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and iv) the number of runs on each stimulus type.

NUMBER OF GRAINS INGESTED

2.8 Increasing the Retention Interval

La mayoría de las descripciones de los mecanismos de defensa se derivan de las historias de los casos clínicos. Con base en largas entrevistas con el cliente, el terapeuta describe los esfuerzos del yo por transformar un material inconsciente inaceptable a través de los mecanismos de defensa del yo. Tales historias, sin embargo, tienen desventajas para los propósitos de la investigación. Por un lado, son extremadamente tardadas, requieren de docenas o aun cientos de horas de in- vestigación por cada persona estudiada. Además, existe un problema de confiabilidad. Debido a que el terapeuta es tanto el entrevistador como el intérprete del material, es difícil saber en qué grado otro observador independiente llegaría a la misma interpretación.

Para la investigación, se ha hecho una evaluación más sistemática de los mecanismos de de- fensa, mediante el uso de pruebas psicológicas. Las pruebas proyectivas, utilizadas con frecuen- cia para la evaluación clínica como también para la investigación, pueden ser instrumentadas para los mecanismos de defensa. Esto se ha realizado con la prueba de apercepción temática (TAT por sus siglas en inglés) (por ejemplo, P. Cramer, 1987) y con la prueba del Rorschach (por ejemplo, Cooper, Perry y O’Connell, 1991; Exner, 1986; Viglione, Brager y Haller, 1991). La in- vestigación que emplea la TAT ha encontrado que los pacientes tienen patrones de defensa más saludables después de la terapia que antes de ella (Cramer y Blatt, 1990).

Los inventarios de autorreporte también han sido desarrollados para evaluar los mecanismos de defensa preferidos de la gente (Andrews, Pollock y Stewart, 1989; Banks y Juni, 1991; Juni, 1982) y las estrategias de enfrentamiento (Amirkhan, 1990, 1994), incluyendo su uso de la represión para defenderse de los pensamientos y sentimientos negativos (Turvey y Salovey, 1993-1994). Algunos estudios indican que las manipulaciones experimentales afectan la defen- sa (P. Cramer, 1991; Cramer y Gaul, 1988), lo cual incrementa la seguridad de que la prueba sea válida. No se ha demostrado, sin embargo, que estas diversas mediciones, las pruebas tanto de autorreporte como las proyectivas, sean indicadores válidos del uso de los mecanismos de de- fensa en la vida cotidiana de la gente.

Al mismo tiempo, cuando los investigadores han tenido sujetos que reportan el enfrenta- miento en la vida diaria en el momento en que se sentían estresados, utilizando una computado- ra portátil, estos reportes no correspondían muy bien con posteriores reportes retrospectivos (Stone y otros, 1998). Sin una mejor evaluación, este aspecto de la teoría psicoanalítica no pue- de ser probado de manera adecuada. Desafortunadamente, existe un espacio entre los reportes retrospectivos de enfrentamiento que los investigadores miden en el cuestionario y las observa- ciones clínicas del enfrentamiento que los terapeutas obtienen.

D

ESARROLLO DE LA PERSONALIDAD

Uno de los legados de Freud es que la experiencia en la niñez influye potencialmente en la per- sonalidad del adulto. El desarrollo de la personalidad involucra una serie de conflictos entre el individuo, quien quiere satisfacer sus impulsos instintivos, y el mundo social (especialmente la familia), el cual restringe este deseo. A través del desarrollo, el individuo encuentra maneras de obtener tanta gratificación hedonista como sea posible, dadas las restricciones de la sociedad. Estas estrategias adaptativas constituyen la personalidad. El refrán popular “árbol que torcido

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Capítulo 2 FREUD: El psicoanálisis clásico

creció, nunca se enderezó” describe perfectamente la teoría psicoanalítica del desarrollo. Así como un árbol ha crecido torcido en condiciones adversas de viento y terreno, el humano adul- to muestra efectos distorsionados permanentes de las luchas en la niñez.

Freud propuso que las membranas mucosas del cuerpo podrían ser la fuente física de los im- pulsos del ello, las zonas erógenasdonde se enfocaba la libido. Estas zonas son responsables en gran medida de la sensación y puede estar asociadas con el aumento y reducción de la ten- sión, como el modelo de la libido lo requiere. Las diferentes zonas son centrales a diferentes edades debido a los cambios de la maduración (por ejemplo, los cambios físicos asociados con la edad). Para el adulto, la zona erógena es el área genital. A temprana edad, sin embargo, otras zonas dan más placer: en la primera infancia, la boca; y después, el ano. Impulsada por facto- res de la maduración, toda la gente se desarrolla a través de las mismas etapas psicosexuales (véase la tabla 2.2).

El lactante, bajo la tiranía del principio del placer, quiere ser alimentado inmediatamente siempre que tenga hambre. En realidad, la alimentación se retrasa a veces y finalmente el infan- te es destetado. Éste es el conflicto de la primera etapa psicosexual, la fase oral. En la segunda, o fase anal, el niño disfruta el controlar los intestinos, reteniendo y expulsando las heces fecales de acuerdo con su voluntad; pero el conflicto con las fuerzas restrictivas de la sociedad emerge, conforme la familia demanda el control de ir al baño. El conflicto sobre la satisfacción del im- pulso en la tercera fase psicosexual, la fase fálica, se enfoca en el castigo por la masturbación y la compleja fantasía del niño sobre una unión sexual con el padre del sexo opuesto, un deseo que es frustrado ya que está en conflicto con el tabú universal del incesto.

El desarrollo de la personalidad ocurre conforme el yo encuentra nuevas estrategias para en- frentarse con las frustraciones impuestas por la socialización. Si ésta es demasiado severa o re- pentina, el joven yo no podrá enfrentarla y el desarrollo de la personalidad se dañará. De repente, severos golpes que están más allá de la capacidad del niño de enfrentar, llamados trau- mas psíquicos, incluido el abuso sexual y el descubrimiento temprano de los adultos realizan- do el coito (la “escena primitiva”). La escena primitiva ha sido comparada con los intentos de los niños pequeños sobrevivientes del holocausto por entender la experiencia del holocausto de sus padres: “un conocimiento que abruma al niño que no sabe qué hacer con un conoci- miento que él o ella no pueden aún comprender” (Auerhahn y Laub, 1998, p. 371). Tales even- tos producen una fijación, en la cual los impulsos son reprimidos en lugar de liberados.

El estrés traumático excede la capacidad del yo para integrar la experiencia traumática con el resto de la personalidad, así que permanece separado, disociado de la conciencia ordinaria. Ta- les disociaciones ocurren en la condición clínica llamada trastorno de estrés postraumático. Una

Desarrollo de la personalidad

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Tabla 2.2

Fase Edad Conflicto Resultados

Fase oral nacimiento a los 12 meses destete optimismo o pesimismo

adicciones al tabaco, alcohol

Fase anal 1 a 3 años entrenamiento para terquedad

ir al sanitario codicia

Fase fálica 3 a 5 años masturbación y identificación del rol sexual

conflicto de Edipo/Electra moralidad (superyó) vanidad

Latencia 5 años a la pubertad Fase genital pubertad a la madurez

forma extrema de disociación ocurre en el trastorno de personalidad múltiple. La explicación psicoanalítica de la disociación de estos trastornos ha sido puesta a prueba por investigadores recientes, quienes no han encontrado un enlace lo suficientemente fuerte entre el trauma y los síntomas disociativos como para asegurar que uno causa los otros (Piers, 1998; Tillman, Nash y Lerner, 1994; Yehuda y McFarlane, 1995). En apoyo a la posibilidad de que el trauma pu- diera causar la disociación, sin embargo, existen hallazgos acerca de que los cambios en los neurotransmisores producidos por drogas resultan en amnesia temporal (Nissen, Knopman y Schacter, 1987). El trauma podría producir amnesia si es lo suficientemente severo como para alterar el funcionamiento normal del neurotransmisor que es necesario para formar los recuer- dos permanentes.

Por lo regular, los efectos producidos por la fijación son mucho menores que estos trastor- nos severos y son evidenciados por síntomas menos dramáticos. Los efectos específicos de la fi- jación dependen de cuándo, en la progresión del desarrollo a través de varias fases, ocurre la fijación. Veamos estas fases.