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In-Sample Predictability

2.4 Empirical Evidence

2.4.3 In-Sample Predictability

El jueves 11 de marzo de 2004, España amaneció con una noticia desoladora que haría temblar los cimientos de un país en el que se avecinaban elecciones generales. Las radios que acompañaban los desayunos apurados de aquellos españoles que iban a trabajar o estudiar proclamaban una noticia terrible mientras que, en Madrid, el horror se cernía sobre las vías de los trenes de cercanías, sobre la estación de Atocha y sobre los ciudadanos.

En esa mañana terrible, a las 7:37 horas de la mañana (hora de gran afluencia en las líneas de cercanías), estallaban tres bombas en distintos vagones en un tren en la estación de Atocha. Un minuto más tarde explotaron la cuarta y quinta bomba en la estación de El Pozo y la sexta en la estación de Santa Eugenia. Todos estos trenes realizaban su recorrido por el Corredor de Henares. A las 7:39, cuatro bombas explotan en otro tren, 500 metros antes de entrar en la estación de Atocha (documental España 11M). Como resultado de este atentado: 191 muertos y más de 1500 heridos.

En un principio, y a pesar de los indicios encontrados, todos los dedos señalaron a la organización terrorista ETA como autora del atentado que había sorprendido y aterrado a todo el país. Sin embargo, había muchas cuestiones en el aire que hacían tambalearse la idea de que el atentado pudiera atribuirse a la banda armada. Por un lado, el hecho de que el modus operandi no fuera el de este grupo terrorista que solía tener objetivos claros y no intentaba dar un golpe de efecto ni producir masacres como la que tuvo lugar en la estación de Atocha y en sus alrededores. Además, por normal general, cuando el objetivo era un sitio público en el que más personas pudieran verse afectadas, ETA avisaba por teléfono de la existencia de la bomba. A todo esto hay que añadir que el portavoz de Batasuna en aquella fecha, Arnaldo Otegi negó toda vinculación de ETA con este atentado. Sin embargo, desde el Gobierno se seguía defendiendo como hipótesis principal la autoría de ETA. La cercanía de las elecciones generales (que se iban a celebrar tres días después de los atentados) y la incertidumbre por lo que había pasado se cernían sobre los políticos y sus partidos como la muerte se había cernido sobre los andenes de Atocha ese fatídico jueves.

El sábado 13 de marzo, el día previo a las elecciones y jornada de reflexión, hubo numerosas manifestaciones en toda España ante las sedes del PP, acusando al Gobierno de haber mentido a la población. Ese mismo día se produjo la detención de tres marroquíes y dos indios relacionados con los atentados. Además, en una llamada telefónica se alertaba de que existía un vídeo reivindicativo del atentado en el que un supuesto portavoz de Al Qaeda reclamaba la autoría del atentado.

El 3 de abril de 2004, en un piso de Leganés en el que iban a ser detenidos, ocho terroristas detonaban varias cargas de dinamita, muriendo antes de ser detenidos y asesinando al subinspector del Grupo Especial de Operaciones del Cuerpo Nacional de Policía en la explosión.

El juicio

El juicio de los acusados se llevó a cabo entre el 15 de febrero y el 2 de julio de 2007 y se dictó sentencia el día 31 de octubre de ese año. Tuvo lugar en un pabellón de la Casa de Campo, el parque público más grande de Madrid, elegido debido al gran número de personas implicadas y a las medidas de seguridad que debían respetarse. En este pabellón se instaló un sistema de CCTV para que las víctimas pudieran seguir el juicio desde una sala con capacidad para 150 personas. También había psicólogos y personal sanitario en caso de que las víctimas necesitasen asistencia, además de un agente de la Oficina de Atención a las Víctimas de la Audiencia Nacional. En el juicio se utilizó la tecnología más reciente con Internet e instalaciones para videoconferencias y una cámara especial en el techo que permitía ver todos los documentos del juicio en pantallas de plasma (Valero y Abkari, 2010: 46).

Era un juicio con cobertura mediática mundial y muchas expectativas, ya que se trataba de uno de los atentados terroristas más graves que había tenido lugar en Europa, sólo superado por el atentado de Lockerbie, que se cobró la vida de 270 personas. Además, era el primer juicio contra supuestos autores de un atentado de Al Qaeda en suelo europeo (Martin y Taibi, 2012: 146). Hubo 292 procesados en calidad de: autores, cooperadores necesarios, integrantes o miembros de organización terrorista, implicados en el tráfico, transporte o suministro de explosivos y colaboradores con organización terroristas en un juicio que constó de 57 sesiones (Retransmisión de la Sentencia del Juicio por los atentados del 11M).

Según Martin y Ortega (2013: 102), además de los 29 acusados (algunos de los cuales necesitaban interpretación entre español y árabe), el juicio contó con unos 650 testigos, 98 peritos judiciales (algunos de los cuales también necesitaban interpretación de lenguas como árabe, bereber, italiano o francés), 400 periodistas acreditados de todo el mundo, unos 50 abogados además de un tribunal compuesto por tres jueces, miembros de la Fiscalía, agentes de policía, funcionarios del Ministerio de Justicia, e intérpretes. El 31 de octubre de 2007 se dictó una sentencia en la que, según diversas fuentes de prensa nacional e internacional, 21 de los 28 acusados fueron condenados y 73

absueltos, entre los que se encuentran Rabei Osman Al Sayed, alias “Mohamed el

2En el juicio sólo se dictó sentencia para 28 acusados, a pesar de haber sido 29 en un principio. Según la información de la página de la Retransmisión de la Sentencia del Juicio por los atentados del 11M, el acusado número 29 (Brahim Moussaten) fue absuelto durante el juicio al retirarse todos los cargos contra él.

3Las cifras aquí ya no tienen en cuenta al acusado número 29 que no estaba incluido en la sentencia de esa fecha al haber sido absuelto en el mes de junio.

Egipcio”, en cuya absolución los intérpretes jugaron un papel muy importante que se

explicará con detenimiento más adelante.

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