Danna, es una joven adolescente que enfrenta tensiones relacionales y circunstanciales en un momento vital en el que construía una autonomía creciente a la vez que mantenía una relación cercana con sus padres a propósito del cuidado.
Historia personal
Danna, como se llamará a la consultante en adelante, es una adolescente que al momento de iniciar el proceso terapéutico tenía 16 años y se encontraba finalizando sus estudios de bachiller: Según manifiesta, quiere continuar sus estudios en la universidad ingresando al programa de Comunicación social. De acuerdo con la historia narrada por sus padres, desde que era muy pequeña, Danna siempre se destacó en el colegio por ser “una excelente estudiante”,
“dedicada” y “perfeccionista” con sus tareas. La relación que Danna manifiesta tener con sus
compañeras es “buena”, teniendo un grupo de amigas con las que comparte algunas cosas. De acuerdo con lo que relatan sus padres, desde hace dos años Danna porta un diagnóstico de anorexia, presentando en varias oportunidades un delicado estado de salud que la llevaron a estar hospitalizada en dos oportunidades. A lo largo del proceso terapéutico Danna es de nuevo hospitalizada en dos ocasiones encontrándose en alto riesgo de morir. Según
manifiesta la consultante en uno de sus relatos, “ya estoy cansada, no quiero seguir en más tratamientos porque la verdad considero que es más de lo mismo”. Es así como la consultante, decide no continuar asistiendo a controles médicos ni psiquiátricos, así como no asistir a las sesiones programadas.
En la actualidad Danna ocupa la mayor parte de su tiempo en dos actividades: el trabajo de medio tiempo que consiguió en una empresa y un curso de inglés en el que los padres la
inscribieron por petición suya. En sus ratos libres lee novelas, siendo esta una de sus actividades preferidas.
Historia familiar
El sistema familiar está compuesto por los dos padres y tres hijos: Danna de 16 años, Jésica de 14 años y Junior de 19 meses.
María -como se llamará a la mamá de Danna-, es una mujer de 33 años que se narra a sí misma como una “persona alegre y tímida a la vez”. Hizo un técnico en el Sena, pero en la actualidad no ejerce nada relacionado con ello pues se encarga del cuidado de sus hijos y los oficios del hogar. De acuerdo con la historia narrada por María, cuando sus hijas eran pequeñas contaba con el apoyo de su madre para su cuidado, razón por la cual considera que abuela y nietas tienen una relación muy cercana, señalando: “le dicen mamá a mi mamá y a mí me dicen María”. Esta situación cambio hace tres años cuando María y su madre tuvieron una discusión muy fuerte, distanciándose.
El padre, a quien en adelante se nombrará como Juan, proveniente de una familia de campesinos, siendo el menor de 8 hermanos. A la edad de 15 años decidió, según manifiesta,
“probar suerte en la capital”, radicándose allí desde entonces. De acuerdo con lo señalado por Juan, esta situación fue muy difícil para él pues no contaba con nadie que lo apoyara, sin embargo ocupándose en diferentes trabajos ha logrado “salir adelante”. Aunque en este momento Juan no cuenta con un empleo estable, es el encargado del sostenimiento económico de su hogar.
Jesica, la hermana de Danna, es una adolescente que al momento de iniciar el proceso psicoterapéutico se encontraba cursando octavo grado. En uno de sus relatos, Jesica señala tener dificultades con algunas materias, generando un bajo rendimiento académico. Con sus amigas del colegio “se lleva muy bien”, de acuerdo con lo señalado por los padres, “ahora le gusta
pasársela con sus amigas y estar metida todo el tiempo en face”, lo que desde la perspectiva de los padres es una barrera para poder acercarse a ella. La relación de Jesica con su hermana es
cercana, de acuerdo con lo señalado por el padre, se tienen mucha “confianza”, siendo “cómplices” en muchas cosas.
María y Juan, se conocieron hace 17 años, cuando Juan tomó en arriendo una de las habitaciones que el papá de María tenía en alquiler. De acuerdo por la historia narrada por María, tiempo después de iniciar una relación amorosa a escondidas ella queda embarazada decidiendo ocultar su embarazo hasta los 8 meses de gestación. Una vez nace Danna, María sigue viviendo con sus padres, sin embargo, según declara, la relación con ellos se volvió
“tensionante”. Según señala Juan dos años después “la historia se repite, María quedó
embarazada de Jesica y yo me vine a enterar cuando ya estaba en el hospital, pero esta vez le
puse un ultimátum, le dije que se fuera a vivir conmigo”. Después de un tiempo de permanecer distanciados María y Juan deciden irse a vivir juntos, permaneciendo así hasta la fecha. Tuvieron un hijo más, que al momento de iniciar el proceso tenía 19 meses.
De acuerdo al relato de la madre, empezó a observar que Danna comía menos, ante lo cual inició una supervisión y llamados de atención que fueron ampliándose hasta llegar incluso a asistir al colegio, para supervisar si allí se alimentaba adecuadamente. Esto generó conflicto en la relación madre-hija. La madre se dedica un tiempo a vigilar a Danna, ante lo cual el padre cubre otros deberes familiares y domésticos. Se presenta una primera hospitalización y el diagnóstico.
Según manifiesta la madre durante la primera sesión, la vida de ellos era normal hasta hace dos años que su hija mayor fue diagnosticada con anorexia. Desde ese momento los padres han orientado sus esfuerzos de manera conjunta para ayudar a su hija asistiendo a un gran número de especialistas de todo tipo sin encontrar respuestas favorables a su pedido. Esto ha
tenido implicaciones en las actividades que comúnmente realizaba así como dificultades económicas.
Las redes de apoyo con las que cuentan son escasas, pues la relación que ambos padres tienen con sus respectivas familias de origen es distante. Según la historia narrada por los padres, la relación cercana que en algún momento tuvo la mamá de María con sus nietas (Danna
y Jesica) empezó a cambiar desde la “fuerte discusión” entre María y su madre. El malestar entre ambas aumentó con el diagnóstico de Danna, pues de acuerdo con lo señalado por María
en sus relatos “mi mamá me dice que la estamos dejando morir” por eso, complementa el padre, “no nos gusta que todo el mundo se entere de nuestros problemas y que nos estén diciendo que tenemos y que no tenemos que hacer”.
El único momento en el que según manifiestan los padres Danna se mantuvo estable por
un tiempo, fue con el nacimiento de su hijo menor, sin embargo cuando “él estuvo más grandecito” las cosas volvieron a están como antes.
Configuración de la crisis
El diagnóstico de anorexia que porta la hija mayor desde hace dos años se presenta como un situación inesperada para el padre pues consideraba sus cambios: mal humor, inapetencia,
“querer está sola” y “ser vegetariana” como características propias del periodo vital y el contexto socio-cultural en el que se inscribía su hija. Esta situación, producto y productor de una serie de tensiones familiares genera malestar por el impacto que ha tenido en la vida diaria de todos, así como en las dinámicas relacionales al interior del sistema: María y Juan, en tanto su rol de padres aumentan sus cuidados hacia las hijas adolescentes, mientras que ellas manifiestan
“no ser entendidas”.
A continuación se presenta los principales resultados del proceso terapéutico llevado a cabo con Danna y su familia a partir de las categorías y fases establecidas previamente.
Crisis: de las tensiones familiares y los golpes del destino a la crisis vital
Sesiones iniciales: 1 a 8
La conversación terapéutica que se llevó a cabo durante la primera sesión teniendo como asistentes a María, Juan, Dana y Jesica, versa sobre la presencia de múltiples estresores cuya confluencia proporcionan malestar en la familia. No obstante, de acuerdo con los relatos de los
padres, “el problema”, como se refieren al diagnóstico de anorexia, es el que mayor sufrimiento
les ocasiona y ante el cual consideran “no saber qué deben hacer” o “cómo actuar”.
T: Te veo afectada, ¿qué estas sintiendo en este momento? Madre: Muchas cosas, porque es un día muy tenaz T: Hoy especialmente ¿Qué sucede hoy?
Madre: Mi bebe lo tengo enfermo, me acaban de llamar del jardín, lo tengo que ir a recoger; hoy nos definen si a ella nos la hospitalizan o no. Cuando salga de acá tengo que ir donde la doctora para ver cómo le fue.
Padre: Jesica también estuvo con fiebre.
Madre: Yo quiero que ella se dé cuenta que ella es importante, que ella es como lo más importante de la familia, Jesica también, pero ella es el punto, que quiero que entienda que si ella empieza a salir de pronto las cosas se nos empiezan a mejorar en el núcleo familiar.
En los relatos de la madre Danna ocupa un lugar central, reconociéndola al mismo tiempo como tensión y recurso frente al malestar generalizado que manifiesta tener la familia. Los demás miembros del sistema familiar, incluidos sus otros dos hijos, tienen menos protagonismo en sus relatos. Algo similar se presenta en los relatos del padre quien manifiesta:
Padre: Queremos entendernos un poquito, entenderla a ella, por qué resulto ella con su problema, porque estamos en eso. Nunca nos habíamos imaginado que esto nos llegara a suceder y estamos desconectados. No hemos sabido cómo hacer porque eso ha sido durísimo para nosotros, hemos tenido momentos muy duros.
T: esto es una situación compartida de todos. Casi que todos coinciden en que quieren ayudarse. Aunque la madre tiene una posición semejante a la del padre, colocando a la hija como fuente de la tensión en la familia, tiende a referirse al motivo de consulta de una manera más
relacional. Desde su perspectiva “el problema” es originado por ciertas dinámicas familiares que
a la vez promueven más tensiones relacionales en el contexto familiar.
Madre: nosotros más que todo venimos, yo digo que venimos para ayudar a mi hija, más que todo es por eso, y para ayudarla a ella también y como para escucharnos, para saber que piensa los unos de los otros y pues para de pronto llegarnos a entendernos porque pues porque mi hija dice que esto no es una familia, que realmente no es una familia. Somos a veces como más independientes de cada uno por su lado y no sabemos cómo de pronto llega un problema en cuestión a lo que estamos pasando, lo que estamos viviendo y no sabemos cómo actuar. A veces nos estresamos, a veces nos gritamos, a veces no la entendemos, a veces no nos entienden, yo creo que es más que todo para aprender a entendernos o a compartir cosas que no habíamos compartido.
Una posición similar a la de los padres se observa en Danna, quien en su relato se acusa a sí misma de ser la principal generadora de malestar en su familia.
T: Danna, me gustaría saber que estar pensando en este momento, por un lado tu mamá nos manifiesta preocupación por una situación particular, por el otro lado tu papá también y yo quiero escucharte a TI, tú qué opinas, tu qué piensas y sientes en este momento escuchando a tus papás.
T: te sientes mal.
D: Pues si porque es mi culpa yo estoy afectando a los demás, pero no sé cómo, yo he puesto todo para salir de esto.
Tanto los padres como Danna consideran el diagnóstico de anorexia como una fuente de tensión personal y familiar que se presenta como un impedimento para continuar satisfactoriamente con sus vidas. De acuerdo con lo señalado por Danna en la primera sesión:
D: Puede que ellos no crean pero yo también estoy cansada, yo ya quiero volver a tener mi vida de antes, pues no igual, pero si volver a estar bien.
T: ¿cómo era tu vida de antes?
D: Cuando yo no le tenía ese miedo a la comida, cuando podía compartir con los demás, cuando podía hacer actividades.
T: Que actividades.
D: Deportes, natación (...) quería aprender más deportes (...), pero ahorita con esto pues no tengo energía para nada.
T: sientes que no tienes energía.
Incluir la voz de Danna dentro de la conversación fue un intento de buscar otras
perspectivas frente a lo que los padres denominaron como “el problema”, no obstante el foco de
la conversación siguió estando en las tensiones percibidas por los miembros de la familia a propósito del motivo de consulta.
De esta forma, las conversación terapéuticas que se llevaron a cabo en sesiones posteriores giraron en torno a las “consecuencias” que ha venido teniendo la familia a propósito
de la crisis y ello se apreció en dos grandes campos: por un lado, las acciones concretas que han llevado a cabo cada uno de los miembros del sistema; por otro lado, en las emociones que manifiestan tener.
De acuerdo con lo presentado en las narraciones de los padres y la hermana desde el momento en que Danna fue diagnosticada con anorexia todos los integrantes de la familia, han orientado sus acciones en función de la consultante y su recuperación. Un ejemplo de ello fueron las medidas implementadas por la madre orientadas a incrementar considerablemente la
supervisión hacia su hija, siendo considerada en su momento por María como una estrategia para mantener los cuidados hacia Danna.
Y esa vez yo le dije a ella, no me vaya a llegar a ser anoréxica. Le empecé a decir, no me deje de comer, yo fui directa con respecto al problema que iba a llegar a tener, a llegar allá donde iba a llegar. Yo iba al colegio y estaba pendiente de si almorzaba o no almorzaba. Que yo supiera que ella estaba trotando a la hora de salida y sabía que no lo podía hacer, yo le llegaba allá. Yo hablaba con muchas personas, le decía si ha comido.
Las acciones de supervisión y cuidado se incrementaron con la primera hospitalización de la consultante -mientras que se encontraba en el proceso terapéutico42-. Tanto el personal del centro de salud como la madre colocaron su atención en todo lo relacionado con la alimentación de la consultante, prestando especial cuidado tanto a la cantidad como a la frecuencia de comida que ingería durante el día.
Madre: Nos levantamos (…) ella come algo y yo le muestro la bandeja a la enfermera para Mostrarle lo que ella come.
T: Como así ¿tú le llevas la bandeja?
Madre: Si, le llevo la bandeja porque llevan un control (…) Ella va al baño y yo entro con ella. Otro ejemplo en el que se observan las estrategias llevadas a cabo por la familia ante las tensiones familiares que percibían en gran magnitud fue la re-organización en sus funciones.
Madre: (…) era lo que más me importaba, duraré luche y luche porque usted me tiene que salir, al menos que pueda llevar la vida con ese problema, porque eso es un problema que tiene ella, afrontarlo y empezar a salir, como tener que llevarlo sin descuidarse ella misma , para que ella pueda llevar una vida normal
Según con lo manifestado en los relatos de ambos padres, éstos tuvieron que re-distribuir las labores del hogar para que la madre estuviera permanentemente al cuidado de Danna, mientras que el padre se hacía cargo de los otros hijos; al mismo tiempo la hermana fue asumiendo ciertas responsabilidades que antes no eran tan evidentes, como por ejemplo el cuidado eventual de su hermano menor, lo que coincide con su bajo rendimiento escolar.
Padre: Entre ellas se ayudaban mucho, ellas eran muy amigas y se colaboraban mucho y en este momento no, Jesica no puede contar con Danna ahora. Jesica dice que háganse ustedes cargo de Danna, que yo veré qué hago acá. Pero es una carga también porque ella va a necesitar ayuda, para tareas y cosas, y más ella que es mujer necesitaría la compañía de María.
Si bien la “redistribución” de las funciones se presenta como una estrategia desarrollada
por la familia para contrarrestar el malestar que experimentaban, como se observa en los relatos, estas dinámicas son también generadoras de nuevas tensiones relacionales en el sistema familiar.
Además de las acciones concretas que se llevaron a cabo, en las que cada quien asumió nuevas funciones y responsabilidades, otra forma en la que se observan los efectos de la crisis en la familia -y que ocurre de manera simultánea a lo anterior-, está asociado con las emociones de culpa y miedo que manifestaron sentir los padres. En reiteradas oportunidades señalan “nos
equivocamos, en algo nos tuvimos que haber equivocado”, declarándose a sí mismos impotentes ante esa situación. Un ejemplo ilustrativo de lo anterior fue la conversación que se llevó a cabo durante las primeras sesiones:
T: ¿qué crees que estaría en tus manos hacer ante esta situación? Es decir, ¿De qué forma podrías sentir que diste o estás dando algo?
Madre: Yo no he hecho nada
T: No has hecho nada??? Y este espacio? Buscar los otros psicólogos el psiquiatra, el médico, eso es no hacer nada? Perdón!
Madre: Es que no he visto como los resultados, yo digo usted hizo, pero no he visto los resultados, entonces no he hecho nada por ella.
T: Ok, entiendo que has hecho muchas cosas, pero no has visto los resultados que esperarías. Padre: Lo que pasa es que hay momentos en los que uno se siente impotente, uno no sabe qué hacer. Lo que le decía a Danna, a mí lo único que me falta es hablar con el presidente. He hablado con todo el mundo y es que uno se siente tan impotente y ver que ella es como un puñado de agua.
Madre: A eso uno le tiene miedo. Yo he hecho muchas cosas pero no he visto los resultados. (…). Algo, algo que la motive. Daría todo lo que fuera para que pudiéramos salir y que no nos sintiéramos tan mal y tan culpables.
T: ¿Culpables? Me gustaría entender un poco eso ¿De qué forma se sienten culpables?
Madre: Yo por ejemplo me siento culpable porque no sé si la descuide cuando fue pequeña, no sé si no le brinde o no le demostré todo el amor que siento por ella, que las amo y son lo más importante para mí. De pronto no se lo demostré.
La conversación terapéutica gira entorno a las tensiones personales y familiares que conllevan a que el subsistema parental haga fuertes cuestionamientos a su rol de padres, no obstante, estos reproches se hacen más evidentes en el caso de la madre, quien en algunas oportunidades trata de explicar la situación de su hija por posibles experiencias a temprana edad.
T: ¿Cómo te sientes ahorita con la hospitalización de Danna?
Madre: Como decepcionada, no sé en qué falle, no sé qué hice mal. No sé qué, o sea, no sé qué la descuide tanto, no sé si fue algo de los temores que uno tenía durante el embarazo fueron transmitidos a ellas.