sirve a su descripción, el lenguaje «metodológico», también un metalenguaje, que define los conceptos descriptivos y verifica su cohesión interna; y el lenguaje «epistemológico», metalenguaje que tiene por función verificar la validad de los conceptos en relación a las categorías del lenguaje descriptivo. Esta validad se caracteriza como la verdad considerada como coherencia interna de la descripción y como adecuación a la realidad. En el primer caso, se utiliza el método deductivo y en el segundo, el método inductivo. Respecto a eso, concluye el autor:

Se ve que sólo la aceptación de discutir la existencia de dos previos: inducción y deducción, nos sitúa en el nivel cuaternario y presenta a la vez condiciones de una semántica general, capaz de describir todo conjunto significante, bajo cualquier forma que se presente, e independientemente de la lengua natural que pueda servir, por razones de comodidad, a la descripción. Esas condiciones son antes la existencia del nivel cuaternario, esto es, del lenguaje epistemológico y enseguida, el análisis de validad de la descripción semántica que debe situarse en él.

AG y Bernard Pottier fueron dos lingüistas que lograron alcanzar un rigor científico y metodológico en los estudios semánticos. Ambos pretendieron estudiar el significado sin recurrir a los referentes - por supuesto, no hicieron una semántica realista - ni a los aspectos psicológicos-cognitivos. Es decir, estudiaron el significado desde un punto de vista puramente lingüístico.

Dos conceptos básicos de la teoría semántica de AG son los de eje semántico y articulación sémica. Se pueden aclarar estos dos conceptos utilizando el lenguaje-objeto,

por ejemplo, la relación entre «largo» y «corto». Los dos lexemas tienen una base común que se traduce por la noción de tamaño. «Largo» se caracteriza por la presencia de un sema positivo, con relación a tamaño y «corto» por un sema negativo. Este eje se basa en la teoría fonológica en la que una forma como «pasa» se distingue de «basa» por la distinción entre /p/ y /b/. Esa distinción se ubica en un eje en el que el fonema /b/ se caracteriza por el trazo «voceado» y el /p/ por la ausencia de ese trazo.

Pero no siempre el eje sémico es binario. Hay posibilidades de haber un «sema» que no es ni positivo ni negativo. En portugués los adjetivos bom (bueno) y mau (malo) admiten un «sema» neutro, «regular» por ejemplo. Decir que algo no es «bom», en portugués, no implica necesariamente afirmar que es «mau». AG llama a este sema de «complejo». Este eje no sería, pues, bipolar, puesto que se somete a gradaciones ternarias: «positivo vs complejo vs negativo».

Las articulaciones sémicas que caracterizan los ejes semánticos, son las maneras con las que cada lengua categoriza el mundo y define en sus especificidades culturas y civilizaciones. El ejemplo clásico de articulaciones sémicas es el del espectro de los colores, que es distinto en varias lenguas, o los distintos nombres de la nieve para los esquimales.

Otra categoría básica del análisis semántico de AG es la distinción entre la sintaxis, que pertenece al plano del discurso, y las relaciones actanciales que pertenecen al plano de la significación. Establece algunas categorías actanciales básicas como: sujeto y objeto, destinador y destinatario, circunstantes, ayudante y oponente. Estas categorías, constituidas de un número restricto de términos actanciales son, según el autor, suficientes para dar cuenta de la descripción tanto del macro como del micro contexto. Los actantes sintácticos «sujeto y objeto» no siempre corresponden a los actantes semánticos «destinador», «objeto» y «destinatario».

El modelo actancial se basa en dos autores citados por AG, Props y Sourian, que ven el enunciado como un espectáculo que tiene la particularidad de ser permanente: el

contenido de las acciones cambia todo el tiempo, los actores varían, pero el enunciado-espectáculo sigue el mismo porque su permanencia está garantizada por la distribución de los papeles.

alcanza objetivación y generalización puesto que sirve como aparato para la descripción de cualquier texto narrativo.

Además de la estructura actancial, hay que tener en cuenta las fuerzas temáticas que fueron inventariadas por Sourian y aceptadas por AG. Entre estas fuerzas él cita: amor, fanatismo, codicia, avaricia, envidia, odio, curiosidad, fe, miedo, deseo de belleza, riqueza, conocimiento.

Un punto a subrayar es que el análisis semántico estructural aplicado a un texto narrativo, por más exhaustivo y esmerado que sea, seguirá siendo una posibilidad de interpretación sujeta a testes para ver si está o no adecuada, pero no sujeta a comprobación. De cualquier modo, esto no niega la importancia que tuvo el análisis sémico, en el ámbito de la lingüística estructural y su contribución a otras ciencias como la Antropología, la Hermenéutica y otras.