2.12 Dependent Variable
2.12.1 Independent Variables
Las personas, en su experiencia, interiorizan multitud de representaciones mentales del mundo exterior y también del mundo interior. Por tanto, los modelos operativos internos son un conjunto de representaciones mentales de experiencias subjetivas, que hacen posible el filtrado de la información que se procesa acerca de uno mismo y del mundo exterior y que permiten la adaptación y la estructuración personal.
En la teoría del apego, el concepto de modelo operativo interno se utili- za de modo más específico para referirse a un sistema de representaciones mentales sobre uno mismo en relación con los otros significativos que con- figuran el modelo de uno mismo y el modelo de los demás.
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Psicología de la sexualidad
Los modelos operativos son mapas cognitivos, representaciones, esquemas o guiones que un individuo tiene de sí mismo y de su entorno. Los modelos operativos hacen po- sible la organización de la experiencia subjetiva y de la experiencia cognitiva, además de la conducta adaptativa... una función de estos modelos es posibilitar el filtrado de información acerca de uno mismo o acerca del mundo exterior. Pueden coexistir varios modelos operativos de la misma cosa (particularmente de uno mismo y de otras perso- nas). Pueden mantenerse apartados unos de otros o unirse a través de procesos integra- dores o sintéticos.
Marrone, 2001.
Sin embargo, el modelo interno de la relación con la figura de apego no es simplemente una representación episódica y objetiva de lo que «ocurre» en la relación, sino la historia de las respuestas del cuidador a las acciones o tentativas de acción del bebé hacia la figura de apego (Main, Kaplan y Cassidy, 1985). La historia de las respuestas del cuidador conformarán los modelos internos, estos generarán expectativas y creencias acerca de sí mismo y los demás que se expresarán en modos distintos de situarse y de responder a demandas de implicación interpersonal. La expresión del con- junto básico de las representaciones mentales que configuran los modelos internos se denomina estilos de apego.
Los patrones básicos de vinculación afectiva, que se forjan en la infan- cia, estructuran el desarrollo personal y social a lo largo de toda la vida. No obstante, se producen cambios y transformaciones a lo largo del desarrollo. A lo largo de la adolescencia se inicia la estructuración de lo que será la ex- periencia amorosa en el futuro. En esta etapa, desde el punto de vista de la teoría del apego, ocurren los siguientes acontecimientos:
En primer lugar, se origina una reestructuración de los vínculos afectivos. Los vínculos familiares, con la madre, padre o figura de apego significativa, se transforman. Se produce una transición paulatina de las características del apego, de los padres hacia los iguales. Las características propias de la figu- ra de apego, base de seguridad, puerto de refugio, se desplazan. En la ado- lescencia aparecen las primeras amistades íntimas y los primeros sentimien- tos de atracción interpersonal y sin duda los primeros enamoramientos.
Los estilos de apego se ponen en juego en las relaciones interpersonales, fuera de la protección del ámbito familiar. En el capítulo dedicado a la identidad sexual se ha tratado de la importancia de la reestructuración de la identidad cuyo núcleo principal es el yo, es decir, la conciencia que una persona tiene de ser única y diferente de los demás. Es precisamente en las relaciones interpersonales donde se pone en juego la identidad, el propio yo. Podemos estructurarlo en tres zonas: el yo público, el yo social y el yo íntimo (véase figura 5.2). Las relaciones menos comprometidas se desarro-
5. Afectos y sentimientos relacionados con el deseo erótico
llan en la esfera del yo público, donde la distancia al núcleo del yo es ma- yor, por tanto, la amenaza es percibida de manera menos intensa. Por ejem- plo las relaciones con las personas conocidas, como las de otras clases del instituto, etc. El yo social es un espacio intermedio, en este se establecen relaciones con personas que tienden a ser significativas, no indiferentes. La distancia al núcleo del yo es menor, por lo tanto, la amenaza puede sentirse más próxima. Ejemplos de este espacio pueden ser las relaciones del grupo reducido de clase, del grupo de amigos, de las amistades próximas. Por fin, el yo íntimo es el espacio reservado a las personas altamente significativas. Es un espacio delicado, de alta vulnerabilidad al ser el más próximo al nú- cleo del Yo. El espacio de la intimidad es el lugar donde cada persona se muestra tal cual es, sin trucos, sin ropajes. Las personas más inseguras po- drían sentir miedo a penetrar, o dejar que alguien penetre, en esta zona, miedo a la intimidad en definitiva, porque, si uno es visto como realmente es, podría ser rechazado, abandonado. La posibilidad de permitir que al- guien entre en este espacio depende de la seguridad básica que a su vez de- pende del modelo interno expresado a través del estilo de apego.
Yo íntimo Yo social Yo público
figura 5.2. La estructura del Yo.
En efecto, las personas inseguras, caracterizadas por un nivel bajo de autoestima, podrían percibir el espacio de la intimidad como amenazante siguiendo el siguiente razonamiento no consciente: «Si permito que alguien entre en mi espacio de intimidad, se va a dar cuenta de que en realidad no valgo la pena, por tanto, me abandonará». A poco que observemos a las personas que nos rodean, podemos identificar con claridad el diferente gra- do de vulnerabilidad individual. Como es obvio, las personas más seguras son menos vulnerables al miedo al rechazo o abandono. Se sienten bien en el espacio de intimidad, no tienen que organizar constantemente estrategias defensivas.
vemos pues que las transformaciones que se producen en la adolescen- cia respecto a la vinculación afectiva en la adolescente harán posible que broten intensos sentimientos como la amistad, el enamoramiento y el amor.
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Psicología de la sexualidad
Estas emociones se sustenten en los cambios biofisiológicos tales como el fuerte incremento de la actividad dopaminérgica, responsable de búsqueda de nuevas experiencias y exposición al riesgo, y la oxitocina ligada a los comportamientos de vinculación.
En relación con el amor y el enamoramiento, y desde la perspectiva de la teoría del apego, Hazan y Shaver (1987) hicieron aportaciones muy va- liosas acerca de las relaciones amorosas o románticas en los años ochenta y noventa del pasado siglo. Ellos mantuvieron que la experiencia del amor entre dos personas es la expresión de las relaciones de apego entre adultos. El enamoramiento, entendido este como un estado, es una fuerte motiva- ción que impulsa al individuo hacia la persona amada con el fin de estable- cer un vínculo estable y duradero. La relación entre los amantes se carac- teriza por la proximidad, por la intimidad y por la necesidad de seguridad en el otro. Como vemos, precisamente estas características son las que se establecen entre la figura de apego y el bebé, solo que entre adultos5. Por
ello, según los autores citados, los modos de amar estarán condicionados por los estilos de apego.
Bartholomew (1991, 1997) plantea una interesante versión actualizada de los estilos de apego en adultos en cuatro categorías. Su planteamiento surge de la siguiente reflexión: si el modelo interno, siguiendo a Bowlby, está compuesto por dos variables, el modelo de sí mismo y el modelo de los demás, y si estas se relacionan entre sí de modo ortogonal, de esta rela- ción resultan cuatro categorías y no tres. Tal y como ya hemos indicado, el modelo interno se conforma por la integración del modelo de sí mismo en términos de autoestima y del modelo de los demás en términos de confian- za hacia los otros. Conviene detenernos en estas dos dimensiones para comprender mejor la dinámica de las relaciones interpersonales (véase fi- gura 5.3).
El modelo de sí mismo, expresado en términos de autoestima, indica la capacidad del individuo de regular el grado de dependencia hacia los de- más. una persona segura aceptará el grado óptimo de dependencia del otro, necesario para satisfacer las necesidades afectivas, y garantizar su autono- mía personal.
El modelo de los demás que se expresa en términos de confianza de tal modo que las personas podrían mostrarse confiadas o desconfiadas hacia los demás. En las relaciones interpersonales la confianza se expresa en tér- minos de evitación. una persona segura no tendría motivos para evitar las relaciones de proximidad.
5 La teoría del apego asume que los prototipos de apego establecidos en las edades tem-
pranas se mantienen como tendencias de personalidad a lo largo del ciclo vital, matiza- dos por las propias experiencias.
5. Afectos y sentimientos relacionados con el deseo erótico
En consecuencia podemos plantearnos las siguientes cuestiones: ¿Cuál es el grado óptimo de dependencia? ¿Cómo se debe articular la autonomía personal respecto al reconocimiento de la necesidad de un determinado grado de dependencia de los demás? El objetivo final consiste en llegar a ser una persona adulta autónoma y equilibrada. Las personas extremada- mente dependientes podrían alienarse a sí mismas en la otra persona, difu- minando sus propios límites personales perdiendo, por tanto, su autonomía. Las personas extremadamente evitativas, podrían tener serias dificultades para empatizar emocionalmente, enamorarse, etc. El desarrollo de una pre- disposición a confiar con realismo en las personas, es un elemento necesa- rio en las relaciones interpersonales, puesto que permiten satisfacer necesi- dades afectivas. Las personas que tienden intensamente a la evitación podrían sufrir seriamente de soledad. Resulta evidente que los diferentes estilos de amar dependerán de la relación entre dos dimensiones básicas: la ansiedad en las relaciones de proximidad y la tendencia a la evitación.
En la figura 5.3 observamos la propuesta de Bartholomew respecto a las dimensiones, dependencia y evitación, como dos factores que se relacionan de modo ortogonal.
PREOCUPADO Ansioso, ambivalente,
muy dependiente SEGURO
Bienestar con la intimidad y la autonomía MIEDOSO Evitativo miedo a la intimidad Dependencia Modelo de sí mismo
Modelo del otro
Negativo (alta) Positivo (baja) Positivo (baja) Negativo (alta) AUSENTE Negación del apego
Evitación
figura 5.3. Estilos de apego según Bartholomew.
Cada individuo podría situarse en la zona alta o baja de la escala de de- pendencia y de la escala de evitación dando lugar a los cuatro estilos o pro- totipos6 de apego propuestos por Bartholomew:
• Seguro: Persona que siente bienestar con la intimidad y la autonomía. Se caracterizan por un bajo nivel de dependencia y un bajo nivel de evitación.
6 Los prototipos que aquí se presentan son obviamente una estereotipación de las carac-
terísticas de los perfiles que se indican. Tienen valor didáctico. Desde el punto de vista clínico, la determinación de los estilos de apego es bastante más compleja.
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Psicología de la sexualidad
• Preocupado: Persona que tiende a mantener relaciones ansiosas y am- bivalentes en situaciones de proximidad, en general muy dependiente. Se caracterizan por un alto nivel de dependencia, bajo nivel de evita- ción.
• Ausente: Persona que niega la necesidad de apego, mostrándose muy evitativa. Muestra una autosuficiencia defensiva, no cree en las nece- sidades afectivas. Posee un bajo nivel de dependencia y un alto nivel de evitación.
• Miedoso: Persona que evita la relación porque teme la intimidad. Re- conoce que necesita de los demás, pero le aterra la proximidad. Posee un alto nivel de dependencia y un alto nivel de evitación.
El estilo de apego, además de las tendencias comportamentales descri- tas, genera un patrón de expectativas ante las relaciones interpersonales de tal manera que las personas seguras se mostrarán confiadas y abiertas, las ansioso-ambivalentes se mostrarán desconfiadas, focalizando la atención en los signos que pudieran significar distancia o abandono, y las evitativas se- rán también desconfiadas y tenderán a ser incapaces, o por lo menos ten- drán serias dificultades, a la hora de interpretar las señales de afecto o cari- ño provenientes de otras personas. Estas expectativas pueden confirmarse o no en la experiencia directa. Si se confirman, se tenderá a afianzar el mode- lo interno, pero si no lo hacen, la experiencia puede modular las tendencias.