reacción emocional inmediata, inspirando “confianza o amenaza”, lo que repercute en la valorización estética de la presencia. Así se produce otra división, entre cuerpos rígidos, seriados, desfigurados, sin ojos, es decir sin la capacidad de “poner la cara”; y otros competentes en el manejo corporal de la cara y en la adecuación gestual a las expectativas del orden expresivo del proceso de selección. Aprender el código de encubrirse, de mirar a los ojos y no tener el temor de perder la cara es otra condición para adquirir el status de competir en el mundo del trabajo.
Como último comentario, se aprecia en los relatos de las entrevistas la organización territorial de los cuerpos en situación de trabajo y su relación con la clasificación que produce la buena presencia. Se puede visualizar a partir de las expresiones de los agentes -al igual que se hizo a partir de los datos del registro de clasificados- cómo los empleadores ordenan a los cuerpos distribuyéndolos en regiones escénicas diferentes y bajo exposiciones expresivas disímiles (como se observa al comparar la exigencia de las ocupaciones relacionadas con la metalúrgica y la del banco, por ejemplo). Por lo tanto, la diferenciación entre regiones anteriores y posteriores en modo alguno coincide con la reproducción de una división de cercamiento (encubrimiento, ocultación) y exposición (revelación, divulgación) de aspectos del propio cuerpo que ya se encuentran valorizados y desvalorizados bajo las lógicas del campo social. Ambos ejes de regionalización, penetrados por las reglas taxonómicas de clasificación ajustadas a la segregación social, intervienen en una trama de relaciones de regulación que promueven una configuración y la distribución específica de capitales corporales y los modos sociales de valorización que discriminan y desprecian a los cuerpos expuestos en el campo laboral (es por eso que tienen que percibir que “estas buena” dice una licenciada).
La última competencia que se analizara es la denominada comúnmente como “interacción y buen trato social”. Al respecto se escogieron tres relatos de los seleccionadores:
Para los trabajos de niñera lo importante es que les encanten los niños, porque se busca una persona que se encargue de los niños, que los cuide, que esté atento a ellos. Por ahí viene alguien con 18 años que esta todo el día con el celular y no le presta atención, quizás esa no sea la trabajadora adecuada (María José, Licenciada en Recursos Humanos y Consultora de la Oficina de Empleo de la Municipalidad de Mendoza. Entrevista realizada en octubre del 2012). En los trabajos de servicio es universal que vos tengas tolerancia a las diferencias, saber escuchar. Porque ninguno te va a decir yo tengo mala onda, yo me peleo con el primero que viene, a mí si un cliente me rompe mucho las pelotas me lo
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saco de encima, no te va decir eso. Y comunicarse es fundamental, porque hoy la gente en general a cualquier trabajo llega cansada, tensionada, con problemas y la salud mental de la población es bastante crítica, entonces alguien que está en la recepción o en la cara visible de un negocio tiene que tener muy buena onda para bancarse las agresiones (Alejandra, Psicóloga, Profesora Universitaria y Responsable de una Consultora de empresa. Entrevista realizada en agosto del 2012).
Las habilidades de buen trato se miden en una entrevista, porque la persona que está buscando trabajo está en una evaluación y está súper-expuesta, entonces vemos como se desenvuelve en una situación de presión. Hay algunos que tienden a estar tranquilos, pero hubo gente que nos ha contestado mal, que se ha puesto agresiva, o gente que no sabe hablar. Por eso es importante saber desenvolverse, ser complaciente, persuadir, ponerse en el lugar del otro (Gabriela, Psicóloga y Responsable de una Consultora de empresa de mandos medios y operativos. Entrevista realizada en septiembre del 2012). En la descripción que realizan los protagonistas sobre esta competencia, se pone de manifiesto la forma en que un territorio natural-humano como es el cuerpo se va reduciendo cada vez más hacia el ámbito de producción capitalista y en este sentido, las emociones no constituyen la excepción.
Precisamente, es interesante remarcar el contenido de las capacidades afectivas que son exigidas como validación en el mercado laboral. Para ello, se puede tomar como ejemplo la demanda sobre “el trato o el cuidado del bebe”. Se puede vislumbrar en esta capacidad, la fijación de una serie de energías materiales (orgánicas-cognitivas), como inmateriales (emocionales e inclusive morales). La tarea del cuidado implica diversos niveles de ejecución en forma simultánea: gastos físicos-orgánicos (usados para limpieza o la elaboración de alimentos); asunción de una intervención moral (disciplinar al bebe por ejemplo) y fundamentalmente, los considerados afectivos o emotivos (preocupación y amor hacia el sujeto). Todo estos saberes quedan incluidos en el mismo acto de “cuidar y atender” al bebe106.
Pero lo novedoso en esta competencia es que trae aparejado una noción de servicio o de trato social confeccionada bajo una relación interactiva de intercambios, la cual contribuye a la elaboración, circulación y consumo de un bien o una situación. El éxito de relación depende por lo tanto de la conexión que se establezca entre dos sujetos el consumidor-cliente y el trabajador. Precisamente, la mediación del cliente viene a transformar la situación de presión de la producción, cuestión que se puede observar en todas las apreciaciones de los entrevistados (se visualizan ahora demandas concretas algo novedosas como “bancarse las agresiones”, “o ser la cara visible del
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La noción de cuidados se enriquece enormemente desde un enfoque que contempla las cuestiones afectivas y morales al mismo tiempo que las materiales (Martin Palomo, 2008:29).