3.1 Vector System for Biosensor Development
3.1.3 Improvement of His-tag Purification
Hemos mencionado que la cultura profesional de la medicina occidental logró legitimarse en el siglo XIX como un componente más del estado moderno, donde la medicina participa como estrategia biopolítica (Foucault 1978)22. Muchos médicos se convirtieron en intelectuales orgánicos del proyecto de ingeniería social que se asoció a la construcción del estado moderno. Las formas de producción del conocimiento en el campo de la salud fueron abandonando las teorías ambientalistas y la observación
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En 1974 Michel Foucault dictó una serie de conferencias en la Universidad Estatal de Río de Janeiro, donde sostuvo que "el control de la sociedad sobre los individuos no se opera simplemente por la conciencia o por la ideología sino que se ejerce en el cuerpo, con el cuerpo. Para la sociedad capitalista lo importante era lo biológico, lo somático, lo corporal antes que nada. El cuerpo es una realidad biopolítica; la medicina es una estrategia biopolítica" (Foucault 1978, p.38).
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clínica, conduciendo a un cambio cultural que modificó la relación entre medio y cultura con la enfermedad, para reducirla a una relación entre naturaleza y enfermedad (Comelles 2004). La práctica médica se limitó a intervenciones individuales con instrumentos clínicos, resultando una salud pública construida sobre la enfermedad como entidad genérica natural y del sujeto como unidad de intervención, donde lo colectivo se reduce a la historia natural y/o a la suma de individuos (Menéndez 1992). Entre 1870 y 1910 las ideas del higienismo se difundieron con fuerza, sobre todo en la zonas de influencia de los puertos y en el litoral, impulsadas por la inmigración masiva23. El higienismo ha sido definido como un
[...] conjunto de postulados, suerte de ideología en sentido laxo, que permite articular en clave técnica preocupaciones políticas de diverso cuño doctrinario, y también como un valor que en el mediano plazo logra, al igual que la educación, ser celebrado por las elites y los sectores populares independientemente de las ideologías" (Armus 2005, p.26).
Estas ideas, ya ampliamente aceptadas en las grandes urbes, llegaron tardíamente al interior del país de la mano de algunos médicos y otros agentes de la salud que habían recibido la influencia de profesionales extranjeros y otros que actuando como funcionarios difundieron los conocimientos que circulaban a escala internacional. Clásicamente se ha destacado el papel de los pioneros, como Guillermo Rawson o Eduardo Wilde, sin profundizar en la compleja red de circulación de saberes y prácticas de la que participaban personajes célebres pero también una multiplicidad de actores que ayudaron a vincular la higiene y la política pública. La simplificación que la historiografía clásica ha hecho de esta trama ocultó a importantes precursores del pensamiento higiénico, que no provenían de la medicina24 . La historia del higienismo, y también la de la medicina, se ha limitado casi exclusivamente a la biografía de personajes ilustres y a la descripción de los grandes descubrimientos o avances técnicos. La historiografía latinoamericana más reciente ha incorporado otras formas de abordar a la enfermedad y la salud. Diego Armus (2005) las resume en tres: 1) la nueva historia
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Hay autores que establecen el período del higienismo entre los años 1880 y 1943. Luego de 1943 es el
sanitarismo el que se encargará de expandir la salud pública al resto del territorio (Sánchez 2007).
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González Leandri (2013) destaca a los químico-farmacéuticos Miguel Puiggari (catalán) y Charles Murray (natural de Manchester), quienes publicaban en la Revista farmacéutica sobre "Higiene Pública" en la década de 1860.
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de la medicina, que señala los logros de la medicina pero también sus fracasos, discutiendo el contexto y la historia de la ciencia, 2) la historia de la salud pública, atenta a los vínculos entre las instituciones de salud y las estructuras sociales, económicas y políticas, y 3) la historia sociocultural de la enfermedad, de la que participan diversas disciplinas aproximándose de diferentes formas a los procesos de medicalización, profesionalización, control social, a las políticas públicas, las respuestas y los saberes de la población, las diversas medicinas y su complementariedad, situados en un tiempo, lugar y una sociedad concreta. Es esta última aproximación la que permite ver con más claridad lo sucedido con el devenir de la medicina occidental en los territorios alejados de los grandes centros urbanos y comenzar a percibir la urdimbre entre la biomedicina y las otras medicinas que se desarrollaron en la segunda mitad del siglo XIX y a comienzos del siglo XX. Dentro de estos nuevos abordajes de la historia de la salud y la enfermedad hay autores cuyos aportes han sido fundamentales para nuestro propósito, entre los que debemos mencionar a Armus (2002a, 2002b, 2005, 2010a), Belmartino (2005, 2008), Bloch y Belmartino (1988), González Leandri (1996, 2013 ) y, especialmente a Di Liscia (2000, 2002a, 2012).
La historia de la salud, a partir de la utilización complementaria de diferentes técnicas, ha conseguido ampliar la mirada sobre el proceso salud-enfermedad-atención. Desde este lugar permite poner en debate una de las características estructurales del modelo médico hegemónico: la a-historicidad (Menéndez [1978] 2005). La articulación de la a- historicidad con el biologismo ha permitido excluir a las condiciones sociales y económicas en la explicación de la causalidad y desarrollo de las enfermedades. Menéndez enfatiza que el biologismo posibilita establecer "una historia natural de la enfermedad en la cual la historia social de los padecimientos queda excluida o convertida en variables bioecológicas" ([1978] 2005, p.12)25. Del mismo modo, cuando la a-historicidad se esencializa impide visualizar conflictos y relaciones culturales como las que intentamos abordar, pues propone un sujeto social que persiste idéntico a sí mismo a través del tiempo, a pesar de los procesos socio-económico-políticos en los cuales se constituye su subjetividad (Menéndez 2001b). La a-historicidad también está
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Además del biologismo y la a-historicidad, el modelo médico hegemónico es definido por otras características estructurales: individualismo, a-sociabilidad, mercantilismo y eficacia pragmática. Estos rasgos pueden advertirse ya en la medicina practicada antes del siglo XIX, durante este siglo se profundizarán y potenciarán esos rasgos hasta convertirse en las características dominantes de la biomedicina (Menéndez [1978] 2005).
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presente en aquellos estudios que muestran al multiculturalismo como un fenómeno reciente, cuando ha sido parte de los procesos histórico-sociales de los países americanos desde la etapa colonial, y en nuestro país particularmente entre 1850 y 1910, cuando a los sucesos que ocurrían en las fronteras con los indígenas se agregó el flujo migratorio europeo. Esta vinculación entre grupos procedentes de diferentes culturas se hizo en términos de complementariedad, pero también de hegemonía/subalternidad (Menéndez 2002).